Prostitution in Cuba
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    Las felices niñas cubanas?

    ¿Las felices niñas cubanas?
    La organización internacional Save The Children afirma que Cuba es el
    mejor país de América Latina para ser niña
    Martes, noviembre 15, 2016 | Luis Cino Álvarez

    LA HABANA, Cuba.- Asegura Teresa Carpio, funcionaria de Save the
    Children, que Cuba es el país de América Latina con mejores
    oportunidades para el desarrollo de las niñas. Aunque suene demasiado
    categórico, tiene razón básicamente en lo que dice. Cuba aventaja a
    muchos países del continente en cuanto a los indicadores que Save the
    Children tiene en cuenta: matrimonio infantil, fertilidad adolescente,
    educación, número de mujeres parlamentarias, etc. Y en Cuba, por mucho
    machismo y violencia de género que haya, no se llega a los niveles de
    México, Guatemala u Honduras.

    Pero solamente eso no basta. A no ser que se pretenda seguir con el
    embellecimiento de la fábula del castrismo bueno y “los logros de la
    revolución”, tendremos que convenir que en Cuba, como resultado del
    fracaso del sistema impuesto durante más de medio siglo, la miseria y el
    consecuente deterioro de los valores éticos, son bastantes pocas las
    oportunidades para el desarrollo tanto de las niñas como de los niños o
    de cualquier ser humano.

    Para empezar, de ningún modo puede ser buena la enseñanza si predomina
    el adoctrinamiento. Los alumnos, desde la primaria, son obligados a
    repetir consignas que no entienden y a declararse incondicionalmente
    leales al régimen si es que aspiran a poder estudiar una carrera en la
    universidad que es “solo para los revolucionarios”.

    De sus padres, que fueron educados en circunstancias similares, tienen
    poco que aprender: las mañas de la supervivencia, el oportunismo, el
    fingimiento, la doble moral, el pensar una cosa y decir otra bien
    distinta “para no buscarse problemas”.

    Producto de tantas carencias, los niños se interesan demasiado por las
    cosas materiales (la ropa de marca, un iPhone, etc.) E imitando a sus
    padres, sus hermanos mayores y sus vecinos, que muchas veces además de
    darles malos ejemplos, también los alientan, van aprendiendo que vale
    casi todo para conseguir lo que uno quiere. Lo mismo engatusar con
    súplicas a sus parientes en el exterior para que complazcan sus
    caprichos –las niñas, con sus lagrimitas a propósito de la imposibilidad
    de “tener la ropa que se usa” o celebrar los quince, son las ideales
    para conmover- que mentir y estafar. Y por el camino, algunos y algunas,
    que por suerte no son la mayoría, aprenden hasta a robar o a prostituirse.

    ¿Nunca ha visto reírle la gracia a alguna niña que dice que cuando sea
    grande quiere ser jinetera?

    Muchos padres y madres, que también se criaron en una sociedad
    rabiosamente sexista, desde bien pequeñas enseñan a las niñas a vestirse
    de modo que luzcan bien femeninas, que realcen sus atributos físicos,
    que caminen provocativas, que se meneen y se descoyunten al ritmo del
    reguetón, que aprendan a seducir al macho, a ser putonas. Y en las fotos
    de los quince, por las que pagaron una fortuna, mientras más se asemejen
    a las modelos de las revistas porno, mejor.

    Así, con este aprendizaje, no es de extrañar que la mayoría de las
    adolescentes cubanas sean bien precoces en la práctica del sexo. Y si no
    es mayor la tasa de natalidad entre ellas es porque recurren al legrado
    como si fuera un método anticonceptivo.

    Por lo mismo de la sociedad sexista, son lo normal en Cuba actos que en
    el Primer Mundo serían considerados como acoso sexual. Da lo mismo si es
    doctora, ingeniera, diputada o policía. Siempre la llamarán mami, china,
    belleza, ricura, mamichula o cualquier barbaridad si es un piropeador
    callejero de esos que se enciman sobre la piropeada, echándole el vaho
    y agarrándose la entrepierna, como si estuviera a punto de violarla.
    Pero se supone que desde niña también la enseñaron a defenderse de los
    tiburones que la acecharían. Y a ceder ante el jefe, si no queda otro
    remedio para ascender.

    Luego, queda la búsqueda de un buen partido. No importa la diferencia de
    edad. Lo importante es que tenga casa y dinero. Si también tiene carro,
    mejor. Y si es extranjero, ni se diga. Y a soportarle sus majaderías. Y
    hasta algún que otro bofetón. O tal vez se limite solo a un empellón. Ya
    se sabe que los hombres son un poco brutos. Y cuando no son así,
    aburren, hay que pegarles los tarros con otro que te haga sentir que
    estás con un macho de verdad. Si no fue eso, algo parecido le dijo mamá.

    Y machos brutos, que las traten como perras, se sobran. Si se les va la
    mano, ni cuentes con ir a la policía, porque si la golpiza no fue
    demasiado fuerte y evidente, lo más probable es que les aconsejen que se
    pongan de acuerdo, porque “entre marido y mujer, nadie se debe meter”.

    Si a la adolescente cuando llegue a la adultez la pareja le sale buena,
    si tiene un matrimonio feliz, será a pesar de que los salarios de ambos
    conyugues solo les alcanza para malcomer un par de semanas y del
    hacinamiento en que vive con sus parientes o los del marido, porque ni
    soñar con una casa propia.

    Sé que hay lugares peores, como Ciudad Juárez o ciertos países islámicos
    donde a las niñas les rebanan el clítoris y en cuanto crecen un poco las
    obligan a usar burka y a vivir encerradas en la casa. En comparación, no
    hay dudas que como afirma la señora Carpio, de Save the Children, que
    las niñas cubanas tienen mejores oportunidades para el desarrollo.

    luicino2012@gmail.com

    Source: ¿Las felices niñas cubanas? | Cubanet –
    www.cubanet.org/destacados/las-felices-ninas-cubanas/

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