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    La nueva Ofensiva Revolucionaria

    La nueva Ofensiva Revolucionaria
    Ante el descontento popular, la respuesta gubernamental durante este año
    ha sido el retorno de las prohibiciones
    Martes, octubre 25, 2016 | Miriam Leiva

    LA HABANA, Cuba.- En Cuba, desde hace 57 años, las crisis son
    recurrentes, los progresos efímeros, la realidad distorsionada por la
    propaganda y las personas, comprometidas políticamente en público. Las
    acusaciones contra Estados Unidos y el embargo-bloqueo se recrudecen.
    Los dirigentes se mantienen renuentes a los cambios indispensables para
    la participación efectiva y creadora de todos los cubanos y culpan a
    otros de su incapacidad por miedo a la pérdida del poder omnímodo.

    Los elogios de Raúl Castro a Obama se convierten en acusaciones de
    dirigentes y titulares de los periódicos como “Falacias en el discurso
    de Estados Unidos”, en el diario Juventud Rebelde, ante la Directiva
    Presidencial sobre Cuba emitida por el mandatario norteamericano el 14
    de octubre. Las enmiendas a las restricciones por los Departamentos del
    Tesoro y Comercio, en vigor el 17 de octubre, son nombradas “El
    paquetico de Obama”, y las modificaciones son tenidas por tenues migajas.

    Las campañas político-ideológicas y la represión contra opiniones
    distintas a las dictadas toman fuerza para enfrentar el descontento
    popular, que continuará incrementándose a igual ritmo que la crisis
    económica, política y social, con la desventaja para los dirigentes de
    carecer de credibilidad entre la población.

    Las autoridades mantuvieron una atmósfera sosegada respecto a Estados
    Unidos mientras ejecutaban el acercamiento desde el 17 de diciembre de
    2014, pero la empatía de los cubanos con Obama comenzada por la política
    pueblo a pueblo y sus medidas para el mejoramiento de la calidad de vida
    de la población desde 2009, alcanzó cotas tan elevadas desde su visita a
    Cuba en marzo de 2016 que la propaganda para procurar contrarrestarla se
    inició cuando aún el presidente se encontraba en el aeropuerto de La Habana.

    En julio, Raúl Castro anunció las nuevas dificultades económicas, con
    restricciones para afrontarla. La caída en picada de la aceptación al
    gobierno continúa por la mutación de los cambios prometidos en medidas
    constreñidas. En consecuencia, la producción y la productividad no han
    crecido, los salarios permanecen deprimidos, los precios son elevados,
    el desabastecimiento se recrudece y será aun mayor en 2017.

    La respuesta gubernamental durante 2016 ha sido el retorno de las
    prohibiciones para controlar los productos agrícolas con el pretexto de
    establecer precios justos, y el cerco a los cuentapropistas. La promesa
    del presidente de legalizar la propiedad privada, que conferiría estatus
    legal a los embriones de las mini, pequeñas y medianas empresas, vistas
    desde el extranjero como una demostración de apertura y en el interior
    del país como ayuda al empleo, el sostenimiento familiar y el apoyo a la
    macroeconomía, afrontan la zozobra de cierre por multas, decomisos y
    pérdida de las licencias, e inclusive procesos judiciales bajo
    acusaciones de compra-venta indebidas, venta o permiso de drogas y
    prostitución, lavado de dinero procedente del extranjero.

    La desmotivación de los jóvenes se manifiesta en la negativa a
    incorporarse como militantes de la Unión de Jóvenes y el Partido
    Comunistas y a asumir responsabilidades en los Comités de Defensa de la
    Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Central de Trabajadores
    de Cuba, los órganos del Poder Popular y los cargos de los centros de
    trabajo. El partido procura fortalecer las organizaciones estudiantiles
    y hacer atractivas sus actividades, pero los jóvenes se limitan a
    realizar lo necesario para mantener su educación y trabajo.

    Sin embargo, la compulsión está siendo adecuada a las nuevas
    circunstancias, como la “atención” de la UJC a los cuentapropistas. Más
    notablemente se han impuesto “actos de repudio” y la firma de rechazo al
    programa de verano de la World Learning (organización no gubernamental
    de Estados Unidos fundada en 1992 con presencia en 140 países, según el
    periódico Juventud Rebelde del 23 de septiembre), donde participaron
    estudiantes de entre 16 y 18 años en 2015 y 2016. La convocatoria fue
    publicada por la organización y el gobierno cubano no se opuso, pero
    parece que el gran interés de los jóvenes motivó la imposición
    “voluntaria” del rechazo público masivo firmado y presentado por la
    televisión.

    Inmediatamente se pasó a los actos en centros estudiantiles, laborales y
    organizaciones de la “sociedad civil revolucionaria” contra el bloqueo
    (embargo), y las interpretaciones de la directiva y las nuevas medidas
    del presidente Obama. Similar continuidad de embate ha comenzado contra
    la convocatoria para presentar solicitud a la financiación de proyectos
    en el programa para promover los derechos civiles, políticos y laborales
    en Cuba, publicado por el Departamento de Estado. El artículo “Estados
    Unidos mantiene su receta subversiva contra Cuba” fue publicado por el
    diario Granma, el 24 de octubre.

    Difícil compaginar las agresivas interpretaciones y las exigencias de
    que Obama haga más mediante sus prerrogativas con la necesidad del
    gobierno cubano de recomponer las relaciones con Estados Unidos,
    fundamentalmente económicas y comerciales para que lleguen los créditos
    e inversiones, como medio indispensable para soportar la crisis. Difícil
    compaginar la campaña contra el bloqueo, cuando al mismo tiempo se
    injuria al presidente opuesto al embargo. Más difícil aún es voltear a
    los cubanos, cuando el mandatario norteamericano enumeró ante Raúl
    Castro por televisión en vivo sus conceptos y programa, y mostró que
    cambiaba los métodos, no los propósitos.

    La directiva presidencial sobre Cuba argumenta los motivos, los
    objetivos, la ejecución y las propuestas para continuar la diplomacia
    pueblo a pueblo proactiva, que cambió la política que mantuvo Estados
    Unidos durante casi 55 años. Indudablemente, defiende los intereses de
    Estados Unidos, pero con oportunidades para los cubanos que contribuirán
    a los intereses de Cuba según las aprovechen sus gobernantes y
    participe toda la sociedad civil. La apertura, el diálogo y la
    negociación que se realiza hacia el extranjero, tienen que propiciarse
    al interior de Cuba.

    Source: La nueva Ofensiva Revolucionaria | Cubanet –
    www.cubanet.org/opiniones/la-nueva-ofensiva-revolucionaria/

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