Prostitution in Cuba
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    Mujeres cubanas entre pobrezas y exilios

    Mujeres cubanas entre pobrezas y exilios
    Posted on 8 marzo, 2015
    Por Carlos Cabrera Pérez

    Muchas mujeres cubanas -al margen de su latitud geográfica e ideológica-
    soportan un peso excesivo de responsabilidad y trabajo, debido a las
    condiciones de pobreza de la isla, a lo complicado que resulta exiliarse
    y establecerse en tierra extraña, y al ancestral machismo de la sociedad
    contemporánea.

    Cuba padece la disfunción de tener abundantes familias monoparentales
    femeninas, en las que el hombre está ausente o es una figura borrosa
    para los más pequeños, y han sido abuelas, madres e hijas las que han
    tirado del carro para resistir los embates de la pobreza.

    En el exilio cubano -especialmente el segmento ocasionado por la crisis
    económica de los años 90 que aún persiste- muchas mujeres han tenido que
    cargar con la responsabilidad y el peso de sacar adelante a su familia
    más cercana y ayudar, en todo lo posible, a sus familiares en la isla.

    Matrimonios con extranjeros

    Aunque no existen cifras al respecto, a los hombres exiliados se nos ha
    hecho más cuesta arriba la implantación y consolidación en un trabajo
    que genere renta, estabilidad y bienestar; mientras que las mujeres -en
    muchos casos indocumentadas aún- han desempeñado trabajos de criadas,
    camareras, cuidadoras de ancianos y enfermos crónicos en hospitales y
    hogares, además de ocuparse de sus maridos e hijos, en el caso de tenerlos.

    Las llamadas “jineteras”, repudiadas por buena parte de la hipócrita
    sociedad cubana (la de la isla y el exilio), no solo han tenido que
    convertirse en una fuente principal de sustento familiar, algunas de
    ellas en la edad en que aún soñaban con tener una muñeca bonita y un
    príncipe azul.

    Por otra parte, muchas de las mujeres cubanas que han emigrado mediante
    la fórmula de matrimonios con extranjeros (sean de conveniencia o no)
    han tenido que soportar el cambio que implica adaptarse a normas y
    costumbres de una sociedad radicalmente distinta y hasta cierta
    discriminación y recelos por parte de la familia directa y el entorno de
    sus maridos.

    Durante años, el castrismo se ha prestado al macabro juego de intentar
    transmitir al mundo la imagen de una isla alegre, sensual,
    desprejuiciada, con funestas campañas turísticas basadas en el ron, las
    mulatas y las maracas; entre otros atributos de una Cuba que solo
    existen en esos creativos de publicidad.

    ¿Cubana de Cuba?

    Con esas falsas imágenes, no son pocas las mujeres cubanas que han
    tenido que soportar y afrontar comentarios ofensivos sobre su supuesta
    condición sexual, curiosamente de boca de tipejos que no se atreven
    siquiera a piropear a otra mujer de su propio país y son consumidores
    habituales de prostitutas.

    De hecho, varias mujeres cubanas exiliadas y que no responden a la
    imagen prefabricada que muchos extranjeros tienen de Cuba, cuentan,
    sonriendo, la extrañeza que muestran los ignorantes cuando ellas les
    dicen que son cubanas; y –en algunos casos- no falta la estupidez
    reiterada: ¿pero cubana de Cuba?

    Con estas desventuras, será fácil colegir la injusticia y el sufrimiento
    que han padecido las mulatas y negras cubanas en todos estos años de
    hambre, falta de libertad y rapiña de hombres extranjeros. En
    determinados ambientes españoles –por ejemplo- no es raro escuchar a
    hombres decir que prefieren a mujeres extranjeras porque son “más
    sumisas” que las españolas.

    Y su angustia –además de injusta y machista- obedece más al nuevo papel
    de vanguardia sociológica que desempeñan las mujeres en sociedades
    libres y desarrolladas, que ha invertido los roles y atemorizado a
    muchos hombres, que a una real pasión por mujeres extranjeras, a las que
    presumen inferiores, porque ganarían un salario menor que ellos; e
    indefensas, porque están lejos de sus patrias.

    Un tributo pendiente

    Cuando pase el tiempo y se reposen las emociones, Cuba debería rendir
    tributo a todas sus mujeres, al margen de su filiación política y
    geográfica, e incluir en ese homenaje a las llamadas “jineteras” y a
    aquellas que se casaron con extranjeros para emigrar e intentar dar una
    vida mejor a sus familias, aunque muchas no lo han conseguido por esa
    vía, sino por su talento y capacidad.

    Una crisis económica sistémica, como la que padece Cuba, provoca pobreza
    y marginación. Pero la crisis ha sido especialmente cruenta con las
    mujeres, que han hecho de tripas corazón y enfrentado la adversidad con
    mayor resolución que muchos hombres.

    Por ejemplo, una señora que apoya al castrismo, sigue teniendo la
    responsabilidad de atender a su familia, con especial dedicación a sus
    nietos e hijos. Algunas han enviudado o llevan años solas porque sus
    maridos, también castristas, se alejaron del hogar inicial y crearon
    otros, emigraron o se inxiliaron con la ayuda del alcohol y otras muletas.

    Una crisis estructural como la que padece el capitalismo debido a los
    injustos excesos de la oligarquía financiera, genera más pobreza y
    desigualdad, y alcanza muy pronto a los trabajadores inmigrantes y,
    especialmente, a las mujeres.

    Atrapadas en la adversidad

    Claro que en todos los ámbitos hay excepciones; y hay matrimonios y
    parejas que han afrontado, juntos y sin fisuras, la adversidad de vivir
    en una Cuba empobrecida, la emigración, la incomprensión, y la felicidad
    y la tranquilidad de poder ayudar a sus padres, madres, abuelos e hijos
    de anteriores enlaces. Pero ello no ha librado a la mujer de soportar
    una carga específica diferente a la de los hombres.

    Obviamente que los discursos oficiales y las crónicas rosas que no
    faltarán este 8 de marzo en Cuba y en otros lugares del mundo obviarán
    las injusticias que padecen aún muchas mujeres y, en muchos casos, se
    darán por satisfechos, porque cumplen equis preceptos de Naciones Unidas
    y otras entidades internacionales.

    Pero la humanidad hace años descubrió que la estadística es una
    disciplina que sirve para probar una cosa y justo lo contrario; por
    tanto, no se trata de convenciones y tratados, sino de algo tan sencillo
    de asumir la desigualdad entre hombres y mujeres, siempre a favor de
    ellas. Pero ello implicaría hacer una revolución y -lamentablemente- la
    Magdalena no está para tafetanes.

    Source: Mujeres cubanas entre pobrezas y exilios | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/22820-mujeres-cubanas-entre-pobrezas-y-exilios/

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