Prostitution in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Translate
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archives
Recent Comments

    La “pureza” perdida

    La “pureza” perdida
    ¿Cómo es posible que un sistema que se consideraba superior, no solo en
    el orden social y político sino económico, sea incapaz de superar las
    funciones de alcahuete de empresas capitalistas internacionales?
    Alejandro Armengol, Miami | 16/05/2016 10:12 am

    Los empleados estaban preocupados y hasta con vergüenza. Bueno, esto
    último era de esperar que fuera fingido, aunque nadie escatimaba en el
    esfuerzo. Bajaban la cabeza y evitaban mirarse unos a otros, pero en
    realidad todos pensaban lo mismo: en las próximas semanas su vida iba a
    complicarse aún un poco más, nuevas incomodidades y menos tiempo
    disponible para ellos, su familia o para perderlo en lo que se les
    antojara. Porque el ministro había sido claro: “El dinero obtenido era
    un dinero sucio. Así no podía ser la cosa. Se había perdido la pureza y
    era necesario recuperarla de inmediato”.
    Era La Habana y la década de los sesenta y los que soportaban el
    reproche autoritario no eran culpables de un robo, tráfico de drogas,
    prostitución, y ni siquiera engaño alguno. En las últimas semanas se
    habían dedicado a conseguir los artículos más diversos y humildes para
    venderlos en pequeñas ferias tras el horario semanal —aunque llamar
    “feria” a cuatro mesas con cuatro tarecos en una acera evidencia torpeza
    en quien escribe. Centavo a centavo se acercaban a la meta fijada en el
    ministerio para contribuir económicamente a un evento cualquiera,
    decretado por el gobierno, el partido, Fidel Castro o cualquier otro
    sinónimo.
    Sin embargo, en vez de felicitarlos, como todos esperaban por estar
    cercanos a la cifra de recaudación —que incluso pensaban superar—, el
    ministro estaba indignado. Consideraba que el empeño no ejemplificaba un
    esfuerzo revolucionario sino una obra de perdición.
    Porque las ganancias producto de unas sencillas ventas estaban viciadas.
    No era dinero puro y de inmediato quedaban prohibidas actividades de ese
    tipo. Los fondos que faltaban para cumplir el compromiso y superarlo
    —siempre se daba por sentado que los compromisos se superaban— había que
    ganárselos con trabajo agrícola.
    El ministro volvía una y otra vez a enfatizar ese lenguaje casi
    religioso —de honor y pecado— como si fuera no un simple cura sino un
    obispo o regidor, mientras se arreglaba la chaqueta de cuero; porque un
    ministro podía ostentar que todo el tiempo estaba en un ambiente
    refrigerado, donde no llegaba el calor de aquel verano en la Cuba
    revolucionaria.
    Cuarenta o más años después, hace unas semanas, se repitieron en la
    misma Habana reclamos similares sobre la naturaleza pecaminosa del
    dinero. Se oyó también una advertencia rotunda: no se va a permitir la
    acumulación de riqueza por parte de cualquier ciudadano.
    El rechazo al dinero así expresado define en su origen una mentalidad
    medieval —que luego fue aceptada y después ha sido rechazada— tras un
    principio marxista, anticapitalista o comunista. No se trata simplemente
    de impedir la explotación y frenar la avaricia. Mucho más sencillo y
    perverso: el dinero es malo y, por lo tanto, tener más dinero es más
    malo todavía.
    Pero entonces, en esa misma capital resignada a oír clamar contra el
    dinero, llega el desfile de Chanel y la filmación de escenas de una
    película típica del entretenimiento en su forma más elemental y burda. Y
    es cuando las dos imágenes —de austeridad y ostentación— coinciden, el
    Gobierno decreta que no choquen: como si hubiera una pared imaginaria
    que les impidiera colisionar.
    Da la impresión que esta barrera se mantiene inexpugnable, que el ajiaco
    ideológico imperante resiste cualquier ingrediente que se le añada —sea
    una prenda prêt-a-porter o un helicóptero con costosos equipos de
    filmación, de tecnología de punta para crear emociones baratas. ¿Hasta
    cuándo?
    Por lo pronto el jefe de la página internacional del diario Granma
    critica el “secretismo” alrededor de los beneficios económicos que han
    dejado al país tales actividades, mientras el presidente del Instituto
    Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas intenta explicar cómo el
    dinero obtenido con las filmaciones de cintas extranjeras ayuda a la
    empresa estatal de cine.
    Lo mejor es que el funcionario usa un lenguaje que hace renacer las
    esperanzas —porque es evidente que el hombre, al menos, ha visto las
    películas de Cantinflas— y el periodista oficialista no teme a la
    cursilería en su queja: quiere saber si con lo obtenido por cerrar el
    Paseo del Prado, para los ricos y famosos, se conseguirá “pavimentar una
    calle”.
    Tales esfuerzos por explicar lo imposible apenas pasan de la torpeza,
    mientras eluden la pregunta fundamental: cómo es posible que un sistema
    que se consideraba superior, no solo en el orden social y político sino
    económico, sea incapaz de superar las funciones de alcahuete de empresas
    capitalistas internacionales. Tampoco la respuesta de la necesidad de
    cambiarlo.

    Source: La “pureza” perdida – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
    www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-pureza-perdida-325549

    Print Friendly

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *