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    Salir de Cuba ¿El sueño imposible?

    Salir de Cuba ¿El sueño imposible?
    febrero 15, 2016
    Fernando Aramis*

    HAVANA TIMES — Desde hace mucho tiempo para casi todo cubano salir
    legalmente de la Isla ha sido y es, un sueño imposible, una meta
    inalcanzable, y más aún para uno de provincia. Algunos lo han logrado
    con sacrificio y tesón. Muchas veces a cambio de quedarse prácticamente
    sin nada, por la sola idea de vivir en un lugar donde posean una pizca
    más de oportunidades. Todo se resume a la posibilidad del cambio.

    Nací en la antigua ciudad de Bayamo, segunda Villa fundada por los
    españoles en el año 1513. Crecí en una familia netamente comprometida
    con el proceso revolucionario, hijo de Eudaldo Pastor Tamayo Llanes
    (músico) y Ofelia Carrillo Pita (enfermera).

    Desde niño siempre soñé con los escenarios y supe que la música sería mi
    carrera, ignorando que todo aquel que estuviera vinculado al arte
    tendría mucha más oportunidad de salir del país que el obrero común. Yo
    solo soñaba con cantar mis canciones y ser un referente como el trovador
    Bayamés Pablo Milanés. Y pensaba ilusionado que algún día me pasarían en
    la radio, cuando escuchaba a todos los cantantes que admiraba.

    En año 1988 me gradué de Instructor de Arte de práctica de conjuntos
    musicales y comencé a ejercer en un pueblito casi olvidado entre Bayamo
    y Holguín llamado Cauto Cristo, allí fui enviado para cumplir el
    obligado servicio social, esa ley que consistía en ir a trabajar donde
    la Revolución lo necesitara a cambio de haber recibido estudios gratis.

    Estuve un año trabajando en la Casa de Cultura para al final de este
    enterarme que no me subirían el sueldo. Según el encargado de arte de
    dicha institución, había tenido llegadas tardes al trabajo. Ese fue el
    primer choque decepcionante que tuve que afrontar contra el aparataje
    del Estado.

    Decepcionado renuncié a todo y me fui sin haber terminado el servicio
    social. Siempre con el sueño de mudarme a La Habana, regresé a mi ciudad
    y forme un dúo musical y fuimos contratados en el Centro provincial de
    la Música de Bayamo.

    Un año más tarde (1990) troncharon nuevamente mi sueño y fui reasignado
    en contra de mi voluntad al municipio de Niquero; qué ironía, el lugar
    por donde desembarcaron los expedicionarios del yate Granma. La
    Revolución exigía que debía terminar mi servicio social, tarea que asumí
    con todas las convicciones que el caso requería.

    Allí el proceso revolucionario me tenía reservada otra sorpresa. Lejos
    de todo lo que amaba me alojaron en un inmundo cuarto sin luz. Menuda
    bienvenida. De más está decir que en este lugar duré lo que dura un
    merengue en la puerta de un colegio. Me fui sin mirar atrás.

    Tras el sueño de evaluarme como artista (músico) para llegar a La Habana
    con esa condición a mi favor, esperanzado me mudé a la provincia de La
    Tunas. En Cuba todo está condicionado, y esa es una condición
    irrefutable para lograr se artista, evaluarse. Es un proceso donde
    aparece una comisión de artistas consagrados a opinar sobre tu trabajo y
    ellos deciden tu futuro.

    Después de rodar otro año por la provincia, no permitieron mi evaluación
    porque para ello debía tener dos años como mínimo trabajando en el
    sector del arte. Solo me faltaban dos meses para cumplirse ese
    requisito. Otra ley absurda. De no ser por los amigos que allí hice y
    encontré, nada de lo vivido hubiera valido la pena. Otra vez desahuciado
    con guitarra al hombro y un saco de sueños regresé a mi cuidad, con la
    esperanza algo moribunda, pero aun respirando.

    No entendía por qué todo era tan difícil en una sociedad que se
    vanagloriaba de su principio de justicia, en la que se decía, y aun se
    dice, que hay oportunidades para todos. En todo ese tiempo, a mi regreso
    me convertí, casi sin quererlo en un vendedor de Pru (bebida dulce
    efervescente que se elabora de una planta que crece en la Sierra Maestra
    nombrada raíz china) en la candonga de la estación del ferrocarril de mi
    ciudad, trafiqué café de Bayamo hasta el municipio de Florida, de la
    provincia de Camagüey.

    Mi realidad fue inaudita, inconcebible. Quizás anduve todo ese tiempo
    enrolado en un cuento de hadas, del cual no despertaría hasta que el
    destino me arrastró junto a mi padre hasta la ciudad de Varadero, la
    playa más hermosa del mundo, para mí, otro país dentro de un país.

    Allí conocí la otra cara de la Isla, lo que se nos avenía, el poder del
    dinero, la prostitución. Chicas que abandonaban sus carreras para ir a
    vender sus cuerpos por pura necesidad, soñando que un señor de aspecto
    ario las llevara lejos. Aquí nació una canción que titulé, Cuando crucé
    la Frontera, en la que predije el porvenir. Cuba no es una isla, tiene
    frontera con Varadero. Al cabo de un tiempo a la entrada de Varadero
    colocaron un cartel muy grande que decía: Punto Fronterizo.

    Convencido de que aquel mundo no era lo que llenaría mi expectativa de
    vida, llegué a La Habana allá por el año 1996, tenía ya 26 años.
    Recuerdo que la primera noche la iglesia de calle línea me albergó en
    sus portales.

    Hube de rodar dos años en esa hermosa y mágica cuidad para alcanzar el
    sueño imposible, que para mí se convirtió en posible gracias a la
    música. En realidad tuve suerte, si es que existe o a lo mejor fueron
    los deseos desenfrenados de volar, de conocer otra manera de vivir y de
    pensar, sé que al final todo no fue malo, pero sí difícil. Es una breve
    reseña a grandes rasgos de las vivencias en la isla.

    Solo pienso en el trabajador que da todo y no tiene más que nada; en
    aquel que ahorra todo un mes, y hasta dos, para comprar una mochila a su
    hija para la escuela; el que no tiene la oportunidad que tuve yo de
    viajar y coger el “Faster” como decimos en Cuba. Otras vivencias e
    incomprensiones me esperaban en La Habana, en las Islas canarias, y en
    Quito-Ecuador, pero eso, es otra historia.
    —–
    *Fernando Aramis: Nací en Cuba, crecí en Cuba, estudié en Cuba, lloré en
    Cuba, reí en Cuba, maldije en Cuba, pero no soy de allí, ni de acá, ni
    acullá, soy terrícola.

    Source: Salir de Cuba ¿El sueño imposible? – Havana Times en español –
    www.havanatimes.org/sp/?p=113095

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