Prostitution in Cuba
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    Otras Fátimas, el mismo Parque de la Fraternidad

    Otras Fátimas, el mismo Parque de la Fraternidad
    YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 6 Ene 2016 – 4:00 pm.

    Es miércoles y apenas son las nueve de la noche. Algunos bancos del
    Parque de la Fraternidad están ocupados por gente de cara cansada, en
    espera de alguna de las guaguas que tienen su parada ahí, para regresar
    a casa. En otro dormita un indigente con un perro a sus pies. Y en otro,
    un indigente sin perro. También quedan algunos vendedores de maní,
    pasteles, galletas dulces, chiclets. A esta hora no tienen energía para
    pregonar; caminan silenciosos entre la gente con su mercancía y la
    anuncian en voz baja o se dejan caer en un banco a esperar que alguien
    les compre. También hay policías. Algunos hacen ronda con sus perros,
    otros se plantan como postes en alguna esquina.

    Pero en algunos bancos se ven mujeres jóvenes, sentadas con glamour,
    exhibiendo piernas y muslos de top model bajo unos vestiditos diminutos.
    No hay que acercarse a cinco metros para saber que son travestis. Mi
    fotógrafo las distingue a más de diez.

    Bellas de noche… ¿y de día?

    Lo más llamativo es su disposición a conversar. No necesito terminar de
    presentarme ni explicar que trabajo para un medio de prensa alternativo,
    para que me sonrían y digan “Sí, claro. ¿Qué quieres saber?”

    Susan tiene 20 años y hace su vida diurna y nocturna vestida de mujer.
    Siempre ha hecho lo que ha querido y su familia la acepta, eso es lo que
    le importa. No puedo evitar fijarme en sus senos que asoman sobre el
    escote. “No uso implantes. Esto es natural, de hormonas”.

    Su amiga Jacqueline tampoco usa implantes ni se ha hormonado nunca, pero
    también tiene senos, pequeños. “Siempre he sido así, tetuda”. A
    diferencia de Susan sí ha sufrido la discriminación por parte de su
    familia y no viste de mujer durante el día. “Hay que tener para eso, en
    la oscuridad es otra cosa. Además, está la gente…”.

    Jennifer y Rihanna, otras dos muchachas, también visten de mujer de
    noche… y de día. Rihanna tiene 23 años, pero no hace mucho que decidió
    travestirse. Su amiga Jennifer, de 17, se traviste desde los 13 o 14
    años. Su madre la acepta como es y su padre “no cuenta”. El de Rihanna
    la apoya en todo y hasta “conoce a mis novios”.

    Las muchachas no solo se dejan fotografiar por Juan. Les encanta.
    Jennifer solo tiene una preocupación: “¿Podemos ver las fotos?” Me
    encantaría pasárselas, que las tengan, pero Rihanna me dice que no traen
    los celulares. “Aquí hay tipos que te asaltan. Se hacen los que quieren
    estar contigo, te llevan para un rincón y tratan de quitarte el dinero o
    lo que tengas encima”. En el banco, junto a ellas, hay dos muchachos muy
    jóvenes y varoniles, que hablaban con ellas antes de que me acercara.
    Ahora guardan silencio, pero siguen en el banco.

    “¿Ellos no las defienden?”, pregunto.

    Rihanna: “Sí, cuando están cerca. Pero ellos no van hasta el mismo lugar
    donde voy a estar con el tipo.”

    Jennifer: “La mayor parte del tiempo tenemos que defendernos solas.”

    No todas se dejan fotografiar. A Jacqueline no le gustan las fotos, en
    general. Pero hay otra muchacha, sola en un banco, a la que me acerco y
    aunque accede a conversar, no deja que le tomen fotos. “Trabajo en
    planificación física de una empresa de la que no te voy a decir el
    nombre. De día, hago mi vida normal de gay. No es lo mismo ser gay que
    ser travesti. A los gays la gente los acepta un poquito más, pero ya
    cuando te vistes de mujer y eso… A mí en el trabajo me respetan, pero
    ahí voy vestido de varón. En mi edificio saben que me visto de mujer y
    eso, pero solo de noche”.

    ¿Y tú qué haces de noche?

    Susan trabajó un tiempo en un hospital y sí iba vestida de mujer. “Pero
    sin faltar el respeto, claro, con vestidos largos y eso. No se me habría
    ocurrido ir en minifalda. Nunca tuve problemas con mi jefe, la gente me
    respetaba como soy”.

    ¿Por qué lo dejaste?, le pregunto.

    Susan: “Era mucho trabajo, malas noches, toda la madrugada despierta.”

    DDC: “Aquí también estás toda la noche.”

    Susan: “Pero aquí una viene a divertirse, a pasarla bien, a encontrarse
    con las amistades…”

    No se menciona la palabra prostitución. Jacqueline dice que ellas van
    allí a conversar. “Si aparece alguien y quiere estar conmigo…”

    Rihana: “Los hombres vienen aquí porque quieren estar con un travesti y
    saben que aquí hay.”

    La solitaria del banco dice que viene “a ligar”.

    Pero una de ellas es más directa: “yo sí cobro. Cuba es el único lugar
    donde no se le da valor al cuerpo. Yo no los obligo. Ellos vienen porque
    quieren y saben que cuesta. No robo ni mato a nadie. Es mi cuerpo”.

    Mientras habla, veo venir a un policía con el perro y no puedo evitar
    tensarme, pero sigue de largo. “Ese no es malo, no se mete con nosotras”.

    ¿Legalmente hablando?

    Sin embargo, los policías aparecen con frecuencia en un camión y las
    “cargan”.

    Jennifer: “Cuando los vemos venir, salimos corriendo. Y después,
    regresamos.”

    DDC: “¿Por qué siguen viniendo si saben que va a venir la policía y se
    las va a llevar?”

    Jennifer: “Porque yo soy más fuerte que ellos y no me van a decir lo que
    tengo que hacer con mi cuerpo.”

    La solitaria del banco afirma que no la molesta la policía. “El problema
    es que aquí no todas somos iguales. Las hay que son delincuentes, que
    hacen cosas ilegales, se portan mal…”

    Susan: “A veces, lo que estamos haciendo es conversar con alguien.
    Vienen, nos piden el carné y nos llevan. No es por estar vestido de
    mujer, ya eso no es delito. Es porque dicen que estamos en una zona
    proclive a la prostitución.”

    Lo que ignora la mayoría es que en nuestro país, la prostitución no
    aparece como delito en el Código Penal. Su presencia evidenciaría que en
    Cuba, como en cualquier país, existe la prostitución y las condiciones
    que la generan. Aunque ninguna ha mencionado cifras, dejan claro que no
    se van con nadie “por tres dólares”. Pero tres dólares es más de lo que
    gana diariamente cualquier persona que trabaja para el Estado.

    Saber que la prostitución no figura como delito en el Código Penal
    tampoco les serviría de mucho. En una conversación con un joven abogado
    me entero de que el cargo por el que se arresta a cualquier persona,
    mujer u hombre, bajo sospecha de prostitución, es “conducta
    predelictiva”. En la primera ocasión reciben una carta de advertencia.
    Tras varias de esas cartas, la persona es recluida por un período de dos
    años, si es la primera vez que va presa. En caso de ser reincidente, la
    pena aumenta. Durante el juicio, sí se emplea la palabra prostitución.

    DDC: “¿Vienen muchos extranjeros?”

    Susan: “Más o menos.”

    Jennifer: “Yo creo que vienen más cubanos que extranjeros.”

    DDC: “¿Por qué no van a las fiestas, que ahora son legales, o a lugares
    como Las Vegas o el Café Amor, que son del Estado? Allí no las va a
    molestar la policía.”

    Susan: “Está el Colmado, la de la Víbora. Esas cuestan un peso y a veces
    voy. Pero Las Vegas ya es más caro, son tres pesos; no siempre puedo
    gastar tres pesos en eso. Además, es otro ambiente, otro tipo de personas.”

    Jacqueline: “No estoy para llegar a un lugar de esos y que se burlen de mí.”

    ¿En el cuerpo equivocado?

    Susan no desea una operación de reasignación sexual. “Un cambio de
    identidad, sí, un carné con mi nombre de mujer”.

    Jacqueline: “El problema es también que lo que nos hace especiales es
    esto. Ellos para estar con una mujer, se buscan una con la que puedan
    tener hijos y todo eso. Tengo una amiga que tenía su pareja; se operó
    para ser una mujer y el novio la dejó.”

    Les hablo de Wendy, primera mujer transexual cubana tras 20 años de la
    primera operación, a quien entrevisté en 2014. Me contaba que no
    soportaba mirarse “ahí abajo” cuando se bañaba, y que una vez le metió
    un piñazo a un hombre que estaba con ella por mirarla.

    A Susan tampoco le gusta que le toquen “eso”, ni que le pidan que haga
    el papel de “activa”. Jacqueline también prefiere que no se lo pidan. La
    solitaria del banco dice que para ella depende de la persona, de la
    situación. “Algunos quieren que me ponga pasiva todo el tiempo, como las
    mujeres. A otros lo que les excita es que detrás de esta imagen suave,
    femenina, hay un hombre, y quieren que les haga de activo. Yo lo
    disfruto si la persona me gusta mucho”.

    Jennifer y Rihanna no tienen problema con eso. Les da lo mismo ser
    activos que pasivas. No les molesta que las toquen.

    Jennifer: “Yo no me operaría porque sería una mujer más, y a ellos lo
    que les gusta es que somos travestis. Yo no tengo problemas con ser activo.”

    Rihanna: “A mí me gustaría hacerme los senos, pero más nada. Lo otro me
    lo dejan ahí.”

    La solitaria del banco no quiere ni los senos. Prefiere su cuerpo de
    hombre y travestirse cuando quiere.

    Susan: “Si yo alguna vez me operara no sería aquí. Si me fuera del país,
    quizás me operaría.”

    DDC: “¿No confías en la medicina de nuestro país?”

    Susan: “Tengo que confiar, pero esa operación no me la haría aquí.”

    DDC: “Afuera esa operación es carísima y aquí no te costaría nada.”

    Susan: “Prefiero pagar y estar segura de que las cosas salieron como
    debían salir. Conozco gente que se ha operado y las cosas que he visto
    no me parece que deban quedar así.”

    DDC: “¿Alguna se ha quejado?”

    Susan: “No.”

    Jacqueline: “Pero hay gente que dice que no siente.”

    Susan: “De todas formas, yo encuentro eso ridículo. Si dijeras que
    cuando me opere voy a tener mis ovarios, mi útero, mis hijos… Pero al
    final, es tratar de ser algo que nunca seré. Por dentro siempre voy a
    ser un hombre. Muchas se operan sin guardar el esperma en un banco ni nada.

    DDC: “¿Quieres hijos?”

    Susan: “Sí. No hay nada mejor que ver a un bebé crecer, cuidarlo…”

    Pero aunque Susan guardara su esperma, hasta ahora la prioridad para los
    tratamientos de inseminación artificial en Cuba la tienen las parejas
    heterosexuales. Las personas agrupadas en la categoría LGBTI tampoco
    pueden adoptar niños por ahora.

    Ninguna de las otras desea tener hijos.

    ¿Y los novios?

    Jacqueline: “Prefiero no tener a nadie. Ellos vienen a aprovecharse de
    una. Comienzan diciéndote que tienes que ayudarlos, y terminan
    quitándote el dinero. Te engatusan, te hacen creer que te quieren y lo
    que quieren es ser chulos.”

    Las otras muchachas tampoco tienen un novio fijo por el momento. Susan
    es la excepción.

    Susan: “Yo empecé un romance con un muchacho que es bisexual, creo que
    le intereso de verdad. Por lo menos no me pide dinero… Vamos a ver qué
    pasa.”

    Source: Otras Fátimas, el mismo Parque de la Fraternidad | Diario de
    Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1451795119_19216.html

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