Prostitution in Cuba
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    La odisea de las cubanas en su ruta terrestre hacia EEUU

    La odisea de las cubanas en su ruta terrestre hacia EEUU
    “Cuando usted charla con alguna de las mujeres que deciden abandonar el
    manicomio económico cubano, escuchará impactantes historias de vida”,
    relata el periodista independiente Iván García.
    Iván García Quintero
    diciembre 11, 2015

    Una noche de verano en un bar privado de La Habana se cerró el negocio.
    Junto a su novio, Miladis, de 25 años, sería la encargada de viajar a
    Quito y Guayaquil para comprar cientos de kilogramos de ropas baratas,
    teléfonos celulares piratas y electrodomésticos que luego revenderían en
    Cuba.

    Ya en Ecuador comenzaron los problemas. “Mi novio perdió mucho dinero en
    Ecuador jugando cartas y en peleas de gallos. Para zanjar la deuda yo
    fui el pago. Un coyote que vivía en el barrio de San Bartolo en Quito me
    retuvo hasta que pagara $1.500. La opción fue prostituirme por $40 dos
    horas. Luego de pagarle, me fui con un grupo de 11 cubanos rumbo a
    Estados Unidos.

    Un soldado de la guerrilla en Colombia, al no poder pagar los $400 por
    persona que pedía,
    me violó. Quiera Dios que cuando se destrabe el paso entre Costa Rica y
    Nicaragua no tenga que vivir otra pesadilla”, apunta indiferente
    Miladis, sentada en un banco de cemento al aire libre en un albergue
    para inmigrantes en el poblado tico de La Cruz, a unos kilómetros de la
    frontera con Nicaragua.

    Cuando usted charla con alguna de las mujeres que deciden abandonar el
    manicomio económico cubano, escuchará impactantes historias de vida.

    Magda, una rolliza cuarentona, sentada en el amplio comedor del hostal
    El Descanso, en el poblado costarricense de Paso Canoas, cuenta:
    “Salimos de Ecuador una noche que presagiaba lluvia. En la selva
    colombiana los coyotes hicieron un alto para descansar. Al poco rato,
    llegaron unos tipos con armas de fuego y pinta de sicarios. Además de
    exigir un pago en efectivo, se llevaron a una joven de 19 años que
    viajaba con el grupo. A otra, la violaron varias veces”.

    Entre los más de 4.000 cubanos varados en Costa Rica tras la decisión
    del Gobierno sandinista de Daniel Ortega de cerrar la frontera de Peñas
    Blancas, hay mujeres con niños de pecho y madres que hicieron el
    itinerario con hijos pequeños.

    “Es algo irresponsable. Soy padre de dos hijos y jamás permitiría que mi
    esposa tenga que sufrir las penurias de una travesía complicada y
    riesgosa”, reflexiona Alex, estudiante de cuarto año de Derecho, sentado
    sobre unos cartones sucios en el andén de una desvencijada terminal de
    ómnibus en Paso Canoas, a la espera de un bus que por $15 los traslade a
    San Ramón, a una hora de viaje de la capital costarricense.

    Solamente en el poblado de La Cruz existen seis albergues para los
    migrantes cubanos. El mayor de ellos, en el Colegio Nocturno y, de las
    631 personas alojadas, 185 son mujeres y 16 niños. Duermen en colchones
    de espuma de goma esparcidos por las aulas y a lo largo y ancho del
    gimnasio.

    Las autoridades ticas les garantizan desayuno y dos comidas calientes al
    día. Hasta las 10:00 p.m. pueden circular libremente. Pero quienes
    tienen suficiente dinero prefieren alquilar una habitación en alguno de
    los hostales de Paso Canoas, Peñas Blancas, Liberia, San Ramón o La Cruz.

    Los náufragos cubanos en tierra firme tienen una visa temporal por 15 días.

    Según Norberto Fumero, de 34 años, hay compatriotas que se prostituyen
    por $20 la noche. “Si enganchan a un cliente tico les piden $40 o $50.
    Algunas eran jineteras en Cuba y trasladan su modo de vida acá. No saben
    hacer otra cosa que fletear”.

    Jorge, taxista costarricense, señala que varias cubanas le han propuesto
    tratos sexuales. “Da pena. Son jóvenes y bonitas. Me han pedido $30 o
    $40, pues no tienen más dinero para seguir el viaje. Las de más edad,
    piden dinero, cigarrillos o que les pague unas cervezas”.

    Muchas viajan con sus esposos. Otras hacen el periplo solas y
    se asocian a grupos de personas que conocen desde Cuba. Yanira, una
    morena estilizada, trabajaba en un centro de elaboración de alimentos en
    Puerto Padre, Las Tunas, provincia a 700 kilómetros de La Habana.

    Yanira decidió marcharse de la isla para reunirse con su novio que
    reside en Orlando, Florida. “Viajé con poco dinero, menos de $2.000.
    Cuando llegué a Panamá ya estaba sin plata. ¿De qué manera consigo el
    dinero?”, se pregunta mientras bebe cerveza en un hostal de Paso Canoas.
    No hace falta mucha imaginación para saberlo.

    Source: La odisea de las cubanas en su ruta terrestre hacia EEUU –
    www.martinoticias.com/content/la-odisea-de-las-cubanas-en-su-ruta-terrestre-hacia-eeuu/111051.html

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