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    Caimanera, un pueblo zombie

    Caimanera, un pueblo zombie
    Prohibida la pesca, disminuidas la actividad portuaria y las fuentes de
    empleo, acosado por el peligro de la despoblación: el aislado Caimanera
    parece abocado a convertirse en un pueblo fantasma.
    jueves, agosto 20, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

    GUANTÁNAMO, Cuba – Caimanera es un municipio con estatus especial. Con
    una superficie algo superior a los 360 km2 –115 de ellos ocupados por la
    Base Naval estadounidense–, cuenta con una población de alrededor de
    diez mil habitantes.

    El pueblo, enclavado en la bahía de Guantánamo y a 17 km de esa ciudad,
    fue antes de 1959 una comunidad dinámica gracias a la pesca, el
    transporte de pasajeros vía marítima, la actividad portuaria, la
    producción de sal, las ofertas de empleo de la base militar y el
    turismo. Aunque los oficialistas, cuando se refieren a ese período, sólo
    mencionan manchas como la prostitución y la mala conducta de los marines.

    De aquella Caimanera queda muy poco. En lugar de las hermosas casas de
    madera, muchas de ellas edificadas sobre pilotes en el mar, se alzan
    varios edificios de prefabricado, monocordes y lacónicos como la vida
    actual del poblado. Las viejas construcciones desaparecieron por la
    desatención y la escasez de recursos

    La pobreza y las consignas son un binomio inseparable aquí. La Base
    Naval se ve desde los techos de los edificios. Es como una tentadora
    llamada a otro mundo, muy cercano, pero inaccesible por la gran cantidad
    de minas y cercados que la rodean.

    Un pueblo zombie

    En 1985 Caimanera fue declarado municipio especial junto con Boquerón,
    otro poblado allende la bahía donde se realiza la actividad portuaria.
    Desde entonces a los trabajadores se les paga un 30% por encima del
    salario básico y a los lugareños se les vende medio litro de leche
    diario si son mayores de siete años, a diferencia del resto de Cuba,
    donde a partir de esa edad se comercia a precio de mercado. Además,
    reciben una cuota de carne de 115 gramos por persona cada quince días,
    otra condición preferencial.

    Pero tales beneficios no acallan el creciente descontento de los
    caimanerenses, pues desde 1985 el poblado no ha hecho más que retroceder
    en cuanto a lo social y económico.

    Según informaciones recopiladas por una encuesta que CubaNet aplicó el
    pasado mes de julio a 65 caimanerenses, la población disminuye
    progresivamente y quedan muy pocas personas entre los 18 y 40 años de
    edad, debido a las salidas ilegales del país y las migraciones internas.
    Un hombre de 47 años que prefirió el anonimato afirmó que muchos han
    escapado hacia la Base, a riesgo de pisar una mina.

    Otro caimanerense, un joven de 21 años, refiere que la única opción
    recreativa es ver la televisión o sentarse en el parque, porque el cine
    teatro hace varios años que está cerrado y las actividades culturales y
    recreativas son escasísimas. Jamás los artistas de relevancia nacional
    visitan el lugar y los guantanameros lo hacen muy poco. Quizás por eso
    53 de los encuestados (81.53%) están insatisfechos con las opciones
    culturales y recreativas que ofrece el municipio.

    La encuesta también reveló que a pesar de la estimulación salarial hay
    poca circulación monetaria, dado que alrededor del 40 por ciento de los
    trabajadores vive en Guantánamo. En este momento Caimanera sólo recibe
    ingresos por el cobro del servicio del agua, la gastronomía y el
    comercio, pues el puerto de Boquerón pertenece a Santiago de Cuba, la
    salina a La Habana y la Empresa Pesquera a Granma.

    Un hotel vacío y un tren discriminatorio

    Construido a finales de la década de los años ochenta, el hotel
    Caimanera permanece casi siempre vacío. Incide en el hecho que la zona
    está considerada como de alta sensibilidad para la defensa y al poblado
    se accede únicamente mediante un pase autorizado por el Ministerio del
    Interior.

    Los extranjeros tienen que pagar unos diez dólares para dar un incómodo
    viaje en tren hasta el poblado. Se sale a las dos de la tarde de
    Guantánamo, y los nacionales deben cederles sus asientos.

    Al entrevistar a un miembro de la tripulación del tren
    Guantánamo-Caimanera, quien pidió preservar su identidad, el empleado
    aseguró que esa discriminación ocurre cuando el grupo de turistas es muy
    grande. Algo, según él, excepcional. “Cuando algún turista queda de pie,
    le pedimos cortésmente a los demás pasajeros [a los cubanos] que cedan
    sus asientos pues los turistas pagan diez dólares por visitar el
    poblado. Comprenderá usted que por ese precio no deben ir parados”,
    concluyó.

    Un pasajero afirma, en tanto, que para evitar mayores inconvenientes
    primero pasan los turistas y después los cubanos. Sin embargo, “a veces
    han llegado turistas de forma sorpresiva y los tripulantes del tren y
    otras personas vestidas de civil nos hacen entregar los asientos”,
    asegura el viajero. “Yo no sé por qué transportan a esa gente en este
    tren tan malo, con tantas guaguas que tiene el Ministerio de Turismo”,
    concluye.

    Una mujer entrada en años, con mucho misterio, aprovecha que no hay
    nadie prestando atención para conversar un poco. “Te voy a dar mi
    opinión, pero no pongas mi nombre porque yo voy a buscar leche casi
    todos los días y pueden impedírmelo. El problema es que con los turistas
    vienen un montón de guías y de gente de la seguridad y ellos también
    tienen que sentarse. El pasajero no tiene seguro el asiento hasta que
    sale el tren”, cuenta.

    El negocio como vía de sustento

    Luego de la crisis iniciada en los años noventa las posibilidades de
    empleo en Caimanera han ido disminuyendo ostensiblemente, lo que ha
    provocado la búsqueda de vías alternativas de sobrevivencia de sus
    pobladores, entre ellas la venta de la leche que reciben como
    “recompensa” de vivir en un “municipio especial”.

    Siendo un pueblo pesquero, en Caimanera no se venden mariscos ni
    pescado. Quienes están autorizados a pescar deben entregar su trabajo a
    la cooperativa Gustavo Fraga, para que dicha entidad traslade el acopio
    hacia la provincia Granma, donde se elabora el producto y se envía de
    vuelta, ya a precios muy altos.

    Ello ha provocado la proliferación de los pescadores furtivos que pueden
    encargarse además de la comercialización clandestina, si tienen la
    suerte de pasar el control policial establecido en el Combinado Lácteo
    de Guantánamo.

    Pidiendo un permiso de entrada

    La oficina para solicitar un pase de entrada a Caimanera queda en la
    calle Bartolomé Masó. Sin un solo asiento que ofrecer al público, allí
    un funcionario vestido con pantalón verde olivo y camisa oscura decide
    quién puede acceder al pueblo.

    “¿Qué va a hacer Ud. en Caimanera? ¿A qué organismo pertenece?”,
    interroga. Al confesarle la intención de tomar unas fotos como
    periodista independiente, su respuesta es: “Mire, Caimanera es una gran
    unidad militar y exige requisitos especiales para la entrada de visitantes”.

    Ante la pregunta de cuáles son esos requisitos, su reacción es tajante.

    “Usted no los cumple”. ¿Por qué? “No tiene autorización de ningún
    organismo del estado”.

    Inclusive, “las reservaciones en el hotel están sujetas a una aprobación
    especial de la jefatura del MININT [Ministerio del Interior] y lo de los
    turistas no es aparte”, señala el mismo personaje, al preguntarle por la
    posibilidad de una habitación en el hotel del pueblo si uno fuese
    extranjero, en lugar de cubano.

    Los caimanerenses y la Base Naval yanqui

    Una encuesta a 65 caimanerenses reveló que 62 de ellos (95.38%) estima
    que no sería bueno que los norteamericanos devolvieran la Base

    Naval. Entre ellos, 49 señalaron que si eso ocurre pueden perder los
    beneficios por concepto de “municipio especial”, mientras que 57 dijeron
    que la devolución de la Base puede provocar un desplazamiento forzoso
    ante la posibilidad de que el gobierno cubano la convierta en otra base
    militar, o en una zona franca o turística.

    El 96.92 % de los encuestados considera bueno que los norteamericanos
    vuelvan a ofertar empleos, algo que hasta ahora no ha permitido el
    gobierno cubano.

    Prohibida la pesca, disminuidas notablemente la actividad portuaria y
    las fuentes de empleo, y acosado por el peligro de la despoblación,
    Caimanera parece abocado a convertirse en un pueblo fantasma.

    Source: Caimanera, un pueblo zombie | Cubanet –
    https://www.cubanet.org/actualidad-destacados/caimanera-un-pueblo-zombie/

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