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    Temporada alta, temporada de caza

    Temporada alta, temporada de caza
    Los cubanos mismos son “productos” para el turismo
    Viernes, noviembre 18, 2016 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Viste ropa blanca, accesorios en azul y mucho
    maquillaje en el rostro. También un pañuelo en la cabeza, adornado con
    flores rojas. Según me ha dicho, usa los colores de la bandera cubana.
    Es una anciana negra y su trabajo es pasear por las calles con un coche
    para bebés donde lleva una gata disfrazada como si fuese un niño de meses.

    La escena parece demencial, sin embargo, es una actuación que le vale
    unos cuantos dólares al día porque a los turistas les llama la atención
    tal esperpento.

    Ese absurdo es uno de los tantos “productos genuinos” que ellos esperan
    de esa “auténtica Cuba” que imaginaron cuando adquirieron el boleto a La
    Habana, una ciudad de moda pero no por su esplendor sino por su
    decadencia fotográfica.

    Al igual que la anciana, otros cubanos han encontrado el
    “oficio-disfraz” que más les funciona en una ciudad donde todos han sido
    transformados, de una forma u otra, en “productos” para el turismo.

    Abundan los mendigos que, boina desvencijada y uniforme verdeolivo,
    desarrapados, posan para quienes han llegado a nuestro parque temático
    en busca de esos Mickey Mouse del socialismo.

    Al mediodía y al final de la tarde, se los puede ver desfilar hacia un
    parquecito cercano a la calle Monte donde se les ofrece comida gratis,
    tal vez como parte de un proyecto comunitario mucho más parecido a una
    estrategia de reproducción de esas especies humanas que ya son parte de
    una “fauna autóctona” compuesta por almendrones contaminantes, edificios
    en ruinas, ausencia de Internet, sexo bueno, bonito y barato, propaganda
    comunista y mucha paranoia asociada a los años de encierro.

    “Viene fin de año y hay que luchar”, es lo que responde un fotógrafo de
    esos que se instalan en el Parque Central con sus cámaras de principios
    del siglo XX. A los turistas les gusta retratarse con tales artefactos
    para después relatar en sus países las graciosas experiencias en el
    Medioevo caribeño.

    “Es temporada alta y es temporada de caza”, dice ese mismo fotógrafo
    cuando le hago algunas preguntas. Su respuesta no tiene nada de
    particular, es muy parecida a la de cualquier cubano que en ese instante
    atraviesa o se detiene en el parque.

    El lugar es un hervidero de todos esos “oficios para extranjeros” de los
    que también forman parte los choferes de autos antiguos vestidos como
    cowboys, los caleseros, los vendedores de tabaco y de estampillas del
    Che y Fidel y, sobre todo, los jineteros y jineteras, a los cuales
    nuestra economía debe una parte de sus mejores momentos y nuestros
    descendientes, en el futuro, la construcción de un monumento en homenaje.

    La imagen que ofrece el conjunto parece resultar efectiva. Los turistas
    se recrean con tanta cosa rara y pocos intuyen la amenaza de ver
    transformados la miseria, el servilismo, la falta de progreso y el estar
    fuera del mundo en una marca de identidad o en un “valor agregado” a ese
    paraíso tropical de sol y playa.

    Si alguien desde el poder alcanzara a ver en nuestra miseria un filón de
    oro, ¿pensaría en renunciar a la construcción de una sociedad justa para
    el 2030?

    “No sé. Tengo tantos problemas en la cabeza que no puedo ponerme a
    pensar en esas cosas”, me responde una jinetera del Parque Central
    cuando le pregunto cómo se imagina que será el país en unos quince años.

    Hice la pregunta a varias personas, tratando de explorar si la amplia
    distribución de aquel tabloide impreso por los talleres gráficos del
    periódico Granma, titulado “Proyecto de Desarrollo para el 2030”, había
    obrado algún cambio en los planes de futuro de los cubanos, o si, al
    menos, había añadido nuevas opciones a aquellas únicas de emigrar o
    “pescar” a un extranjero, salir de misión médica o saquear una empresa
    estatal.

    Según el discurso oficial, se supone que para esas fechas ya estemos a
    las puertas de la sociedad socialista próspera que tanto ha sido
    anunciada y prometida durante más de medio siglo. Una especie de Edén en
    el que todos los males sociales habrían sido resueltos.

    Es decir, no aquellos males sociales “heredados” del capitalismo, puesto
    que según el propio discurso oficial, esos habrían sido erradicados por
    las “ofensivas revolucionarias” de los años 60 y 70, o en el “proceso de
    rectificación de errores” de los 80, sino de esos otros trastornos,
    dicen que provisionales y provenientes del capitalismo, pero esta vez
    reintroducidos “estratégicamente”, por una coyuntura económica donde se
    han vuelto un “mal necesario”.

    El llamado “reordenamiento económico”, enfocado en la construcción del
    socialismo sobre la base de estrategias capitalistas donde no se
    excluyen el anhelo de pactos futuros con el Fondo Monetario
    Internacional, el Banco Mundial, el actual beneficio de programas en
    asociación con la Unión Europea y con naciones como Arabia Saudita, cuyo
    desarrollo ha sido cuestionado sobre todo desde la esfera de los
    derechos humanos, ha traído consigo una magnificación de todos aquellos
    signos que en los programas educacionales “revolucionarios”, impartidos
    en nuestras escuelas y universidades, eran identificativos del
    capitalismo más despiadado: clases sociales definidas por el capital,
    pobreza extrema, enajenación del individuo más un largo etcétera
    integrado por lo peor de la creación humana.

    Según lo que se intuye de los planes trazados, la estrategia económica
    cubana en implementación es un verdadero amasijo de contrasentidos muy
    similar a la imagen de la anciana que pasea un gato por el Parque Central.

    Solo se cuenta con tres lustros para reintroducir el capitalismo a toda
    máquina y luego aniquilarlo y, sobre sus beneficios económicos, fundar
    esa sociedad tan largamente frustrada por el mismo orden económico
    mundial que le debiera dar vida, esta vez después de tantos años de
    “prueba y error”.

    El nuevo manual de instrucciones para echar a andar la vieja máquina
    llamada “socialismo”, que le compramos a los soviéticos en los años 60
    pensando que era “tecnología política de punta”, no dice en ninguno de
    sus apartados cómo el gobierno cubano convencerá a los “cuadros de
    dirección del Partido Comunista”, hoy en vías de ser transformados en
    “empresarios capitalistas despiadados”, de retornar a una sociedad
    supuestamente fundada en la justicia social, la igualdad ciudadana, y el
    capital en función de lo mejor del ser humano.

    La fiebre de inversiones, la apertura al capital foráneo, los retozos
    con el glamour de actuar en los grandes escenarios financieros del mundo
    habrán entusiasmado tanto a nuestros cuadros-empresarios que costará
    convencerlos del fin de la función cuando hayan pasado quince años.

    ¿Cuál será la respuesta de los nuevos magnates “socialistas” cuando se
    les pida renunciar a sus cuentas en paraísos fiscales, a las vacaciones
    en Europa, a los cruceros por el Mediterráneo, a la posibilidad de verse
    sentados alguna vez en la primera silla del Poder? ¿Renunciarán, de
    igual modo, a esa imagen de miseria y obsolescencia sociopolítica que
    tanto turista arroja a nuestras playas cada año?

    Hoy pocos en el Parque Central o en algún otro lugar de la isla, con
    tantos problemas cotidianos en la cabeza, pueden arriesgar una respuesta
    que no sea esta que les resuelve el aquí y el ahora: “Es temporada alta
    y es temporada de caza”.

    Source: Temporada alta, temporada de caza | Cubanet –
    www.cubanet.org/actualidad-destacados/temporada-alta-temporada-de-caza/

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