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    A pesar de los huracanes, orientales se las arreglan para sobrevivir

    A pesar de los huracanes, orientales se las arreglan para sobrevivir
    03 OCT 2016 | IVÁN GARCÍA, LA HABANA

    Ahora mismo, es más fácil llegar a Miami que a Santiago de Cuba. Para
    visitar la segunda ciudad más grande de la Isla, existen dos vuelos
    diarios que rara vez son puntuales, se debe viajar en tren alrededor de
    veinte horas o comprar un boleto para viajar en ómnibus, toda una
    aventura donde se mezcla sátira, drama y, por supuesto, ofrecer billetes
    de cinco o diez pesos convertibles por debajo de la mesa.

    Si alguien conoce de penurias son los cubanos que viven en las regiones
    orientales. Al residir lejos de las costas de la Florida, sedes
    diplomáticas y focos mediáticos, el primer paso migratorio es escapar
    hacia La Habana.

    Una ciudad donde para su desdicha, no existe Ley de Ajuste. Mucho antes
    de que Donald Trump intentara llegar a la Casa Blanca, con su
    aislacionismo primitivo y estupideces a granel, Fidel Castro se le
    adelantó en el proyecto de levantar un muro jurídico, el Decreto 217 o
    Ley de Regulaciones Migratorias Internas, que desde el 22 de abril de
    1997 restringe a los nacidos en el oriente de la Isla radicarse en la
    capital que, supuestamente, pertenece a todos los cubanos.

    Los orientales son los que peor la pasan en Cuba. Normas, leyes para
    frenar su migración interna, expuestos a sismos, sequías y desde 2012
    con el ciclón Sandy, y ahora, con el inminente paso del huracán Matthew,
    sufren más devastación causada por fenómenos naturales que las
    provincias centrales y occidentales.

    Por su manera de hablar cantando, manía extendida de beber ron a pulso y
    vivir en condiciones infrahumanas, son motivos de burlas con tintes
    racistas y xenófobos de los habaneros que les llaman ‘palestinos’.

    Si usted visita cualquiera del centenar de barrios ilegales levantados
    con la complicidad de la noche y construido con materiales reciclables
    en diferentes sitios de La Habana, verá que la mayoría de sus residentes
    son orientales que huyen de la miseria en busca de mejores salarios.

    Néstor es de uno de ellos. Desde hace siete años reside en una choza de
    ladrillos mal dispuestos y con techos de tejas, en un terreno fétido y
    lúgubre a tiro de piedra del vertedero de la Calle 100, en el municipio
    de Marianao.

    Vive de la basura. Gana dinero recolectando materias primas y reciclando
    cosas que aparentemente terminaron su vida útil, como zapatos,
    electrodomésticos y relojes despertadores, que luego de un proceso de
    reparación, se venden a bajos precios en los timbiriches ambulantes que
    se arman en los portales habaneros.

    “Aquello (el oriente cubano) está en candela. No hay dinero ni comida.
    Yo trabajaba de custodio en una escuela y ganaba 225 pesos al mes
    -alrededor de ocho dólares-, y cuando iba a una tienda a comprarme un
    par de zapato, su costo era de 500 o 600 pesos. La Habana está sucia,
    muchas casas se sostienen de milagro, pero se puede luchar el dinero”,
    señala Néstor.

    Luis, santiaguero radicado hace diez años en Santos Suárez, un barrio al
    sur de la capital, vende tamales. Mientras conduce su triciclo con un
    remolque, va pregonando sus tamales calientes, acabados de hacer.

    “Nagüe, ni la naturaleza está a favor de los santiagueros. Temblores de
    tierra, sequía y ahora también amenazada por ese poderoso huracán. Allá
    la gente se está da cabezazos contra la pared a ver cómo inventa plata.
    La recreación es bailar reguetón y tomar ron casero. Las cosas en Cuba
    están malas, pero en oriente todo es mucho peor”, apunta Luis.

    Con el próximo arribo del huracán Matthew, miles de orientales afincados
    en La Habana se preocupan por el futuro de sus parientes. “Todas las
    tardes llamo a mi madre y mis hermanos y rezo para que el ciclón no les
    lleve su casita. Nosotros somos de San Pedrito -barrio de Santiago de
    Cuba- y pasamos más dificultades que un esclavo trabajando bajo el sol.
    Aquello da pena. Desde que se levanta, la gente se pega a tomar alcohol
    y chismear de los vecinos”, cuenta Lucila, trabajadora de un agromercado
    en El Cerro.

    El disgusto de muchos capitalinos hacia los orientales es provocado un
    poco por el mito y por el grosero desempeño policial hacia la
    ciudadanía, compuesto en su mayoría por oriundos de aquellas regiones.

    “Los orientales tienen fama de chivatos, vagos y alcohólicos. Me da
    igual que el ciclón pase por Oriente y si pasa por allí, que se jodan
    los orientales”, dice con mala leche Octavio, un habanero que mata el
    tiempo hablando sandeces en las esquinas.

    Carlos, sociólogo, considera que es real la molestia de mucha gente
    hacia los nacidos en el oriente de Cuba. “A los habaneros les molesta el
    pésimo trato del cuerpo policial. Su incultura, malos modales y complejo
    de inferioridad. Es probable que no les agrade que la mayoría de los
    funcionarios estatales, encabezado por Fidel y Raúl, provengan de las
    provincias orientales. Existe la falsa creencia de que las jineteras
    baratas y los buscavidas llegan en tren desde Oriente para crear más
    problema en la capital. El Estado, con el Decreto- Ley 217, abrió las
    puertas a sentimientos xenófobos que siempre han subyacido en un
    segmento de la población nacida en La Habana. No creo que sea un
    problema grave. Pero se debe brindar mayor atención a las actitudes
    francamente peyorativas hacia los orientales”, indica el sociólogo.

    Al igual que una franja de cubanos, para los orientales La Habana es
    solo una primera escala. El próximo viaje, si reúnen el dinero
    suficiente o son reclamados por sus parientes al otro lado del charco,
    es aterrizar en Miami.

    Source: A pesar de los huracanes, orientales se las arreglan para
    sobrevivir – HispanoPost –
    www.hispanopost.com/a-pesar-de-los-huracanes-los-orientales-se-las-arreglan-para-sobrevivir

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