Prostitution in Cuba
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    20,805 días en la oscuridad

    20,805 días en la oscuridad
    [30-12-2015 22:51:39]
    Pedro Corzo
    Escritor, Periodista y Editor

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Cinco décadas, un lustro, dos años e
    innumerables días, son lo que llevan Fidel y Raúl Castro explotando a
    Cuba y a los cubanos.
    Un largo tiempo de pesar. Una vergüenza para cualquier pueblo. No honra
    a ninguna nación padecer una dictadura de un solo día, ni pensar la pena
    de cincuenta y siete años.

    Una vergüenza que se acrecienta cuando se aprecia que restan cubanos
    dentro y fuera de la isla que apoyan a un régimen dinástico en pleno
    Siglo XXI, le justifican y realizan todos los esfuerzos posibles para
    que sobreviva.

    Los hermanos Castro consideraron que al triunfar la insurrección, la
    isla y sus habitantes, pasaban a ser una especie de botín de guerra que
    podían usufructuar a su antojo, lo que explica porque Fidel cuando se
    hartó de desgobernar el país, se lo entregó a Raúl como si fuera la
    finca Manacas que el padre de ambos tuvo en Birán.

    Fidel Castro irrum­pió en la vida pública a través del pan­di­lle­rismo.
    Por sus estrechas relaciones con las cuadrillas más violentas que
    operaron en la Universidad de La Habana en la década del 40, aprendió
    como manipular el miedo y las ambiciones de los otros, como lo muestra
    el acierto que tuvo en la selección y manejo de los incondicionales que
    le sirvieron durante cuarenta y seis años.

    Sin la subordinación absoluta de tantos secuaces, incluida la de su
    sucesor, no le hubiera sido posible conducir el país como un
    campamento, en el que siempre primó la voluntad y los intereses del
    caudillo y su horda.

    Los días y noches del castrismo han sumido a los cubanos en una tiniebla
    toxica que ha corroído los valores ciudadanos, al extremo que el
    concepto de nación enfrenta una seria crisis existencial.

    La propaganda del régimen que Cuba y los cubanos estaban en la cúspide
    del progreso, se transformó en un profundo sentimiento de frustración,
    cuando el individuo experimentó fracasos y constató mentiras.

    La legalidad impuesta por los Castro favoreció la ejecución moral y
    física. Se fusiló en cementerios y en patios de las escuelas. Se
    implantó el terror.

    Se militarizó la sociedad, al extremo de que la calificación de desertor
    se le asigna a quien abandone una delegación oficial, así sea un
    artista, deportista o médico. La intolerancia y la sumisión a las
    consignas fueron las nuevas normas. Se impuso un paradigma nacional que
    promovía el odio y el tableteo de las ametralladoras.

    Decenas de miles fueron a prisión. Miles más partieron al exilio. La
    libertad intelectual desapareció. Se estableció un estricto control de
    los medios de información. Las religiones enclaustradas en sus
    templos. Una especie de nueva devoción impuso sus propias tradiciones,
    cultos, lutos y fiestas

    El miedo y la conveniencia sustituyeron el concepto del derecho
    personal. Un amplio sector del país se condujo con feroz individualismo,
    mientras simulaba acatar el mandato del colectivismo.

    El pudor se escabulló en la promiscuidad y la prostitución fue aceptada
    socialmente. La delación se convirtió en práctica social. Lo importante
    era resolver y sobrevivir, sin que importara lo que se entregaba en el
    empeño.

    La corrupción- la más profunda y extendida que ha padecido el país- el
    abuso de poder de funcionarios civiles y militares y el cisma provocado
    por la intolerancia ideológica, han generado una lobreguez que promete
    un angustioso parto de futuro.

    Fidel y Raúl Castro dejan un horroroso legado. Una profunda frustración
    en el sector de la sociedad que trabajó y creyó en un proyecto que ha
    dejado el país en ruinas, junto al sufrimiento de los que enfrentaron el
    sistema sin éxito, y la desesperanza que agobia a la mayoría ciudadana.

    El futuro está amenazado y corroído por las enseñanzas y prácticas del
    totalitarismo. La crisis de civilidad está en las raíces de la nación.
    Las normas de convivencia, respeto a las discrepancias y hasta de
    urbanidad, fueron execradas por el gobierno, al extremo que han
    intentado infructuosamente restaurar lo que destruyeron.

    Las secuelas de un sistema excluyente como el que han grabado los
    Castro a Cuba son perniciosas. Los civilista de la isla tienen un gran
    trabajo por delante.

    Cambiar el sistema no será fácil, quebrar los privilegios de la clase
    dirigente o lograr que hagan dejación de ellos será complicado, tal vez
    estéril, pero más arduo será laborar para que los ciudadanos adquieran
    conciencia de sus derechos y deberes, un empeño de titanes, si se
    considera que la mayoría de los cubanos nacieron bajo la sombra de los
    hermanos Castro.

    Source: 20,805 días en la oscuridad – Misceláneas de Cuba –
    www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/568451eb3a682e0690d5b676#.VoUU1RUrLjY

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