Prostitution in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Translate
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archives
Recent Comments

    Tres meses después, los habaneros aún recuerdan a Obama

    Tres meses después, los habaneros aún recuerdan a Obama
    Iván García Quintero

    Un repaso por La Habana, tras 90 días de la histórica visita del
    presidente de EEUU, Barack Obama, a Cuba.
    El parque de Galiano y San Rafael es un hervidero de gente. En un
    extremo, varios adolescentes juegan fútbol, utilizando un pupitre
    colegial como portería, mientras medio centenar de mujeres y hombres se
    conectan a internet sentados en bancos de madera o en el piso.

    Las conversaciones con parientes o amigos se entrecruzan. Aquí el wifi
    se circunscribe exclusivamente a charlar con familiares mediante IMO o
    chatear por Facebook, la nueva droga virtual en la Isla.

    Desde luego, también se usa para ligar a un extranjero, ejercer
    prostitución camuflada o pedirle dinero a un primo de Hialeah. Darío, un
    anciano de edad indefinida, entre el bullicio y el calor, vende maní
    salado a peso el cucurucho. El manisero recuerda que tres meses atrás,
    el martes 22 de marzo, un desproporcionado despliegue policial ahuyentó
    del parque a los buscavidas, jineteras y marginales.

    “Ya se conocía que Obama iba a ofrecer un discurso en el Gran Teatro de
    La Habana, en Prado entre San Rafael y San José, al lado del Capitolio.
    Toda esa zona fue tomada, nunca vi tantos segurosos juntos. En el barrio
    se decía que Obama iba a caminar por el boulevard de San Rafael y
    conversar con la gente. La policía solo dejaba pasar a quienes
    residieran en los alrededores. Orientaron que las personas se quedaran
    en sus casas”, rememora Darío.

    Erasmo, revendedor de tarjetas de internet, comenta que “ese día los
    bisneros estaban ‘quieto en base’. Por Centro Habana no había ni una
    matadora de jugada (prostituta), ni borrachos o mendigos recogiendo
    comida en latones de basura. Junto con un amigo subí a una azotea y con
    mi teléfono móvil grabé cuando La Bestia -el Cadillac One- llegó a la
    paladar San Cristóbal, en San Rafael entre Campanario y Lealtad”,
    comenta, y muestra un video como evidencia.

    “Esto no lo voy a borrar nunca del móvil. Para mí fue el día más
    importante de mi vida”, agrega Erasmo.

    Después de cruzar Galiano, las calles abigarradas y estrechas de San
    Rafael son menos agitadas. Edificios descascarados y ruinosos, mujeres
    siempre vendiendo algo y un enjambre de timbiriches particulares.

    Roger, apodado El Pali, es un tipo extrovertido y locuaz que vende
    plátanos y viandas en un agromercado estatal en la esquina de San Rafael
    y Campanario. Confiesa que es un ‘excluible’.

    “Estuve preso en la yuma. Luego salí en libertad, pero volví pa’l tanque
    por un facho (robo) en New Jersey. De cualquier manera, soy más
    americano que cubano. Antes de que me enviaran pa’ Cuba estuve veintidós
    años en la United. Tengo hasta un hijo regado por allá. El día que vino
    mi presidente -sus compañeros de trabajo ríen a carcajadas- me planté en
    el balcón de la casa de un socio con una bandera americana y me puse a
    gritar en inglés. No sé si Obama me oyó, pero antes de entrar a la
    paladar me pareció que miró pa’l balcón”, señala El Pali.

    En la misma cuadra donde se encuentra el restaurant privado San
    Cristóbal, existen siete pequeños negocios familiares. Bárbara renta
    habitaciones y en un apartamento angosto que da a la calle, Sara, una
    anciana jubilada, vende café recién colado. Justo en una casa al lado de
    la paladar, un cartel señala que allí reside la presidenta del CDR.

    “Pero la tipa no está en ná. Ella también estuvo con la gente del barrio
    en la cumbancha, agasajando a los Obama”, dice una rubia con un short de
    mezclilla y chancletas de goma.

    En la puerta de la paladar San Cristóbal, en San Rafael 469 entre
    Lealtad y Campanario, el portero, un negro corpulento que viste camisa
    roja y pantalón oscuro, está a la caza de clientes con un menú en sus manos.

    Pero sus precios excesivos espantan al habanero común. Un plato cuesta
    alrededor de treinta dólares. Y un mojito ronda los seis. “Allí se come
    de infarto. Pero hace falta ir con una maleta de dinero”, expresa una
    vecina.

    El portero, amable y distendido, repasa aquella noche del domingo 20 de
    marzo, cuando el matrimonio Obama, sus dos hijas y la suegra fueron a
    cenar a San Cristóbal.

    “Había tremenda intriga en el barrio. La zona estaba llena de policías.
    Por la mañana vinieron unos gringos y le dijeron a Raisa y Cristóbal,
    los dueños, que reservaran todas las mesas, que esa noche iban a cenar
    unos funcionarios estadounidenses. Nadie se podía imaginar que era
    Obama. Yo lo vi a la distancia con la que estoy hablando contigo. El
    presidente y su esposa me dieron la mano. Estuve como una semana sin
    lavármela”, apunta sonriente.

    Noventa días después de la visita de Obama, el negocio de Carlos
    Cristóbal Márquez Valdés, se ha beneficiado. “Un montón de extranjeros
    quieren sentarse en la misma mesa y comer lo mismo que Obama. Gracias a
    San Obama, la paladar siempre está full”, afirma el portero.

    Caminando en línea recta por San Rafael y luego de dejar atrás el
    boulevard, bajando por la concurrida calle Obispo hasta llegar a
    Oficios, en un pequeño jardín al fondo de la biblioteca municipal Rubén
    Martínez Villena, Michelle Obama, sus hijas Sasha y Malia y su madre
    Marian, plantaron dos retoños de magnolia.

    “La magnolia es un arbusto que sobrevivió a la época de los dinosaurios.
    Un estadounidense me dijo que la variedad sembrada pertenece a la
    Magnolia virginiana. En la mañana del martes 22 tuve la suerte de ver a
    la Primera Dama y sus hijas cuando se dirigían a plantar las flores. Me
    dio gran alegría pues al atardecer del domingo 20 llovía mucho y no pude
    ver a los Obama por la Plaza de Armas y la Catedral”, cuenta Alberto,
    vendedor de libros de uso en la Habana Vieja.

    Michelle Obama, patrocinadora del proyecto Let Girls Learn, el lunes 21
    de marzo se reunió con una decena de estudiantes en la Fábrica de Arte
    Cubano, en Calle 26 esquina a 11, Vedado. El encuentro apenas tuvo
    repercusión en la prensa cubana y no fue posible localizar a ninguna de
    las jóvenes participantes.

    Aunque las trivialidades y el sensacionalismo provocados por los
    desplazamientos del presidente Barack Obama por el mundo también calaron
    entre los habaneros, la mayoría considera que lo más impactante de su
    visita fue el discurso que pronunció en el Gran Teatro de La Habana. Y
    aseguran que después del 20 de marzo de 2016, Cuba no volvió a ser la misma.

    Source: Tres meses después, los habaneros aún recuerdan a Obama –
    www.martinoticias.com/a/tres-meses-despues-habaneros-recuerdan-obama/124432.html

    Print Friendly

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *