Prostitution in Cuba
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    Las aspiraciones de una adolescente santiaguera

    Las aspiraciones de una adolescente santiaguera
    LOURDES GÓMEZ | Santiago de Cuba | 21 Mayo 2015 – 7:22 am.

    Prostituirse a pesar de la minoría de edad, casarse con un extranjero,
    largarse del país.

    Mairita tiene 15 años y estudia para obrera calificado en Elaboración de
    Alimentos. Como toda adolescente sueña con un futuro mejor, pero sus
    modelos para lograrlo no son los del trabajo. Pertenece a esa nueva
    generación cubana con ansias de consumo y la solución económica es
    buscarse un extranjero.

    La conocí en Palmares, una cafetería restaurante en moneda convertible
    ubicada frente al Hotel Santiago. El lugar es famoso en la ciudad por
    ser el centro principal de cacería de las prostitutas que buscan
    turistas. Al parecer, ya la información debe de estar en algunas guías
    para viajeros a Cuba porque la mayoría de los que van allí saben del
    negocio y del modus operandi de las jineteras.

    Mairita es menuda con una gran mata de pelo rizo teñido, lleva grandes
    tacones con short muy corto y excesivo maquillaje que no oculta su
    juventud. Estaba con dos chicas un poco mayores que ella y un joven que
    resultó ser su novio. La invité a mi mesa y conversamos. Su desparpajo
    al hablar de sus objetivos me indica que para esta nueva generación
    prostituirse dejó de ser tabú.

    “Quiero casarme con un extranjero”, me dice, “y aquí es donde es fácil
    cogerlo”.

    Le pregunto qué pinta su novio entonces.

    “Él me protege, aquí hay algunos turistas camajanes, y te quieren dar
    menos de lo que es”, se refiere a un grupo de italianos jubilados que
    viven en Santiago y cuya afición principal es cazar muchachitas.

    Su novio, Julio, de 26 años, la acompaña gustoso. Este papel de chulo se
    ha convertido en su trabajo. Es un desempleado, esta es su fuente de
    dinero. Empujar a su novia a prostituirse no representa ningún dilema
    moral, solo le interesa obtener los frutos: la mitad de lo que ella
    obtenga. De hecho él también se prostituye: si aparece algún turista
    gay, no duda en prestarle servicios.

    La madre de esta niña es una mujer trabajadora. En su casa nunca faltó
    un plato de comida; ella sabe que su hija se está prostituyendo; no se
    lo ha dicho directamente, pero lo percibe por las formas llamativas en
    que se viste y las altas horas de la noche en las que sale y regresa. No
    puede complacer las inquietudes consumistas de su hija y espera sacar
    sus dividendos de una posible relación. Como muchos cubanos, cree que
    casarse con un extranjero es la solución ideal.

    Mairita lleva haciendo esto desde hace unos meses. Tuvo suerte y la
    primera vez se encontró un italiano cuarentón, que estuvo con ella los
    siete días que permaneció en la ciudad. Solamente se veían de noche,
    pues él tenía miedo por su minoría de edad. Ella se quedaba a dormir y
    él le daba su dinerito por las mañanas. “A veces me daba 20, y otras
    30 CUC. Me compró mi celular y la línea, salí muy bien, porque además
    estaba en forma.”

    Sus amigas, Nita de 18 años y Yanisleidis de 22, tienen tiempo en estas
    prácticas. Empezaron teniendo relaciones esporádicas con estudiantes
    africanos matriculados en las universidades de la ciudad. “Los conocí
    por una amiga al que ellos le llevaban mercancías”, me dice Nita, “y
    tenía la esperanza de casarme con uno, pero se graduaron, se fueron y no
    he sabido más de ellos”.

    En la calurosa noche santiaguera, estar sentados en Palmares es
    agradable. Siguen llegando chicas que merodean por los alrededores del
    café, todas las mesas están llenas con turistas y, a pesar de ello,
    parece que la cacería no será fructífera. La cosa va lenta. Mairita y
    sus amigas se ven desalentadas, llevan más de dos horas aquí y no han
    atrapado nada.

    “Hay mucha competencia”, dice Yanisleidis, “si esto sigue así nos iremos
    para El Algorrobo”.

    El Algarrobo es otro de los café restaurantes que utilizan, aunque tiene
    menos afluencia.

    No le temen a las cámaras policiales puestas en las zonas, saben cómo
    callar a la policía. Existe un acuerdo implícito para sobornar a
    policías que todos manejan: jineteras, chulos y boteros. Es esta una de
    las causas de que niñas como Mairita se aventuren en la calle. La
    permisividad para la prostitución alcanza a las autoridades.

    El oficio más antiguo llegó para quedarse. Buscarse un extranjero es la
    meta, significa mejoras económicas y quizás crearse un futuro. La
    prostitución de Mairita es la respuesta de una juventud inconforme que
    no quiere vivir en la frustración continua de sus padres.

    Source: Las aspiraciones de una adolescente santiaguera | Diario de Cuba
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1432113471_14664.html

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