Prostitution in Cuba
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    Tatuajes que revelan otra Cuba

    Tatuajes que revelan otra Cuba
    Daniel tiene 22 años y, por las marcas que lleva en el cuerpo, pareciera
    que conoce lo que es la vida tras las rejas
    viernes, septiembre 11, 2015 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- Daniel tiene 22 años y, según afirma, jamás ha estado
    en prisión, no obstante, por las marcas que lleva en el cuerpo,
    pareciera que conoce lo que es la vida tras las rejas.

    El pecho, los brazos, el abdomen y la espalda, Daniel los ha cubierto de
    tatuajes cuyo variado simbolismo es asociado con esas “estéticas
    carcelarias” que identifican a las pandillas en las prisiones de todo el
    mundo.

    Cruces de fuego en forma de puñales, demonios enfurecidos, carpas de
    colores al estilo de algunos grupos mafiosos de Japón, frases que
    expresan dolor por la pérdida de seres queridos y, entre los dedos
    pulgar e índice de la mano izquierda, los tres puntos que definen ese
    ambiente donde “lucha” a diario por lograr su gran sueño: marcharse del
    país, “pa’ donde sea”.

    Su historia es la de miles de jóvenes y adolescentes que emigran del
    campo a la capital con la esperanza de un mejoramiento en las
    condiciones de vida y que terminan descubriendo que aquello que pensaban
    como el final del camino es apenas el comienzo de una larga temporada en
    los infiernos:

    “Vine con 17 años para casa de mis abuelos pero de ahí me botaron porque
    una vecina le dijo a mi abuela que yo le había robado 10 dólares (…). Mi
    mamá no quería que yo regresara a Holguín y yo tampoco quería volver,
    así que pasé cantidad de trabajo (…) yo pensaba que La Habana era lo
    mejor pero nada de eso, pasé mucha hambre hasta que empecé a andar con
    el Ruso [un amigo de pandilla] que fue el que me encaminó. (…) El Ruso
    fue el que me hizo el tatuaje del brazo cuando mi papá murió (…). Yo
    mismo me hice los tres puntos por monería (…). Las cruces me las hice
    junto con el del brazo cuando murió mi papá hace dos años, que era el
    único que me quería. Vivía en el Yuma [Estados Unidos] y me iba a mandar
    a buscar pero murió en un accidente”, dice Daniel que más adelante,
    aunque algo reticente, nos explica lo que significan los demás dibujos y
    símbolos que lleva en su cuerpo:

    “Los pescados [las carpas tatuadas en el abdomen] me los hice porque me
    gustan, creo que son chinos (…) no sé bien qué significan, pero es por
    lucir. Son bonitos (…) Estas son y no son cruces [se refiere a las dos
    que lleva en el pecho], depende de cómo lo veas, para nosotros [la
    pandilla del Ruso] es amor y dolor, si me das amor, te doy amor, pero si
    no… Fíjate que son cuchillos. (…) Nosotros decimos ‘Hay que dar palo pa´
    que te quieran’, eso no falla con las jevas [en este caso se refiere a
    las mujeres. Aunque la pandilla se dedica a la prostitución masculina,
    no se identifican como homosexuales ni toleran a los travesti, de ahí
    sus enfrentamientos con Sangre por Dolor]. Los tres puntos es por sexo,
    dinero y lo que venga”.

    La interpretación de Daniel sobre los símbolos que porta en su piel es
    muy personal. Según Tony, alias “El Muñi”, que estuvo relacionado algún
    tiempo con Sangre por Dolor, los tres puntos tatuados tanto en las manos
    como en el rostro, significan “Odio a la Policía”:

    “Hay quien dice que eso es “chulo”, otros que es sangre, dolor y no sé
    qué otra cosa más, pero todo el que yo conocí, hasta donde sé, se lo
    hizo por “odio a la policía”. Hay también muchos pingueros [prostitutos]
    que se lo hacen para marcarse en el ambiente [de la prostitución
    masculina] y hacerle saber a la gente que no son completos [que solo
    penetran y que no se dejan penetrar en las relaciones sexuales con otros
    hombres] y que le gustan las jevas”.

    Según testimonio de un guardia de prisiones que no desea revelar su
    identidad porque le está prohibido declarar para nuestro medio de
    prensa, la mayoría de esos tatuajes que usan las pandillas en La Habana
    provienen de la prisión pero en algunos casos ni siquiera identifican al
    individuo con una banda o grupo criminal:

    “Muchas de esas pandillas, como Sangre por Dolor, surgieron en prisión,
    en el Combinado del Este [prisión de La Habana]. Después fue que
    comenzaron a salir a la calle. (…) Usan símbolos de las pandillas de las
    prisiones americanas [de los Estados Unidos], El Salvador, México pero
    solo por alardear porque al principio no identificaban a nadie. (…) Los
    tatuajes de una banda los puedes ver en otras diez más pero las
    lágrimas, las cruces, las estrellas, las coronas no identifican a un
    grupo en especial. (…) Los tres puntos creo que son ‘La Vida Loca’, es
    decir, mucha droga, mucho sexo y dinero, por supuesto”.

    Para María del Carmen Cordero ?socióloga que ha estudiado el tema de las
    pandillas en Centroamérica y que desarrolla una investigación sobre el
    fenómeno en Cuba?, la simbología de los pandilleros cubanos no es
    totalmente identificativa, sino más bien imitativa y heterogénea:

    “En Centroamérica, en los Estados Unidos, en Europa la simbología es muy
    específica, cada cosa tiene su exacto significado y son marcas de
    identidad. No hay nada dejado al azar o al gusto, como aquí. Todo
    significa y todo habla de la vida de ese individuo que porta en su
    cuerpo digamos que su “hoja de ruta”. (…) Aquí también los tatuajes
    hablan del individuo pero no hay un código, como sucede, por ejemplo,
    con las Maras, en el Salvador. (…) En Cuba el fenómeno de las pandillas
    no es nuevo. Hubo pandillas en los 80, en los 90 y ahora vivimos una
    verdadera explosión. (…) En los 80 todo el mundo oyó hablar de los Diez
    Negritos, cuando aquello se proyectaba en televisión una serie [basada
    en la obra] de Agatha Christie. No se ha escrito sobre eso pero se dice
    que llevaban marcas de identidad muy específicas (…), se dedicaban a
    robar, a asaltar. (…) Pero me he encontrado con hombres y también
    mujeres en Cuba que se tatúan lágrimas en la cara sin haber matado a
    nadie o haber perdido a un ser querido, solo por ‘estética’, ni siquiera
    pertenecen a una banda. Por otro lado, te encuentras miembros de
    pandillas que usan las mismas marcas que sus adversarios. (…) Los tres
    puntos no es una marca de identidad en las pandillas, ni aquí ni en
    ningún lugar del mundo. Tiene mil significados y todos son el verdadero.
    (…) A mí me preocupa mucho más que se esté poniendo de moda la
    esvástica, eso no es nada bueno”.

    Llama la atención que uno de los tatuajes más usados por las pandillas
    criminales de La Habana sea la esvástica. El símbolo fascista ha sido
    estampado en muros y columnas de toda la ciudad. En zonas populosas como
    Centro Habana o Diez de Octubre, ya no causan asombro estas marcas que
    algunos ingenuos pudieran asociar a una broma de muchachos cuando en
    verdad revelan la existencia de un fenómeno de impredecibles
    consecuencias ya que pudiera estar relacionado con los sentimientos
    regionalistas, acrecentados por las leyes migratorias internas que han
    dividido a la sociedad cubana en diversas categorías de ciudadanos, en
    dependencia del lugar de nacimiento.

    Yunior, joven guantanamero perteneciente a una pandilla dedicada a la
    prostitución y al juego de azar, nos comenta al respecto: “Eso es un
    grupito pero no tiene que ver con el racismo ni nada de eso. Entre ellos
    hay incluso dos o tres negros. Lo que pasa es que son de La Habana,
    Matanzas, Pinar del Río, Cienfuegos o también de Oriente pero que llevan
    mucho años en La Habana y se creen que por eso son habaneros y la cogen
    con los orientales, nos llaman palestinos (…), le piden dinero a los
    chamaquitos recién llegados que vienen a la lucha [a prostituirse], los
    acribillan, le quitan todo lo que ganan. Hay uno que siempre está por
    aquí [Parque de la Fraternidad] que vive llegando a la Terminal de
    Trenes. Le dicen El Coqui. (…) Yo viví en ese edificio y creo que todo
    el mundo es de eso. Tienen la cruz de los nazis y varias estrellas o en
    las manos, o el pecho o las piernas. (…) En la barbacoa de su casa [de
    El Coqui] me dijeron que tiene como a tres o cuatro pingueritos que
    trabajan para él solo por techo y comida porque aquello es un asco. Él
    se la pasa jugando chapita por ahí por [la calle] Monte”.

    A diferencia de ese país idílico dibujado en el discurso oficial,
    pudiera haber otra Cuba tatuada en los cuerpos. Leer las marcas en los
    muros de la ciudad, descifrar los significados de los tatuajes en la
    piel de esos hombres y mujeres cuyas vidas solo valen lo que la gente
    quiera pagar, pudiera hablarnos de un país apenas revelado y muy
    distinto, tal vez en las antípodas, de aquel otro que solo unos pocos
    cubanos pueden vivir desde la experiencia del placer y no desde el dolor
    y la sangre al interior de las pandillas.

    Source: Tatuajes que revelan otra Cuba | Cubanet –
    https://www.cubanet.org/destacados/tatuajes-que-revelan-otra-cuba/

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