Prostitution in Cuba
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    La Feria de La Habana es sitio de caza para las jineteras

    La Feria de La Habana es sitio de caza para las jineteras
    Sirvió para oficializar la aproximación con el empresariado
    estadounidense que comenzó hace ya 20 años y también representó el
    regreso de los viejos socios de Moscú tras décadas de separación
    NEGOCIOS | 11 de Noviembre de 2015
    LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
    Especial

    Liudmila y Sheila son jineteras [mujeres que se prostituyen con
    extranjeros] y no conocen de mercadeo empresarial ni tecnología de punta.

    Pero una amiga les envió un escueto SMS donde les decían: “Vengan pa’cá,
    que los yumas (extranjeros) están satos”.

    Se calzaron despampanantes tacones, se pusieron ajustados vestidos y un
    perfume de fragancia que logra anestesiar. Su plan era sencillo:
    merodear por los stands de Canadá, Corea del Sur, Francia y Alemania en
    la Feria Internacional de La Habana, a ver qué pescaban.

    “Se me da bastante bien el inglés. Llegábamos a cada pabellón y
    preguntábamos sobre los productos en exhibición o la posibilidad de
    conseguir trabajo en una firma. Cuando notábamos que la mirada de algún
    extranjero se deslizaba por nuestros cuerpos, entonces atacábamos a
    fondo”, dice Sheila, con siete años de experiencia en la prostitución.

    Tuvieron suerte. Dos empresarios españoles las invitaron esa noche a
    unas copas y a bailar en una discoteca de Miramar. “A lo mejor el
    romance queda solo en un vacilón. Pero puede que termine en un noviazgo
    y una salida definitiva del país”, reflexiona Liudmila, mientras bebe
    una cerveza Bucanero en un bar portátil de la recién concluida FIHAV 2015.

    Desde luego, las jineteras son un segmento minoritario entre las
    personas que visitaron Expocuba, sede de estas Ferias comerciales en
    Cuba desde 1989 (la primera se celebró en 1982 con unos pocos
    expositores de España, Panamá y el país anfitrión).

    A fines de los 80, justo en el arranque de una crisis económica casi
    perpetua, podría pensarse que no era una buena idea gastar millones de
    dólares en edificar un recinto ferial en el sureste de La Habana, a 25
    kilómetros del centro de la capital.

    Embullado por lo que había visto en su viaje a Pyongyang en 1986, Fidel
    Castro quiso que Cuba también tuviera una muestra permanente donde
    exhibir los “logros del proceso revolucionario”. Y el 4 de enero de
    1989, el entonces gobernante de la isla inauguraba Expocuba, un espacio
    demasiado grande para una economía que se venía abajo.

    La desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,
    URSS, provocó pérdidas millonarias en subsidios que descorcharon las
    carencias de la industria local. Ricardo Ortiz, jubilado que durante
    diez años trabajó en una empresa de importación de alimentos, cuenta que
    Expocuba se transformó en un parque infantil de distracciones y un lugar
    donde en los años duros del período especial la gente podía adquirir
    productos.

    “Como el transporte escaseaba, tenías que ir en bicicleta y cuando
    llegabas a Expocuba te daban derecho a comprar dos postas de pollo
    frito, diez africanas y yogurt de sabor. Fue en la misma época cuando
    por falta de combustible, los bueyes sustituyeron a los tractores como
    arado”, recuerda Ortiz.

    En el otoño cubano de 2015, Expocuba muestra un deterioro evidente. En
    una de las tardes, un fuerte aguacero obligó a cientos de personas a
    refugiarse en los pabellones techados. “Llovía más adentro que afuera”,
    dice un turista español. Los visitantes a la Feria se quejaban por la
    falta de murales informativos.

    “Todo ha sido organizado muy chapuceramente. Uno camina desorientado,
    sin saber dónde está ubicado el sitio al que deseas acudir”, acota
    Juliana, profesora de inglés, que buscaba el stand sudcoreano para
    conocer la última versión del Samsung Galaxy.

    Cuando el viernes la Feria de La Habana abrió sus puertas al público,
    por los alrededores, decenas de autos particulares y taxis colectivos
    voceaban sus servicios. A un cubano, un viaje de ida y vuelta le podía
    costar 40 pesos convertibles.

    “A un extranjero 60 o más”, apunta Reinerio, dueño de un destartalado
    Lada 2105 de la era soviética. “Pero yo ofrezco una tarifa de 20 cuc,
    pues mi auto tiene motor de gasolina. A esta Feria ha acudido menos
    gente que otras veces”.

    El calor sofocante invitaba a tomar cerveza fría en bares, cafeterías y
    restaurantes ubicados en Expocuba. A simple vista, se notaba una mayor
    cantidad de usuarios almorzando comida criolla o bebiendo cerveza que
    recorriendo los pabellones.

    Según Marcia, empleada de la Feria, “los stands más concurridos fueron
    los de Corea del Sur, Canadá y Japón. Unos pocos empresarios y editores
    de libros de Estados Unidos exhibieron sus artículos. Para 2016 se
    espera una avalancha de empresarios estadounidenses”. Cuando usted
    indaga con empresarios foráneos sobre las perspectivas de negocios en
    Cuba, las opiniones van desde el optimismo a la prudencia.

    Un funcionario de una agencia suiza de viajes, aclara que ellos ya
    tienen una oficina permanente en La Habana. “Ahora puede que no se
    tengan grandes ganancias. Pero hay que abrir el camino, ocupar un
    espacio, me temo que cuando lleguen los estadounidenses, negocios de
    otros países van a tener que hacer las maletas”. Un inversor, también de
    Suiza, es aún más atrevido y pretende construir un hotel de alta gama en
    la localidad de Cojimar.

    Con más dudas que entusiasmo, Fabian Koppel y Jakub Brzokoupil, de la
    firma alemana Optimum, especializada en maquinaria industrial, expresan
    que en 2012 tuvieron negocios en la Isla. “Pero por diversas
    dificultades tuvimos que marcharnos. En Cuba todo es muy complicado.
    Pero nuestra empresa considera que actualmente hay mejores
    posibilidades”, señala Fabian.

    La percepción que se tiene entre los empresarios es que 2016 puede ser
    un año decisivo. Un gerente de Mercedes Benz, de origen egipcio, no
    pierde la esperanza. En 2014 solo vendieron 30 camiones multiusos a
    empresas cubanas, y en 2015 se elevaron a 110. En autos de lujo, de 25
    autos en 2014 esperan vender 200 en 2016.

    Son crecimientos tímidos, pero cálculos extraoficiales apuntan a que
    cuando se abra la talanquera estatal, las ventas se pueden disparar.
    Aunque un cubano con un salario mensual promedio de 23 dólares, jamás
    podría adquirir un auto valorado en 70 u 80.000 dólares.

    Liudmila y Sheila, las jineteras habaneras que no han perdido
    oportunidad de tirarse un selfie frente a tres Mercedez Benz, sí lo
    creen posible. “Pero nunca compraríamos un auto en Cuba”, expresan risueñas.

    Source: La Feria de La Habana es sitio de caza para las jineteras ::
    Diario las Americas :: Cuba –
    www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3452507_feria-habana-cuba-jineteras-ivan-garcia.html

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