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    Periodista oficial o el oficial periodista?

    ¿Periodista oficial o el oficial periodista?
    Ubieta percibe la guerra cultural “alentada por Washington”, en la
    mediocridad, el mal gusto, la chabacanería, el reguetón, la antena, el
    cable y el paquete de programas que ve la familia cubana en su televisor
    martes, abril 21, 2015 | Luis Cino Álvarez

    LA HABANA, Cuba. — Al régimen, en medio de la piñata, el reacomodo y el
    despelote nacional, le van quedando cada vez menos intelectuales
    orgánicos que merezcan ser llamados así. El ex-ministro de Cultura y hoy
    asesor presidencial Abel Prieto parecía ser el comisario en jefe idóneo
    para enfrentar lo que calificaba como “el relativismo posmoderno que lo
    da todo por bueno”; pero luego de su transfiguración como agresivo
    seguroso en el Foro de la Sociedad Civil en Panamá, parece que se
    dedicará definitivamente a lo que demostró que mejor sabe hacer:
    coreografiar actos de repudio contra disidentes. Y ni hablar de Iroel
    Sánchez.

    Solo resta Ubieta al frente de la ciber-guerrilla, como guevaristamente
    gusta llamar a los blogueros oficialistas.

    Ubieta vive obsesionado con la lucha contra la globalización
    capitalista, siempre despistado en cuanto a cómo vive su pueblo, pero
    preocupado por librarlo de los pecados terribles del consumismo, la
    banalidad y el diversionismo ideológico.

    Como Abel Prieto, Ubieta, indigestado de tanto leer a Gramsci, percibe
    la guerra cultural –que según asevera es alentada por Washington y el
    capitalismo global– en la mediocridad, el mal gusto y la chabacanería
    que invade a la sociedad cubana, en la pérdida de valores, el reguetón,
    la antena, el cable y el paquete audiovisual semanal. Contra todo ello
    arremete desde su blog y la publicación mensual que dirige, La Calle del
    Medio, en tono bolcheviquemente moralizante, y echando mano a los mitos
    y supercherías de la más rancia ultraizquierda, que ya no se tragan ni
    sus jefes.

    Recientemente, en un artículo titulado “El man Gilbert” (La Calle del
    Medio número 82), Ubieta se mostró escandalizado por el caso del
    reguetonero Gilbert Man, prófugo de la justicia norteamericana y sujeto
    a investigaciones desde hace varios meses por parte de la Seguridad del
    Estado.

    “La guerra cultural es implícita, aunque Gilbert Man no tenga la menor
    idea de su existencia”, asegura Ubieta. Y luego explica: “Nadie se jugó
    como él todas las cartas a favor de la cultura del tener, del
    capitalismo en su versión más grotesca y vulgar”.

    No hay información oficial del caso, pero circulan profusamente por
    las memorias flash y las computadoras las imágenes –probablemente
    sustraídas de los archivos del Ministerio del Interior- del aparatoso
    allanamiento policial de la mansión del reguetonero en Guanabacoa, cual
    si hubiese radicado allí un cuartel de Al Qaeda, y de todo lo que le
    ocuparon: varios carros, cadenas de oro, maletas llenas de dólares y una
    pistola, probablemente falsa.

    No se sabe concretamente de qué cargos acusan a Gilbert Man, pero más
    que por defraudar al fisco y las leyes norteamericanas, parece que lo
    harán pagar por la influencia corruptora que pudiera ejercer sobre la
    juventud cubana su extravagante y ostentoso modo de vida.

    También podían enviarlo al siquiatra, pero no andan muy descaminados los
    que como Ubieta temen su influencia dañina: con tantas carencias de toda
    índole como tienen que soportar, los reguetoneros cubanos y su público
    simulan como pueden la sociedad de consumo, que por prohibida,
    idealizan. Aspiran a tener mucho dinero para ostentar, derrochar, y
    poder alternar con los hijos de papá, las jineteras, los nuevos ricos,
    para aparentar que ellos también están entre los triunfadores de esta
    sociedad que se fue al garete.

    Muchos jóvenes cubanos ven a Gilbert Man como un héroe, un triunfador.
    Caído en desgracia, sí, pero por culpa de “esta gente”, que son “unos
    fulos, que no dejan vivir”, según la explicación que he escuchado a
    varios jóvenes.

    El reguetonero, de 28 años, se anunciaba en Facebook, sonriente, posando
    con una decena de fajos de billetes de 100 dólares en equilibrio sobre
    sus bíceps, rodeado de chicas semidesnudas y guardaespaldas o al lado de
    alguno de sus carros.

    Gilbert Man financiaba los videos clips de reguetoneros como Eddy K, el
    Yonki, el Príncipe y Damián, y brindaba su casa y sus carros como
    locaciones, con la condición de que él tenía que aparecer en ellos,
    luciéndose.

    Reprocha Ubieta que para uno de los videos que costeó Gilbert Man, en el
    que se simula una guerra entre pandillas, utilizaran para encarnar a un
    matón de rostro duro y gesto frío al disparar, al niño actor Armando
    Valdés, el Chala de la película Conducta. Todo un símbolo.

    Se pregunta Ubieta: “¿No hay leyes en Cuba que castiguen la producción
    de videos violentos en los que participen niños?”

    Si no las hay, debían hacerlas, y también otras que prohíban la
    utilización de niños en edad escolar para actos de repudio y otras
    infamias. Después de todo, de ahí también, y de otros males del sistema,
    más que de las guerras culturales, salen los jóvenes envilecidos e
    inescrupulosos, los Gilbert Man y cualquier otro man de los que
    preocupan a Ubieta.

    luicino2012@gmail.com

    Source: ¿Periodista oficial o el oficial periodista? | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/opiniones/ubieta-gilbert-man-y-la-guerra-cultural/

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