Prostitution in Cuba
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    Muchachas de la noche

    Muchachas de la noche
    mayo 4, 2016 7:06 am por Rogelio Fabio Hurtado

    Marianao, La Habana, Rogelio Fabio, (PD) Un lector señala la escasa
    presencia de muchachas en mis evocaciones del noctambulismo habanero de
    los años 70s. Para desmentirlo y a la vez, complacerlo, presentaré
    enseguida a una de las más perdurables en mis nostalgias.

    La primera, por sus diversas singularidades, será Blanquita la de la
    Flor también conocida como Blancaflor. Una muchacha menuda, no muy alta,
    que embellecía sus cabellos castaños oscuros con un capullo de Príncipe
    Negro y guardaba cierto parecido con la actriz austriaca Romy Schneider,
    a quien seguramente no conocía.

    Blanquita llegaba al Té del Capri a eso de las 8, desde su barriada de
    Arroyo Apolo, siempre sola, siempre envuelta en un aire de elegancia y
    distinción invariable, aunque ella fuese una chica del twist y no una
    encantadora damisela del danzón.

    Blanquita no ejercía la prostitución clandestina ni era lesbiana.
    Tampoco vestía como hippie ni alardeaba de hablar inglés. Su mayor
    paradoja era su sencillez. Naturalmente poética, como era, no presumía
    de escribir poemas.

    Andaría entonces por los 20 años, pero ya llevaba consigo una historia
    desagradable: había cumplido meses de prisión en una granja.

    A raíz de celebrarse en Varadero uno de aquellos Festivales de la
    Canción, había coincidido casualmente en el Tren de Hershey, con una
    manada de muchachos que también iban para allá, encabezados por el
    legítimo Loquillo, quienes entretuvieron el viaje jugueteando
    ruidosamente a bordo del tren, para delicia de Blanquita y creciente
    molestia del resto de los pasajeros. Al llegar a Matanzas, subió la
    policía y los detuvo, junto a la muchacha, quien aunque no los conocía,
    fue presa con ellos, por solidaridad. Juzgados a la carrera, en uno de
    aquellos Tribunales Populares que el MININT fomentaba dondequiera,
    fueron condenados a internamiento en Granjas de Reeducación, seguramente
    peores que las de Antón Makarenko.

    A consecuencia de aquel maltrato, Blanquita detestaba el verdeolivo, al
    extremo de preferir ir de pie en las guaguas a permanecer sentada junto
    a un uniformado.

    Al policía Salas, conocido por los asiduos a la funeraria Rivero como La
    Sombra, se le ocurrió, durante una recogida, cargar con Blanquita y
    acusarla al día siguiente de estarse prostituyendo, a lo que la
    muchacha, apenas alterado su look por la mala noche, le argumentó al
    juez que se trataba de una venganza de este Señor porque ella no había
    accedido a su exigencia sexual. El juez de aquella tremenda corte
    dispuso inmediatamente su libertad y, desde entonces, cuando Salas la
    veía venir, cruzaba la calle apresuradamente.

    Dicho sea de paso, La Sombra no era el peor de los vigilantes, y el
    argumento de Blanquita, pura ficción.

    No le escribí nunca un poema, porque ella me trataba siempre como si
    fuésemos familiares, y porque preferí admirarla como el ser poético que
    ella era.

    La vi por última vez en los días aquellos del verano de 1980: estaba
    esperando que la sacasen por El Mariel, como ex presa. Les confieso que
    Blanquita la de la Flor fue la más bella escoria.

    rhur46@yahoo.com; Rogelio Fabio Hurtado

    Source: Muchachas de la noche | Primavera Digital –
    primaveradigital.net/muchachas-de-la-noche/

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