Prostitution in Cuba
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    Adolescentes para turismo gay

    Adolescentes para turismo gay
    Lisdany, de 17 años, confiesa que sus padres saben de su “oficio” y no
    tiene conflictos porque en un día gana “más que un médico en un mes”
    lunes, abril 27, 2015 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba. — No son pocos los sitios digitales de viaje y blogs de
    tema gay que comienzan a recomendar la visita del cabaret Las Vegas,
    situado en la calle Infanta. Este centro nocturno, muy cercano a La
    Rampa y el Malecón, se ha convertido en visita obligatoria para aquellos
    extranjeros que viajan a La Habana con el único fin de hacer turismo
    sexual. A la vez, el lugar ha generado un micromundo peculiar muy
    difícil de comparar con otras realidades en apariencias similares.

    Alrededor de Las Vegas todo transcurre como en una dimensión diferente,
    paralela a los otros contextos habaneros de la prostitución masculina,
    el proxenetismo y las drogas. Por ejemplo, los cuerpos de jóvenes y
    adolescentes se venden a precios hasta diez veces por encima de lo que
    suelen cobrar los llamados “pingueros” en cualquier otro lugar de La
    Habana; o los alquileres por horas, clandestinos, redoblan y hasta
    triplican las tarifas, debido a la altísima demanda de quienes acuden al
    lugar para gozar de la usual “tolerancia” de una zona donde la policía
    pocas veces interviene, a no ser por una riña o un hecho violento
    relacionado con el pandillerismo.

    Según Juan Carlos, de 23 años, las áreas cercanas al cabaret Las Vegas
    son una zona de “pesca fácil” donde, al menos él, puede irse todos los
    días con 50 y hasta 100 dólares sin mucho esfuerzo:

    “Los fines de semana, después de las 11, esto se pone bueno. (…) Todos
    los turistas vienen a ligar y también muchos cubanos que tienen cómo
    pagar. (…) Yo no me voy con cubanos porque pagan muy poco y piden mucho,
    demasiado [se ríe]. Los extranjeros te dan 30 o 40 dólares solo por
    sentarse un rato con ellos, tocarte un poco. A veces te regalan cosas.
    Este celular [muestra un teléfono que en Cuba suele estar valorado sobre
    los 200 dólares] me lo regaló un canadiense y yo solo le di unos besitos
    y ya”.

    Lisdany, un adolescente de solo 17 años, dice acudir todos los fines de
    semana a Las Vegas, aunque el resto de la semana frecuenta los
    alrededores en busca de turistas. Confiesa que sus padres están al tanto
    de su “oficio” y que esto no le ha creado conflictos familiares porque
    en un día gana “más que un médico en un mes”:

    “En mi casa todo el mundo sabe que yo ando en esto. (…) La escuela no da
    nada, eso es perder el tiempo. (…) Cuando mi papá se enteró se puso como
    loco pero después se le fue pasando porque sabe que esto es normal y yo
    compro de todo en la casa. Mi jeva [novia] sabe que yo ando en esto y
    también ella hace sus cosas junto conmigo. Hay yumas a los que le gusta
    eso de mirar, y pagan más. (…) Yo empecé a los 14, un día estuve con un
    mexicano que me dio 40 dólares, eso fue en el Parque Central, hasta que
    descubrí que aquí en Las Vegas pagaban más. (…) Ya yo no voy por el
    [Cine] Payret. Además, allí con eso de los americanos dando vueltas, han
    abierto un fuego que no queda nadie”.

    Gilberto, vecino del lugar, vive de alquilar habitaciones para
    encuentros ocasionales. Su negocio, aunque clandestino, es muy conocido
    entre los “jineteros” que frecuentan Las Vegas debido a que suele cobrar
    mucho menos que los demás:

    “Por aquí hay gente que cobra hasta 5 dólares la hora, yo solo cobro 3.
    Aquí mismo [se refiere a su mismo edificio] hay uno que cobra 10 dólares
    la hora, claro, eso está mejor que un hotel, tiene espejos en todas las
    paredes, la gente también va a meterse cualquier cosa [drogarse] y eso
    es candela. Pero aun pidiendo 3 dólares yo gano porque esto aquí no
    para. Es todo el día. Los fines de semana yo tengo gente haciendo cola.
    (…) Aquí vienen hasta niñitos que yo calculo que no tienen ni 12 años
    (…). No, yo no los dejo entrar. Eso es un problema si me cogen. Ya
    bastante que la policía no me molesta porque yo sé cómo tenerlos
    tranquilos. Aquí han venido policías con travestis, policías vestidos de
    uniforme, para que tú sepas. Aquí se ve de todo. Ya yo no me asombro.
    (…) Los precios no es porque la gente le cobre más a los gay sino por la
    demanda. Yo no tengo problemas con los gay”.

    Osiris tiene 28 años y desde los 20 vive de prostituirse. A los 22
    decidió vestirse de mujer y dice que su condición de travesti le otorga
    ventajas sobre los “pingueros”:

    “Antes, a pesar de que era más joven, solo hacía 5 o 10 dólares en una
    noche. Claro, yo era de la “bajeza” y vivía y moría en el Parque Central
    y en la playa del Chivo (…). Ahora yo hago más de 100 dólares en un día.
    Los extranjeros vienen buscando eso a Las Vegas, no pingueritos ni
    negros. Travesti, eso es lo que es. Incluso los pingueros, después que
    hacen su dinero, vienen para acá a gastárselo con un travesti. A todos
    ellos, aunque tengan mujeres, les gustan los travesti. (…) Claro que hay
    discriminación. Que ahora la policía no se meta con nosotros no quiere
    decir que nos acepten. Niño, esto le da más dinero al país que las
    misiones médicas. Si cierran Las Vegas, y el Humboldt [otro cabaret en
    la calle Humboldt, en el Vedado] o nos cargan a todos [los llevan a
    prisión] como hacían antes, este país se queda sin turismo. A Cuba la
    gente solo viene a templar [tener sexo], para eso hemos quedado”.

    A pesar de que la mayoría de los “jineteros” reconocen que en las
    inmediaciones del cabaret Las Vegas la prostitución es mucho más
    tolerada y las “tarifas” por los servicios sexuales son más elevadas,
    hay otros que aseguran que el acoso policial en otras áreas de la ciudad
    ha afectado el “negocio”.

    Yanier, un joven pinareño de 27 años, nos comenta: “Antes sí se ganaba
    bien, pero ahora han venido todos esos palestinos [se les llama así a
    los cubanos provenientes de las provincias orientales sin residencia
    legal en La Habana] que antes andaban por el Parque Central y han puesto
    la cosa mala. Antes los turistas te daban 30 o 50 fulas de entrada pero
    ahora que saben que hay pingueros que piden 5 o 10 fulas, y hasta los
    hay de “bajo costo” que se van por 1 dólar, ya no quieren irse por más
    de eso. No creas nada de eso de que se van por 100. Ni por 20 se están
    yendo. Te lo digo yo que llevo años en esto. Eso lo dicen para hacerse.
    Aquí es como en todos lados, la gente se hace la que tiene mucho. Hay
    noches que yo me he ido en blanco. Los fines de semana esto es una nata
    de gente, la competencia es mucha y los turistas vienen buscando carne
    fresca, bebitos de teta. Esto a veces parece una escuela primaria. Ya yo
    soy viejo para los yumas”.

    Para algunos, la rehabilitación del Capitolio para alojar al llamado
    “parlamento” cubano ha traído consigo un plan para “maquillar” una zona
    de la ciudad conocida por sus altísimos niveles de prostitución; para
    otros, la cercanía del Hotel Saratoga, donde usualmente se hospedan
    norteamericanos relacionados directa o indirectamente con los ciclos de
    conversaciones Cuba-Estados Unidos, ha desatado una cacería contra los
    llamados “jineteros” que se han visto obligados a desplazarse hacia las
    zonas más céntricas del Vedado donde existe cierta tolerancia policial
    y, en consecuencia, un incremento de fenómenos como la prostitución
    infantil, el proxenetismo y las pandillas.

    Source: Adolescentes para turismo gay | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/la-habana-adolescentes-para-turistas-gay/

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