Prostitution in Cuba
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    Vestirse en Cuba con ropa usada es un lujo

    Vestirse en Cuba con ropa usada es un lujo
    23 de abril de 2017 – 16:04 – Por IVÁN GARCÍA

    Además del diario dilema que enfrenta el cubano para poder comer,
    encontrar prendas de vestir de buena calidad a un módico precio resulta
    casi imposible

    LA HABANA.-Los cajones plásticos con prendas de vestir para hombres y
    mujeres desprende el habitual tufillo de las cosas guardadas durante
    mucho tiempo. Estamos en una tienda estatal de ropa reciclada en la
    concurrida Calzada de Monte, una arteria de comercios estatales,
    cafetines privados y personas que venden clandestinamente pacotilla
    facturada en China.

    Al final del establecimiento, diseminados por el piso, tres cajones
    plásticos de ropa reciclada y en varios percheros, escoltados por dos
    espejos rajados con el borde negruzco, cuelgan pantalones y camisas.

    El calor dentro del local es terrible. A las empleadas les corre gotas
    de sudor por el rostro e intentan aliviar la canícula abanicándose con
    portadas de revistas viejas y trozos de cartones.

    Una camisa con el cuello sucio y sin etiqueta, cuesta 80 pesos (casi 4
    dólares). A esos mercadillos o pulgueros por moneda nacional es donde
    compran las personas de bajos ingresos, que trabajan para el Estado o no
    reciben remesas familiares.

    “Todas esas piezas recicladas son importadas. Están sucias por el
    trasiego de los clientes. Son prendas de vestir que personas de otros
    países venden o regalan a tiendas de segunda mano. Este lote llegó de
    Canadá. Hubo ropa de mayor prestancia, pero ya se vendió. Lo que queda
    es lo que nadie quiere”, asegura la administradora.

    Yamil, 34 años, custodio en una escuela primaria, suele adquirir ropa
    reciclada. “Mi salario de 300 pesos -equivalente a 13 dólares- no da
    para más. Quisiera vestir a la moda, pero las opciones que tengo es
    comprar ropa de uso, de vez en cuando un amigo me regala un pantalón o
    una camisa y cuando un pariente en la yuma me envía pacotillas, se la
    doy a mis hijos”.

    El gran problema de Cuba es llevar comida a la mesa cada día. Desayunar,
    almorzar y comer no está al alcance de todos. Asegurar una alimentación
    de regular calidad consume el 80 % de la entrada de dinero de cualquier
    núcleo familiar. A veces más. Incluso con dinero suficiente no siempre
    se encuentran los alimentos que usted desea o necesita.

    Vestir a los hijos es un dolor de cabeza. Los ancianos, grandes
    perdedores de las tibias reformas económicas del gobierno de Raúl
    Castro, también se las ven negras. Pregúntenle a Eusebio, octogenario
    jubilado que vende periódicos en la Calzada del Cerro.

    “Menos mal que aquí casi nunca hace frío, si no una pila de viejos
    quedaríamos tiesos. La mayoría de nosotros vestimos con ropa que tiene
    veinte años o más de uso. Se salvan los que tienen familia afuera, sus
    hijos son pinchos o gerentes de empresas extranjeras. Pero el resto, a
    llorar que se perdió el tete. Lo peor es cuando se rompen los zapatos.
    Yo uso el calzado que me regalan clientes a quienes les llevo el
    periódico a su casa. De otra manera, andaría en chancletas”, afirma Eusebio.

    Con un salario promedio de 26 dólares, según estadísticas del régimen,
    es imposible cubrir los gastos para adquirir prendas de vestir. Las
    familias con niños que no reciben remesas tienen que hacer milagros,
    sobre todo si tienen más de un hijo.

    “Comprarle ropa y zapatos al chama es una pesadilla. La sociedad se ha
    dividido entre aquellos que tienen posibilidades y los que no. En las
    escuelas, los alumnos de padres pudientes llevan zapatillas de marca y
    el resto asiste con calzado de baja calidad. Entonces los muchachos se
    burlan de ellos. A los tenis que le compré a mi hijo le dicen ‘chupa
    meao’. Trato de alentarlo y decirle que estudie mucho para que pueda
    graduarse de una carrera. Él me responde, ‘papá, aquí los profesionales
    viven peor que los que trabajan en un agromercado’. Es un drama”, cuenta
    Daniel, ingeniero civil.

    En Cuba existen mercados de distintos niveles dedicados al expendio de
    ropa. Los que venden en pesos (cup), la moneda nacional, por lo regular
    ofertan prendas de regular o mala calidad. La mayoría vende en pesos
    convertibles (cuc), la divisa que circula en Cuba, y permite adquirir
    productos de mayor calidad con gravámenes del 240%.

    TRD Caribe, una de las cadenas de GAESA, junta militar que controla el
    80 % de la economía nacional, ofrece prendas de vestir compradas al
    bulto en almacenes mayoristas de la zona de Colón en el Canal de Panamá
    o ropa barata adquirida en China.

    Sus precios son abusivos. Un jean o vaquero sin demasiada calidad
    fluctúa entre 20 y 30 cuc. “La ropa y calzado que venden en las TRD es
    malísima. Pacotilla de quinta categoría que ofertan como si fuera de
    primera calidad”, dice una señora que registra en un cajón con
    chancletas de goma, en una tienda de la Avenida Acosta, municipio Diez
    de Octubre, al sur de La Habana.

    En la cadena Palco y las boutiques de renombre, enclavadas en hoteles o
    centros comerciales, se pueden adquirir prendas de vestir de mayor
    calidad. Pero sus precios rozan las nubes.

    En la tienda del hotel Saratoga, donde recientemente estuvo alojado el
    Rey de Marruecos, unas zapatillas deportivas Converse cuestan el
    equivalente a $90 dólares y un vaquero GAP más de $120.

    “Solo los músicos, las jineteras, los dueños de negocios privados
    exitosos o los que reciben buena cantidad de dinero del extranjero
    pueden comprar en esas boutiques. El resto que se joda”, apunta Luisa,
    empleada bancaria.

    En el centro comercial del hotel Comodoro, al oeste de la ciudad, en la
    boutique de la firma Mango, regentada por la esposa de un hijo del
    fallecido autócrata Fidel Castro, un short de mezclilla puede llegar a
    costar $80 dólares.

    El mercado clandestino es el más socorrido por los cubanos para intentar
    vestirse a la moda. “La mayoría de la gente compra pacotillas a
    particulares, con mayor surtido y mejores precios que los del Estado.
    Además, te dan la posibilidad de comprar a plazos”, acota Sheila,
    estudiante de preuniversitario.

    Las tiendas privadas de ropa fueron prohibidas por el gobierno a fines
    de 2013. Pero como casi todos los negocios por cuenta propia, hay una
    puerta giratoria entre lo legal y lo clandestino que funciona como un
    reloj suizo.

    Miles de personas, residan en la Isla o en el exterior, se dedican al
    trasiego de prendas de vestir. Las suelen comprar en Panamá, Perú o
    Rusia. En algunos casos se vende por catálogo. Pero ya sea comprando en
    comercios estatales o privados, vestirse en Cuba representa un gasto que
    supera por cinco el salario promedio mensual.

    Si usted le pregunta a un cubano que desea como regalo le propondrá una
    de estas tres opciones: un teléfono inteligente, un par de zapatos
    cómodos o ayudarme a salir del país.

    Source: Vestirse en Cuba con ropa usada es un lujo | Cuba –
    www.diariolasamericas.com/america-latina/vestirse-cuba-ropa-usada-es-un-lujo-n4120366

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