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    Guanabo quiere tomar agua sin sal

    Guanabo quiere tomar agua sin sal
    REINALDO ESCOBAR, La Habana | Junio 09, 2017

    “La maldita circunstancia del agua por todas partes”, sentenció el
    escritor Virgilio Piñera. Esta fatalidad geográfica podría convertirse
    en una ventaja en medio de la intensa sequía que atraviesa Cuba. Las
    autoridades comenzaron la puesta en marcha de plantas desalinizadoras
    destinadas a la población (ya existían al menos siete para la industria
    y el turismo), un hecho que genera muchas expectativas en las zonas con
    peor suministro.

    Entre las once instalaciones de este tipo que están planificadas para
    inaugurar este año, se encuentra la ubicada en Guanabo, a 23 kilómetros
    al este de La Habana, un poblado playero donde la belleza natural se
    mezcla con el deterioro de la infraestructura y las zanjas de aguas
    negras drenan hacia el mar, mientras las familias y los turistas se
    bañan y disfrutan del verano.

    Guanabo es conocido también por el gusto salobre del agua que sale de
    las tuberías. Durante décadas los vecinos han debido comprar el agua de
    beber en los comercios estatales o a los revendedores a causa de la mala
    calidad de la que se bombea hacia la zona. La que brota de duchas y
    fregaderos deja la piel reseca y en el cabello miles de diminutos
    cristales de sal.

    El mayor de los sueños de los residentes en esta zona playera ha sido
    contar con una procesadora de agua de mar que la haga potable y
    disminuya los problemas cotidianos para tareas tan sencillas como
    cocinar, limpiar el suelo o regar las plantas. Esta semana la prensa
    oficial anunció la puesta en marcha, en el poblado, de una de esa
    deseadas plantas.

    A una distancia de 600 metros desde la costa, un cartel advierte de que
    se está en la Planta Desaladora Marbella, que toma el nombre del barrio
    circundante. Una zanja funciona como hilo de Ariadna para llegar hasta
    las instalaciones y, en el camino, varias casas muestran el símbolo de
    renta a extranjeros. El local está lleno de escombros de la construcción
    por todos lados.

    Frente a la desalinizadora se ubica la estación de bombeo que
    suministrará el líquido a la desaladora para su procesamiento. El lema
    “Tomar agua da vida, tomar conciencia nos dará agua” preside la entrada.
    Mercedes, la operadora del lugar aclara que desde allí se bombeará desde
    un pozo con agua salobre hacia la planta Marbella.

    La tubería que parte desde la instalación desalinizadora bajará el agua
    por gravedad hacia una caseta siete cuadras más adelante donde estará el
    futuro “punto de venta” en el que lugareños podrán comprar el agua ya
    tratada. “Espero que a precios módicos y en moneda nacional”, apunta la
    trabajadora.

    En Santiago de Cuba se dan los ajustes finales a una planta similar con
    una capacidad para desalinizar 50 litros de agua por segundo. En total,
    para este año se prevén instalar, según la prensa oficial, 11 nuevas
    plantas, seis en Santiago, una en Villa Clara, dos en Granma y dos
    vinculadas al desarrollo turístico.

    Entre los residentes de los edificios del reparto Peñas Altas, de
    Guanabo, las expectativas crecen. “Uno de los problemas de esta zona
    siempre ha sido el agua”, cuenta María Teresa, una jubilada que se mudó
    hace más de tres décadas al lugar. “Cuando uno quiere vender un
    apartamento de estos, vale menos por este motivo”.

    En los alrededores de los toscos bloques de concreto se erigieron
    durante años cochiqueras que daban de comer a los vecinos. “El olor era
    insoportable pero al menos resolvían un problema”, cuenta María Teresa.
    “Pero entre la batida que les ha dado el Instituto de Planificación
    Física y los problemas con el agua, ya casi no queda ninguna”.

    Una cafetería cercana ofrece jugos y batidos naturales. “Todos los días
    tenemos que comprar el agua para la elaboración de nuestros productos”,
    cuenta la vendedora a este diario. “En esta zona hay gente a la que se
    le va entre un tercio y la mitad del salario comprando agua por fuera”,
    asegura. El suministro estatal, en botellones de cristal o plástico, “no
    alcanza”, asegura la mujer.

    La puesta en marcha de la planta ha ilusionado especialmente a los
    emprendedores locales que rentan habitaciones a turistas. Guanabo ha
    sido desde mediados de los años 90 un centro de prostitución o
    jineterismo que muchos turistas vienen buscando con ansias. En las
    calles se escucha el acento italiano, canadiense y también de muchos
    españoles.

    “A algunos extranjeros les parece simpático que salga agua salada de la
    ducha, pero otros se molestan bastante”, cuenta Mauricio, un arrendador
    que gestiona tres habitaciones cerca del mar.

    “Esto nos afecta en todos los aspectos de la vida, porque dependemos de
    comprar el agua embotellada que cada vez está más escasa”, se queja el
    cuentapropista. En la tienda más cercana una botella de litro y medio
    cuesta 1 CUC, pero este jueves solo había botellas pequeñas a la mitad
    del precio. “Sumando y sumando, lo que gastamos cada mes es una fortuna”.

    Algunos dicen haberse acostumbrado al líquido salobre que sale de sus
    pilas. “Nací en Guanabo y me gusta este lugar. No me parece un problema
    eso del agua si lo comparo con la ventaja de tener el mar a cien metros
    de mi casa”, cuenta Migdalys, una adolescente que vive cerca de los
    llamados Caballitos de Guanabo, un centro recreativo para niños venido a
    menos.

    Las familias más prósperas de la zona han hecho sus propias cisternas y
    compran pipas para mantener un suministro de agua potable en sus
    viviendas. Sin embargo, con la reciente rotura de una importante tubería
    que suministra agua a la ciudad, los precios se han disparado. “Ahora
    mismo no hay quien compre una pipa, pero cuando se arregle el problema
    los arrendatarios de esta zona volverán a pagar por el agua”, agrega la
    joven.

    Un empleado de la nueva desaladora, que prefirió el anonimato, trata de
    moderar tantas expectativas y aclara que “esta obra está a un 70% de
    ejecución. Falta por colocar 800 metros de tubería, ampliar la planta de
    filtro y traer los tanques donde se almacenará el agua”.

    La planta usa el método de ósmosis inversa que pasa el agua salada a
    través de varios filtros de arena sílice, carbón y posteriormente con
    presión a través de unas membranas semipermeables. A un lado queda el
    agua limpia y del otro una salmuera que se regresará al mar o “se le
    encontrará un sitio adecuado para desechar”, apunta el empleado.

    En la avenida 462, cerca de la rotonda que da paso a la playa Boca
    Ciega, el futuro punto de venta solo tiene techo, paredes y piso, pero
    le falta el resto de la infraestructura. Un vecino ironiza sobre la
    fecha de terminación que “puede demorar una semana o un año”, y coloca
    un cubo fuera del portal en medio del aguacero de este jueves porque “al
    menos está lloviendo”.

    Source: Guanabo quiere tomar agua sin sal –
    www.14ymedio.com/nacional/Guanabo-quiere-tomar-agua-sal_0_2232976685.html

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