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    La espantosa preocupación del gobierno

    La espantosa preocupación del gobierno
    Desde el 1º de enero de 1959, cada generación de jóvenes ha sido
    afectada de alguna manera por el totalitarismo castrista
    jueves, junio 11, 2015 | Gladys Linares

    LA HABANA, Cuba. – El viernes 29 de mayo la 1ª secretaria de la Unión de
    Jóvenes Comunistas, Yuniasky Crespo, en su intervención en un evento
    especial de la Asamblea General de la ONU por el aniversario 20 del
    Programa Mundial de Acción para la Juventud, expuso la versión
    oficialista sobre las políticas del Estado dirigidas a garantizar la
    educación, la salud, el empleo y la participación política y social de
    los jóvenes.

    Aparentemente, las personas entre 15 y 34 años en la isla cuentan con un
    respaldo legal basado en normas jurídicas y especificado en la
    Constitución (la de 1976, faltaba más). Además, la gran mayoría alcanzó
    el nivel secundario -lo menos a que puede aspirar cualquier joven en el
    mundo desarrollado de hoy-, y varios miles han llegado a Máster en
    Ciencias o han concluido un doctorado. Respecto de la salud, “los
    programas gubernamentales abordan integral y constantemente al sector
    juvenil”. Y todo eso ¡a pesar del terrible “bloqueo económico, comercial
    y financiero impuesto por Estados Unidos”!

    Pero lo más siniestro es decir que, en cuanto a participación política,
    la mayoría de los jóvenes pertenece al menos a una organización. Me
    atrevo a adivinar que se trata de los CDR, organización “política y de
    masas” donde los cubanos ingresamos automáticamente al cumplir los 14
    años. Aquí cabe aclarar que esa mayoría no cuenta con el coraje rayano
    en locura que se necesita para oponerse a este totalitarismo a la 1984,
    y sí con el sentido común privado de principios que nos indica que por
    el momento lo más seguro es simular, “total, qué resuelvo con
    señalarme”. Otra triste consecuencia de la doble moral resultante de la
    falta de libertad.

    La realidad es bien diferente: desde el 1º de enero de 1959, cada
    generación de jóvenes ha sido afectada de alguna manera por el
    totalitarismo castrista. Cuando las nacionalizaciones, miles de niños,
    adolescentes y jóvenes vieron truncadas sus aspiraciones cuando sus
    familias fueron privadas de sus propiedades y sus medios de vida. Muchas
    de estas familias partieron al exilio –casi con lo puesto, pues solo se
    permitía una maleta-, y así sus hijos se vieron enfrentados a la
    frustración de crecer lejos de su patria.

    Los niños alfabetizadores fueron separados de sus hogares y enviados a
    una zona de conflictos armados (El Escambray). Los jóvenes campesinos de
    la zona, que al terminar el conflicto fueron confinados junto a sus
    familiares a los pueblos cautivos.

    Muchos muchachos fueron recluidos en la UMAP solo por llevar el pelo
    largo y escuchar a The Beatles. Las y los adolescentes sometidos a
    trabajo esclavo en las escuelas al campo, uno de los tantos proyectos
    macabros del gobierno castrista que comenzó a partir del curso escolar
    1968-1969 y que durante años privó a la familia de la educación de sus
    hijos en una etapa crucial de su desarrollo.

    Sería bueno que la dirigente de la UJC aunara esfuerzos con la comisión
    permanente del parlamento cubano en busca de soluciones educativas -y no
    represivas- a la grave crisis económica y social de miles de familias, o
    a los problemas de prostitución y alcoholismo juvenil.

    Desgraciadamente, nuestra población joven no está ni tan instruida como
    manifiesta la dirigente, ni mucho menos tan ampliamente empleada. Si así
    fuera, no hubiera un ejército de jóvenes persiguiendo una visa con el
    anhelo de trabajar y prosperar en cualquier lugar fuera de Cuba.

    Pero además de mi opinión, quise conocer el criterio de algunos jóvenes
    sobre este tema. Yamila, que no me quiso dar su apellido, tuvo que dejar
    la escuela a los 16, cuando murió su mamá y fue a vivir con unos
    parientes que no la trataban bien. Saliendo con una amiga conoció a un
    señor mejicano que la ayuda económicamente. Si le dan la visa, concluye,
    no piensa regresar.

    Un joven con VIH-SIDA afirmó: “Yo no me siento incluido en esa tal ayuda
    del gobierno. Trabajo en una cafetería, pero mantengo mi enfermedad en
    secreto porque si el dueño se entera me despide. Aunque no tengo que
    pagar los medicamentos específicos, estos frecuentemente se desaparecen.
    También necesito una dieta balanceada y saludable, y lo único que me
    venden por la libreta son 7 libras de viandas, libra y media de carne de
    res y 1 kg de leche en polvo. También recibimos 2 botellas de aceite y 2
    laticas de salchichas, pero eso es donación de la Organización Mundial
    de la Salud”.

    Otra de mis entrevistadas, Jennifer, está en trámites para emigrar desde
    que el hermano la reclamó. “Yo quería ser investigadora, como las de los
    policiacos. Me maté estudiando para entrar en los Camilitos. Saqué
    tremendas notas, pero no me escogieron. Después supe que admitieron a
    otros con promedios más bajos, pero de padres más ‘integrados’ que los
    míos. Me pasó como a mi mamá, que no pudo entrar a la universidad porque
    mi abuelo fue preso político”.

    Norma, una peluquera, no está de acuerdo con lo planteado en la ONU. Su
    única hija, al terminar la secundaria, quería matricular en el
    pre-universitario para estudiar luego Historia del Arte. Pero ella tenía
    a su mamá postrada y estaba divorciada, y no tenía condiciones para que
    Normita se becara. Por muchas carreras que dio, nadie la ayudó.
    Entonces, como única alternativa, la niña matriculó en el tecnológico
    José Martí, de Lawton, para estudiar dependienta de comercio. Y aunque
    se graduó con diploma de oro, la ubicaron en un tugurio por Toyo, Diez
    de Octubre, despachando ron. En este lugar duró un par de meses. Hoy se
    dedica a vender ropa y bisutería a domicilio. Otras compañeras de
    estudios, no tan brillantes como ella, tenían “palanca” y las ubicaron
    en hoteles y restaurantes de divisa.

    Y así, la lista es interminable. Casi habría que desear que el gobierno
    cubano no se “preocupara” tanto por los jóvenes.

    Source: La espantosa preocupación del gobierno | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad-destacados/la-espantosa-preocupacion-del-gobierno/

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