Prostitution in Cuba
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    Las noches de Lulú en La Habana

    Testimonio: Las noches de Lulú en La Habana
    Posted on 13 abril, 2015
    Por Hugo Luis Sánchez*

    LA HABANA.- Lulú quiere ser como Miguel Bosé en Tacones lejanos. “La he
    visto mil veces, ya hasta canto como Luz Casal” -puso mirada maliciosa,
    abrió la boca y pegó a lengua al paladar “más a lo Sarita Montiel”,
    aclara- sólo que “a mí lo que me toca es pulir la calle y esperar a que
    un extranjero me saque particular, como se decía antes” y “me lleve a
    Europa” porque el frío dice que no le importa, todo lo contrario, “va y
    me alebresta”.

    En lo que llega su príncipe azul o, mejor, su euro príncipe, Lulú sale
    al oscurecer a eso mismo, a pulir la calle, a lucharla igual cualquier
    miembro más del ejército de prostitutas que, para no ser apresadas por
    la policía, se protegen en las sombras, algo fácil en una ciudad sin
    alumbrado público como si cada noche La Habana esperara ser bombardeada.

    Cuando era niña, Lulú juró junto a todos los demás alumnos de su escuela
    que sería como el Che. Se colocaba la palma de la mano derecha, vertical
    sobre la frente, semejante a los pioneros soviéticos y cada mañana, sin
    perderse siquiera una sola, decía “Pioneros por el comunismo, seremos
    como el Che”, y luego entraba al aula con su saya color vino, una blusa
    blanca y, al cuello, la pañoleta azul.

    De un falso juramento

    Blasfemó, juró en falso, pecó, nunca fue como el Che, ni guerrillera
    heroica ni nada, pero sí hubiera podido ser cirujana, ingeniera,
    cibernética, maestra, física nuclear… lo que hubiera querido porque en
    Cuba la educación es gratuita y aún hoy se mantiene como uno de los
    estandartes de la revolución.

    “No me iba a quemar las pestañas, ni a levantarme temprano y
    despetroncarme detrás de una guagua para ir al trabajo a aguantar
    pesadeces de los jefes y del Partido por cuatro pesos -el salario medio
    mensual equivale a 18 dólares-, que me gano yo con solo mover la
    carterita y algo más que sé hacer y muy bien, aunque la recomendación
    viene de muy cerca”.

    Y agrega: “Los y las conozco, estoy a la modo en eso de ellos y ellas,
    muy muy inteligentes y todo eso y son científicos y todo lo demás pero
    siguen viviendo en el cuartito donde nacieron, juntos a sus padres y
    ahora con sus hijos y esposa y montando guagua. No va conmigo, lo siento
    en el alma”.

    Al triunfo de la revolución, en 1959, el gobierno decidió erradicar la
    prostitución y cumplió. Barrios de tolerancia como Colón, en la capital
    y el más famoso del país, fueron adecentados y a estas mujeres de la
    vida, fleteras, cualquieras, según el lenguaje de entonces, se les buscó
    un empleo honrado.

    Quizás el más notorio de todos fue el de tías de becarios. Consistía en
    ex prostitutas que pasaban a ser domésticas de estos estudiantes de
    bachillerato y vivían en los mismo albergues, en dormitorios aparte, en
    casas abandonaban por personas que salían huyendo el comunismo en la
    noria de un éxodo que no ha cesado desde aquel momento.

    Orgullosas de su reeducación

    También estuvieron “Las Violeteras”, por el color de los autos que
    conducían, que pasaron de mujeres de la vida a taxistas orgullosas de su
    reeducación.

    Para agrado de todas y todos, estas mujeres públicas salieron de
    circulación, las zonas de tolerancia desaparecieron y la propaganda
    oficial anunció que la prostitución había sido erradicada de cuajo de la
    isla.

    Y como no había prostitución no hacía falta una Ley contra la
    Prostitución y luego, cuando resurgieron estas damas de alquiler, no se
    decretó esa ley dado que eso sería reconocer algo que, aunque existe a
    todas luces pese a que trabajan entre las sombras, no era bueno a la
    moral revolucionaria y socialista.

    Y, es curioso, hoy mismo la ley castiga a los proxenetas por chulear a
    las prostitutas; pena a quien preste un local para ejercer la
    prostitución… pero a las prostitutas, por prostitutas, no.

    Para encarcelarlas, las autoridades echan mano a otras figuras legales,
    como alteración del orden público, acoso a turistas… se les aplican
    medidas de seguridad predelictivas y son “guardadas”. A más
    reincidencia, mayor castigo.

    Como lo que no existe oficialmente, no se pude contabilizar
    oficialmente, no hay disponibles estadísticas sobre la prostitución.

    Académicas, bayuceras, griegas, jineteras

    Tan temprano como a inicios de los años 70, por los muelles de La Habana
    ya se podían ver a muchachitas que alquilaban sus cuerpos a marinos
    mercantes por la exorbitante suma de un plato de espaguetis o un zapato,
    el otro se lo daban la segunda vez que se fueran juntos a la cama a
    deshacer el amor. Se les conocía como las griegas, por la nacionalidad
    de muchos de estos tripulantes de barcos mercantes.

    El nombre cambio, antes habían sido nombradas académicas porque, en los
    años treinta del siglo pasado, a las prostitutas de La Habana les decían
    así debido a que los puntos de ligues se encubrían como academias de
    baile. Marte y Belona fue la más notoria, ubicada en los altos de un bar
    del mismo nombre en la calle Amistad, entre Monte y Estrella.

    Cuando el parroquiano se sentía atraído por algo más que las habilidades
    danzarias de su pareja y deseaba salir con ella para la posada más
    cercana -la premura y urgencia tienes que ver con todo esto-, debía
    antes pagar dos pesos en la taquilla de la academia.

    Lo de bayuceras se dice que viene de inglés bayou palabra con la que se
    identifica en New Orleáns a las zonas pantanosas donde solían
    establecerse los prostíbulos. Esta relación, explican, tiene su lógica
    si se conoce que las primeras prostitutas importadas a Cuba después de
    constituida la Republica provenían de la Luisiana.

    De académicas, bayuceras y griegas pasaron en nuestros días y con
    tarifas también mayores por el aquello de la inflación, a llamarse
    jineteras que, un poco traído por los pelos, se asegura proviene de
    Ginette, término aplicado en Québec a quienes ejercen el más antiguo de
    los oficios. Siendo Canadá el mayor emisor de turistas a Cuba, quizá se
    justifique lo de Ginette-Jinetera.

    Las lágrimas de Lulú

    Hoy Lulú se lamenta de que la calle cada vez se vuelve más difícil
    debido a la competencia, que crece y crece, y más por la proliferación
    de travestis. “Hay mucha rivalidad desleal, no tienen clase. Por eso mi
    lema es que no basta ver para creer, ni vista hace fe… ahora hay que
    tocar para creer”, dice.

    “¿Mi jornada laboral? Bueno, es por cliente y tiene la siguiente norma
    de calidad: dura lo que dura dura… y me da buenos resultados porque los
    que abundan son los breves. Yo soy de las que sobrecumplo la norma”.

    Lulú, que es su nombre de guerra, dio la espalda y se fue, esta vez no
    como Miguel Bosé, pero sí tal y cual lo hacía Lauren Bacall al final de
    Tener y no tener, pero esto la chica no lo debe saber, con seguridad que no.

    Pero antes me dijo y a modo de adiós: “Mis lágrimas sí hacen ruido al caer”.

    * La protagonista de esta entrevista es una joven ex estudiante
    universitaria que accedió a contar sus experiencias en el mundo de la
    prostitución habanera bajo condición de anonimato.

    Source: Testimonio: Las noches de Lulú en La Habana | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/23671-testimonio-las-noches-de-lulu-en-la-habana/

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