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    Los almendrones, la política y la moda

    Los almendrones, la política y la moda
    MARÍA ANTONIA CABRERA ARÚS | Nueva Jersey | 6 Dic 2015 – 9:01 am.

    Recientemente el periódico español El País publicó el artículo “La moda
    enloquece con Cuba”. No puede describirse mejor el último episodio del
    no tan nuevo maridaje entre los discursos simbólicos de la industria de
    la alta costura internacional y la cultura material de la Cuba
    post-soviética, país donde, sin embargo, se emite desde hace décadas una
    libreta de racionamiento anual para la adquisición de prendas de vestir
    que ni siquiera logra satisfacer las necesidades de uniforme escolar.

    El compadrazgo entre la alta costura y las representaciones de la Isla
    debutó en 1992, aun cuando ya en la “era soviética” el país se acercó a
    la industria de la moda internacional al invitar a creadores tan
    reconocidos como Emilio Pucci y Paco Rabanne, por solo mencionar algunos
    de los modistos que visitaron el país en los años 80. Sin embargo,
    durante el denominado Periodo Especial (eufemismo que distinguió a la
    crisis provocada en Cuba por el desplome del socialismo en Europa del
    Este y la desintegración de la URSS) se forjó un nuevo vínculo entre la
    industria de la moda foránea y algunas formas de representación de Cuba
    y la cubanidad que perduran hasta hoy.

    Un lugar preponderante en esta identificación lo ocupan los automóviles
    clásicos norteamericanos, en gran medida debido a que remiten a un
    periodo anterior a 1959, con toda la nostalgia y, sobre todo, el
    anacronismo que ello implica en un país que, más o menos a partir de ese
    año, se pasó al bando contrario en el conflicto mundial conocido como la
    Guerra Fría. Los almendrones, como se les conoce desde hace tiempo en
    Cuba, constituyen la herencia más conspicua de aquel pasado donde los
    estrechos vínculos con Estados Unidos, la relativamente buena salud de
    una abundante clase media, y las garantías a la gestión y propiedad
    privadas condujeron a que La Habana tuviera en su momento más Cadillacs
    per cápita que Nueva York.

    El compadrazgo al que me refiero parece haber comenzado en mayo de 1992,
    cuando el editorial “Cuba Libre” de Harper’s Bazaar mostró a la modelo
    Kara Young sobre un flamante auto clásico descapotable de color rosa
    pelícano, en una escena con visibles errores de ambientación como el
    anuncio que se lee en un segundo plano. En la escena, obviamente no
    construida en Cuba, el único elemento que denota cubanía, más allá de
    dos ralas palmeras, es la presencia central del almendrón.

    La revista estadounidense volvió a abordar el tema cubano en 1998
    cuando, esta vez sí, envió a las modelos Naomi Campbell y Kate Moss a La
    Habana, lo que le costó $31.000 de multa por infringir los términos del
    embargo norteamericano a la Isla. En esta ocasión, puede verse a las
    modelos compartiendo escenas de la vida cubana, una de ellas viajando en
    lo que se intuye como un descapotable. Este, sin embargo, no se muestra
    en la imagen, que se concentra en los cabellos revueltos por la brisa,
    mostrando como fondo una calle habanera.

    Algo después, en 2010, la French Revue de Modes incluyó en su edición de
    primavera el fotorreportaje de ficción de una pareja en una Habana
    ruinosa. La única escena urbana muestra a la modelo, morena, recostada a
    un viejo almendrón de alquiler, azul cobalto, en una pose que podría
    remitir al fenómeno de la prostitución en Cuba. Ese mismo año,Vogue UK
    2010 también ambientó en Cuba una sesión de fotos. En “Viva Cuba”,
    título dado al reportaje, una modelo rubia se pasea por calles rotas,
    por donde circulan viejos almendrones.

    En 2012, la edición de marzo de Marie Claire France mostró a la modelo
    Cris Urena combinando lo mejor de la alta costura internacional con el
    decadente entorno de La Habana, en escenas que también incluyen
    automóviles clásicos. El reportaje, titulado “Mambo Show”, dice recrear
    el ambiente de los años 50.

    También en 2012, la revista Elle mostró a Rihanna viajando en un
    envejecido almendrón descapotable junto a un modelo que encarna el
    clásico estereotipo del latin lover latino. Para la ocasión, la revista
    produjo un video clip de la cantante en el que también se incluyen el
    auto y el modelo.

    Ese mismo año, la firma española YERSE ambientó su colección de
    primavera-verano en una Cuba cuyo elemento más conspicuo parece ser el
    clásico almendrón. En una de las imágenes, YERSE utiliza como único
    “soporte” de uno de los pañuelos de su colección el asiento trasero de
    un auto clásico norteamericano, tapizado con un bien cuidado cuero, cosa
    poco común en una Cuba abatida durante décadas por la escasez.

    Al año siguiente, bajo títulos como “From Havana With Love” y “Lazy
    Days”, la edición de abril de Cosmopolitan UK colocó a la modelo
    Michelle McCallum junto a un flamante descapotable rojo. Otras imágenes
    la muestran sobre el capó de un almendrón rojo un poco más deteriorado,
    en cuyo parabrisas puede verse la bandera cubana, o caminando por una
    calle desolada donde solo circulan almendrones.

    Sin embargo, como anota Begoña Gómez Urzaiz, en el artículo de El País,
    en los últimos meses la mentada componenda entre La Habana y la moda
    parece haber adquirido visos apoteósicos y, con ellos, también el
    vínculo entre los almendrones y la industria de la alta costura
    internacional. Está por ver si Karl Lagerfeld, que acaba de anunciar que
    en mayo próximo tendrá lugar en Cuba el desfile de la colección Crucero
    2017 de Chanel, hará desfilar a las modelos sobre descapotables, o las
    pondrá a caminar en tacones en forma de almendrón, o cualquier otra
    variante.

    A día de hoy, las revistas Vanity Fair, en su edición de noviembre -cuya
    portada ha dedicado a la cantante y modelo Rihanna-, Marie Claire US, en
    su edición de septiembre, W, en su edición de agosto, y Porter Magazine,
    en su edición de otoño, todas con sesiones fotográficas ambientadas en
    una muy deteriorada, y a estas alturas pueblerina Habana, incluyen en
    sus fotos al menos un almendrón.

    En la última entrega de Vanity Fair,los almendrones llegan incluso a
    desplazar a la popularísima Rihanna, como se ve en la imagen a dos
    páginas que encabeza el artículo dedicado a la cantante. En ella, la
    estrella del mundo del espectáculo, de rojo, se pierde entre las paredes
    también rojas de un bar de mala muerte, ambos en un segundo plano
    dominado por un lustroso Lincoln Continental rojo que, según aclara el
    pie de foto, perteneció a Marta Fernández de Batista, la última Primera
    Dama que conocieron los cubanos (como también, me dijeron, perteneció a
    ella el Lincoln Capri de color negro en que una vez me trasladé al
    aeropuerto).

    La revista W, por su parte, no conjuga carísimos diseños de alta costura
    con automóviles clásicos, pero no deja de incluir una fotografía en
    donde, sin que se muestre ninguna prenda de vestir, solo aparece un
    automóvil clásico. Como si de no dejar ninguna duda sobre la
    identificación del almendrón con la Isla se tratara, la disposición de
    los diferentes elementos de la fotografía parece sugerir el diseño de la
    bandera cubana, el rojo almendrón representando el escudo que, ni más ni
    menos, simboliza la sangre que los patriotas cubanos alguna vez
    derramaron por la patria.

    El capital simbólico acumulado por los autos clásicos antiguos es
    compartido también tanto por las actrices y modelos que usualmente
    aparecen en las páginas de las revistas de moda como por la gente común
    que consume estos medios. Paris Hilton y Naomi Campbell, Beyoncé y Jay Z
    son algunos ejemplos que han inspirado a otros a fabricar en Cuba sus
    escapadas de ensueño, en las que nunca falta el ubicuo almendrón. Tal es
    el caso de Suzie y Max, cuya boda, según la propia Suzie, hubiera estado
    incompleta “without a fleet of classic American cars”.

    Los almendrones cargan una gran dosis de nostalgia, elemento al que la
    industria de la moda gusta apelar, contrastando lo nuevo con lo viejo,
    el hoy con el ayer, el nosotros con el ellos, el imperio con las
    dependencias de ultramar, la modernidad con las ruinas. Es por ello que
    no hay en este repaso otra intención que la de anotar el recorrido, más
    o menos predecible, del encuentro de algunos de los discursos simbólicos
    de la moda contemporánea con el anacronismo de la cultura material cubana.

    Almendrones y política

    Menos predecible es, en cambio, la afiliación del almendrón con los
    discursos simbólicos que han acompañado el deshielo diplomático entre
    Cuba y los Estados Unidos. En agosto pasado, casi todos los medios de
    prensa que cubrieron la noticia comentaron sobre los tres almendrones
    estacionados tras el podio del secretario de Estado de los Estados
    Unidos John Kerry, justo frente al mar que separa a La Habana del punto
    más al sur de la Florida, durante la ceremonia que oficializó la
    reapertura de la embajada norteamericana en Cuba.

    Con posterioridad, Kerry saludó al dueño de un flamante Chevrolet Impala
    de 1959 de color negro, estacionado en la Plaza de San Francisco al lado
    de un almendrón blanco y turquesa, durante el recorrido que realizara
    por la Habana Vieja, como también hiciera el gobernador del estado de
    Nueva York, Andrew Cuomo, en su visita a La Habana algunos meses antes,
    posando para la ocasión junto a un igualmente esplendoroso Chevrolet de
    1956 en tonos de rosado, estacionado en algún punto de su recorrido.

    Un simple repaso a las fotos publicadas en torno a la visita del
    secretario de Estado John Kerry a Cuba revela que los almendrones
    estacionados en la Plaza de San Francisco fueron los mismos que
    “adornaron” la escena del podio desde donde se oficializó la última
    maniobra del “deshielo” diplomático entre los dos países, lo que indica
    que estos emplazamientos fueron planificados. La prístina apariencia de
    todos los almendrones con que se han “tropezado” los políticos de
    Estados Unidos de visita en Cuba, tan diferente de los desvencijados
    almendrones que a diario recorren las calles habaneras, sugiere también
    una intención de construir cierta escenografía.

    Solo el Gobierno de la Isla puede haber “construido” estas escenas. Es
    la única instancia con poder para contravenir las regulaciones de la
    policía de tránsito y estacionar vehículos en zonas cerradas al tráfico
    motorizado, como son la Plaza de San Francisco y el tramo del Malecón
    donde se encuentra la embajada norteamericana, cerrado al tráfico desde
    horas antes del inicio de la ceremonia que oficializó la reapertura de
    la sede diplomática.

    Poco se ha revelado de los acuerdos a los que han llegado, tras año y
    medio de conversaciones secretas, los gobiernos de los Estados Unidos y
    de Cuba, y poco se puede anticipar del curso que tomarán los cambios que
    se deriven de los mismos. Sin embargo, la recurrente apelación al
    automóvil clásico como recurso escenográfico, con todo y cuanto remite a
    una tácita sinergia entre la vida cotidiana cubana y los productos de la
    industria del “vecino del norte”, debe pensarse como algo más que un
    guiño de aprobación al nuevo acercamiento diplomático y al florecimiento
    de la gestión privada en Cuba.

    Al evocar, mediante el uso estratégico de bien restaurados almendrones,
    un periodo que, si bien mucho más próspero que el presente, fue testigo
    de cortapisas al ejercicio democrático en muchos sentidos similares a
    las que en el presente lo restringen, coartado en los tardíos años 50
    como ahora por un poder que nunca fue legitimado en las urnas, el poder
    político cubano estaría insinuando la posibilidad de relaciones entre
    las dos naciones al margen de la existencia de un orden político no
    democrático en la Isla.

    En cuanto a la clara aprobación de esta “escenografía” de almendrones
    por parte de la diplomacia norteamericana, pudiera pensarse en una
    tácita alusión a los millones de dólares reclamados como compensación
    por las propiedades expropiadas por el Gobierno cubano.

    En cualquier caso, la protagónica presencia de almendrones en
    los discursos simbólicos de la diplomacia bilateral da cuentas del bien
    llevado equilibrio entre poder y mitologías estéticas. No sería entonces
    fútil proponer trascender el clásico almendrón para buscar, en el diseño
    y la moda, nuevas metáforas con las cuales impulsar una Cuba tan
    próspera como genuinamente democrática.

    Una versión reducida de este artículo apareció originalmente en el blog
    de la autora, Cuba Material.

    Source: Los almendrones, la política y la moda | Diario de Cuba –
    www.diariodecuba.com/cultura/1448668923_18436.html

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