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    Las drogas, el alcohol y el socialismo cubano

    Las drogas, el alcohol y el socialismo cubano
    La campaña estatal contra los vicios no pasa de ser una fachada al exterior
    Martes, mayo 16, 2017 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba.- Ahora que las drogas, el alcohol, el tabaquismo y
    otras adicciones o vicios pertenecen por entero al socialismo, tanto
    como la prostitución, el pollo por pescado, la batalla de ideas, los
    timbiriches, la corrupción y el cinismo, entre otras prácticas de moda
    en Cuba, las autoridades desatan una campaña contra el consumo de
    estupefacientes y las causas de la drogodependencia en la isla.

    Como era de esperar en un régimen que presume haber creado un hombre
    nuevo, sin vicios, necesidades ni sufrimientos, la culpa del consumo de
    drogas, tabaco y ron recae en las malas influencias que llegan del
    exterior, la herencia capitalista en el interior y las familias
    disfuncionales; razones que alejan al Estado de su responsabilidad en la
    existencia y proliferación de esos flagelos.

    Acostumbradas a no reconocer nada que menoscabe la “integridad moral”
    del socialismo al estilo cubano, esta vez han tenido que sacar el tema a
    debate dado el creciente número de jóvenes enganchados por la
    drogadicción, el alcohol y el tabaquismo, que no sólo provienen de
    barrios marginales, sino también de algunos sitios donde habitan nuevos
    ricos de pan con mantequilla.

    Y menos mal que no les ha dado por culpar de la situación a los efectos
    del cambio climático, la tensión en la península de Corea, el “bloqueo
    económico estadounidense”, o la negativa influencia del consumo de
    hachís entre los indígenas de Casitexingo y La Culebra, en Toluca y
    Chiapas, como hacen para justificar cuanta manifestación de marginalidad
    se propague en territorio cubano.

    Cuba (el gobierno) Dice

    El programa Cuba Dice, uno de los pocos que aborda temas esenciales para
    la ciudadanía ?por supuesto, desde una visión gubernamental?, dedicó
    este mes dos salidas al aire por el noticiero nacional de televisión,
    para adentrarse en los mecanismos de control y estados de opinión sobre
    el consumo de drogas y las causas de un problema que ha disparado las
    alarmas de la sociedad para poner freno a este letal consumo que aumenta
    y se diversifica entre los jóvenes cubanos.

    Según Teresa Viera, directora del Centro de Estudios sobre la juventud,
    “los nuevos escenarios de arreglo familiar ?misiones en el exterior,
    trabajo por cuenta propia, abandono definitivo del país? que propician
    que los jóvenes estén solos en el hogar, puede ser una de las causales
    de que el consumo, especialmente de tabaco y alcohol, comience en edades
    bien tempranas, incluso entre las muchachas; fenómeno que, más que
    imposible, resultaba impensable hace veinte años atrás.

    Asimismo, Elizabet Céspedes, psiquiatra infanto-juvenil del Centro de
    Deshabituación de la Droga, expresó que subsisten situaciones de
    desencanto que deben ser identificadas y tratadas a tiempo, tanto en el
    entorno familiar como en la escuela y otros escenarios donde se
    desenvuelven jóvenes y adolescentes, si se quiere poner fin a un flagelo
    que se va de las manos de padres y autoridades.

    Por su parte, un numeroso grupo de estudiantes y jóvenes trabajadores
    entrevistados sobre el tema coincidió en señalar que la facilidad de
    obtener tabaco y alcohol en los establecimientos estatales, así como la
    ausencia de lugares de recreación sana, la crítica situación familiar y
    la venta y consumo de drogas en cualquier sitio público, hacen que por
    contagio muchos se sumen.

    Adolescentes y jóvenes de ambos sexos, entre los 14 y 18 años de edad,
    quienes se encuentran sujetos a un plan de desintoxicación de la droga
    en un establecimiento de la capital cubana, señalaron que la
    proliferación del consumo entre amigos del barrio, la poca existencia de
    lugares para una recreación sana y lo malo que ofrecen en estas
    instalaciones, invitan a el consumo.

    Como colofón de ambos reportajes, la periodista Talía González aseguró
    que más allá de los espacios de reflexión y debates creados en las
    escuelas con la participación de alumnos, padres y profesores para
    abordar el tema, así como la difusión en soportes digitales de los
    estragos físicos y morales que causa la droga, y el interés estatal y
    familiar por suprimir el problema, subsisten grietas en la sociedad que
    necesitan ser selladas para suprimir el flageo de la droga en el país.

    Cuba (el pueblo) Dice

    Santiago Toranzo, un joven que cumplió prisión por “peligrosidad
    predelictiva”, asegura que su adicción nació en el presidio, pues antes
    de ser condenado no fumaba, ni consumía alcohol y muchos menos droga.
    “Fui a dar a la cárcel por ser negro, nacer y crecer en un solar de mala
    muerte en Centro Habana, ser hijo de padres alcohólicos y tener dos
    hermanas prostitutas.

    La infancia de los que nacimos allí fue un infierno: hambre,
    promiscuidad, borracheras, violencias y todo lo malo de una sociedad
    marcaron nuestras vidas. Al terminar la secundaria no me quedó de otra
    para buscar dinero que la venta de drogas, lo más fácil en nuestro
    ambiente. De ahí vino el consumo, la cárcel otra vez y mi condena al
    gobierno por la desatención que sufrimos en Cuba.

    “Todo se ve muy bien en la televisión, agregó Juanita, exdrogadicta y
    vendedora de “cambolo”, una piedra mezcla de polvo de cocaína con
    bicarbonato y otras sustancias causante de un rápido efecto alucinógeno,
    que se consume dándole fuego y aspirando el humo por el agujero de una
    lata, pero mientras no se acaben los solares, no exista un trabajo
    decente que dé para terminar el mes, y no se abra más la brecha entre
    pudientes y desamparados, todo irá de mal en peor”.

    “En los repartos (sic.) de Centro Habana como San Leopoldo, Cayo Hueso y
    Los Sitios, se vende y consume drogas. Todos lo saben, pero todos tienen
    ‘caquitas’ ilegales que ocultar. Policías, médicos, ingenieros y
    funcionarios como el resto de los que pertenecen a un Comité (de Defensa
    de la Revolución o CDR), saben quiénes consumen y venden en cada cuadra,
    pero ninguno quiere buscarse problemas. En mi reparto, cuando la
    Operación Coraza en el 2003, cayeron ocho entre traficantes y
    consumidores”, agrega.

    Según estas personas que estuvieron vinculadas a las drogas, los
    chivatos e informantes de cada Comité, sólo tienen trabajo cuando el
    Estado decide dar un golpe de efecto y desata una recogida donde
    decomisa motos, casas y cuanto exista en los hogares de los traficantes;
    luego la calma, y todo el tiempo a perseguir a los opositores, única
    manifestación “antisocial” que permanece bajo perpetua vigilancia y
    control. Si eso lo hicieran con la drogas, de seguro el problema no
    existiría.

    La cuestión es que, pese a programas antidrogas y al supuesto compromiso
    estatal para suprimir el consumo de estupefacientes, todo el esfuerzo
    está en vender una imagen de preocupación cuando, en el fondo, poco les
    interesa el tema mientras los traficantes no se conviertan en
    “contrarrevolucionarios” que sueñen con un cambio, y los consumidores no
    escuchen Radio Martí, o lean CubaNet, Diario de Cuba y otros sitios que
    para las autoridades son peores que las drogas.

    vicmadomingues@gmail.com

    Source: Las drogas, el alcohol y el socialismo cubano CubanetCubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/las-drogas-el-alcohol-y-el-socialismo-cubano/

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