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    Período Especial – callejón sin salida

    Período Especial: callejón sin salida
    ¿Marcha Cuba hacia un socialismo próspero y sustentable?
    Eugenio Yáñez, Miami | 03/09/2015 11:36 am

    “Ahora sí vamos a construir el socialismo”, pronosticó el Comandante en
    1986. Era el entierro de lo que quedaba de “revolución”.
    En una acción abiertamente contrarrevolucionaria, preocupado por la
    trascendencia de la perestroika y la glasnot en la Unión Soviética,
    lanzó el “Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”,
    que llevó al país al desastre y retrotrajo a los cubanos a los peores
    momentos de escasez y colas de los años finales de la década del
    sesenta, tras la “Ofensiva Revolucionaria”, y los primeros de la del
    setenta, con el fracaso de la zafra de los diez millones. Ahora,
    culpables del naufragio fueron sindicados abstractos “tecnócratas” que
    no querían obedecer ni guiarse por las sapientísimas coyundas del
    inmortal Partido Comunista.
    Así cayó la economía en picada una vez más, de fracaso en fracaso,
    mentira en mentira, quimera en quimera, siempre dependiendo de “países
    hermanos” que garantizaran grasas comestibles, leche en polvo y
    combustible, para que el país no se paralizara.
    En medio de ese cataclismo, en la segunda mitad de 1989, tras el
    fusilamiento del más exitoso general cubano tras una acusación absurda
    que irradiaba envidia y temor del máximo líder, las cosas se
    complicaron. Tan pronto los países del bloque socialista supieron que el
    Ejército Rojo soviético no masacraría a los pueblos sometidos que
    rechazaran el comunismo, como hizo anteriormente en Budapest y Praga, el
    “campo socialista” se derrumbó como castillo de naipes, y la supuesta
    “nueva era en la historia de la humanidad” apareció en su verdadera
    dimensión, oculta hasta entonces por la tergiversación: un feroz imperio
    colonial sometiendo por la fuerza naciones vecinas.
    Con la URSS tambaleándose por su legendaria ineficiencia pretendiendo
    una utopía contraria a la condición humana, China y Vietnam comenzando a
    avanzar gracias al rechazo de la locura marxista-leninista, y Europa
    oriental y Mongolia huyendo del manicomio, lo más elemental para
    cualquier gobernante verdaderamente interesado en el bienestar de su
    pueblo hubiera sido admitir que el camino anterior era equivocado, que
    el castrismo, doloroso camino hacia ninguna parte, era más absurdo aún
    ante las nuevas realidades, y buscar soluciones para mejorar las
    condiciones de vida de la población y el funcionamiento adecuado de la
    economía, intentando mantener en un nivel realista lo alcanzado en salud
    pública y educación.
    Pero ni el inquilino de Punto Cero ni su hermano en La Rinconada están
    interesados en el bienestar de su pueblo, y ven las penurias y miserias
    de los cubanos como parte del precio político a pagar para que ellos,
    hijos de un militar español contra la independencia cubana, disfruten
    las mieles del poder, junto a familiares, descendientes y compinches,
    durante más de medio siglo.
    Por eso el tirano hizo exactamente lo contrario: siendo inevitable el
    estrepitoso final de los subsidios y que quedara al desnudo la famélica
    economía “socialista”, impuso el “Período Especial en Tiempo de Paz”,
    versión surrealista del supuesto “Período Especial en Tiempo de Guerra”,
    concebido para el escenario de una invasión de EEUU sin que el régimen
    recibiera ningún tipo de ayuda “fraternal”.
    El país comenzó a estancarse mientras el régimen dilapidaba los escasos
    recursos para realizar unos Juegos Panamericanos que colmaran la
    soberbia del dictador. Todos los que hayan vivido el Período Especial en
    Cuba recuerdan los cortes de electricidad de hasta 16 horas diarias; los
    kilómetros de pedaleo en bicicleta para desplazarse, con los accidentes
    y fallecidos por falta de iluminación y medidas de seguridad; los
    cocimientos de cáscara de plátano, “bistés” de frazadas de piso,
    “picadillo” de cáscaras de toronja, y “pizzas” de condones; las fábricas
    paralizadas y los trabajadores en sus casas recibiendo el 60 % de su
    salario; la brutal devaluación de la moneda tras autorizarse la
    circulación del dólar; el “boom” de la prostitución. El PIB llegó a caer
    hasta en un 38 %. Si las cosas no llegaron hasta el límite fue porque
    tras años de suplicios apareció Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro, que
    prefirieron destruir a Venezuela para mantener navegando la chalupa
    castrista en el “mar de la felicidad” construido en la Isla y replicado
    en Venezuela.
    Las escasas medidas para admitir entonces alguna inversión extranjera,
    trabajo independiente de los cubanos, o turistas del “mundo
    capitalista”, no se adoptaron por estrategia sino por asfixia, y se
    atiborraron desde el comienzo con cortapisas y limitaciones. Los
    repuntes puntuales en los últimos años no son suficientes para superar
    la crisis, cuando el mismo Raúl Castro reconoció que el régimen estaba
    al borde del abismo: los salarios y pensiones siguen resultando
    insuficientes, los precios parecen estratosféricos, la producción de
    alimentos es cada vez más raquítica, las escaseces alcanzan hasta a
    productos que se compran en moneda fuerte, la corrupción es rampante y
    creciente, los deseos de emigrar se multiplican, y muy pocos ven el
    futuro con optimismo.
    ¿Cuántas privaciones, humillaciones y miserias vivieron las esposas,
    hijos y familiares de los culpables y cómplices de implantar el período
    especial en Cuba, que hasta ahora el régimen no ha dicho que haya
    terminado? ¿Algún apologista de la tiranía, especializado en jerigonzas,
    podría explicar cómo vivían los privilegiados mientras tantos cubanos
    pedaleaban interminables horas o pasaban hambres africanos en una isla
    con tierras tan fértiles, y tan cercana al mayor productor de alimentos
    del mundo?
    Los esbirros que defiendan la infamia, como siempre. Pero ¿de que
    sirvieron los sacrificios y miserias impuestos a la población? ¿Hacia
    dónde se dirige Cuba en estos momentos? ¿Pretenden construir el
    socialismo castrista con métodos del más feroz capitalismo de Estado?
    ¿Hasta cuándo explotarán a los trabajadores de la salud “alquilados” a
    países extranjeros? ¿Qué hubiera sido del régimen sin los dólares de los
    tan temidos turistas? ¿Qué haría el castrismo sin las remesas familiares
    de los odiados “gusanos”?
    Además, mucho más aplastante: ¿Cómo explicar el llamado “maleconazo” y
    la crisis de los balseros? ¿Cómo justificar el hundimiento del
    remolcador 13 de marzo y el derribo en aguas internacionales de las
    avionetas de Hermanos al Rescate?
    Mucho más importante que lo que digan los secuaces del régimen,
    podríamos hacernos una pregunta muy concreta y absolutamente diferente:
    ¿Qué merecen quienes, aferrados al poder y a privilegios exclusivos para
    ellos y los suyos, han impuesto por la fuerza a los cubanos un cuarto de
    siglo de limitaciones, privaciones y necesidades, invocando una supuesta
    revolución que se fue a bolina hace ya tantos años?
    Ofrecieron socialismo o muerte. ¡Pura redundancia!

    Source: Período Especial: callejón sin salida – Artículos – Cuba – Cuba
    Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/periodo-especial-callejon-sin-salida-323538

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