Prostitution in Cuba
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    Niñas en venta

    Niñas en venta
    PEDRO ACOSTA , La Habana | Marzo 09, 2016

    La adolescente observa la vidriera del CUPET de Santa Catalina y Vento
    con ojos glotones, de niña ávida de golosinas. Es alta, delgada y
    frágil. Me mira y parece decirme: “tírame un cabo”, así que le compro
    una barrita de cacao por 1,25 CUC.

    Se llama Barbarita, vive en el barrio de Palatino y tiene 14 años. Se
    sincera tras haberme mentido cuando le había preguntado la edad después
    de que me prometiera pagar si le compraba un par de chancletas. No, no
    tiene 16 ni va a cumplir 17. Se prostituye desde los 13 años por entre
    dos y cuatro CUC. Su padre murió cuando tenía tres años tratando de
    llegar a las costas de Estados Unidos y su madre es alcohólica. No
    estudia desde que terminó, hace dos años, la escuela primaria. Por la
    forma en que se expresa, parece improbable que haya pasado del cuarto grado.

    Barbarita espera esta noche a Dayana y Lisandra, dos amigas de 21 y 16
    años, respectivamente, que no tardan en llegar. Las tres juntas
    desmienten ante mis ojos las estadísticas oficiales. En un informe de
    2013, las autoridades aseguraron que “los casos de prostitución con
    participación de menores fueron mínimos” y negaron que Cuba sea “un país
    de destino, tránsito o fuente de trata de personas”.

    Dayana y Lisandra son primas, viven en El Cerro y brindan sus servicios
    sexuales en la zona desde que tenían 14 años. A la más joven le dicen la
    Yegua y a la mayor Tetris, como el juego de computadoras. Dayana tiene
    dos hijos que mantener, de padres desconocidos pero no le da mucha
    importancia: “Mira, Lisandra sabe quién es el padre de la suya, ¿y de
    qué le ha servido? La parió a los 15 y va para los 17 y el desgraciado
    no le ha dado ni un CUC”.

    La Yegua explica que no podría mantener a su hija si no se dedicase a
    “esto”. “Mi papá me botó de la casa y vivo con una prima mía que me
    cobra hasta el agua”, se lamenta.

    Dayana mantiene una relación con un canadiense de 84 años que viene con
    frecuencia y, según sus amigas, desde entonces no le falta de nada.
    “Paul me ha comprado de todo –dice enseñando un iPhone y un Rolex– pero
    el dinero que me deja no me alcanza para poder mantener a cinco personas.

    El aumento en la llegada de turistas ha provocado un repunte en la
    prostitución. El año pasado el Comité de los Derechos del Niño de
    Naciones Unidas pidió al Gobierno cubano que estableciera “un archivo
    para analizar y monitorear el impacto que pueda tener la trata de niños
    en cuanto a venta y tráfico de menores con propósitos sexuales y de
    prostitución”. La entidad mostraba especial preocupación por la
    definición de la mayoría de edad a los 16 años, lo cual deja una franja
    de edad muy vulnerable a los abusos sexuales y la prostitución sin
    protección legal. El pasado mes de septiembre, la ministra cubana de
    Justicia, María Esther Reus González, declaró en una entrevista que el
    país estaba evaluando cambios legislativos que incluyen, entre otras
    medidas, la elevación hasta los 18 años de la edad de la responsabilidad
    penal y para contraer matrimonio.

    Pero por debajo de los 16, sigue habiendo casos de prostitución
    infantil. “Por aquí trabaja también la Reina”, que tiene solo 12 años y
    es “una experta”, cuenta Lisandra.

    Tres días antes, en la zona wifi del Mónaco, yo había conocido a Leydis,
    una exuberante mulata del barrio San Pedrito, en Santiago de Cuba. “A
    los 12 años ya tenía este cuerpazo. Quería que mi madre me hiciera una
    pequeña fiesta por mis 14 cumpleaños, la tenía loca con ello. Y un día,
    en medio de la calle, me dijo que me acostara con algún extranjero, que
    yo estaba bien rica y me darían bastantes dólares”, cuenta. Una semana
    después, se acostó con un cubano de 18 años, hijo de un empresario. Se
    quedó embarazada, la echaron de casa y se fue a vivir con su abuela.
    Acababa de cumplir los 14. Su hijo tiene ahora cinco años y vive en
    Santiago con su bisabuela.

    Leydis es vergonzosa, pero me cuenta su historia tras tomarse una
    cerveza. “En Santiago, entre mi chulo y la policía me dejaban casi pelá,
    y eso que yo cobraba 10 a los cubanos y 15 a los extranjeros. Además, ya
    me tenían fichada y en cualquier momento me metían presa por
    peligrosidad”, explica.

    Su situación la trajo hasta La Habana, donde se instaló sin permiso de
    residencia en casa de un tío. “Quería terminar con la mala vida que
    llevaba y buscarme mis pesitos, aunque fuera de manera ilegal, pero sin
    putear y sin robar. Y ya ves, hoy me acaban de meter una multa de 1.500
    pesos y me decomisaron los jabones y las tubos de pasta Colgate, que
    eran 100 CUC”.

    Cuando le pregunto si piensa volver a vender sus productos para liquidar
    su deuda me dice que si estoy loco y me recuerda que ahora está fichada.
    “Lo que voy a hacer es lo que hacía en Santiago, hacer la calle. Aquí,
    en el Mónaco, hay alquileres cerca y mucha gente con plata. Ya conocí
    algunas que la hacen, incluso de Santiago, y me dicen que hasta ahora la
    policía no está puesta pa’ eso”.

    En 2014, el Ministerio del Interior aseguró en un informe que la mayoría
    de los delitos de abuso sexual a menores ocurren por “vía doméstica”
    porque en Cuba no hay “redes de delincuentes” que se dediquen a la trata
    o el abuso infantil. Era la respuesta a un informe de la ONU que situaba
    a Cuba entre los países con más casos de explotación sexual de menores
    en el mundo –junto a Argentina Brasil, Sri Lanka y Chile– mientras las
    autoridades siguen cerrando los ojos ante la evidencia.

    Source: Niñas en venta –
    www.14ymedio.com/reportajes/Ninas-venta_0_1958204173.html

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