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    La saga de Elián González – historias clínicas de la prensa cubana

    La saga de Elián González: historias clínicas de la prensa cubana
    Posted on 29 junio, 2015
    Por Wilfredo Cancio Isla

    Elián González ha vuelto a las noticias por estos días. Este 28 de junio
    se cumplieron 15 años de que se cerrara el ciclo del Caso Elián en
    Estados Unidos, con el regreso a Cuba junto a su padre, Juan Miguel
    González Quintana, condecorado después como héroe por el propio Fidel
    Castro. Fue el punto final de una agónica batalla que arrastró por siete
    meses a la comunidad exiliada de Miami, enfrentada a la voluntad del
    gobierno cubano de retornar al niño balsero a la isla.

    Viví aquellos dramáticos días en el vórtice de la cobertura periodística
    del caso desde Miami. Fueron jornadas extenuantes y tremendamente
    retadoras desde el punto de vista profesional por la amplia gama de
    implicaciones que cobraba cualquier revelación, testimonio o
    posicionamiento en torno al destino que debía transitar el menor,
    inmerso ya en una tragedia que sus seis años le impedía aquilatar.

    Desapolillando archivos

    Casualmente revisando archivos personales -conservo hasta pancartas de
    las manifestaciones de la época- he repasado uno de los documentos más
    desconcertantes que por los días de Elián en Miami vieron la luz en el
    diario Granma. Se trata de un editorial en seis partes y 33 páginas que
    se publicó bajo el título de “Conducida por la amenaza a la tragedia”,
    el 8 de febrero del 2000, a manera de reivindicación de Elizabeth
    Brotons, madre de Elián y fallecida en la travesía hacia las costas de
    la Florida.

    Un joven colega, quien era aún niño cuando las manifestaciones por Elián
    a ambos lados del Estrecho de la Florida, no puede creerme la presencia
    de párrafos como este en el texto mencionado: “Es muy dudoso que
    Elizabeth hubiese pensado jamás dar la vida para que su hijo viviera en
    el país donde nunca hubiera nacido”. (sic)

    Hay perlas para la historia en este editorial de periodismo maltrecho,
    que varias fuentes me han confirmado, a lo largo de los años, fue
    revisado y aprobado por Fidel Castro, estratega y líder de la batalla
    política y propagandística (Batalla de Ideas, con generosos presupuestos
    añadidos) por el regreso de Elián. Su último gran proyecto movilizativo
    antes del retiro forzoso por la hemorragia intestinal de julio del 2006.

    Me detengo además en el kilométrico artículo -acaso el editorial más
    extenso que recuerde la historia del antiperiodismo nacional- por un
    hecho insólito. El uso y la reproducción de fragmentos del Resumen de
    Historia Clínica de consulta de riesgo genético de Juan Miguel y
    Elizabeth, archivada por el Hospital Gineco-Obstétrico “Ramón González
    Coro”de La Habana. Aunque el escriba afirma que los detalles del
    expediente médico “se da conocer con autorización del padre y los
    abuelos de Elián”, resulta realmente inconcebible que un ejercicio
    político desde el más alto nivel haya tenido que recurrir a una
    revelación íntima tan sensible y, por demás, los familiares de la
    fallecida hayan accedido a permitirlo en función de fines propagandísticos.

    Conteo de embarazos

    Basadas en el conteo de los siete embarazos fallidos de Elizabeth, el
    artículo hace afirmaciones de burda polarización política respecto al
    drama: “La obra esmerada de la Revolución Cubana en la atención a la
    maternidad y la infancia hizo posible el milagro de que Elián viniera al
    mundo. No fueron médicos de un hospital norteamericano los que la
    alentaron y la atendieron esmeradamente. En aquel país, las familias
    modestas no pueden pagar esos costosos servicios, calculados en decenas
    de miles de dólares, que en Cuba son absolutamente gratuitos”.

    Hay también una larga descaracterización de Lázaro Munero, la pareja de
    Elizabeth Brotons y organizador de la fatídica operación de fuga,
    utilizado testigos que lo conocieron desde la infancia.

    Pero sin dudas uno de los momentos climáticos del editorialista es
    cuando acomete la evaluación formativa, familiar y moral de dos de los
    sobrevivientes de la travesía que figuraban como testigos antes las
    autoridades estadounidenses: Arianne Horta Alfonso y Nivaldo Fernández
    Ferrán.

    En ambos casos, la estigmatización acude a la inestabilidad de sus
    relaciones afectivas.

    Después de afirmar Arianne que “crece en el seno de una familia
    revolucionaria” y contrae matrimonio a los 12 años, el artículo
    relaciona que tras divorciarse inicia en 1993 “relaciones estables de
    pareja” con un ciudadano que le proporcionó la establidad necesaria como
    para que alcanzara el duodécimo grado. Pero -a juicio del editorialista-
    en agosto se produce la separación de la pareja “de la cual fue ella la
    principal responsable”.

    “A partir de entonces hay un cambio abrupto en su conducta y comienza a
    llevar una vida desordenada y promiscua. Según personas que la
    conocieron bien, le gustaban demasiado las fiestas, vestía e forma
    extravagante y dedicaba la mayor parte de su tiempo a visitar centros de
    recreación de Varadero, acompañada de turistas extranjeros o con jóvenes
    de relativa solvencia económica”, apunta el texto, que concluye
    evaluando la conducta de la muchacha de “moral y socialmente pésima”.

    De baja catadura moral

    En el caso de su compañero, Nivaldo, se asevera que fue regresado de una
    misión de colaboración en Checoslovaquia en 1986 por indisciplinas que
    consistían en “su excesiva dedicación a la búsqueda de relaciones
    amorosas”. (sic)

    Y añade el redactor en una afanosa postura moralista: “Desde el punto de
    vista social, era conocido como un individuo mujeriego. Se relacionaba
    con mujeres de baja catadura moral, de vida desordenada. Mantenía una
    conducta ostentosa, alardeaba de tener dinero, avaricioso, prepotente, y
    abusador con las mujeres, a las cuales exigía dinero. Gustaba del buen
    vestir”.

    Aunque a 15 años del comienzo de la “nueva vida” para Elián, su caso es
    para muchos el eco cansado de una página del pasado reciente, a la luz
    del tiempo resulta cada vez más incuestionable que los sucesos que
    rodearon este conflicto tripartido entre La Habana-Washington-Miami fue
    un parteaguas en la vida de la comunidad exiliada, y sentó las bases
    para generar cambios en la visión y la política hacia el régimen cubano
    que culminaron con la decisión del presidente Barack Obama el pasado 17
    de diciembre.

    Tal vez la historia de Elián tiene varios capítulos por escribir aún. No
    debemos sorprendernos de que sus declarados deseos de visitar Estados
    Unidos para agradecer al pueblo norteamericano por su regreso a la isla
    sean ya un proyecto pactado, propicio para confirmar los derroteros de
    la política de la Casa Blanca y diseminar un mensaje de “reconciliación
    familiar” entre cubanos de ambas geografías.

    Aunque después del revuelo armado en los medios internacionales por su
    eventual visita a Estados Unidos, el joven universitario, convertido en
    líder cederista, se aprestó a deshacer entuertos en una reciente
    entrevista: “Me siento un patriota. No hay quien me haga abandonar este
    suelo…”

    Desde mi perspectiva personal, quedan por desentrañar múltiples
    fragmentos de la intrahistoria del caso de Elián. La memoria suele tener
    un efecto preventivo en los pueblos para evitar las repeticiones
    infaustas, pero a veces dudo que así sea para la situación cubana.
    Repasar un documento como este editorial de Granma me parece que deja
    una lección para los más jóvenes periodistas sobre lo que no debe
    hacerse nunca por muy poderosa que sea la fuerza de mando y muy
    totalitaria que sea la imposición política.

    Y como el joven colega no estaba convencido, lo reproduzco aquí para
    paliar su incredulidad.

    CONDUCIDA POR LA AMENAZA Y LA VIOLENCIA A LA TRAGEDIA

    Aunque los autores de todos los testimonios que aquí se utilizarán los
    han suscrito con sus firmas y han autorizado su publicación, en unos
    pocos casos, por justificadas razones, se omitirán sus nombres para
    preservar su identidad y, con ella, su personal prestigio. No se
    utilizarán palabras demasiado crudas para calificar conductas cuando se
    trate de jóvenes que quedarían marcadas para siempre, o personas
    tratadas con dureza que tienen vínculos de familia con ciudadanos
    decentes que han colaborado con la investigación y merecen
    consideración, y lo más digno de tener en cuenta: niños que están
    creciendo y algún día serán adultos y llegarán a conocer esta dolorosa
    historia en la que familiares allegados han incurrido en conductas
    bochornosas.

    Tampoco se omitirá nada esencial, ni será exagerado un solo dato ni
    escrita una palabra por odio o por venganza. Se trata de que la opinión
    nacional e internacional conozca a veces en detalle verdades rigurosas y
    hechos. Por el menor resquicio que se deja libre, no tardan en surgir
    las más asquerosas intrigas y mentiras de gentes desesperadas que no
    tienen la menor noción de ética. No hay nada más poderoso que la verdad.

    Cuando las valerosas abuelas de Elián arribaron al aeropuerto de Nueva
    York, a las 3 y 35 de la tarde del viernes 21 de enero, con hora y media
    de retraso, se enfrentaron en el propio aeropuerto a varios cientos de
    reporteros y camarógrafos en una improvisada conferencia de prensa. Al
    explicar la razón por la cual su hija Elizabeth, madre de Elián, había
    viajado con el niño en aquel ilegal y fatal viaje, la digna abuela, en
    tono tan sentido y resuelto que no dejaba lugar a duda sobre la
    sinceridad con que expresaba una convicción profunda, dijo: “Muchos se
    preguntarán y dicen que es la voluntad de la mamá de Elián que el niño
    se quede aquí. Yo hablo por ella, que la conocí bien, porque fui su
    madre y sé cómo ella pensaba, cómo ella actuaba, y si ella dio ese paso
    fue porque tenía un esposo que era muy violento y la amenazaba, lo cual
    la condujo a esta tragedia.”

    No pocos infames han tratado de rebatir las palabras de aquella noble
    abuela que perdió de forma trágica a su única hija y además le había
    sido arrebatado de la forma más injusta y despiadada su pequeño nieto.
    Era para ellos imprescindible y convenía a su política, mancillar a
    aquella joven madre con lo que para los vendepatrias sería un triple
    mérito contrarrevolucionario y para nuestro pueblo un triple crimen
    contra el niño, contra la familia y contra la patria. Era cuestión vital
    para sus ruines propósitos retener a toda costa en territorio
    norteamericano al niño secuestrado, aunque fuese desollando su alma en
    vivo, sostener la ridícula y peregrina leyenda de que “la madre de Elián
    sacrificó su vida para que su hijo creciera en un país libre”.

    No admitían siquiera que pudiera ser cuestionada la idea de que para
    educar a un niño en una sociedad que tales crímenes y monstruosidades
    tolera, mereciese el sacrificio de la vida de una madre cuya patria hace
    más de 40 años quieren hacerla rendir por enfermedad y hambre, incluidos
    los millones de niños y adolescentes que en nuestro país, sometido a
    implacable guerra económica, estudian y se educan sin excepción alguna,
    sin que haya posibilidad remota de ver crecer a un analfabeto, y con los
    más altos índices de conocimiento y los menores riesgos de mortalidad de
    América Latina, incluyendo en nuestra región a Estados Unidos.

    Vayamos a los hechos que queremos plantear.

    ¿Quién era Elizabeth Brotons Rodríguez?

    Las autoridades revolucionarias, desde los primeros días del problema
    creado en torno al niño secuestrado, realizaron un especial esfuerzo de
    indagación, búsqueda de datos, informes precisos sobre aspectos
    esenciales de los hechos y recopilación de noticias relacionadas con las
    personas y las familias de una forma u otra involucradas o víctimas de
    lo sucedido.

    En primer lugar, después de recibir el 27 y 28 de noviembre las cartas
    recabando el apoyo del gobierno a través del Ministerio de Relaciones
    Exteriores, suscritas respectivamente por el padre y la abuela materna
    del niño Elián González Brotons –que no había cumplido siquiera 6 años–,
    retenido ilegalmente en Estados Unidos, lo que se hizo fue proceder a
    indagar, como es de elemental lógica, quién era el padre, único acreedor
    a la patria potestad; su grado de vinculación con el niño, la atención
    que le ofrecía, relaciones con sus abuelos maternos y paternos, conducta
    social y moral, carácter personal, grado de afecto por su hijo y todas
    las demás circunstancias que era necesario conocer antes de que el país
    se enfrascara en una lucha que no podría partir de la ilusión de que un
    juez de la Florida daría la razón a una reclamación cubana, algo que no
    ha ocurrido jamás en más de 40 años de Revolución. Bloqueo, crímenes y
    agresiones, es lo único que ha recibido nuestro pueblo desde allí. Había
    que librar, como única alternativa, una batalla de opinión nacional e
    internacional para alcanzar la devolución del niño. Tal batalla no se
    podría librar jamás sin los más sólidos fundamentos no sólo legales sino
    también morales.

    Quiso el azar que en este caso no sólo se trataba de un buen padre,
    honesto, sincero, cumplidor de sus obligaciones con el niño, sino de un
    padre excepcionalmente bueno y apegado a su hijo, víctima de un atroz
    despojo. Además del padre, había dos familias humildes, honestas,
    estrechamente unidas, respetadas y queridas por todos los vecinos en la
    comunidad donde residen, que eran también víctimas del secuestro.
    Aquellas primeras impresiones sobre ambos núcleos familiares se fueron
    corroborando día a día, semana tras semana de intensa y sufrida lucha:
    talento natural, fortaleza moral y el valor para luchar que generan la
    razón y el derecho. Cuatro abuelos directos por vía materna y paterna y
    el único progenitor sobreviviente con las características mencionadas, y
    entre ellas, por razones que se comprenderán más adelante,
    entrañablemente unidos al niño secuestrado, conformaban una base
    inexpugnable legal, moral y humana para reclamarlo con toda la razón y
    la fuerza del mundo.

    Siguiendo esta línea, logramos reunir una gran cantidad de información
    que servirá no sólo para la lucha por la liberación de Elián, sino para
    que nuestro pueblo y todas las personas que fuera de Cuba se interesan
    por el caso cuenten con los elementos de juicio para juzgar con
    objetividad los principales personajes, vivos o fallecidos, envueltos en
    el drama y en especial a la madre del niño, al principal artífice de la
    aventura que desató la tragedia, y a los dos sobrevivientes utilizados
    hoy en la campaña infame que la mafia contrarrevolucionaria y sus
    aliados en el Congreso de Estados Unidos a toda costa están realizando
    para impedir el regreso del niño cubano.

    ¿La madre de Elián, Elizabeth Brotons, era acaso una gusana, una lumpen,
    una contrarrevolucionaria, una jinetera, una joven impura y corrompida?

    A grandes rasgos, ¿qué sabemos de ella, de su educación, carácter,
    conducta, ideas, trabajo, prestigio social y su historia como joven
    madre cubana cuya vida tan prematuramente se había perdido?

    Elizabeth nace en Cárdenas, provincia de Matanzas, el 10 de septiembre
    de 1969, casi once años después del triunfo del Primero de Enero, en el
    seno de una familia revolucionaria y trabajadora. Como todos los niños
    cubanos, tuvo a su alcance una escuela, tal vez modesta en lo material,
    pero con personal consagrado y cada vez más calificado para educarla.

    Inicia sus estudios primarios en la escuela “Roberto Fernández” del
    municipio de Cárdenas, donde cursa desde el preescolar hasta el quinto
    grado. Concluye el sexto grado en la escuela “Emilia Casanova”, del
    propio municipio. Comienza los estudios correspondientes a la enseñanza
    media en la Escuela Secundaria Básica “Capitán Guillermo Geilín”.
    Durante ese período de nueve años mantuvo una actitud destacada en el
    orden docente, social y disciplinario. Ocupa los cargos de Jefa de
    Destacamento y Monitora de Geografía. Participa activamente en desfiles,
    actividades culturales y deportivas y en las jornadas de la Escuela al
    Campo.

    Continúa sus estudios en el Politécnico “6 de Agosto”, municipio de
    Calimete, en la especialidad de Técnico Medio en Secretariado. No los
    concluye por presentar problemas de salud. Se incorpora posteriormente a
    la Facultad Obrero-Campesina “José A. Echeverría”, de Cárdenas, donde
    cursa y concluye la enseñanza media superior con buenos resultados
    académicos. Matricula más tarde en el Politécnico de Hotelería y Turismo
    de Varadero, y se gradúa en la especialidad de camarera y primer nivel
    de inglés. Cumple satisfactoriamente con todas las actividades
    programadas en dicho centro.

    Desde el punto de vista político y revolucionario, se conoce que
    Elizabeth se incorpora a la Federación de Mujeres Cubanas y a los
    Comités de Defensa de la Revolución en 1983, a los 14 años, y ocupa
    cargos de Educación y Vigilancia a nivel de cuadra, con una buena
    participación en las reuniones, guardias, asambleas, trabajos
    voluntarios y demás tareas, manteniendo buenas relaciones sociales con
    todos sus vecinos.

    También se conoce de su destacada participación en la Sección Sindical
    de su centro de trabajo y en las Milicias de Tropas Territoriales.

    En 1991, a los 22 años, comienza su vida laboral en la creciente
    industria del turismo, y es ubicada en el Hotel Paradiso-Punta Arenas,
    de Varadero, de cuyo colectivo formó parte desde que fue inaugurado el
    hotel y en el que permaneció hasta los días de su muerte.

    Al año siguiente se le otorga la militancia de la Unión de Jóvenes
    Comunistas por su actitud tanto en el cumplimiento de su trabajo como en
    las actividades políticas. Según el criterio unánime de sus compañeros
    de trabajo, era una destacada trabajadora, muy profesional y preocupada
    en la ejecución de sus funciones, intransigente, activa, seria y con muy
    buenas relaciones con su colectivo. Por todo ello, 5 años después, en
    1997, se le otorga el ingreso al Partido Comunista de Cuba, manteniendo
    la doble militancia al continuar atendiendo el comité de base de la
    Juventud entre las amas de llaves del propio hotel. Mantiene esa
    responsabilidad hasta el momento del dramático viaje que le costó la
    vida. Había contraído matrimonio con Juan Miguel González Quintana en
    agosto de 1985. Fueron novios desde que ella tenía 14 años. Juan Miguel
    había sido, según cuentan los abuelos, su primer y único novio. Se
    divorcian seis años después, en mayo de 1991. Reiterados intentos por
    tener un hijo se habían frustrado. Se atribuye a esta circunstancia la
    causa principal del divorcio formal. Continuaron, sin embargo,
    manteniendo relaciones matrimoniales normales. Siguen luchando por tener
    el hijo, y después de siete embarazos a lo largo de sus relaciones
    matrimoniales, que se frustran de manera natural, uno solo de los cuales
    sobrepasó los seis meses, logran el ansiado objetivo.

    Habiendo solicitado los servicios genéticos del hospital
    Gineco-Obstétrico “Ramón González Coro” de la Capital, uno de los más
    especializados del país, donde se investigó a la pareja a fondo, les
    aseguran la posibilidad de tener hijos e instruyen a Elizabeth sobre las
    medidas que debe adoptar bajo la atención de los especialistas del
    servicio gineco-obstétrico de Matanzas. En el octavo embarazo logran el
    ansiado objetivo: nace Elián el 6 de diciembre de 1993. Habían
    transcurrido 8 años de angustiosa espera. La obra esmerada de la
    Revolución Cubana en la atención a la maternidad y la infancia hizo
    posible el milagro de que Elián viniera al mundo. No fueron médicos de
    un hospital norteamericano los que la alentaron y la atendieron
    esmeradamente. En aquel país, las familias modestas no pueden pagar esos
    costosos servicios, calculados en decenas de miles de dólares, que en
    Cuba son absolutamente gratuitos. Es muy dudoso que Elizabeth hubiese
    pensado jamás dar la vida para que su hijo viviera en el país donde
    nunca hubiera nacido.

    Como constancia de lo que se acaba de afirmar, por si alguien lo dudara,
    consideramos conveniente ilustrarlo con algunos datos de interés
    contenidos en el Resumen de Historia Clínica #1640 de la primera
    consulta de riesgo genético de Juan Miguel y Elizabeth en el Hospital
    Gineco-Obstétrico “Ramón González Coro”, que se dan a conocer con
    autorización del padre y los abuelos de Elián:

    “Motivo de consulta: Abortos espontáneos a repetición e interrupción del
    embarazo por Oligoamnios severo incompatible con la continuación del
    embarazo y sospecha de malformación fetal.

    “Antecedentes personales y familiares: No antecedentes personales ni
    familiares de afecciones genéticas ni malformaciones congénitas en
    ninguno de los miembros de la pareja.

    “Exposición a radiaciones: No.

    “Exposición a virus: No.

    “Infección u otras enfermedades: No.

    “Estudios previos de toxoplasmosis: Sí (durante todos los embarazos). No
    recibió tratamiento previo con ningún medicamento.

    “Asiste a esta consulta en busca de asesoramiento genético la pareja de
    adolescentes con gran interés de lograr un hijo normal.

    “Se indica:

    “Determinación de ácido fólico en sangre materna.

    “Fijación de complemento para estudio de toxoplasmosis a ambos miembros
    de la pareja.

    “Cariotipo (estudio de cromosomas en sangre periférica a ambos miembros
    de la pareja)

    “Resultados de los estudios realizados a la pareja:

    “Fijación de complemento: negativo.

    “Cariotipos en sangre periférica:

    madre: 46,XX (normal)

    padre: 46,XY (normal)

    “Determinación de ácido fólico en suero materno: normal.

    “Se concluye el estudio como pérdidas de embarazo de causas no cromosómicas.

    “Reconsulta el 5/04/1989.

    “Acude porque el día 23 de marzo de 1989 tuvo un nuevo aborto espontáneo.

    “Se recomienda asistir a consulta en próximo embarazo.”

    Juan Miguel y Elizabeth siguieron rigurosamente las instrucciones de los
    especialistas hasta que 5 años más tarde lograron un embarazo que
    culminó en el nacimiento del hijo que ahora les arrebatan al padre y a
    los abuelos maternos y paternos lejanos parientes que ocupan la quinta
    categoría en la escala familiar, que lo vieron ya nacido, una sola vez
    en la vida.

    La nueva madre en la que -según una “venerable monja neutral”- ha
    reencarnado para Elián la que perdiera en el naufragio, es una joven de
    22 años, la misma edad en que Elizabeth comienza a realizar un duro y
    honesto trabajo, con el cual supo cumplir cabal y ejemplarmente a pesar
    de sus ansias de tener un hijo después de numerosos embarazos
    frustrados, lo que al fin logra, con impresionante tenacidad y
    sacrificio, sin necesidad de robárselo a nadie.

    Cumplidos ya tres años de nacido Elián, en febrero de 1997, casi doce
    después de casados, ambos padres, que ya estaban formalmente divorciados
    desde 1991, deciden separarse. Las relaciones como de hermanos y la
    atención esmerada de ambos al niño jamás cambiaron. Igual sucedía en la
    relación con los abuelos.

    Cuatro meses después de la separación, Elizabeth establece relaciones
    con un joven de Cárdenas llamado Lázaro Rafael Munero García, que más
    adelante se conocerá mejor. En agosto de 1997, Munero va a residir a la
    casa de los padres de Elizabeth, donde la pareja mantiene relaciones al
    parecer normales.

    Apenas diez meses más tarde, el 27 de junio de 1998, Lázaro Munero
    abandona ilegalmente el territorio nacional rumbo a Estados Unidos en
    una lancha. Trata de llevarse a Elizabeth y al niño, pero ella se niega
    categóricamente a seguirlo.

    Casi exactamente 4 meses después, el 26 de octubre, Munero regresa a
    Cuba, de forma igualmente clandestina, con otro ciudadano de origen
    cubano residente en Estados Unidos, por un punto llamado Bahía de Cádiz,
    situado en el municipio de Corralillo, provincia de Villa Clara.
    Tropieza con una posta de guardafronteras y es arrestado.

    El doble y extraño acto de salida y regreso ilegales, unido a los
    antecedentes que aún no se han mencionado, determinan la medida cautelar
    de prisión provisional mientras concluyen la investigación y el juicio.
    Permanece por ello arrestado alrededor de ocho semanas en la ciudad de
    Santa Clara. El 31 de diciembre de 1998 es remitido a Cárdenas, lugar
    donde residía al partir de Cuba ilegalmente, bajo arresto domiciliario.

    Vuelve así de nuevo a la casa de los padres de Elizabeth. Comienzan
    entonces fuertes divergencias entre Munero y los suegros, que llegan al
    extremo de que aquel los agrediera físicamente, lo que hace imposible
    que continuara conviviendo en aquella vivienda. Alquila una casa en otro
    barrio de Cárdenas. Disponía de fondos. Se lleva a Elizabeth –con la que
    se había reconciliado después del regreso– y al niño, que compartía la
    estancia casi por igual entre su padre y su madre.

    Es criterio generalizado entre las amistades más allegadas y los que más
    conocían a Elizabeth, que Munero, con su carácter dominante y violento,
    ejercía una influencia funesta y extraña sobre Elizabeth; que sólo bajo
    amenazas pudo haberse arriesgado la madre de Elián a esa aventura, en
    especial llevando a su hijo, a quien adoraba en la misma medida en que
    lo había deseado durante muchos años; y que incluso no asistió los
    últimos días a su centro laboral porque no habría podido ocultar su
    drama a tantos compañeros y amigos con los cuales compartió durante casi
    diez años su ejemplar trabajo.

    A continuación algunos de los testimonios textuales de las amistades que
    conocían muy bien a Elizabeth:

    Yoslayne Llama Garrote, residente en Cárdenas: “Conocí a Elizabeth
    Brotons cuando contrajo matrimonio con Juan Miguel González Quintana,
    estrechando las relaciones con ella desde que salió embarazada de
    Eliancito. En honor a la verdad debo decir que, aunque separados,
    mantenían los mismos niveles afectivos hacia el niño. Después de esto y
    pasado un tiempo es que conozco de las relaciones amorosas entre
    Elizabeth y Lázaro Munero García. Ahora, recordando cómo era ella, me
    viene a la mente su carácter callado, serio, ajustada a las reglas de la
    convivencia social, cosas estas que variaron por sus continuas broncas y
    discusiones con Munero García. Yo pienso que a partir de ahí él comienza
    a golpearla, ya que un día llegué a su casa y la encontré con un ojo
    amoratado; en otra oportunidad la muñeca de una mano la tenía hinchada,
    y aunque le preguntaba Elizabeth siempre trató de ocultarlo. Era una
    madre sumamente preocupada por su hijo y su familia en general, aunque
    en los últimos tiempos, si Munero García le decía que no podía llevarle
    algo a su madre, no lo hacía, al parecer por temor a las discusiones con
    él, y en todas las conversaciones que tuve con ella, incluso de tipo
    íntima, nunca me manifestó su deseo de abandonar el país y mucho menos
    arriesgar así a su hijo, por el que sentía verdadera adoración.”

    Lourdes Martell González, residente en Cárdenas: “Soy prima hermana del
    padre del niño Elián González Brotons. Por ello, al nacer este, lo acojo
    como ahijado. Recuerdo que cuando Juan Miguel y Elizabeth Brotons se
    divorcian, comienzo a visitarla en su casa con la finalidad de ver al
    niño. A partir de ese momento, conocí al ciudadano nombrado Lázaro
    Rafael Munero García. Muy particularmente pude observar que en Elizabeth
    se comienza a producir un cambio de conducta, ya que se mostraba
    temerosa, retraída, como con miedo a ofender a Munero García.”

    David Muñiz Pérez, residente en Cárdenas: “Conocí a Elizabeth Brotons
    desde que era una niña, caracterizándose por ser buena estudiante.
    Posteriormente, al crecer, se casa con Juan Miguel González Quintana,
    con el que tiene al niño Elián González Brotons. Ambos deseaban mucho
    tener un hijo, por lo que este creció en sus primeros años rodeado de un
    ambiente familiar positivo. A Lázaro Munero García lo conocí cuando se
    unió a Elizabeth, la que cambió al parecer por las constantes
    discusiones con éste, teniendo en cuenta que se conducía como un
    antisocial, lo cual provoca que Elizabeth tenga que abandonar su
    domicilio por problemas de Lázaro con el padrastro de esta, llamado
    Rolando, quien no entendía por qué Lázaro tenía que vivir sin trabajar
    explotando a Elizabeth. ”

    ¿Quién era Lázaro Rafael Munero García?

    El organizador y responsable principal de la tragedia de Elián, la
    muerte de Elizabeth y la de otras personas hasta completar un total de
    once ciudadanos cubanos que perdieron la vida en aquella absurda
    aventura, fruto directo como otras muchas de una ley descabellada y
    genocida concebida contra Cuba, vigente en Estados Unidos desde hace 33
    años, resultó ser en este caso un joven, cuya ilustrativa historia como
    estudiante y como ciudadano es digna de conocerse y meditarse para sacar
    las conclusiones pertinentes.

    Nació en la Ciudad de La Habana, el 12 de enero de 1975. En 1979, cuando
    tenía 4 años, su familia se traslada a la zona petrolera del municipio
    de Varadero, donde su padre laboraba como operador de equipos de
    extracción. Se conoce que el medio familiar no era favorable. En su
    núcleo eran constantes las discusiones y desavenencias entre ellos y
    también con los vecinos. Algunos consideran que esto pudo influir mucho
    en el desarrollo ulterior de su personalidad.

    Como todos los niños, adolescentes y jóvenes cubanos, tuvo también
    posibilidad de estudiar gratuitamente. Tan pronto arribó a la edad
    escolar, ingresó en la escuela primaria “13 de Marzo”, del municipio
    Cárdenas. Allí cursa los primeros seis grados. Aunque los resultados
    docentes fueron aceptables, al finalizar esta etapa sus maestros lo
    caracterizaron como un niño intranquilo que con frecuencia reñía con sus
    compañeros de estudio y violaba otras normas del reglamento escolar.

    Ingresa en la escuela secundaria básica “Capitán Guillermo Geilín”, del
    propio municipio. No progresa en su comportamiento social. Al concluir
    sus estudios en este centro, la valoración de su conducta es similar. Se
    van perfilando cada vez más en él características y reacciones que
    preocupaban y recababan la atención de sus profesores. Recibe, no
    obstante, como todos los graduados de noveno grado, una beca para
    iniciar los estudios correspondientes a la enseñanza media superior, e
    ingresa en la escuela preuniversitaria “Héroes de Playa Girón”, del
    municipio Jagüey Grande, en la propia provincia de Matanzas. Su conducta
    social continúa empeorando en relación con la disciplina.

    Según testimonios de los profesores, durante la estancia de Lázaro
    Munero en esa escuela se caracterizaba por ser una persona agresiva
    fundamentalmente hacia las muchachas, a las que maltrataba físicamente y
    de palabra.

    Fue expulsado de esta escuela por participar en el lanzamiento de latas
    y pomos con excremento hacia la plazoleta de dicho centro.

    A fin de no dejarlo fuera del sistema de enseñanza escolar, se le
    ingresa en otro centro, la escuela preuniversitaria “Emilio Roig”, donde
    continuó los estudios de décimo grado. Nuevas riñas. Sus conocimientos
    de las técnicas de judo, que había aprendido en la secundaria básica,
    los utilizaba para golpear y abusar de los demás.

    Los profesores recuerdan de modo particular una vez que empleó violencia
    realmente excesiva y traumática contra un estudiante causándole daño.

    Llegó más lejos estando ya en la escuela “Emilio Roig”: En ocasión de
    celebrarse un chequeo de emulación en el IPUEC “Héroes de Playa Girón”,
    de donde había sido expulsado, Lázaro Munero originó un desorden e hirió
    con un punzón a un estudiante.

    No concluyó el décimo grado, que correspondía al curso 1989-1990.
    Abandonó la escuela, se desvinculó de los estudios y se insertó en el
    ambiente delictivo.

    Dejemos que los testimonios nos cuenten sobre el personaje:

    Enrique Ramírez Mendoza, natural de Ciudad de La Habana, subdirector de
    producción de la escuela secundaria básica “Cecilio Miranda Díaz”,
    municipio de Jagüey Grande: “Conocí al ciudadano nombrado Lázaro Rafael
    Munero García en ocasión de que este fuera trasladado desde el Instituto
    Preuniversitario ‘Héroes de Playa Girón’ hacia el centro
    preuniversitario ‘Emilio Roig’, donde en ese entonces yo era director.
    Este venía trasladado por problemas de conducta. Recuerdo que era un
    alumno al que le gustaba sobresalir con actitudes negativas dentro del
    resto del alumnado, con conductas guaposas. También recuerdo que en
    ocasión de celebrarse un chequeo de emulación en el Preuniversitario
    ‘Héroes de Playa Girón’, este se fugó con otro alumno llamado Michel
    González llegando al centro que les dije y formando un desorden que
    terminó con un puntazo que Lázaro Munero le propinó a otro estudiante
    con ayuda de un punzón.

    “Incluso esa misma noche acudieron a la escuela ‘Emilio Roig’ dos
    compañeros de la PNR encargados de la investigación, los que procedieron
    a conversar con ambos, o sea Lázaro Munero y Michel González, quienes
    reconocieron inmediatamente su participación en los hechos.

    “Después de esto, Munero García continuó en la escuela, pero no llegó a
    terminar el curso escolar por su actitud negativa.”

    Zaida Elisa Izquierdo Morejón, profesora de la escuela preuniversitaria
    “Héroes de Playa Girón”. “Desde el año 1985 me encuentro laborando en el
    Instituto Preuniversitario ‘Héroes de Playa Girón’, donde tuve como
    alumno al ciudadano nombrado Lázaro Rafael Munero García, quien en aquel
    entonces cursaba el décimo grado. Recuerdo que este se caracterizaba por
    ser una persona agresiva, fundamentalmente con las muchachitas, a las
    que maltrataba de obra y les decía palabras obscenas, era indisciplinado.

    “Haciendo memoria, además, me acuerdo que en una oportunidad se
    comenzaron a suscitar hechos de lanzamiento de latas y pomos con
    excremento hacia la plaza del centro, determinándose finalmente que
    Lázaro Munero era el líder negativo del grupo. Personalmente hablé con
    él en varias oportunidades para que cambiara su actuar, sin resultado
    alguno, ya que no era receptivo a la crítica, por lo que finalmente lo
    expulsaron del centro.”

    Lucía Bacilia Pérez Peñafuerte, natural de Corralillo, profesora de la
    Facultad “Carlos Marx”, del poblado de Agramonte, municipio de Jagüey
    Grande. “Conocí al ciudadano nombrado Lázaro Rafael Munero García cuando
    este estaba en el Instituto Preuniversitario ‘Héroes de Playa Girón’.
    Por ese entonces yo me desempeñaba como profesora guía en el curso
    1989-90. Recuerdo que este alumno académicamente era promedio, por demás
    introvertido. Gustaba de destacarse y sobresalir por encima del resto
    del alumnado contando chistes con la finalidad de que se lo celebraran.
    Recuerdo además que Munero García tenía una novia a la que maltrataba
    físicamente. Yo pienso que este alumno tenía graves problemas de
    conducta, aunque nunca conocí a sus padres ya que no visitaron la
    escuela. Después que salió de este centro, lo reubicaron en el
    Preuniversitario ‘Emilio Roig’, donde también confrontó problemas que lo
    llevaron a no concluir el curso escolar.”

    Orestes Marrero de la Horda, estudiante del Politécnico de Turismo de
    Varadero. “Yo puedo decir que Munero García, cuando estaba cursando la
    secundaria, comenzó a entrenar judo, cuestión esta que le provocó una
    gran inclinación hacia la guapería, demostrado esto en todos los
    problemas de riñas que tuvo, tanto en las escuelas como en la calle,
    recordando entre ellas, y por cierto muy renombrada, la bronca que tuvo
    en la casa de los estudiantes de esta ciudad, donde se enfrentó a varias
    personas, y otra que sostuvo en el círculo de la Empresa del Petróleo,
    que le costó la expulsión del mismo, o sea que este ciudadano casi
    siempre andaba metido en discusiones y desórdenes por su propia forma de
    ser.”

    Ilián Abel Rodríguez Formoso, vecino de Lázaro Rafael Munero García:
    “Sobre este puedo decir que se pasaba la vida sin vínculo laboral.
    Constantemente se le veía en negocios de carácter ilícito, de los cuales
    sacaba las ganancias monetarias para vivir por encima de sus
    posibilidades. Además de esto puedo decir que con sus vecinos no
    mantenía buenas relaciones, jamás lo vi compartir con ninguno. Además,
    era una persona que practicaba la guapería y vivía en su mundo.”

    Dagoberto Munero Molina, hermano del padre de Lázaro, natural de
    Caibarién y ayudante de la Empresa de Perforación y Extracción de
    Petróleo de Cárdenas: “Lázaro fue siempre una persona guaposa, que
    trataba mal a su propia familia (padre, hermano y esposa), no siendo así
    con su madre, María Elena García García, la cual era de carácter fuerte,
    y entre ella y mi sobrino hacían lo que querían en la casa. También me
    consta que las discusiones entre Lázaro y su padre eran fuertes. Puedo
    expresar que Lázaro le daba muy poca atención a su hijo (un hijo que,
    como se verá después, había tenido con una joven estudiante), por lo que
    los abuelos del niño tuvieron que pedirle que le pasara la manutención
    del mismo.

    “Recuerdo que cuando mi sobrino le decía algo a Elizabeth, lo hacía en
    forma violenta, y esta se le rebajaba por ser de un carácter más noble.
    En el barrio donde vivía, Lázaro no le aguantaba nada a nadie. Era muy
    escandaloso, y siempre creía que tenía razón y lo que decía había que
    hacerlo.

    “Por último, deseo señalar que mi sobrino Lázaro Rafael fue el promotor
    e incitador para que sus padres, hermano, esposa e hijastro se
    involucraran en la salida ilegal del país que se llevó a cabo el
    22.11.99, pues conozco que mi hermano Ramón Rafael no quería irse y si
    lo hizo fue por la insistencia de Lázaro.”

    Yoslayne Llama Garrote, residente en Cárdenas. “Conocí al ciudadano
    nombrado Lázaro Rafael Munero García pudiendo decir que el mismo se
    caracterizaba por su guapería, lo que manifestaba en el maltrato que les
    propinaba a las mujeres que mantenían relaciones amorosas con él.
    Incluso, ahora recuerdo que en una oportunidad la muchacha con la que
    este tuvo un niño me manifestó que Lázaro no quería ni a su propio hijo,
    pues nunca se ocupó de él, que vivía del negocio, lo mismo vendía
    alcohol que tabacos que cualquier otra cosa que se le presentara. Yo
    supe que al salir Lázaro de prisión y llegar a la casa de Elizabeth la
    emprendió a golpes con todo el mundo. Con el niño su trato no era bueno,
    ya que muchas veces, al llegar a la casa de Elizabeth, se encontró a
    Eliancito llorando porque quería ir a la casa de su padre Juan Miguel y
    Lázaro Munero no lo permitía, argumentando que éste se pasaba todo el
    tiempo con el padre.

    “Puedo decir también que ya unos días posteriores a que Lázaro y
    Elizabeth abandonaran ilegalmente el país, me encontraba con mi hijo
    ingresado en el Hospital Pediátrico de Matanzas cuando escuché a un
    grupo de muchachas que comentaban que Arianne Horta, sobreviviente del
    naufragio, en una llamada telefónica, había manifestado que cuando se
    encontraban en la costa Eliancito empezó a llorar diciéndole Lázaro a
    Elizabeth que si no lo callaba ella lo haría él.

    “A todo lo que he dicho puedo agregar que Lázaro mantenía relaciones
    amorosas con otras mujeres a espaldas de Elizabeth utilizando el dinero
    que le reportaban los negocios ilícitos y el que ella ganaba con su
    trabajo.”

    Lorenzo Oceguera Pesqueira, residente en Cárdenas. “Conocí a Lázaro
    Rafael Munero García a partir de la relación que el mismo estableció con
    mi hija Dayana, en el año 1993, así como que mantuve buenas relaciones
    con él hasta que ambos se separaron después de nacido el niño que
    tuvieron, nombrado Javier Alejandro, pudiendo señalar que en ocasiones
    Lázaro se demoraba en ir a visitarlo.” (Se refiere a una valiosa joven,
    ya señalada, estudiante de preuniversitario de la escuela “Primer
    Congreso” que Lázaro conoció y sedujo a principios del año mencionado
    por el padre, quedando embarazada, quien no tardó en mostrar un carácter
    firme y enérgico.)

    “Puedo afirmar además que laboró por poco tiempo como promotor en la
    venta de cervezas en el Hotel Internacional de Varadero, no
    conociéndosele otro vínculo laboral. Este se vinculaba con extranjeros y
    utilizaba el auto que poseía en funciones de alquiler para buscarse dinero.

    “Con respecto a Elizabeth Brotons, puedo afirmar que era una persona
    tratable, de buen carácter, modesta, que incluso me saludaba y me
    preguntaba por mi nieto. Ella mantenía relaciones con Munero García
    antes de que este efectuara una salida ilegal del país en el año 1998.”

    Regla Hernández González, residente en Cárdenas. “Conocí a Lázaro Rafael
    Munero García en el año 1993, cuando mi hija, Dayana Oceguera Hernández,
    comenzó a mantener relaciones amorosas con él.

    “Durante el tiempo que duró esa relación, Lázaro sólo mantuvo vínculo
    laboral por poco tiempo, vendiendo cervezas en la playa. En cuanto a la
    relación con mi hija, debo expresar que Lázaro se pasaba todo el tiempo
    discutiendo con ella, ya que no quería que se superara culturalmente,
    mientras él vivía del negocio y del invento, pues no tenía un trabajo
    estable.

    “Este ciudadano se caracterizaba por ser una persona problemática y
    conflictiva. Casi siempre estaba involucrado en riñas callejeras,
    gustaba de la ingestión de bebidas alcohólicas, así como que se demoraba
    en ir a visitar al hijo que tuvo con ella.

    “Deseo exponer que Lázaro utilizaba un auto que poseía para dar viajes
    alquilado sin la debida autorización, conociendo también que estuvo
    preso, sin saber los motivos.

    “Yo recuerdo que el viernes 19 de noviembre de 1999, Lázaro Rafael
    Munero García fue a mi casa y le dijo a mi hija que vendría al siguiente
    día a recoger al niño para llevarlo a pasear, cosa esta extraña en él,
    por lo que le dije a mi hija que el sábado me llevaría al niño para que
    Lázaro no pudiera sacarlo, ya que siempre estaba borracho y pensé que le
    podía pasar algo. Al siguiente día, en horas de la mañana, me llevé al
    niño para la casa de mi mamá, donde permanecimos hasta por la tarde.
    Quiero decirle que esto lo hicimos porque nos resultó sumamente extraña
    la insistencia de Lázaro para salir con el niño, sin sospechar siquiera
    que éste se marcharía ilegalmente del país.”

    Dayana Oceguera Hernández, residente en Cárdenas, que en la actualidad
    estudia en la Escuela de Hotelería y Turismo “José Smith Comas”, del
    municipio de Varadero: “En el año 1993 comienzo a mantener relaciones
    amorosas con el ciudadano nombrado Lázaro Rafael Munero García, hasta el
    año 1996; relaciones estas de las que nos nace un niño al que nombramos
    Javier Alejandro Munero Oceguera. Yo puedo decir responsablemente que
    las relaciones entre nosotros fracasan, entre otras cosas, por el
    carácter impositivo y violento que tenía Lázaro Munero, que lo llevaba
    incluso a discutir constantemente con sus padres, fundamentalmente con
    su padre, Rafael Munero. Le conocí a Lázaro pocos trabajos, por no decir
    que prácticamente ninguno. Uno fue de cantinero en el Hotel
    Internacional de Varadero, donde al parecer tuvo una contrata vendiendo
    cervezas en la playa, y el otro en el Círculo Social de la Empresa del
    Petróleo como dependiente, según su propio dicho. Por lo demás, Lázaro
    se pasaba la vida entera inventando todo tipo de negocios ilícitos para
    poder vivir, como decía, desde la venta ilegal de alcohol, por la que en
    una ocasión permaneció varios días detenido en la Estación de Policía de
    Jovellanos, hasta otras actividades que le reportaban ingresos
    monetarios. En varias oportunidades discutimos por la sencilla razón de
    que Lázaro no pertenecía a ninguna organización y yo soy militante de la
    Unión de Jóvenes Comunistas. Trató de impedirme además que me superara
    culturalmente, situaciones estas que llevaron a la terminación de los
    vínculos amorosos entre nosotros. Recuerdo que en los últimos meses
    Lázaro Munero llegaba ebrio a la casa para ver al niño, derivando estas
    pocas visitas en discusiones conmigo. A esto puedo sumar que a Lázaro le
    gustaba tener una vida completamente desahogada, estilo que lo llevó a
    que en 1992 realizara un robo con fuerza en Varadero, cumpliendo sanción
    por ello. A Elizabeth la conocí en una ocasión que Lázaro la llevó con
    él a mi casa, pareciéndome desde el primer momento una persona sincera,
    afable y educada.

    “Puedo decir que el día 19 de noviembre de 1999, viernes, Lázaro fue a
    mi casa en su máquina y me dijo que venía el sábado a buscar al niño
    para llevárselo a su mamá. Por mi parte, le dije que no, ya que él nunca
    se lo llevaba y pensé que le podía pasar algo porque él siempre estaba
    ingiriendo bebidas alcohólicas. Como no estuvo de acuerdo, entablamos
    una discusión en la que me decía que él era el padre y tenía derechos
    sobre el niño. Al siguiente día fue en horas de la mañana a mi casa para
    recogerlo, pero ya el niño no estaba allí porque yo se lo di a mi mamá
    para que se lo llevara a pasear con el objetivo de que Lázaro no lo
    viera ni se lo pudiera llevar, además para que el niño no nos viera
    discutir nuevamente, sin poder imaginar que ese mismo día abandonaría
    ilegalmente el país. Todo esto me resultó bastante extraño, teniendo en
    cuenta que Lázaro se pasaba hasta dos meses sin venir a ver al niño, y
    si por casualidad lo veía conmigo por la calle, aunque fuera de lejos,
    me decía que para qué visitarlo si ya lo había visto.”

    Estos tres últimos testimonios revelan mejor que cualquier otro hecho
    las características pérfidas y los bajos instintos del personaje.

    Quiso llevarse traicioneramente al niño. No le interesaba para nada.
    Nunca se preocupó por él. Sería un estorbo para su estilo de vida
    disipada y cómoda. Nadie sabe quién se ocuparía de ese niño. Trató sin
    embargo de arrebatárselo a la madre.

    ¿Por qué hizo eso? Tal vez un deseo rencoroso de venganza por la actitud
    que Dayana y su familia habían mantenido siempre frente a las exigencias
    e imposiciones de alguien que todo lo resolvía por la fuerza. Los
    psicólogos podrían tratar de encontrar alguna explicación.

    Lo cierto es que el niño escapa milagrosamente. Es casi absolutamente
    seguro que habría muerto, o de lo contrario, si hubiera sobrevivido al
    naufragio, Javier sería hoy otro niño cubano secuestrado en Miami, y la
    mafia habría hecho lo posible y lo imposible para impedir su devolución
    a Cuba.

    Pedro Pablo Brotons Estrada, residente en Cárdenas, medio hermano de
    Elizabeth: “Las relaciones entre Lázaro Rafael Munero García y mi medio
    hermana Elizabeth eran tensas, ya que el primero se caracterizaba por
    ser impulsivo e impositivo. Cuando ambos iniciaron sus relaciones en el
    año 1997, mis familiares no estuvieron de acuerdo debido a lo que se
    comentaba sobre Lázaro en la calle, donde se decía que el mismo no
    trabajaba, que las mujeres que vivían con él tenían que mantenerlo, que
    era un guaposo, y por eso mi familia se opuso a las relaciones.
    Posteriormente, cuando este abandonó ilegalmente el país en 1998, vimos
    en esa acción la solución para el problema de Elizabeth, pero la madre
    de Lázaro visitó a mi hermana para que hablara por teléfono con Lázaro,
    lo cual motivó una discusión entre la madre de Lázaro y la de Elizabeth;
    pero, no obstante ello, mi hermana conversó varias veces con él,
    expresando Elizabeth que Munero le decía que la vida en los Estados
    unidos era muy difícil y que no podía adaptarse a ese sistema. No
    obstante, considero que el regreso del mismo a Cuba fue para llevarse a
    mi hermana para que ella continuara manteniéndolo en ese país.

    “Posteriormente, cuando Munero regresó, la familia dejó que fuera a
    vivir nuevamente en la casa de Elizabeth, pero este fue trabajando
    sutilmente sobre ella hasta lograr enemistarla con toda la familia,
    provocando la ruptura con su madre y padrastro, la cual fue dura e
    inesperada. Al respecto pienso que hubo amenaza y coacción por parte de
    Munero, ya que a partir de que ambos fueron a vivir juntos mi hermana
    cambió completamente su carácter, convirtiéndose en una persona alejada
    y retraída. En dos ocasiones en que la vi en la calle, pude percatarme
    de que presentaba arañazos y moretones en el cuerpo, manifestándome que
    se lo había hecho el perro de su casa.

    “En cuanto al trato de Lázaro hacia Elián, puedo señalar que en
    ocasiones fue déspota e impositivo con el niño, aunque no me consta que
    lo haya agredido.

    “Creo que el hecho cometido por Elizabeth al abandonar ilegalmente el
    país fue motivado por el temor que le tenía a Lázaro, y la influencia
    constante de éste, ya que mi hermana quería mucho a Elián y nunca se
    hubiese involucrado en una aventura en que peligrara su vida.”

    Desde que Lázaro Munero abandonó el sistema escolar y cualquier otra
    posibilidad de formarse técnicamente, no busca un empleo útil y
    relativamente bien remunerado, como hicieron muchos jóvenes de Cárdenas
    que se esmeraron y prepararon para iniciar su vida laboral en la
    próspera y cercana zona turística de Varadero. Se adentra, por el
    contrario, en actividades que no tenían nada que ver con el trabajo
    productivo y los servicios, que proporcionan beneficios tanto al
    individuo como a la sociedad, para los cuales nuestro país prepara a sus
    jóvenes.

    No trabaja ni se le conoce un solo empleo estable en diez años. Sólo en
    dos brevísimas temporadas realiza actividades relacionadas con servicios
    gastronómicos en un hotel y en un círculo social donde pronto
    descubrieron su dedicación al hurto y al fraude. Busca la vida cómoda y
    parasitaria, el dinero fácil.

    Testimonio: “Yo (se omite el nombre), natural de Cárdenas, de ocupación
    camarera del hotel (se omite el nombre), en Varadero, mantuve una
    amistad íntima con el ciudadano Lázaro Rafael Munero García desde el año
    1991 hasta 1994 estando él cumpliendo sanción por el delito de robo con
    fuerza.

    “Durante todo el tiempo que estuve junto a él, pude conocer que era una
    persona intranquila, caprichosa y desordenada socialmente que, cuando se
    le ocurría algo, no paraba hasta que no lo realizaba aunque le pudiese
    provocar problemas.”

    El robo con fuerza del que se habla en este testimonio, tuvo lugar el
    día primero de mayo de 1993. En la sentencia No. 347, dictada en el mes
    de octubre de 1993 por la Sala Quinta de lo Penal del Tribunal
    Provincial Popular de Matanzas, se indica, en el Primer Resultando:
    “Probado que los acusados Lázaro Rafael Munero García y Julio César
    González Caraballo, puestos de común acuerdo, se dirigieron en horas de
    la noche del día primero de mayo de 1993 al municipio de Varadero (…)
    hasta el hotel Siboney, decidiendo penetrar en la habitación #120 para
    tomar de ella cuanto hubiera y pudieran, habitación en la cual estaba
    hospedado el turista alemán Milhelen Kalan con su nieta y luego de
    cerciorarse de que en ese momento no había nadie en la habitación,
    violentaron tres tablillas de cristal que conformaban la ventana (…)”

    Continúa larga narración. Después de exponer numerosos Resultandos y
    Considerandos, concluye la sentencia afirmando que ADebemos sancionar y
    sancionamos al acusado Lázaro Rafael Munero García a dos años de
    privación de libertad, y al acusado Julio César González Caraballo, a
    tres años de privación de libertad, ambos como autores de un delito de
    robo con fuerza en las cosas”, con las accesorias correspondientes.
    Además, condenan a indemnizar al perjudicado Milhelen Kalan Van Hofe, en
    la suma de 236 pesos y 55 centavos en moneda nacional (realmente esa
    suma en dólares, al cambio de 1 a 1).

    Otro importante testimonio: “Yo (se omite el nombre), natural de Jagüey
    Grande, ocupada como (se omite el cargo, el nombre del centro de trabajo
    y el municipio donde está ubicado), conocí al ciudadano Lázaro Rafael
    Munero García, ya que en el año 1999 comencé relaciones amorosas con él,
    puesto que visitaba el poblado (se omite el nombre). Sobre estas
    relaciones, puedo decir que en el mes de agosto de ese año se
    terminaron, ya que Lázaro no me iba a ver, por lo que comencé otra
    relación. Recuerdo además que encontrándome en esa situación y sin que
    pueda recordar la fecha exacta, aunque puedo precisar que fue a finales
    de septiembre, se presentaron en mi casa varios ciudadanos, los que me
    comunicaron que Lázaro se encontraba en la cafetería (se omite el nombre
    de la cafetería y la calle del poblado donde está ubicada) y deseaba que
    yo fuera a verlo, cosa que hice; pero cuando llegué, me pidió que lo
    acompañara hasta la parte posterior de (se omite el nombre de la
    instalación para no ubicar el pueblo) diciéndome, entre otras cosas, que
    lo estaba traicionando, dándome a continuación varias bofetadas, a la
    vez que me decía que cuando me mandara a buscar debía ir inmediatamente,
    cosa que acepto para que no me golpeara más. Terminado esto, me traslado
    nuevamente a la cafetería (se omite el nombre) retirándose más tarde sin
    que lo haya visto nuevamente.”

    Aun cuando este y el anterior testimonio están firmados y sus autoras
    están dispuestas, con valor moral digno de elogio, a que se utilicen
    públicamente, no nos pareció conveniente hacerlo por lo delicado del
    tema, para preservar sus identidades en circunstancias que pueden ser
    motivo de escándalo.

    Lo importante de esta última declaración es que se refiere a hechos que
    tienen lugar en un punto relativamente distante de Cárdenas apenas ocho
    semanas antes del fatal viaje en que Lázaro Munero sale del país en una
    frágil embarcación, llevando consigo a Elizabeth y Elián.

    Por esos días se evidencia más que en ningún otro momento su estilo
    agresivo, amenazante y violento, aplicado en este caso a una joven
    modesta e indefensa, simplemente por negarse a acceder a un deseo
    pasajero y caprichoso de alguien que está próximo a abandonar el país y
    muy pronto dejará de verla definitivamente.

    ¿Cómo trataría por esos mismos días y qué amenazas estaría dirigiendo a
    la resignada, dócil y casi con absoluta seguridad aterrorizada Elizabeth?

    Los investigadores han logrado reunir todos los materiales y documentos,
    actas policiales y judiciales, expedientes, acusaciones, advertencias,
    multas, sentencias por robos con violencia, riñas, hurtos, estafas,
    delitos de receptación y comercialización de mercancías robadas, actos
    ilícitos de todo tipo, hábitos de alcoholismo y otras actividades; una
    larga lista de delitos comunes mayores y menores en su corta y azarosa
    vida delictiva, páginas enteras de huellas digitales y materiales
    probatorios que definen y demuestran las conductas ilegales e inmorales
    de Lázaro Munero.

    En su irresponsable aventura rumbo a la Florida, Lázaro Munero sacrificó
    a su propia madre, que estaba convaleciente de un reciente infarto.
    Cualquiera sabe que sujetos de la calaña de Lázaro Rafael Munero García
    no hubieran recibido jamás visa de la Oficina de Intereses para residir
    en Estados Unidos; la sociedad norteamericana lo rechazaría indignada,
    habría colosal escándalo. Si viaja en cambio de forma ilegal, recibe
    honores. No importan los que mueran como consecuencia de semejantes
    aventuras. ¡Qué noble y humanitaria es la Ley de Ajuste Cubano!

    ¿Quiénes son los sobrevivientes?

    Cuando la embarcación zozobró, además del niño, dos adultos
    sobrevivieron: una joven de 22 años y un hombre de 33 que viajaron como
    pareja. Sus nombres: Arianne Horta Alfonso y Nivaldo Vladimir Fernández
    Ferrán.

    Eran los únicos que podían conocer el secreto de todo lo sucedido.
    Ambos, después de las noticias públicas, una vez que fueron entregados
    por la policía, desaparecieron. Cuando en Cuba no se sabía ni una
    palabra de esas personas, llegaron noticias de fuentes norteamericanas
    informando que las autoridades calificaban la operación como contrabando
    de personas. Eso sólo podían saberlo por boca de los dos adultos
    sobrevivientes, a los que de inmediato procedieron a interrogar.

    En fecha tan temprana como el 26 de noviembre, dos días después del
    posible momento del naufragio, el conocido Nuevo Herald, muy relacionado
    con los círculos de la Fundación, publicó textualmente:

    “Las autoridades califican la travesía de los cubanos de operación de
    contrabando. Tras interrogar a los sobrevivientes, las autoridades
    tienen un primer bosquejo de lo que sucedió desde que la embarcación
    partió el domingo de Cárdenas.”

    “La operación presuntamente fue planeada por Lázaro Moreno (así lo
    escriben), padrastro de Elián, quien pretendía traer a su familia a
    Estados Unidos junto a otras siete personas que habrían pagado mil
    dólares por el viaje.”

    Nadie supo una palabra más de lo que contaron. Por lo pronto, quedaba
    claro que él y ella pagaron mil dólares cada uno por el mortal viaje.
    Había contrabando de personas, delito sancionado severamente por las
    propias leyes de Estados Unidos y los convenios internacionales. Del
    asunto no se habló más. Se ignora si los sobrevivientes contaron a
    Inmigración los antecedentes penales y la pésima conducta del
    organizador del viaje. Es seguro que no contaron todo lo que sabían
    sobre Elián, y si lo contaron, nadie dijo una palabra. Comenzaban la
    poderosa mafia y sus aliados una zafra de propaganda contra nuestra
    patria, a partir del dramatismo del niño que sobrevivió después de
    tantas horas en una cámara. Cuba tenía, por supuesto, toda la culpa de
    lo ocurrido. Pero había demasiadas cosas feas en aquel asunto. Era mejor
    que ningún periodista hiciera contacto con los dos sobrevivientes. Ambos
    personajes desaparecieron misteriosamente del escenario y no se supo una
    palabra de ellos hasta casi dos meses después. La batalla por la
    liberación de Elián no había comenzado todavía, ni se imaginaban los
    gángsters y terroristas de la mafia y sus aliados la tremenda fuerza que
    tomaría cuando nuestro pueblo enérgico, valiente y combativo se movilizara.

    No obstante, el influyente órgano de prensa Los Angeles Times había
    hurgado algo en busca de información y 39 días después, el 4 de enero de
    este año, publica un reportaje desde Cárdenas, reproducido por un órgano
    de prensa de la Florida con el título: “Contrabando lucrativo de
    cubanos”, en el que cuenta que “Nivaldo Fernández Ferrán lo abandonó
    todo: un matrimonio de diez años, una casa nueva y un envidiable empleo
    en un hotel de cinco estrellas… Igual hizo su amiga de 22 años, Arianne
    Horta Alfonso, la cual hasta abandonó a su hija de 5 años… Les dijeron a
    los investigadores de la policía de Miami-Dade que habían pagado dos mil
    dólares a un contrabandista para que los trajeran.”

    Poco después, habla de “un creciente contrabando lucrativo que las
    autoridades de La Habana creen que por lo menos tiene el apoyo tácito de
    la comunidad cubano-americana en el sur de la Florida. Agentes de
    patrulla fronteriza estadounidense dicen que los contrabandistas operan
    con gran impunidad, cobrando ocho mil dólares per cápita.”

    Más adelante expresa: “La mamá de Fernández, Antonia Ferrán, es
    residente legal de los Estados Unidos habiendo salido de Cárdenas hace
    10 años para vivir con su hermana en Chicago; ella ha ido a Cuba todos
    los años con regalos y dinero para aumentar los ingresos de los Fernández.”

    “La familia había planeado una elaborada ceremonia para renovar su
    juramento matrimonial el 13 de diciembre de hace diez años. Así y todo,
    sin decirle nada a su esposa, ni a su familia y amigos, Fernández
    súbitamente se marchó, tres semanas antes de la fiesta, con su amiga
    Arianne y su hijita de 5 años, Esthefany, rumbo a los Estados Unidos.
    Poco antes de salir, el motor del bote se rompió y los 13 adultos
    decidieron que la niña de 5 años no debía ir con ellos, de manera que,
    mientras los Muneros arreglaban el motor, Arianne llevó la niña a casa
    de su madre, temiendo que el viaje era demasiado peligroso para ella.”

    En determinado momento el artículo explica que: “Esos son los detalles
    conocidos del misterioso viaje ilegal que investigadores a ambos lados
    del Estrecho dicen son típicos de los que han traído a miles de
    inmigrantes cubanos ilegales a los Estados Unidos durante los dos años
    pasados, y que han causado la muerte de más de 60 cubanos en 1999
    solamente.”

    Se reconoce por tanto, con la mayor tranquilidad del mundo, que en sólo
    doce meses el estímulo a las salidas ilegales, el contrabando de
    personas procedentes de la Florida y la Ley de Ajuste Cubano han costado
    la vida a 60 ciudadanos cubanos en un año.

    Se van perfilando ya por estas noticias los personajes que
    sobrevivieron, pero seguían sin aparecer en absoluto.

    Pero la lucha por la liberación de Elián cobraba fuerza cada día,
    incluso dentro de la propia opinión pública norteamericana. Se anuncia
    el 21 de enero que las abuelas parten hacia Nueva York. Era mucho. La
    mafia y sus aliados se ven obligados a echar mano de los desaparecidos
    sobrevivientes de la forma asquerosamente cínica con que acostumbran a
    hacer las cosas.

    Ese mismo día, casi dos meses después de la misteriosa ausencia, los
    presentan precipitadamente ante la prensa.

    “Miami, Estados Unidos 21 de enero (EFE).- El niño náufrago cubano Elián
    González debe permanecer en Estados Unidos porque su madre dio la vida
    para que el menor llegara a este país, manifestó hoy uno de los tres
    supervivientes del naufragio.

    “Arianne Horta relató hoy en una rueda de prensa la dramática travesía
    en la que murió la madre y el padrastro de Elián, además de otros 9
    inmigrantes cubanos cuando la frágil embarcación zozobró en el estrecho
    de Florida.

    “‘Ella (la madre de Elián), prefería morirse, pero quería que su hijo
    viviera y que llegara (a Estados Unidos)’, dijo Arianne.

    “‘El (Elián) siempre gritaba que venía para la Yuma (Estados Unidos),
    con mis tíos, siempre dijo ‘mis tíos’, afirmó.”

    Obsérvese el énfasis en la melodramática idea de que Elizabeth entregó
    su vida para que el niño viviera en un país libre y la ridícula imagen
    de un niño con menos de 6 años gozoso y feliz, que no lloraba y, sin
    miedo al mal tiempo ni a las olas, gritaba que iba “para Estados Unidos
    a vivir con sus tíos”, unos tíos a los que el niño vio una sola vez en
    su vida, cuando tenía cuatro años. ¡Es demasiado!

    El viaje de las abuelas, y el impacto de sus sencillas y sinceras
    palabras en la opinión pública norteamericana y en el seno del propio
    Congreso de Estados Unidos, puso a correr a todos los complotados en el
    secuestro del niño. Creó pánico.

    “Miami, Estados Unidos, 25 de enero (AFP).- Los otros dos supervivientes
    del naufragio en el que murió la madre del niño Elián González viajan a
    Washington para cabildear en el Congreso de Estados Unidos por que se le
    otorgue la ciudadanía estadounidense, informaron el martes los medios
    locales.”

    Crece la desesperación. Han sucedido cosas increíbles. Entre el viernes
    21 y el jueves 27 las abuelas han ofrecido en el aeropuerto una
    importante conferencia, han estado dos veces en Miami, han hecho
    incontables contactos con los más variados e influyentes órganos de
    prensa, se han reunido con decenas de congresistas. ¡Eso era ya
    insoportable!

    Bajo el título “Niegan que la madre de Elián viajara a Estados Unidos
    por la fuerza”, El Nuevo Herald publica el 27 de enero un despacho de su
    corresponsal en Washington:

    “‘Ella no estaba allí obligada’, sostuvo Arianne en conferencia de
    prensa celebrada en el National Press Club.”

    “Fernández por su parte negó que el novio de Brotons fuera un hombre que
    la trataba con violencia.

    “‘Era siempre amable. La quería tanto que vino a Estados Unidos y
    regresó a Cuba para rescatarla. ¿Lo hubiera seguido ella si él la
    maltrataba? Es difícil creerlo’, enfatizó.”

    “‘En esos momentos a mí me pareció que la travesía era peligrosa y
    decidí dejar a mi hija en tierra. Ella lo vio todo.’”

    “Fue cuando el niño Elián empezó a gritar: ‘vamos para Estados Unidos’,
    agregó Arianne.”

    Está de más hacer comentarios sobre estas palabras. Tal vez asombrarse,
    o tal vez podría hacerse una sencillísima pregunta: Si ella decidió
    dejar a su hija en tierra, porque le pareció que la travesía era
    peligrosa, ¿por qué no le sugirió siquiera a la madre de Elián que
    dejara también al niño en tierra, que tenía aproximadamente la misma
    edad que su hija y corría los mismos peligros?

    Arianne y Nivaldo no dijeron la verdad. Ellos sabían lo ocurrido. Cuando
    al volver a la orilla Elián lloraba desconsoladamente, fue cuando Munero
    le dijo amenazante a la madre: “O lo callas tú, o lo callo yo”. Esa
    noticia no llega de Cuba; llegó de Estados Unidos y la trasmitió
    precisamente Arianne a familiares suyos en nuestro país por vía
    telefónica. Y no fue esta la única fuente. La escucharon y presenciaron
    la escena gente que estaba en las proximidades. Consta que Munero y
    otros estaban armados de machetes y cuchillos. Si existe un criterio
    unánime con relación a este personaje -sin que lo haya cuestionado
    nadie- de hombres y mujeres, familiares, amigos y conocidos, es sobre su
    carácter violento y agresivo. Consta en numerosas actas policiales y en
    todos los testimonios ofrecidos anteriormente. Constituye una hipocresía
    infinita afirmar, como lo hace Nivaldo Fernández —hombre conocidamente
    cobarde y mentiroso—, que Munero nunca maltrató a Elizabeth. El empeño
    que la mafia demuestra en negarlo, evidencia cuánto temen a la
    divulgación de que Elizabeth, por su docilidad, resignación y total
    sometimiento a Munero, ya anulada totalmente su voluntad, incapaz de
    resistir, pudo ser -y con toda probabilidad lo fue- obligada mediante
    amenaza y la habitual violencia que practicaba en sus relaciones con
    ella, a embarcarse en esa estúpida y suicida aventura.

    El 28 de enero, la prestigiosa congresista norteamericana Louise
    Slaughter, en entrevista concedida a la Cadena Fox, declaró, al hablar
    de la abuela Raquel: “El hombre con el que su hija se marchó de Cuba era
    un abusador y ante todo era contrabandista. Cuando partieron de ese
    pequeño pueblo, tuvieron que regresar porque la embarcación presentó
    problemas. Volvieron a la orilla y algunas personas decidieron no hacer
    el viaje. Elián comenzó a llorar y a pedir que quería regresar con su
    papá, y eso se sabe porque los que se quedaron lo han contado. Y creo
    que es importante que eso se sepa.”

    Más adelante añade: “Escuche, el hombre que dirigía la fallida
    expedición sacó un cuchillo cuando Elián comenzó a llorar y a decir que
    quería regresar con su papá, y le dijo a la madre de Elián: ‘Si no
    vienes conmigo, más nunca lo volverás a ver’. Eso no es una relación
    amorosa. Ella le tenía miedo.”

    Dagoberto Munero Molina, tío paterno de Lázaro Munero, testimonió: “No
    tengo dudas de que al regreso del intento de la salida ilegal del
    sábado, Elizabeth tuviera la intención de regresar a su casa y mi
    sobrino Lázaro la amenazara debido a lo violento e impositivo que era
    con todo el mundo, incluso con su propio padre.”

    ¿Quiénes son los testigos de la mafia?

    ¿Quiénes eran aquellas personas que la Fundación hizo comparecer como
    personas honorables ante cien periodistas de todo el mundo?

    Arianne Horta Alfonso crece en el seno de una familia revolucionaria.
    Realiza sus estudios de primaria y secundaria sin dificultad alguna y
    con buen nivel académico.

    A finales de 1989, siendo aún menor de edad (12 años) contrae matrimonio
    con el ciudadano Michael Serra Basnuevo, que posteriormente se marchó
    del país en forma ilegal y reside en la actualidad en Estados Unidos.

    En 1991 se divorcia y reinicia estudios en la Facultad Obrero Campesina
    “José A. Echeverría” de Cárdenas donde alcanza el 12 grado.

    Dos años más tarde, en 1993, inicia relaciones estables de pareja con el
    ciudadano Víctor Prudencio Herrera Reyes, estabilidad que contribuyó a
    que alcanzara el nivel escolar mencionado. De la unión nace en 1994 su
    hija Esthefany Herrera Horta, residiendo la pareja y la niña en casa de
    los padres de Arianne donde existía un ambiente de respeto y buenas
    relaciones en el seno del núcleo familiar. Infortunadamente, en agosto
    de 1995 se produce la separación de la pareja, de la cual fue ella la
    principal responsable. A partir de entonces hay un cambio abrupto en su
    conducta y comienza a llevar una vida desordenada y promiscua.

    Según personas que la conocieron bien en ese período, le gustaban
    demasiado las fiestas, vestía de forma extravagante y dedicaba la mayor
    parte de su tiempo a visitar centros de recreación de Varadero,
    acompañada de turistas extranjeros o con jóvenes cubanos de relativa
    solvencia económica.

    Por lo desagradable y delicado del tema, omitimos todos los
    calificativos que pudieran corresponder a su conducta, y nos limitamos a
    señalar que fue moral y socialmente pésima. Sus padres nunca estuvieron
    de acuerdo con tal conducta y en reiteradas ocasiones le llamaron la
    atención por su actuación.

    La atención de su hija recayó fundamentalmente en sus abuelos maternos,
    los que se ocupan de su educación y cuidado. Debe reconocerse que
    Arianne le prestaba alguna atención y fue cuidadosa en tratar de que su
    inestabilidad amorosa no afectara a la pequeña. A pesar de esto, la niña
    presenta determinados trastornos psíquicos que se han acentuado a partir
    de la salida ilegal de la madre, por lo que necesita y recibe atención
    especializada.

    En abril de 1999, comienza de nuevo relaciones estables de pareja con el
    ciudadano Nivaldo Fernández Ferrán. En octubre, Arianne decide romper
    relaciones con Nivaldo y regresar a su casa. Permanecen separados hasta
    el 19 de noviembre de 1999 y al día siguiente, con el pretexto de que
    iría para un campismo con la niña, Arianne, ya reconciliada con Nivaldo,
    la busca para llevarla consigo en la salida ilegal del país.
    Posteriormente, por las razones conocidas, la retorna a sus abuelos
    antes de partir definitivamente el 22 de noviembre.

    Nivaldo Vladimir Fernández Ferrán nació en Cárdenas en el seno de una
    familia humilde, revolucionaria, de procedencia obrera. Su niñez
    transcurre en un ambiente caracterizado por una buena educación, sin
    conflictos familiares, siendo considerado un niño disciplinado y
    respetuoso. Realiza sus estudios de primaria, secundaria y
    preuniversitario con nivel académico y sin dificultades disciplinarias.
    Cuando concluye el 12 grado no cursó estudios superiores y se mantuvo
    desligado desde el punto de vista laboral. Viaja a Checoslovaquia en
    1986 en un grupo de colaboración y de superación técnica, laborando por
    espacio de año y medio en una industria de neumáticos donde presentó
    problemas de indisciplina y ausencias injustificadas debido a su
    excesiva dedicación a la búsqueda de relaciones amorosas. Su conducta
    origina que lo separaran de la fábrica y fuera devuelto a Cuba. Contrae
    matrimonio en 1987 con Niurka Vega Arrieta, cuya unión sólo duró dos
    meses debido a incesantes contradicciones por la actitud prepotente y
    egoísta de Nivaldo, que no permitía a su esposa estudiar, llegando
    incluso a maltratarla físicamente.

    En diciembre de 1989 contrae matrimonio con Rosa Elba Fernández Pérez, a
    quien conocía desde su viaje a Checoslovaquia, y se mantiene junto a
    ella durante diez años hasta su salida ilegal del país. También
    surgieron conflictos con Rosa Elba debido a las constantes relaciones
    amorosas de Nivaldo con otras mujeres.

    Laboralmente fue inestable, cambiando de centro de trabajo con
    frecuencia, pasando uno tras otro por los hoteles Tuxpan, Meliá
    Varadero, Barlovento, Brisas del Caribe, Paradiso-Punta Arenas y Super
    Club. Se desvincula laboralmente desde septiembre de 1999.

    Desde el punto de vista social, era conocido como un individuo
    mujeriego. Se relacionaba con mujeres de baja catadura moral, de vida
    desordenada Mantenía una conducta ostentosa, alardeaba de tener dinero,
    avaricioso, prepotente y abusador con las mujeres, a las cuales les
    exigía dinero. Gustaba del buen vestir. Trataba de resaltar ante los
    demás, ser el centro de los grupos y conversaciones. Catalogado como
    mentiroso, daba muestras de ser un individuo cobarde que rehuía los
    problemas. No le constan antecedentes penales. Su padre, Nivaldo Ortelio
    Fernández, mantiene una posición positiva hacia la Revolución. Respecto
    a la situación de la salida ilegal del país en la que participó su hijo,
    plantea sentirse avergonzado.

    Nivaldo y Arianne, dos personas desordenadas, inestables, envilecidas
    por el ansia de vida fácil y de dinero, sin mérito ni autoridad moral
    alguna, se prestaron miserablemente al papel mercenario que les asignó
    la Fundación: desmentir las palabras de Raquel, que ningún daño les ha
    hecho y tal vez ni siquiera la conozcan, madre de Elizabeth -su única
    hija, muerta trágicamente por culpa de aventureros como ellos-, y abuela
    de Elián -su único nieto, secuestrado por aquellos que hoy les pagan y
    los utilizan como calumniadores a sueldo.

    Es calamitoso para la causa de los enemigos de Elián que entre los pocos
    recursos que les van quedando figuren como testigos respetables ante la
    opinión pública y el Congreso de Estados Unidos un proxeneta que viajó
    ilegalmente a Estados Unidos y una joven, pero veterana de la
    promiscuidad y el comercio sexual, con el aval de haber ejercido en Cuba
    un oficio tan antiguo como la antigüedad misma.

    Así anda el imperio. Así está de podrida la moral pública de ese país.
    Así se pretende ser ejemplo y gobernar al mundo. Seguirán inconmovibles
    e irrebatibles las palabras de Raquel: “Si ella dio ese paso, fue porque
    tenía un esposo que era muy violento y la amenazaba, lo cual la condujo
    a esta tragedia.”

    Hemos expuesto los hechos. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
    Ha sido una larga exposición elaborada no sólo para denunciar infamias e
    injusticias, sino también con el propósito de reivindicar a una madre
    cubana -algo muy justo de por sí- y para preservar para Elián, por
    encima de prejuicios, emociones y reacciones personales de cada uno de
    nuestros compatriotas, rescatando de lo que sería una cruel e insondable
    duda, la imagen objetiva y justa de cómo fue la madre que ya no podrá
    volver a ver.

    Editorial periódico Granma del 8 de febrero de 2000)

    Source: La saga de Elián González: historias clínicas de la prensa
    cubana | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/24683-la-saga-de-elian-gonzalez-historias-clinicas-de-la-prensa-cubana/

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