Prostitution in Cuba
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    Una guerra de mentiritas

    Una guerra de mentiritas
    MARÍA MATIENZO PUERTO | La Habana | 18 de Noviembre de 2016 – 21:43 CET.

    Durante tres días consecutivos se ha desarrollado en Cuba el ejercicio
    militar al que el régimen llama Bastión. Aunque estas maniobras se han
    realizado durante décadas, las actuales han suscitado ciertas
    inquietudes porque han coincidido con el triunfo en las elecciones
    estadounidenses del republicano Donald Trump, quien ha prometido dar
    marcha atrás a medidas de la Administración Obama.

    Sin embargo, en las calles habaneras la gente ha estado preguntándose
    dónde está el Bastión, para qué es y contra quién.

    “Con la nota que publicó Granma yo me imaginé un despliegue militar
    enorme por las calles o que tendríamos que correr todos a los refugios
    como hacíamos antes, ¿recuerdas?”, dice una vecina del Vedado. “Salíamos
    corriendo para las zonas más seguras en cuanto sonaba la alarma aérea, a
    todos los hombres los movilizaban y veías en las costas, apostados,
    militares con armas. No se quedaba nadie fuera de la paranoia. Ahora,
    por suerte, no les ha dado por eso”.

    El primer día muy pocos estaban informados pese a que Raúl Castro dio la
    orden de iniciar las maniobras ante las cámaras de televisión.

    “Yo no sé si hay maniobras militares, lo que sí sé es que hay cantidad
    de policías y más inspectores en la calle poniéndonos multas. Nos paran
    por cualquier cosa, por eso es que ves menos carros circulando”, dice un
    botero que no vio a Raúl Castro porque según él, “eso es para la gente
    que trabaja para el Estado todavía”.

    “Si yo no puedo tener un sindicato, tampoco puedo ir a una guerra de
    mentiritas”, agrega.

    Amaury Pacheco está seguro de que “este es un Bastión contra el people,
    para que la gente no pueda vender ni una jabita de nylon, porque desde
    hace mucho los que de verdad sentimos las cosas pensamos en la paz, en
    las negociaciones, en dar un viajecito de vez en cuando, en ver a la
    familia progresar y no en que los americanos nos van a atacar”.

    Pacheco recuerda el ambiente en Alamar cuando en la década de los 90 se
    anunciaba un Bastión: “parecía que iba a haber guerra de verdad”.

    No solo es la falta de movimiento, sino que ni en el centro ni en la
    periferia de la ciudad se ha sentido el ruido que se supone genere un
    ejercicio militar.

    “Yo lo que he visto es que cada día hay menos transporte —dice Iris, que
    ha tenido que ir todos los días de La Habana Vieja a Miramar— y muchos
    hombres vestidos de verde, como si fueran de la reserva, pero en
    horarios en que deberían estar en prácticas militares”.

    “Lo mismo a las 10:00 de la mañana, montados en una guagua, que a las
    12:00 del día. Parece loco, pero es como si les dijeran ‘caminen la
    ciudad vestidos así para crear ambiente’, aunque creo que solo están
    fumigando en lo que dan idea de otra cosa”.

    Otros hablan de la ofensiva contra los cuentapropistas, que parece haber
    terminado, pero no. “Para mí este es un teatro montado para que nos
    olvidemos que ayer mismo querían quitarnos la licencia a todos los que,
    según ellos, estábamos lavando dinero, promoviendo la prostitución y la
    droga”, dice el dueño de un pequeño negocio privado que prefiere no
    decir su nombre porque apenas se repone del susto que sintió cuando
    quisieron cerrarle el local.

    “El Bastión 2016 es un show televisivo”, comenta un señor que dice ser
    mecánico de refrigeradores. “Han sido dos días de noticiero de
    televisión con [el locutor Rafael] Serrano disfrazado de miliciano y una
    locutora desconocida al lado, porque supongo que para las habituales no
    había uniforme en el almacén del ICRT”.

    En sus emisiones informativas estelares, la televisión estatal ha
    narrado cómo se han ido desarrollando los simulacros militares en las
    distintas regiones. En las imágenes se ve cómo altos oficiales hablan
    entre ellos, mientras una voz en off narra.

    “Los mismos personajes que deciden cuánto debe costar el ají aunque no
    sepan nada de agricultura”, dice Efraín, un ciudadano molesto que lo
    cataloga todo de “ridículo”.

    Mientras, por la avenida 23 del Vedado solo se escuchan las sirenas
    habituales por las proximidad de varios hospitales, y la estación de
    bomberos parece participar del aburrimiento cotidiano: los reclutas se
    quitan y se ponen la máscara a su antojo, piropean a las mujeres que
    pasan por la acera y reciben a cuanto turista quiere fotografiar el lugar.

    “Parece burocrático, pero es así como debe ser”, dice un Abdel un joven
    que se considera “integrado”, aunque a las 11:00 de la mañana del
    segundo día aún no había sido ni siquiera llamado. “Ellos tienen que
    reunirse para determinar qué es lo que se haría en caso de guerra. Los
    que han formado bulla han sido los de afuera porque aquí no hemos
    cambiado mucho. Se llame Meteoro o Bastión, nunca hemos dejado de estar
    en guerra contra alguien”.

    Los Meteoro son ejercicios que organiza la Defensa Civil para “preparar
    a sus integrantes y a la población ante diferentes situaciones de
    desastre”, según la descripción oficial.

    Algunos recuerdan también cómo en maniobras anteriores no quedaba ningún
    joven por citar y ahora son muchos los que ni siquiera se han enterado
    de que se están desarrollando ejercicios militares en la ciudad. Si les
    preguntan, miran con extrañeza, como si les estuvieras hablando en un
    idioma desconocido; sin embargo, la propaganda televisiva habla de los
    jóvenes en campos de tiro o siendo instruidos por oficiales u otros
    jóvenes con experiencia militar.

    “Todo muy forzado”, dice Ana, maestra retirada que asegura haberse
    burlado del noticiero frente al televisor. “Ves a un grupo de jóvenes,
    que seguro son estudiantes de universidades militares, repitiendo un
    discurso que evidentemente no es de ellos, porque si lo fuera no les
    saldría tan encartonado.

    El tercer día, sobre las 7:30 de la mañana, se sintieron en el Vedado
    los primeros cañonazos a los que se refirió Ana. “Eran más fuertes los
    ladridos de los perros asustados, parecían portazos y ojalá lo fueran. A
    ver si cerramos el año con menos pensamientos guerreristas y una
    política más apropiada al siglo XXI”.

    Source: Una guerra de mentiritas | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cuba/1479501788_26839.html

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