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    Llegan los extranjeros y construyen sus mansiones

    Llegan los extranjeros y construyen sus mansiones
    FRANK CORREA | La Habana | 13 de Abril de 2017 – 07:20 CEST.

    Con el levantamiento de la prohibición de ventas de viviendas, una
    oleada de construcciones de nuevo tipo aparece en muchos barrios de
    Cuba, principalmente en La Habana. Se distinguen sobre el resto de las
    viviendas por su esplendor y majestuosidad, que nada tienen que ver con
    los agónicos esfuerzos de la población cubana por construir o reparar
    sus hogares.

    Son de extranjeros que han escogido esta isla del Caribe para vivir y
    realizar inversiones, amparados por la protección y facilidades que les
    brinda el Estado sobre los nacionales. Casi todos estos extranjeros han
    contraído matrimonios con jóvenes cubanas, para legalizar sus
    propiedades. Las maneras en que se han apropiado de los terrenos yermos
    o de las viejas casas que antes se levantaban allí varían desde la
    propuesta de dinero a los inquilinos hasta el soborno a las
    instituciones del Estado y funcionarios públicos.

    La Iglesia Evangélica de Jaimanitas fue cerrada hace algunos años bajo
    la justificación de quejas de los vecinos por la música alta que
    acompañaba a las alabanzas y adoraciones, y porque en el Registro de la
    Propiedad ese lugar aparecía como vivienda y no como iglesia.

    Los cristianos de Jaimanitas debían viajar hasta la Liga Evangélica de
    Cuba, situada en Marianao, para realizar sus ayunos, vigilias y cultos,
    y edificaron su iglesia en una vieja casona de madera en la calle
    Tercera. Eligieron al pastor, a sus ministros, y levantaron su refugio
    de esperanza. Los misioneros comenzaron a predicar por todo el pueblo
    “la palabra del Señor” y en poco tiempo fueron convirtiendo a su fe a
    muchos borrachos, locos, delincuentes y jineteras, que encontraron
    alivio en aquel recinto, algo muy difícil de conseguir en estos tiempos.

    La iglesia comenzó a crecer y a expandirse y ya resultaba pequeña para
    tantos cristianos que acudían. La Liga Evangélica les donó un moderno
    equipo de audio y la potente voz del pastor en su prédica se escuchaba a
    muchas cuadras de distancia. Pero llegaron los inspectores de Vivienda y
    los borrachos regresaron a sus botellas, los locos a tirar piedras por
    las calles, las jineteras a la Quinta Avenida y los delincuentes a sus
    delitos. En el lugar se levanta hoy la mansión más grande y ostentosa
    del pueblo, propiedad de un extranjero.

    Otra construcción majestuosa, distinguida por sobre las casuchas de
    maderas y techo de zinc del barrio, está situada en la calle Primera, a
    la orilla del mar, con una preciosa vista sobre la ensenada de
    Jaimanitas. Era la antigua casucha de “El Yety”, un individuo que se
    tiró a la bebida tras resultar vanguardia nacional y ganarse un viaje a
    Europa por sus resultados laborales, pero que fue esquilmado de tal
    premio y marginado por quejarse a las instancias superiores del
    Gobierno y el Partido por tal injusticia.

    “El Yety” vivía con su hermano, que era también alcohólico y falleció
    producto de cirrosis. Estaba casi enloqueciendo en su cuartucho, que
    además de la vista al mar contaba con un terreno yermo que lo
    circundaba. “Llegó este extranjero salvador”, comenta él, “y me puso en
    la mano seis mil faos que me metieron en la pelea. Me compré un cuarto
    en Buena Vista, nada del otro mundo, pero tengo asegurada la curda por
    lo menos todo este 2017″.

    En su antigua propiedad se levanta hoy una mansión de tres pisos, dos
    terrazas, siete habitaciones, tres garajes, aire acondicionado central y
    un mirador. La brigada que trabajó allí a ritmo de contingente mantuvo
    una absoluta discreción sobre la titularidad del enclave. Los vecinos
    solo conocieron al ejecutor de la obra, que venía en un Peugeot
    diariamente a dar instrucciones y entregar el dinero necesario para el
    pago de materiales y los trabajadores.

    “Han eliminado el basurero que había al lado de la casa, destupieron la
    zanja del desagüe que va hasta el mar, construyeron un parquecito, un
    malecón y arreglaron la acera”, comenta “Guisaso”, un vecino del lugar.
    “Es verdad que con el edificio el barrio está más bonito, pero el resto
    de las casas se ven más pobres, más raquíticas. Llevo 11 años
    arreglando mi bajareque y todavía me falta un mundo, en cambio ese
    ‘don’, que nadie conoce, en seis meses mira la clase de casona que hizo”.

    Source: Llegan los extranjeros y construyen sus mansiones | Diario de
    Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1490627937_29945.html

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