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    La mentirosa prensa cubana

    La mentirosa prensa cubana
    Monótona, gris, vigilada, censurada, panfletaria, triunfalista, más de
    medio siglo vocera de éxitos fantasmas
    martes, marzo 31, 2015 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba. — (Cuba Sindical) La prensa cubana “revolucionaria”,
    calificada como panfletaria, monótona, manipuladora, con un diseño
    gris, mala calidad en el papel, sin diversidad estilística y
    conceptual, nació de los restos mortales de un periodismo libre que
    fuera censurado y más tarde prohibido desde los inicios de la revolución.

    Siempre bajo control estatal, su papel de vocera de la política y la
    ideología gubernamental, la obliga a la falta de objetividad, y a la
    omisión o disfraz de lo que acontece realmente en el país. Ante su
    patético rol, varios cubanos hablaron sobre la censura, las bolas y
    el secretismo en la prensa nacional.

    La coletilla

    “Todavía tenemos la suerte de que por limpiarnos el trasero con la
    imagen de Marx, Mao, Stalin, o el rostro victorioso de un líder del
    país en una primera plana, no seamos condenados a la cárcel, como lo
    hacían en Pyongyang los seguidores de Kim Il Sung, dijo con ironía,
    Ernesto Peñalver.

    Ex trabajador gráfico del periódico Avance, primer medio de prensa
    clausurado por la revolución (19-1-1960), Peñalver, con 75 años de edad,
    revende periódicos para vivir. “Gajes del oficio, señor. No puedo dejar
    el giro. Aunque ahora lo hago de forma clandestina y por la puerta de
    atrás”, señaló.

    Según el septuagenario linotipista, desde la imposición por parte de las
    autoridades cubanas de “La coletilla” (27-12-59), especie de opinión de
    los trabajadores gráficos que refutaban, debajo de cada artículo, los
    supuestos ataques contra la revolución, el fin de la libertad de prensa
    se veía venir.

    “Nosotros no escribíamos nada. Lo dictaban e imponían los viejos
    agitadores comunistas. Después de Avance, fueron confiscados y
    nacionalizados El País, El Mundo, y las estaciones de radio y televisión
    CMQ quedaron agrupadas el 31 de Marzo de 1960 en el Frente
    Independiente de Emisoras Libres (Fiel)

    El malhadado Fiel fue el principio del fin. Luego caería el Diario de
    la Marina, y las revistas Bohemia, Carteles y Vanidades, todas con
    calidad, sin restricciones ideológicas y diversa información, agregó
    Peñalver. “En ese año no quedó mono con cabeza en la prensa que se
    opusiera a Fidel. Se acabó”.

    Tras levantarse entre las cinco y las seis de la mañana, Peñalver dice,
    tomarse un traguito de café (si hay), una taza de cerelac, si aún queda,
    y asearse con agua almacenada y jabón sin ningún tipo de olor. Luego se
    reúne con decenas de ancianos que hacen colas para comprar y revender la
    prensa nacional de hoy.

    El secretismo gubernamental

    “En Cuba tenemos buenos periodistas, señaló una joven que dijo llamarse
    Isel. Lo único es que están atados de pies y manos, y más que todo,
    castrados de la opinión. Quien se salga de la línea oficial jamás
    escribirá una línea en Cuba. Al menos, en la prensa nacional. Y sobran
    ejemplos para ilustrar este tema”.

    Según la joven, el papel de héroe y de villano del corresponsal del
    diario Granma en Santiago de Cuba –José Antonio Torres –, primero
    elogiado por Raúl Castro en el propio periódico, y luego acusado como
    espía y condenado a 14 años de prisión, es más que suficiente para
    desestimular cualquier tipo de objetividad que cuestione los intereses
    del partido comunista y la revolución.

    Un trabajador de Acueductos y Alcantarillados que rompe la calle Escobar
    desde San Rafael a Malecón, preguntado si le gustaba la prensa cubana,
    expresó: “Leo entre líneas. La verdad es lo contrario de lo que se dice
    aquí. Pero, acere, ¿en qué me llevo un pan o lo que caiga pa´ los chamas
    en el gao?

    Asimismo, una señora que compraba el suplemento Cartelera, con
    información de los eventos artísticos del mes, señaló: “Esto es de lo
    poco en que se puede creer. Aunque a veces llegas a una exposición o un
    teatro y es completamente distinta la programación. Pero al menos se
    puede leer”.

    Más adelante, ante una pregunta sobre la objetividad de la prensa
    nacional, agregó: ¿Puede ser creíble una prensa plana, televisiva o
    radial que habla de sobrecumplimientos, avances, logros, cuando la
    realidad es inversamente proporcional a la información que dan, como
    sucede cada día en este país?

    Además, añadió, son ocultos, o casi nulos, los datos sobre los índices
    de violencia en el país, el nivel de la droga y la prostitución, el
    alcoholismo, los robos, algunas enfermedades, la corrupción estatal, y
    otras informaciones que pudieran servir de alerta para el
    comportamiento de la población”.

    Otra señora, que venía de una batalla campal para comprar unas papas en
    un agro mercado de Belascoaín, indicó: “Ni siquiera se ruborizan cuando
    hablan del despliegue victorioso de la cosecha de papas, a sabiendas de
    que la gente, y ellos mismos, tienen que fajarse y no alcanzan, o
    comprarla por fuera, a los revendedores, a dos dólares el kilo. Son unos
    mentirosos de marca mayor”.

    De acuerdo con muchos de los que hablaron sobre el tema, lo más leído en
    la prensa nacional son las secciones de quejas y sugerencias Acuse de
    Recibo, de diario Juventud Rebelde, y Cartas a la dirección, de Granma,
    por ser una especie de muro de las lamentaciones, donde el pueblo se
    queja aunque nada resuelva.

    En estas secciones -un típico reservorio de calamidades- se leen quejas
    sobre maltratos, microvertederos, derrumbes, tupiciones, retención de
    salarios, desalojos, sanciones injustas, expulsión ilegal, falta de
    medicamentos, peloteo, negligencias, descontrol, corrupción, y engaños,
    entre otros miles de actos que aquejan a la ciudadanía del país, y son
    endémicos dentro de la revolución.

    Más allá de publicar estos conatos de quejas, apenas sin solucionar
    aunque las entidades respectivas deban responder los reclamos de la
    población, los periodistas cubanos se dedican a elogiar los fantasmales
    éxitos de la revolución, y a señalar la paja en el ojo ajeno de otras
    naciones a nivel internacional, que si no son del Alba, la Celac o el
    Caricom, mucho mejor.

    De ahí que la prensa en Cuba, según criterio popular, sólo sirva para
    envolver desperdicios, taponar agujeros, rellenar colchones y, sobre
    todo, como papel higiénico en hospitales, centros recreativos,
    laborales, deportivos, escuelas, estaciones de ómnibus y el hogar. Y
    puede que alguien la lea una que otra vez.

    vicmadomingues55@gmail.com

    Source: La mentirosa prensa cubana | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/la-mentirosa-prensa-cubana/

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