Prostitution in Cuba
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    Niños silvestres se adoptan en Cuba

    Niños silvestres se adoptan en Cuba
    “Lo usual en este país es que nadie diga nada y todo transcurra muy natural”
    Martes, junio 13, 2017 | Ernesto Pérez Chang

    Luis Miguel: “Que yo sepa nunca nadie vino a ver a mi abuela, ni a mí.
    Mi papá me llevó para casa de mi abuela y eso fue todo (foto del autor)

    LA HABANA, Cuba.- Cuando Luis Miguel cumplió el primer año de edad,
    Edelia, la madre, cedió la custodia a la abuela materna del niño. No lo
    hizo mediante un proceso legal sino, simplemente, dejó que esta se lo
    llevara a su casa de Contramaestre, en Santiago de Cuba.

    Luis Miguel, que hoy tiene 20 años y vive ilegalmente en La Habana,
    volvió a ver a su mamá solo después que cumplió los 8 años y porque un
    primo se la señaló en la calle.

    Ya el infante no vivía con la abuela, que había fallecido, sino con una
    tía que lo obligaba a pedir dinero por las calles de Santiago.

    “Fue en unos carnavales. Ella estaba tomando cerveza en un banco del
    parque, como a tres cuadras de la casa de mi tía. Esa es la única imagen
    que tengo de mi madre”, cuenta Luis Miguel, cuya historia de abandono es
    muy similar a la de muchos otros jóvenes que han debido crecer y madurar
    siendo aún niños.

    Alberto, un joven holguinero de 22 años, también fue criado por la
    abuela, y más tarde por un vecino, cuando perdió a la madre debido al
    cáncer.

    En su caso, como en el de Luis Miguel, no hubo ningún tipo de proceso
    legal para determinar y adjudicar la custodia, como tampoco se les
    proporcionó atención psicológica por las instituciones de salud y de
    atención a la infancia para ayudarlos a lidiar con la orfandad.

    “Que yo sepa nunca nadie vino a ver a mi abuela, ni a mí. Mi papá me
    llevó para casa de mi abuela y eso fue todo. (…) Cuando mi abuela se
    enfermó comencé a comer en casa de un vecino, después me fui quedando a
    dormir y allí es que vivía. (…) Nadie nunca me preguntó qué pasaba. Es
    que eso es muy normal. Sobre todo en el campo, que las abuelas o un
    vecino se queden con un niño y lo críen, eso es muy normal”, dice
    Alberto que, dueño de una hoja de ruta muy similar a la de Luis Miguel,
    con apenas 18 años de edad decidió arriesgarse solo en La Habana y se
    fue involucrando en el mundo de la prostitución y de las pandillas
    asociadas.

    Según la abogada Tatiana Reyes, los procesos de adopción son comunes en
    Cuba y existe una legislación al respecto, aunque no son frecuentes ni
    existe un conocimiento generalizado y profundo entre las personas sobre
    cómo iniciar uno:

    “No es un proceso fácil ni rápido pero es posible adoptar, siempre y
    cuando se cumplan una serie de requisitos que incluyen el grado de
    integración de los padres al proceso revolucionario, si pertenecen a las
    organizaciones de masas y participan en ellas activamente (…). Entre los
    obstáculos también estaría el estado civil de la persona, aunque se ha
    dado el caso de mujeres dirigentes al principio de la revolución que
    adoptaron siendo solteras, pero eso son casos excepcionales, como el de
    Pastorita Núñez, por ejemplo. Pero hoy en día no puedes adoptar siendo
    soltero, tendrías que casarte legalmente con una persona del sexo
    opuesto. Incluso el niño que adoptes deberá tener rasgos afines a la
    pareja como color de la piel, de los ojos, el pelo, es decir, una pareja
    de personas de piel blanca no puede adoptar a un niño negro, ni mulato
    (…). Estas son cosas que hacen de la adopción un proceso muy difícil en
    Cuba”, comenta Reyes.

    Aunque, evitando una confrontación con las autoridades cubanas, pocos se
    atreven a hablar sobre el asunto, se sospecha que los procesos de
    adopción ocurren de manera clandestina e incluso con la mediación de
    actos de compraventa, como el ocurrido recientemente en el municipio
    Cerro, en la capital.

    Para Ezequiel González, abogado, casos como el citado no abundan en Cuba
    debido a que existen estrictas regulaciones sobre el tráfico de menores,
    no obstante, no descarta la existencia de procesos encubiertos donde las
    razones económicas se imponen y donde incluso se llega a manipular la
    legalidad:

    “Nadie que no sea con el consentimiento del padre y la madre podría
    sacar un menor del país, de modo que eso hace imposible que un
    extranjero o una persona que reside fuera pueda llevarse un niño
    fácilmente. (…) Dentro de Cuba es otra cosa, existen irregularidades,
    pero tampoco llueven los casos porque la tendencia es a una reducción de
    la familia, a la baja natalidad por razones económicas, de modo que
    serían pocos los casos de adopción”, considera Gonzales.

    Sin embargo, para la Máster en Psicología Denissé Tamayo los casos de
    adopción ilegal ocurren incluso cuando la persona que adopta no es
    totalmente consciente de ello:

    “Las familias cubanas en los últimos 50 años se han visto afectadas por
    fenómenos diversos como la emigración y todas sus variantes, los bajos
    ingresos, la falta de vivienda, las misiones médicas y de guerra fuera
    de Cuba. En cuanto a las migraciones, están las externas y las internas.
    Mujeres que son madres y que se casan con extranjeros y se marchan del
    país a iniciar una vida nueva, alejadas de sus hijos; gente que vive en
    el campo, donde las condiciones de vida son terribles y vienen para La
    Habana a luchar, como sea, para sus hijos que han quedado atrás con
    abuelos, amigos. (…) Y están las misiones de larga duración que las
    familias asumen como una opción de mejoría económica. (…) Las familias
    cubanas, y digo el término en plural porque ya no existe un único
    modelo, sufren una fragmentación y los niños quedan a merced de
    terceros. (…) Se dan casos de compraventa de niños sin que se sea
    consciente de ello, por ejemplo, conozco un caso de una abuela que pagó
    200 dólares a la hija, una cualquiera, para poderse quedar con la nieta,
    para llevársela para la casa. ¿Es o no es una compraventa?”, opina Denissé.

    La abogada Tatiana Reyes tiene varias anécdotas sobre personas que han
    adoptado de manera irregular:

    “Lo usual en Cuba es que nadie diga nada y todo transcurre muy natural.
    Llega el niño a la casa, casi siempre la de una tía, una abuela, una
    vecina que es casi como de la familia, y todos lo acogen. Nadie ve
    necesario iniciar un proceso, mucho menos ahora donde está la
    posibilidad de testamentar, donde no necesariamente son los
    descendientes consanguíneos quienes pueden heredar una propiedad. (…)
    Aquí surgen otros fenómenos, sobre todo con esa madre que se marcha y
    deja atrás a sus hijos y la familia los toma como verdaderos rehenes,
    son la garantía de una remesa, y a veces es el niño quien menos se
    beneficia con el dinero que él mismo genera. (…) Hace poco aquí en
    Centro Habana se dio el caso de una abuela que prostituía a la nieta, la
    madre de la adolescente, una jinetera que se casó con un italiano,
    también era consciente de lo que pasaba. (…) También ha habido casos de
    mujeres que, por heredar una casa, regalan a sus hijas a viejos
    pervertidos, las casan por dinero, eso es abundante aquí en La Habana,
    ir al campo a buscar muchachitas de 14, 15 años, niñas silvestres, y
    traerlas para La Habana con el consentimiento de sus padres, eso es muy
    común. (…) Puedes salir a la calle y te encontrarás miles de historias
    de horror”, considera Reyes.

    Mientras converso con Luis Manuel y Alberto y los convenzo de revelar
    esas historias personales que ocultan tras las máscaras de chicos a los
    que solo les importa pasarla bien en una discoteca o vistiendo ropas a
    la moda, me doy cuenta que les resulta difícil definir qué cosa es para
    ellos la familia, una palabra que con el tiempo se les ha convertido en
    sinónimo de abandono.

    Hace dos años que Luis Manuel se convirtió en padre pero, aunque porta
    una foto de su pequeño en la billetera, apenas lo ha cargado en brazos
    una sola vez. La madre del niño tampoco lo hecho en mucho tiempo. Vive y
    trabaja en las calles de La Habana junto a Luis Manuel mientras el hijo
    de ambos crece a la precaria sombra de una abuela, allá lejos, en
    Santiago de Cuba.

    Alberto, en cambio, no piensa en tener hijos ni formar una familia: “No
    quiero que venga al mundo a pasar el mismo trabajo que he pasado yo.
    Tengo 22 años y ya siento que soy un viejo de 100. Mis amigos son mi
    familia, y creo que ni tengo amigos”, dice Alberto mientras me pide con
    un gesto de la mano que deje de grabar.

    Source: Niños silvestres se adoptan en Cuba CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/destacados/ninos-silvestres-la-realidad-de-adoptar-en-cuba/

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