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    Violencia en Cuba, los orígenes del mal

    Violencia en Cuba, los orígenes del mal
    Asesinato, robo, asalto, violación, son palabras que han ido permeando
    las charlas diarias de quienes viven en la Isla
    Miércoles, diciembre 7, 2016 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Asesinato, robo, asalto, violación, son palabras que
    han ido permeando nuestras conversaciones diarias hasta convertirse en
    la preocupación de aquellos que ven en esos temas tan recurrentes, una
    señal de que algo negativo ha estado aconteciendo en los últimos años.

    El auge del tráfico y uso de estupefacientes, una cultura de la
    diversión centrada en el consumo de alcohol, la transformación de Cuba
    en una de las principales plazas para el turismo sexual, el consecuente
    aumento de la prostitución y la aceptación de esta como generadora de un
    estatus social elevado, una economía en crisis perpetua, son algunos de
    los factores que son señalados como catalizadores del aumento de la
    inseguridad.

    Marciel Sánchez, psicólogo, también considera otros fenómenos como la
    desarticulación del concepto de familia y la violencia incorporada al
    sistema educativo durante muchísimos años: “No debemos olvidar que los
    que hoy tenemos más de treinta y cinco crecimos en un medio
    extremadamente violento como son las becas en el campo o las escuelas
    militares de nivel medio. (…) Nacieron de un proyecto político que
    buscaba la construcción del llamado hombre nuevo del socialismo, una
    entelequia que no consideraba la verdadera complejidad del ser humano.
    (…) La educación dentro del seno familiar se consideraba un factor de
    debilitamiento del carácter, la disciplina militar y la imposición de
    esta por medio de la fuerza bruta eran el método. (…) En las becas todos
    experimentamos los castigos físicos, la violencia que genera el
    hacinamiento, el trabajo duro obligatorio que era no otra cosa que
    trabajo infantil, la lucha por la supervivencia, el alejamiento de
    nuestro círculo familiar, la estigmatización de cualquier credo
    religioso y de cualquier conducta humana que fuera signo de debilidad
    ideológica o física”, afirma Marciel.

    Sin embargo, hay quienes creen que fue la crisis económica de los años
    90, el llamado “Periodo Especial”, la que condujo a la situación actual:

    “Creo que nunca tuvimos una época de oro”, dice Daniela, una psicóloga
    con experiencia en el trabajo con jóvenes que guardan prisión por hechos
    de violencia: “pero en los años 90 se vinieron abajo muchas estructuras
    y hubo un aumento de los delitos relacionados con la violencia,
    surgieron pandillas juveniles o grupos articulados con la prostitución,
    el mercado negro. (…) Recuerdo haber oído hablar de pandillas en los
    años 80 y de asesinatos, de asaltos en las calles, de robos con fuerza.
    (…) El sistema de becas no tiene la culpa, depende de cuáles becas
    hablamos. Pero es cierto que en la mayoría se reforzaron conductas
    negativas que provenían de nuestra propia cultura machista donde los
    hombres no deben llorar, o donde todo se resuelve con un par de
    trompadas y si no lo haces, eres mariquita (homosexual)”.

    “Decir que somos violentos porque es nuestra cultura, o nuestro
    carácter, no es totalmente cierto”, opina Karelys, una joven estudiante
    de pedagogía: “De hecho, no somos un país considerado violento como
    México, Honduras, creo que pudiéramos ir hacia allá debido a que se
    están dando algunas condiciones. Han aumentado el consumo de drogas, la
    prostitución, la corrupción. Esas cosas son determinantes. Lo cultural,
    el machismo, no puede explicar todo el fenómeno en general donde también
    hay mujeres con conductas violentas o con expresiones de violencia”.

    Desde las pandillas

    La mirada desde el epicentro del fenómeno y no como objeto de estudio
    tiene sus particularidades.

    Julio, alias “El Ñato”, un joven que estuvo asociado a una pandilla, nos
    ofrece su visión del asunto: “No lo veo como una pandilla ni como
    violencia, lo veía como un bonche (una broma). Estás con tus amigos del
    barrio y te vas a una fiesta, te emborrachas y haces el día con
    cualquier infeliz que pasó. Le demuestras al grupo que eres un tipo que
    hay que respetar. Te comienzas a tatuar cosas o a vestir de manera que
    te vean como tú quieres que te vean. (…) En el barrio, si te dan (te
    golpean), tú tienes que dar, porque después no hay quien te quite el
    cartel de penco (cobarde). (…) Creo que hay mucha violencia y es que la
    situación es muy difícil. Buscarse el dinero es una verdadera lucha. El
    dinero está en la calle. Hay que saber buscarse la vida en la calle”.

    Hirán, otro joven expandillero, nos señala algunos de los factores que
    él considera como desencadenantes de la violencia:

    “No tienes nada, y lo poco que puedes luchar tienes que defenderlo. Tú
    solo no eres nadie en la calle y si no te das a respetar, estás jodido.
    (…) Si no te tienen miedo, entonces te chivatean. Tienes que mostrar en
    el barrio que si se meten contigo la van a pasar mal. Todo el mundo en
    Cuba está en algo ilegal para ganarse la vida, pero si no te haces
    respetar, te la aplican (te agreden)”.

    Ernesto, un adolescente, aunque lleva tatuados varios signos de la
    violencia en su cuerpo, no considera que sea una persona violenta, sino
    que todo en él representa el entorno en que vive:

    “No soy violento”, afirma Ernesto, “pero todo lo que me rodea es
    violencia. Hasta la música que ponen en las discotecas te lleva a la
    violencia, en la escuela hay violencia cuando un profesor te grita o te
    castiga, cuando te chantajean o si tienes que comprarte un par de
    zapatos y no tienes forma de ganar dinero de manera legal, si tienes que
    comer o si tu mamá o tu hijo se enferman y no sabes cómo darles de
    comer, en todo eso hay violencia. (…) Tengo amigos que están en
    pandillas y a veces es hasta para impresionar a una chiquita, porque hay
    mujeres a las que les gusta eso. También están las pandillas que son
    violentas sin ningún motivo, como esa de 100 p´arriba o Los Trescientos
    (…) llegan a una fiesta y dan golpes o pican a alguien solo por
    divertirse. Con eso sí no estoy de acuerdo”.

    Cuba está considerado un país seguro para el turismo y no clasifica
    entre los más violentos de la región. La prensa autorizada a circular,
    así como los noticiarios oficialistas de radio y televisión no reflejan
    hechos de sangre por una política de silencio al respecto instituida por
    el gobierno, que también controla la publicación de estadísticas
    delictivas, sin embargo, algunos habitantes de La Habana, así como
    personas de paso por ella, consideran que viven en una ciudad en la que
    se debe andar con mucha cautela debido a un nivel de criminalidad en
    ascenso y con signos evidentes de organización en torno a las drogas, la
    prostitución y el tráfico de personas.

    Source: Violencia en Cuba, los orígenes del mal | Cubanet –
    www.cubanet.org/destacados/violencia-en-cuba-los-origenes-del-mal/

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