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    Mistificaciones

    Mistificaciones
    11 Julio, 2017 8:07 pm por Luis Cino Àlvarez

    Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino (PD) No se puede culpar solo a la
    burda versión castrista del realismo socialista de las mistificaciones
    en la cultura cubana. Estas han sido numerosas y se iniciaron siglos
    antes, incluso antes de que se formara la identidad nacional.

    “Espejo de paciencia” de Silvestre de Balboa, considerada la primera
    obra literaria cubana, es algo así como nuestra Ilíada, pero sus
    orígenes y autenticidad aún están en discusión.

    De tan idílicos, los grabados de Landaluze casi hacen sentir añoranza
    por la esclavitud y los tiempos coloniales.

    Y qué decir del siboneyismo de los poetas Plácido y José Fornaris, que
    idealizaron una sociedad primitiva que había sido totalmente aniquilada
    dos siglos antes por los conquistadores españoles.

    A sabiendas de ello, esa visión romántica e irreal fue seguida con
    entusiasmo por los poetas criollistas Eduardo Sánchez de Fuentes,
    Gustavo Sánchez Galarraga y otros, que se apropiaron de los bohíos, no
    para reflejar la dura realidad de los guajiros en los campos cubanos,
    sino para que sirvieran de ambientación a cursis poemas y canciones
    (¿recuerdan aquello del “amor de mi bohío” y “la manito blanca que me
    dice adiós”?).

    Algo similar sucedería posteriormente con los solares y cuarterías de La
    Habana, convertidos gracias al cine (Un día en el solar, Cuba baila) y
    más recientemente por los vídeo clips de timba y reguetón, en templos
    del baile, la música, la sensualidad –preferiblemente de piel tostada o
    negra- y la gozadera, y no en los deprimentes e insalubres almacenes de
    gente paupérrima, marginales y náufragos de la sociedad que realmente
    eran y aun son.

    De las mistificaciones y las idealizaciones más o menos interesadas no
    escaparon los escritores de Orígenes, con su visión teleológica-
    católico- burguesa de lo que creían debía ser Cuba.

    Paradiso, de Lezama Lima, es un monumento de novela, pero es poco real a
    fuerza de tanto intelecto y sofisticación, y su protagonista, José Cemí,
    difícilmente es representativo de un cubano.

    Gran parte del arte cubano actual está poblado de símbolos falsos,
    creados por artistas que perdieron el contacto con la realidad y que por
    conveniencia, cobardía o escapismo, rehúyen encontrarlo, escudados en el
    posmodernismo y la descontextualización.

    Así, con tanta realidad adulterada, en medio del desmadre nacional de
    hoy, hemos llegado a la postal turística en la que nos han convertido
    con destino al marketing internacional. Ese es el país que se quiere vender.

    No importa que Abel Prieto y Miguel Barnet hablen de rescatar la cultura
    nacional o lo que ellos entienden como tal, o sea, la cultura oficial,
    bodrios y panfletos incluidos, ante la avalancha de la cultura de la
    Coca-Cola.

    Hoy, lo que más se conoce de Cuba en el mundo es lo que se promociona:
    las camisetas y los posters del Che Guevara (lo único que va quedando de
    la hagiografía castrista), las playas, el ron, los habanos, el sexo
    barato de jineteras y pingueros, la santería folklórica de utilería, los
    carros americanos antiguos con partes rusas y chinas en sus entrañas, La
    Habana de utilería y colorete de Eusebio Leal y no la de Cabrera
    Infante, las ruinas que ciertos turistas se apresuran en visitar “antes
    de que todo cambie”, como tienen el descaro de confesar, convencidos
    como están de nuestra virtuosa resignación a subsistir eternamente
    miserables, pero contentos.

    Es la imagen que nos crearon y que aceptamos, tan ocupados como
    estábamos en sobrevivir en medio de los experimentos castristas.

    Me viene a la mente ahora la ocasión en que una turista extranjera,
    rubia, rolliza y bastante ajada, tan pronto montó en una atestada guagua
    de la ruta P-6, empezó a sonar las maracas que llevaba. Como los
    pasajeros no empezamos a menearnos y retorcernos al compás del ritmo,
    como ella esperaba, la mujer no podía ocultar su desazón y desencanto
    con nosotros, los nativos, tan raros e incomprensibles para la
    mentalidad del Primer Mundo.
    luicino2012@gmail.com; Luis Cino

    Source: Mistificaciones | Primavera Digital –
    primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/mistificaciones/

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