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    El Gran Hermano de ‘1984’ que siempre te vigila es como los carteles de Fidel que pululan por la isla

    El Gran Hermano de ‘1984’ que siempre te vigila es como los carteles de
    Fidel que pululan por la isla
    RAFAEL ROJAS
    16 MAR 2017 – 00:00 CET

    Un hombre pasa en un carro tirado por un caballo junto a un cartel de
    Fidel Castro en La Habana. ALEJANDRO ERNESTO EFE
    Funcionarios del Ministerio de Cultura de Cuba informan con beneplácito
    que dos de los libros más comprados en la pasada Feria del Libro de La
    Habana son la biografía Raúl Castro: un hombre en Revolución (2015),
    escrita por el veterano agente del KGB Nikolái Leonov, y la primera
    edición cubana de 1984 (1949), la novela antiutópica –que Wikipedia
    prefiere llamar “ficción distópica”- del gran escritor británico George
    Orwell. Cualquier idea más o menos discernible sobre lo que ha sido y es
    un régimen político como el cubano, y sus posibilidades de permanencia o
    cambio en los próximos años, debería alojarse en la cabeza de los
    lectores de ambos libros. Lectores que, probablemente, pertenezcan a
    comunidades distintas y hasta enfrentadas de una misma sociedad.

    En su biografía del Che Guevara, Jon Lee Anderson narra con algún
    detalle cómo Raúl y Leonov se conocieron en un viaje en barco hacia La
    Habana, desde Europa del Este, donde el menor de los Castro, miembro de
    la Juventud Socialista del viejo partido comunista cubano, había
    participado en el Festival Mundial de la Juventud de 1953, celebrado en
    Bucarest, Rumanía. Leonov haría escala en La Habana y luego seguiría
    viaje hacia la Ciudad de México, donde prestó servicios de inteligencia
    en la embajada soviética. Dos años después, en 1955, y según el propio
    Leonov, el agente soviético y Castro se encontraron “accidentalmente” en
    una calle de la Ciudad de México. Raúl invitó a su amigo a conocer a sus
    compañeros moncadistas,, especialmente, al Che Guevara y a Fidel Castro,
    antes de que se embarcaran en su expedición revolucionaria hacia Cuba.

    En la primera etapa del deshielo, Leonov, que provenía del KGB
    estalinista, cayó en desgracia y fue enviado de vuelta a Moscú. Pero sus
    relaciones con jóvenes de la izquierda mexicana, cubana y
    centroamericana lo hacían muy valioso y en 1959 y 1960 ya estaba de
    vuelta en la región, acompañando al canciller Anastas Mikoyan en sus
    viajes a México y Cuba, tras el triunfo de la Revolución. Ahora, dos de
    sus amigos latinoamericanos, el Che Guevara y Raúl Castro, estaban
    ubicados en posiciones estratégicas del nuevo gobierno revolucionario:
    uno era Ministro de Industrias y Presidente del Banco Nacional y el
    otro, con sólo 28 años, era Ministro de Defensa.

    El Ministerio de la Verdad es una máquina de producir consignas. Durante
    60 años, los Castro han poblado de consignas el paisaje visual de los
    cubanos

    La biografía de Raúl Castro de Leonov, así como una previa de Fidel
    Castro, escrita a fines de los 90 con su colega V. A. Borodáev, honran
    aquella amistad, desde un apego irrestricto a los orígenes estalinistas
    del autor. La esencia de la política de la URSS hacia América Latina, en
    la Guerra Fría, esto es, alentar procesos de independencia radical de
    Estados Unidos y de formación de estados fuertes, que reorientaran los
    intereses comerciales de sus naciones, a costa de la democracia o del
    desarrollo del mercado interno, sigue siendo válida según el anciano
    Leonov. Entonces, a ese proyecto se le llamaba “comunismo”; hoy,
    “socialismo del siglo XXI”, pero desde una perspectiva estrictamente
    geopolítica es, más o menos, lo mismo.

    En Cuba, único país del área en que aquella estrategia llegó a
    consumarse, se edificó un Estado muy parecido a cualquier otro
    socialismo real del bloque soviético. El núcleo institucional de ese
    régimen, codificado por Stalin a partir de la Constitución de 1936, se
    reprodujo y sigue vigente en la isla. ¿Qué mejor descripción de ese tipo
    de Estado que 1984 de George Orwell? Imaginemos el retrato de ojos
    móviles del Gran Hermano, que “siempre te vigila”, como uno de los
    tantos carteles de Fidel Castro, que pululan por las ciudades de la
    isla. O el Ministerio de la Verdad como esa intersección entre el
    Ministerio del Interior, el Ministerio de Comunicaciones y el Partido
    Comunista, que edita la enciclopedia oficial Ecured y la página
    electrónica Cubadebate.

    En 1984 hay opositores invisibles, como Emmanuel Goldstein, y una
    Policía del Pensamiento que combate la propaganda enemiga por medio de
    una neolengua. Equivalentes cubanos de la neolengua orwelliana son:
    “diversionismo ideológico”, “cederisrta”, “jinetera”, “palestino”,
    “escoria”, “mercenario”, “terrorismo mediático”… En la novela de Orwell
    el Ministerio de la Verdad es una máquina incesante de producir
    consignas: “La guerra es la paz”, “La libertad es esclavitud”, “La
    Ignorancia es fuerza”… Durante sesenta años, los Castro han poblado de
    consignas el paisaje visual de los cubanos: “Pin Pon fuera, abajo la
    gusanera”, “El que no salte es yanqui”, “Que se vaya la escoria”, “Los
    hombres mueren, el Partido es inmortal”. Mucho antes de que Donald Trump
    imaginara ser político, la población cubana era sometida a los rigores
    de la postverdad.

    Rafael Rojas es historiador.

    Source: Cuba: Orwell para cubanos | Opinión | EL PAÍS –
    elpais.com/elpais/2017/03/07/opinion/1488911035_961713.html

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