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    Navidades a la habanera, un modo desigual de celebrar la noche buena

    Navidades a la habanera, un modo desigual de celebrar la noche buena
    Para la mayoría de los cubanos, que apenas tienen dinero para sobrevivir
    el día a día, es más fácil que en la Isla nieve que cenar pavo o puerco
    asado en Nochebuena
    LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
    Especial

    En Tercera y 70, el otrora Diplomercado, en Miramar, al oeste de La
    Habana, los carritos atestados de compras circulan raudos, conducidos
    por clientes de bolsillos amplios que revisan en los estantes la
    procedencia y fecha de caducidad de los alimentos.

    Los artículos Made in USA son los más apreciados. Tipos como Ernesto,
    que desde hace tres años se dedica a trasegar pacotillas en grandes
    volúmenes desde Ecuador, la Zona Franca de Colón en Panamá o Puerto
    Callao, en Perú, se pueden dar el lujo de comprar alimentos, aliños y
    confituras sin mirar el precio de las etiquetas.

    “Mira a ver si ese pavo congelado es ‘yuma’. Coge un ‘paq’ de Sprite y
    otro de Fanta, que a los niños les encanta. Echa pa’ca esas salchichas,
    que son de Baviera”, le dice a su esposa, quien antes de echar las cosas
    en el carrito, mira la fecha de vencimiento, examina las calorías y si
    han utilizado preservante químico en la elaboración del producto.

    Tienen la pinta de una pareja de portada de una revista de la farándula.
    Con estilizadas figuras, visten a la moda y parecen felices. Y portan
    suficiente moneda dura como para pagar 179 pesos convertibles (alrededor
    de 200 dólares), el salario de ocho meses de un profesional, en
    alimentos y dulces destinados a las fiestas navideñas.

    Luego de dejar tres cuc de propina a la cajera, en la confitería
    adquieren turrones españoles y chocolates suizos. “Ya compré vinos,
    cervezas y ron para celebrar la Navidad y el fin de año”, dice Ernesto.

    A la salida del mercado, alquilan un auto, que por diez pesos
    convertibles los lleva hasta la puerta de su casa. Su caso pudiera
    parecer una excepción. Pero me temo que no.

    Por estas fechas, los supermercados habaneros de alto estándar, con
    precios al nivel de Nueva York, están repletos de usuarios
    despreocupados que festinadamente se van de compras.

    En la Isla se ha ido consolidando una clase media al margen del Estado.
    Cubanos que destinan más de 1.000 dólares al mes en adquirir comida,
    darse masajes a 50 cuc la hora en hoteles cinco estrellas y a cada rato
    cenan en paladares como Starbien, La Fontana o Café Laurent.

    No son los típicos amanuenses que trabajan para el régimen, pero se
    pueden dar ciertos lujos con las migajas y regalías ofrecidos por el
    Estado verde olivo. Tampoco son artistas o deportistas de éxito.

    Son personas que hacen dinero ‘pinchando’ duro 14 horas diarias en
    pequeños negocios privados en el portal de su casa. O ‘mulas’ que
    transportan mercancías por debajo de la mesa en el mercado negro.

    También una parte de la fauna marginal y los ladrones estatales de
    cuello blanco festejan la Navidad por todo lo alto. Jineteras de
    alcurnia, expendedores de drogas y policías corruptos, en Nochebuena
    cenan cerdo o pavo asado y beben cerveza de marca o ron añejo.

    En el interior del país, la realidad es diferente: se nota el ajetreo
    navideño, pero a menor escala. En la capital, gigantescos árboles
    repletos de luces se ven por la Habana Vieja, el Vedado y Miramar, tres
    de las zonas más turísticas.

    Si usted se da una vuelta por el bar Sloppy Joe’s, muy cerca del hotel
    Sevilla, el Parque Central y el Paseo del Prado, notará que después de
    la cinco de la tarde no hay mesas desocupadas.

    Y en la extensa barra de 18 metros de caoba negra no encuentra una
    banqueta libre. En el Sloppy, una cerveza local cuesta dos dólares y
    cincuenta centavos y el plato típico de la casa, un emparedado de ‘ropa
    vieja’ (hilachas de carne de res sazonada con tomate), ronda los cinco.

    Es difícil reservar una mesa para cenar el 24 de diciembre en
    restaurantes como Los Nardos, frente al Capitolio, o paladares como La
    Guarida, San Cristóbal, Doña Eutimia y Havana Gourmet.

    O en la paladar Villa Hernández, situada en una casona de principios del
    siglo XX, en la barriada de La Víbora, a un costado del Parque Córdoba,
    un parque en honor a Emilia de Córdoba y Rubio (1853-1920), considerada
    la primera mujer mambisa.

    “Ya tenemos todas las mesas reservadas desde el 23 y hasta el 31 de
    diciembre”, dice con orgullo el propietario de Villa Hernández.

    Mientras unos cuantos cubanos pueden comprar en el antiguo Diplomercado,
    reservar en restaurantes y paladares de primera, celebrar la Nochebuena
    y esperar el 2016 como Dios manda, por miles se cuentan los que ni
    siquiera pueden hacer planes para esos días.

    Lidia es una de esos miles. “Cuando me paguen en el trabajo veré si me
    alcanza para comprar una ración de puerco en un restaurante estatal y
    una botella de vino barato. Lo que compre, lo compartiré con mi esposo
    el 24. Después veremos alguna novela o película alquilada del Paquete”.

    Según la prensa oficial, decenas de restaurantes ofertarán pollo, pavo y
    cerdo asado el 24 y 31 de diciembre. Aunque para José Manuel, jubilado
    de 75 años, la calidad deja mucho que desear.

    “Pero es la única opción para los que tenemos poco dinero. El año pasado
    compré dos raciones de cerdo que daban asco, era pellejo y grasa na’má.
    Los viejos y los obreros somos los más jodidos. Nosotros no percibimos
    las reformas y los cambios económicos”, acota.

    Otros, como Antonio, padre de cinco hijos, están peor. Reside en una
    choza con piso de cemento y sin servicio sanitario en un barrio marginal
    de San Miguel del Padrón, municipio al sureste de La Habana.

    “Navidades para mí es tener cuatro pesos en el bolsillo. Eso de hacer
    comelatas y tomar cerveza de la buena, es cosa de gente rica o con
    suerte”, expresa con una sonrisa triste.

    Para cubanos como Antonio, es más fácil que en la Isla nieve que cenar
    pavo asado en Nochebuena.

    Source: Navidades a la habanera, un modo desigual de celebrar la noche
    buena :: Diario las Americas :: Cuba –
    www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3529333_navidades-habanera-modo-desigual-celebrar-noche-buena.html

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