Prostitution in Cuba
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    Cuba (poco) libre y muy sexual

    Cuba (poco) libre y muy sexual
    Miércoles 18 de enero del 2017 | 17:47
    El escritor cubano Juan Abreu publica sus Memorias, donde evoca la
    revolución castrista… y cómo el sexo fue un modo de resistencia.

    Por suerte para mí, pertenezco a una generación española que no ha
    vivido ninguna guerra ni ninguna revolución. Nadie ha entrado a la
    fuerza en mi casa con un patadón por todo saludo y la intención de
    causarme algún mal con el sacrosanto argumento del Pueblo o la Patria,
    dos de los pretextos bajo cuya bandera más sangre se ha derramado en el
    mundo. Pero sí he conocido personas, todos lo hemos hecho, tan
    miserables que estarían encantadas de enrolarse a una guerra o a una
    revolución para pegar un tiro en la nuca al vecino y quedarse con las
    posesiones del muerto …siempre “en nombre de la Patria” o “en nombre del
    Pueblo”, claro que sí. El libro de Abreu es un buen recordatorio de
    ello, y de lo importante que es el amor y el sexo en tiempos donde tu
    vida la regula un dictador.

    “No hay mayor horror que la Patria”, afirma con razón Juan Abreu en sus
    recientes memorias Debajo de la mesa (Editores Argentinos, 2016). Este
    relato autobiográfico de Abreu, compuesto por crueles y tiernas
    impresiones de su infancia y juventud, se circunscribe en puridad a sus
    primeros 28 años de vida, los que pasó en su país natal, la República de
    Cuba.

    LA REVOLUCIÓN AUTORITARIA
    Hijo de familia humilde del barrio pobre de Poey, en la periferia de La
    Habana, la vida de Juan Abreu cambió de golpe, como la de tantos
    cubanos, con la toma del poder por el dictador Fidel Castro en 1959:
    muchos ciudadanos se adhirieron a las nuevas consignas y “canalizaban su
    odio hacia la vida y sus frustraciones sexuales a través del fanatismo
    político. Ocurre con frecuencia”. Otros mantuvieron su dignidad, pese a
    que “la cortesía y los buenos modales se consideraban taras burguesas”.

    Según Abreu, siguieron décadas de miedo para miles de familias, pues se
    recompensaba el ser delator del vecino; y también de hambre, debido a la
    escasez perenne de artículos de primera necesidad. Por ese motivo, el
    cronista recuerda vívidamente anécdotas como la primera vez que se lavó
    la cabeza con champú (en casa de la enamorada de un privilegiado del
    régimen) o la “profunda conmoción” que sintió la primera vez que entró a
    un supermercado en Miami, ya exiliado: “Llevaba años aseándome la boca
    con bicarbonato de sodio o, cuando faltaba el bicarbonato, con jabón.
    Ante cientos de marcas de pasta dental, me eché a llorar”.

    En su libro, Abreu se refiere continuamente, con ironía, a la época
    prerrevolucionaria y posterior dictadura como antes y después “de que
    nos liberaran”, momentos definitorios también en su relación emocional
    con el mar que rodea Cuba: “Todavía el mar no estaba relacionado en mi
    cerebro con el guardián riguroso de una prisión”.

    LA REVOLUCIÓN SEXUAL
    Cuba es una nación profundamente sexual. Abreu lo fue también desde
    niño, y de ello deja constancia en numerosos episodios escritos con una
    sinceridad desarmante. Por ejemplo, relata desde el encuentro con una
    adolescente a la que encontró masturbándose en el baño del funeral de su
    abuela (“Contra la muerte, supongo, se pajeaba la muchacha”) hasta las
    propias sesiones en grupo con sus amigos varones, excitados por la
    desnudez conjunta (“aunque esto no se reconocía jamás”).

    De ahí, el aprendizaje sexual pasaba por el espionaje a vecinas haciendo
    sus necesidades, algunas exhibiéndose a sabiendas para ojos ajenos y
    otras irrumpiendo en la precaria privacidad de las casas de Poey para
    enseñar el ejercicio del placer… Incluso se menciona la zoofilia, que el
    autor reconoce, en el pasaje más polémico, como una práctica habitual
    entre su muchachada de los años 60: “El sexo con animales era bastante
    común y en modo alguno demasiado vergonzante. Cuando fui lo
    suficientemente hábil para convencer a una muchacha, las yeguas y las
    chivas desaparecieron totalmente de mi horizonte sexual”.

    Pero ya adulto y bien canalizado, el sexo significó sobre todo una
    actividad imprescindible para luchar contra lo gris de la sociedad
    dictatorial… especialmente la homosexualidad, tan perseguida por el
    castrismo: “Cuba ha sido siempre un país machista en el que los
    homosexuales son seres humanos de segunda”, opina Abreu, quien cree
    firmemente que deberían estudiarse los suicidios de gays en su país
    debido al acoso del sistema, ya que para él, muchos compatriotas
    heterosexuales “van por el mundo despreciando y discriminando a los que
    se atreven a ser libremente lo que ellos ocultan. (…) En todo macho
    cubano, sobre todo si es militar, hay un maricón en potencia y allí eso
    se hacía evidente. Pero odian al homosexual que llevan dentro. Odian a
    los homosexuales porque se reconocen en ellos”.

    Abreu, que es hetero, considera que ser homosexual en Cuba durante los
    años duros del castrismo era una heroicidad y un modo de resistencia.
    Como lo era también leer libros prohibidos: a él le confiscaron durante
    el servicio militar uno de Rimbaud, por ser “poesía burguesa”… Pero en
    general el sexo se practicaba en todas partes: en rincones de la calle,
    en sumersión frente a las playas… incluso se organizaban orgías en
    cuartos de las empresas más respetables.

    EL VERDADERO HÉROE
    El héroe de este libro es Reinaldo Arenas, el llorado autor de Antes que
    anochezca, amigo personal de Abreu, cuyo recuerdo (y la persecución que
    sufrió por parte del castrismo) se evoca en numerosas páginas: “En una
    época de exacerbadas esclavitudes, Arenas decidió ser algo
    extremadamente difícil y peligroso: libre”.

    La familia Abreu fue cómplice en la operación de mantener a Reinaldo
    Arenas escondido de las autoridades que lo buscaban por subversivo y
    homosexual, bajo montajes de falsa criminalidad. Su promiscuidad y
    talento suponían un escándalo para los conservadores estamentos del
    régimen: el propio Arenas confesaría en su autobiografía haberse
    acostado con unos 5.000 hombres. “No deja de ser significativo que el
    escritor más herético de la literatura cubana del siglo XX sea también
    el de más alta estatura moral. Hoy, que escribo estas páginas, la obra
    de Arenas continúa inédita para sus lectores naturales, los cubanos”.

    Abreu no perdona a los artistas que fueron conniventes con la dictadura
    cubana (“Nixon es peor que Hitler”, proclamaba una de las consignas
    castristas), incluso dedica un doloroso capítulo de reproche a Joan
    Manuel Serrat. Como otros tantos jóvenes melenudos que gustaban de
    músicas extranjeras y prohibidas en los años 70, él también fue
    arrestado y luego condenado a un año de trabajos forzados por “vagancia”.

    “Lo importante es preservar mi humanidad. Y la única forma de lograrlo
    es escapando de esta pavorosa isla”, concluye más tarde. A los 28 años
    logró salir de Cuba, precisamente porque el régimen dejó marchar
    solamente a los que tuviesen antecedentes delictivos durante el Éxodo de
    Mariel (1980), para desacreditar a los ciudadanos que querían abandonar
    la isla.

    Pero Cuba parece más presente todavía en aquellos que lograron dejarla
    atrás.

    DATOS
    Juan Abreu (La Habana, 1952) es además de escritor, pintor y artista
    plástico. El erotismo es una de las temáticas constantes de su obra,
    como el que empapa su novela Diosa (Tusquets, 2006).
    Debajo de la mesa, cuya lectura recomienda la escritora cubana Zoe
    Valdés, se puede adquirir a través del correo de Editores Argentinos:
    ventas@eeaa.com.ar, y se remite desde Buenos Aires.
    Actualmente, Abreu vive en el agradable exilio español que supone la
    pequeña ciudad de Sant Cugat del Vallés (Barcelona).

    Source: Cuba (poco) libre y muy sexual | Vida21 | Peru21 –
    peru21.pe/vida21/cuba-poco-libre-y-muy-sexual-2268199

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