Prostitution in Cuba
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    En Cuba puede faltar la comida, pero el ron no

    En Cuba puede faltar la comida, pero el ron no
    Yeniel describe a sus padres como a “un par de bestias” que desayunan,
    almuerzan y comen “chispaetrén”
    lunes, septiembre 7, 2015 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba.- “Yo me he ido hasta por un Planchao [ron barato
    envasado en cajas de cartón encerado]”, me dice Yeniel, un joven que
    asegura haber intentado varias veces escapar del alcoholismo.

    Desde los 16 vive de la prostitución y afirma que fue su oficio quien lo
    convirtió en un adicto y no esta dependencia la que lo obligó a cambiar
    sexo por alcohol, sin embargo, reconoce que comenzó a beber desde los 12
    años, quizás desde mucho antes, en su natal Granma, estimulado por los
    amigos pero, sobre todo, por sus padres, a quienes él mismo describe
    como a “un par de bestias” que desayunan, almuerzan y comen
    “chispaetrén” [bebida alcohólica artesanal muy común entre los cubanos
    de pocos recursos].

    “No es que me guste pero cuando llegué a La Habana eso fue lo único que
    encontré para vivir [se refiere a la prostitución]. (…) Un brother fue
    el que me metió en esto y me cuadró un tembón [persona de edad avanzada]
    que me daba un fula [dólar] cada vez que estaba con él pero no había
    forma de meterle el diente, así que me jumaba [emborrachaba] un poco.
    (…) Ya desde la secundaria yo tomaba, no todos los días pero sí los
    fines de semana. (…) Eso es normal. En todos los lugares eso es normal.
    En mi pueblo la gente empieza a tomar desde chiquito y eso se aprende.
    Hay gente en mi pueblo que cuando tienen un chamaco lo primero que hacen
    es mojar el dedo en ron y mojarle la boca, para hacerle estómago, eso
    dicen que es bueno. Mi abuelo se murió con 90 años y tomaba de todo. (…)
    Hay quien no sabe tomar. A mí lo que me pasó es que me prendí [se
    convirtió en adicto] y llegó el día en que si hacía un peso me lo
    gastaba en ron, incluso hasta me iba por un Planchao, con quien fuera.
    No pensaba en otra cosa”.

    Con 27 años, a Yeniel le faltan casi todos los dientes. La piel, apagada
    y curtida, aparenta ser la de un hombre mucho mayor. Asegura que no bebe
    desde hace cuatro meses pero su aliento revela que no ha dejado de
    hacerlo, incluso, mientras conversamos, sentados en un banco del Parque
    Central, su mirada se escapa tras las personas que pasan bebiendo, sobre
    todo aquellos hombres que en las tardes acuden al lugar con el fin de
    atraer a jóvenes que viven, al igual que Yeniel, de trocar sexo fugaz
    por alcohol.

    En Cuba escasean los alimentos, sin embargo, en los establecimientos de
    comidas ligeras, así como en las bodegas y mercados, jamás falta el ron
    barato. Tampoco las pipas de cerveza o ron a granel en las plazas de los
    barrios, incluso la mayoría de ellas son gestionadas y administradas por
    el gobierno a través de los Consejos Populares. Se pudiera hablar de una
    “invitación oficial” al consumo excesivo.

    Como afirma Edúvar Pontón, un exfuncionario de Comercio Interior que
    tenía a su cargo el suministro de bebidas alcohólicas en la red
    minorista de varias localidades en Arroyo Naranjo, si se interrumpe el
    suministro de alcohol, “eso hasta puede terminar en reuniones en el
    gobierno [se refiere a las instancias locales] (…) porque era una
    prioridad y la sigue siendo. (…) El alcohol hay que salirlo a buscar
    hasta debajo de la tierra pero tiene que estar ahí. Puede faltar el
    huevo, el arroz pero el ron y los cigarros, no. Ni jugando. ¿Tú quieres
    ver a la gente tirada para la calle con carteles? Quítales el ron (…).
    Cuando en el Período Especial [años 90] no había ni jabón de baño, el
    ron no faltó, hasta lo daban por la libreta. La gente no protesta por
    otras cosas pero por el ron, matan”.

    “¿Tú no has oído decir que para aguantar esto hay que estar loco,
    dormido o borracho?”, nos dice Pedro, quien se reconoce como un “gran
    bebedor” pero no como un borracho: “El borracho es el que anda por ahí
    tirado, yo a veces voy al bar a conversar, a relajarme y a ver qué pasa.
    La vida te da sorpresas, ¿no? El cubano es así, le gusta la curda [beber
    hasta emborracharse]. De otro modo no se puede seguir inventando. (…)
    Gano mi dinero y lo gasto como me da la gana. Hay que irse de este mundo
    lo más contento que se pueda”.

    Ailién, un joven que bebe sentado en la acera de un bar de Centro
    Habana, sí acepta que está “casado con el alcohol”: “¿Por qué te voy a
    decir mentira?, sí me gusta tomar”. Ailién no tiene trabajo actualmente
    y esquiva la pregunta sobre lo que hace para conseguir el dinero que
    gasta en su adicción: “Tú sabes, el dinero aparece. Aquí en La Habana
    siempre aparece el dinero”.

    Sobre las causas de su alcoholismo, refiere que jamás probó el alcohol
    antes de los 18 años pero que, cuando perdió el trabajo y se trasladó de
    Guantánamo a La Habana, comenzó a beber para “olvidarse de los
    problemas”: “Aquí la vida es dura. Es un poco mejor que en Oriente pero
    no es fácil. Esto te ayuda [se refiere a la bebida] a no pensar mucho,
    pensar demasiado no es bueno”.

    En las cadenas de tiendas en divisa, las estanterías para los artículos
    de primera necesidad están desoladas, las neveras solo exhiben uno o dos
    productos de pésima calidad y a precios inalcanzables para los cubanos
    que viven de un salario estatal, no obstante, se ofertan licores de
    todos tipos y de diversas procedencias tal vez porque son inmunes a esa
    voluntad gubernamental de reducir las importaciones.

    Las estadísticas oficiales sobre el consumo de alcohol en Cuba muestran
    cifras verdaderamente preocupantes, mucho más cuando se las relaciona
    con los índices de suicidio, de muertes por accidentes o por violencia.
    Hasta en la prensa oficial, donde siempre se evitó ahondar en otras
    muchas aristas del fenómeno, se comienza a reconocer que ha habido
    estímulo al consumo, unido a una legislación y programas de prevención
    inefectivos. Mientras tanto, algunos analistas en los medios de prensa
    independientes han señalado tales incentivos como un solapado método de
    control. Sea cual fuere las causas del aumento de las cifras de
    víctimas del alcohol, lo cierto es que el alcoholismo en Cuba no puede
    continuar siendo analizado como un simple asunto de adicciones.

    Source: En Cuba puede faltar la comida, pero el ron no | Cubanet –
    https://www.cubanet.org/destacados/en-cuba-puede-faltar-la-comida-pero-el-ron-no/

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