Prostitution in Cuba
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    Good bye, Fidel

    Good bye, Fidel
    17/08/2016@20:14:28 GMT+1

    Carlos Ramírez
    Maestro en Ciencias Políticas
    Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde
    1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional
    S.C., director del portal indicadorpolitico.mx
    carlosramirezh@hotmail.com

    Más que los noventa años de edad del comandante en jefe Fidel Castro, la
    cifra mágica que debe interesar es la de sesenta y tres, casi dos
    tercios de siglo en los que la mano dura, personal, militar, represiva y
    vengativa de Fidel ha dominado la vida política de la pequeña isla de
    Cuba y de Iberoamérica. La Cuba de hoy está en peores condiciones que
    las que existían en 1953 cuando pronunció su famoso alegato “la historia
    me absolverá”.

    Castro, el castrismo y la revolución cubana fueron un movimiento
    cultural, ideológico y simbólico. El eje rector de su influencia social
    no fue en realidad la utopía del comunismo –el mundo se embarcó en la
    guerra fría no sólo con el Muro de Berlín de octubre de 1961– sino el
    repudio continental a los gobiernos imperiales de dominación y
    explotación de los EE.UU. en Iberoamérica. Castro lo supo y convirtió a
    Washington en el “perro del mal” iberoamericano y en su lucha contra el
    Leviatán habrían de justificarse los más graves errores del socialismo
    cubano: la represión, el cierre de fronteras y la pobreza.

    El perfil de liderazgo de Fidel construyó una leyenda alrededor de su
    lucha y de su gobierno. La irrupción de la guerrilla cubana 1953-1958 en
    la lucha contra el dictador Batista sostenido por los estadunidenses
    consiguió un efecto cultural porque los primeros y más activos
    promotores de la leyenda castrista fueron los intelectuales
    progresistas. Iberoamérica estaba saliendo en la segunda mitad de los
    cincuenta de la ola populista –Lázaro Cárdenas en México, Getúlio
    Vargas en Brasil, Perón en Argentina– y los estamentos militares como
    poderes fácticos a través de golpes de Estado.

    El verdadero liderazgo político de Fidel y Cuba ocurrió después de su
    definición comunista en 1961. Los guerrilleros barbudos llegaron al
    poder pero fracasaron al administrar el gobierno. El mejor ejemplo fue
    el argentino Ernesto Che Guevara: ministro de Industria y director del
    Banco Central, abandonó el gobierno para abrir en Iberoamérica a “crear
    dos, tres, muchos Vietnam”, según su afortunada y simbólica frase de
    1966, precisamente antes de partir hacia Bolivia a construir una
    guerrilla, aunque al final fracasó, fue traicionado y asesinado por
    militares en octubre de 1967. Vietnam y Cuba ilustraron el sentimiento
    anti norteamericano en el mundo.

    La historia real de Fidel y de la revolución cubana está por escribirse;
    no es fácil combatir a un monstruo de la popularidad simbólica: Castro
    como héroe existencial porque la existencia precede a la esencia, un
    héroe carlyliano, un punto de referencia que se agota en sí mismo y no
    en la evaluación de sus resultados. Como en cámara lenta, cuadro a
    cuadro, esta parte del simbolismo de Castro comienza a desdibujarse por
    las relaciones diplomáticas de La Habana a la diplomacia geopolítica del
    dólar: sin Washington como el enemigo semiótico, el pueblo cubano y la
    izquierda mundial han comenzado a percatarse que Fidel fue un engaño
    revolucionario.

    En todo caso, Fidel ha sido el referente de gobernantes como carta de
    negociación frente a los EE.UU. La revolución cubana no se hizo
    autoritaria sino que nació autoritaria. En julio de 1959, con siete
    meses en el poder, el ex presidente mexicano Lázaro Cárdenas estuvo en
    la plaza central de la Habana para recibir el homenaje por haber
    encabezado una fase de la revolución mexicana, pero a esa misma hora, en
    el Palacio de Gobierno, el comandante Huber Matos estaba siendo
    arrestado por la policía castrista, paradójicamente al mando de un
    titubeante Camilo Cienfuegos, acusado de denigrar a la revolución cubana
    acusándola de comunista. Luego de abril de 1961 y por la invasión
    fracasada de abril de 1961, Fidel Castro anunció a la revolución cubana
    como una revolución comunista. Cienfuegos, el más carismático líder de
    la revolución, desapareció en el mar y Matos estuvo más de veinte años
    en la cárcel.

    Los intelectuales que construyeron la imagen mítica de Castro se
    percataron del autoritarismo de la revolución diez años después de su
    victoria, en 1971 cuando el gobierno arrestó al poeta Heberto Padilla y
    al estilo soviético lo obligó a una auto confesión incriminatoria; pero
    los intelectuales del boom literario que criticaron y rompieron con
    Castro por Padilla –con excepción de Gabriel García Márquez. Sin
    embargo, Castro mostró muy temprano su perfil dictatorial: en el segundo
    trimestre de 1961 censuró el documental P.M. que mostraba la vida
    nocturna de La Habana y provocó críticas de los intelectuales cubanos.
    El 20 de junio Fidel se reunió con ellos para fijar el límite
    autoritario del poder: “con la revolución, todo; contra la revolución,
    ningún derecho”. Desde 1961 Cuba fue una dictadura personal, militar y
    familiar.

    Los noventa años de edad fueron celebrados en La Habana con fiestas
    desangeladas, con Fidel teniendo al lado al dictador venezolano Nicolás
    Maduro y con los últimos intelectuales procubanos felicitándolo por
    telegrama. Pero fuera de los recintos, la pobreza de Cuba es
    inocultable, luego de cincuenta y siete años de control castrista del
    gobierno. Las pocas informaciones veraces sobre esas fiestas mostraron
    una versión caribeña de Good Bye Lenin, del alemán Wolfgang Becker de
    2003, en la que un alemán de la vieja Alemania comunista ya inexistente
    por la caída del muro le construye a su mamá escenas de la vieja patria
    socialista.

    El grito de batalla de Fidel ha sido corregido: del “Cuba sí, yanquis
    no”, se ha pasado al “Cuba sí, yanquis… también”. Como en tiempos de
    Batista, Cuba es un centro de recreo para ricos, con auge de la
    prostitución y los cubanos con sus tarjetas de racionamiento y sin
    acceso al dólar. Fidel, en su senilidad de los noventa inviernos,
    aparece como el personaje central de El otoño del Patriarca, la novela
    de García Márquez que por cierto sigue estando prohibida en Cuba por
    decisión del propio Fidel.

    indicadorpolitico.mx

    carlosramirezh@hotmail.com

    @carlosramirezh

    Source: Good bye, Fidel | El Imparcial –
    www.elimparcial.es/noticia/168564/opinion/Good-bye-Fidel.html

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