Prostitution in Cuba
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    Aprender a emprender

    Aprender a emprender
    REINALDO ESCOBAR, La Habana | Octubre 21, 2015

    En medio de la barriada de Los Sitios, en el corazón de Centro Habana,
    los jesuitas gestionan un proyecto enfocado en los sectores más
    necesitados de la población. La elegante fachada del local contrasta con
    los humildes hogares de los alrededores, donde tantas familias enfrentan
    el drama de un padre alcohólico, una muchacha dedicada a la prostitución
    o un joven en prisión. A ellos, y a quienes a diario rondan estos
    problemas, están destinados los programas del Centro Loyola.

    El proyecto de La Compañía de Jesús, que cuenta con otras sedes en
    Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba, se inauguró en enero del 2012 y
    desde entonces no ha parado de crecer. En el mural a la entrada del
    imponente inmueble, se anuncian clases de baile para niñas, apoyo a
    madres solteras, cursos de computación e idiomas.

    Sin embargo, llama la atención el “Curso básico para gestión de pequeñas
    empresas” que este septiembre ha comenzado su edición número 13. De las
    120 personas que solicitaron el ingreso, el primer día acudieron poco
    más de 80 y ahora quedan menos de 50. Tanto los alumnos como los
    profesores consideran que este curso es un éxito.

    Dirige los cursos Darién García, un licenciado en contabilidad de 38
    años, que tiene la extraña virtud de creer en lo que hace, en un país
    donde tanta gente de su generación sueña con emigrar o simplemente
    espera en una esquina que pasen las horas. Este joven dedicó ocho años a
    la enseñanza en la Universidad de La Habana y ya lleva dos y medio en el
    Centro.

    El profesor explica por qué más de la mitad de los que se inscribieron
    ya no asisten a su curso. “Esa disminución se debe a que, cuando ven que
    aquí no se trata de aprender trucos para enriquecerse con rapidez,
    entonces abandonan el curso”.

    “De todos los alumnos actuales, solo tienen negocios un 15%, otro 10%
    está en vísperas de montar algo y el resto son trabajadores estatales
    que quieren pasar al sector privado, madres solteras que son amas de
    casa y algunos que están por estar”.

    El curso básico dura dos meses y medio y se divide en cuatro grandes
    bloques: El introductorio, que abarca visión, misión, análisis del
    entorno, objetivos del negocio y mercado-meta; una segunda fase con
    todas las herramientas del proceso: contabilidad, finanzas, costos y
    gestión de recursos; y una tercera fase con aspectos legales, fiscales y
    mayor énfasis en la ética de los negocios. Esta última clase la dan
    sacerdotes. Además, todos los miércoles a las 7:30 de la tarde se
    ofrecen conferencias de temas diversos con libre acceso.

    “Aprovechamos para enseñarles valores en la economía solidaria, cómo
    hacer que su negocio crezca sin aplastar a otro, que es algo muy
    complejo. Tenemos alumnos con formación profesional, algunos
    universitarios, pero también con algunas deformaciones éticas que
    tratamos de encaminar. Es muy curioso cómo algunos, cuando tienen que
    enfrentarse a un problema, lo primero que se les ocurre es aplicar una
    solución fraudulenta, bien para resolver las cosas ‘por la izquierda’ o
    engañando al consumidor. Aquí transmitimos una ética empresarial, un
    sistema económico de desarrollo sostenible, que respete a las personas y
    al ambiente”.

    Ajustado a las circunstancias actuales, en este curso se enseña también
    a gestionar cooperativas no agropecuarias y se ofrecen cursos temáticos,
    como administración y trabajo en equipo. Para el próximo año se
    planifica un curso sobre principios de gastronomía, otro de procesos
    financieros para negocios privados en Cuba y una segunda edición de
    “gestión de cooperativas”, que incluye un tema muy de moda en las
    empresas estatales: el control interno.

    “En Cuba tenemos la idea de que el control interno es un método para que
    los trabajadores no roben”, explica Darién García. “Pero, en realidad,
    su objetivo es mejorar un negocio, ser más eficiente y eficaz”. En el
    caso de las cooperativas, no es obligatorio desde el punto de vista
    legal, pero es imprescindible para la salud del negocio.

    En las 12 ediciones anteriores, tres cursos por año, se han graduado más
    de 240 personas. En el 2016 existe el propósito de medir el impacto del
    proyecto en una sociedad que evoluciona lentamente cambiando paradigmas
    y modos de vida.

    Una de las dinámicas más interesantes que se presentan es que en el
    Centro se enseña a emprender negocios, se da a los alumnos un impulso
    basado en la gestión de conocimientos y luego ellos deben enfrentarse a
    las conocidas limitaciones que todavía frenan a los emprendedores.

    “Nosotros estamos basados en los principios de la economía solidaria y
    sostenible, que no limita la acumulación de riquezas, pero que le hacen
    ver al alumno que para lograr bienestar personal debe lograr también el
    de los que están alrededor suyo. Solo nos referimos a lo que es legal,
    entendiendo como ilegal lo que se relaciona con drogas, prostitución,
    armas. Confrontamos el problema de que muchos creen que lo saben todo o
    que se limitan a copiar al que ha tenido éxito. Algunos llegan al
    extremo de querer calcar a los exitosos y si uno puso el sofá en esta
    posición ellos también lo quieren poner de esa forma”, explica el
    profesor García.

    En todo el país ahora hay inscritas 440 cooperativas no agropecuarias,
    de las cuales funcionan unas 400. Por otra parte, la ley solo contempla
    211 actividades por cuenta propia, algunas de las cuales están descritas
    de forma tan genérica que dan cabida a cualquier oficio, mientras otras
    lo están de forma tan rígida que dejan poco espacio. De todo eso se
    habla y discute en aulas y pasillos del Centro Loyola, donde quizá se
    esté formando el embrión de una nueva clase media cubana.

    “Hoy en día hay negocios, incluso cooperativas que aunque no acumulan
    propiedad acumulan riquezas, por ejemplo en la construcción”, explica
    Darién García. “Lo que nosotros nos proponemos como proyecto social de
    los jesuitas en Cuba no es precisamente fortalecer a los que tienen los
    negocios más fructíferos y mayor nivel económico y cultural, sino llegar
    a los que están en condiciones más difíciles, a los que están surgiendo.
    Nuestra misión social es estar allí donde están los sectores más
    deficitarios de la sociedad”.

    Source: Aprender a emprender –
    www.14ymedio.com/nacional/Aprender-emprender_0_1874212571.html

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