Prostitution in Cuba
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    Entre malabares y frustraciones, sueñan

    Entre malabares y frustraciones, sueñan
    Doctoras, jineteras, santeras, católicas, presumidas, descuidadas,
    disidentes, militantes… Todas coinciden en una opinión: ser mujer en
    Cuba es una desgastante lucha
    lunes, marzo 9, 2015 | Isis Marquez

    LA HABANA, Cuba. -Ser mujer en Cuba es un eterno combate. Hay pocas
    alternativas, ser “ama de casa”, trabajar para el sistema o
    prostituirse. El primer desafío es no perder la cabeza en medio de tanta
    miseria, hambre y escasez. El segundo, sostener la dignidad entre tanto
    fracaso y corrupción.

    Caminando por las calles de Marianao en La Habana, nos encontramos con
    Agniolis Camacho, quien accedió a comentarnos sobre el tema: “Yo vivo en
    Cuba por que no me queda otro remedio. Lo que me salva es mi afán de
    superación académica para poder sobrevivir al diario. No se puede contar
    con los hombres (maridos), ellos van y vienen. Nadie garantiza un
    proyecto de vida, así que hay que resistir en la soledad.”

    Maydel Planas se graduó y ejerció como doctora. Pero no pudo continuar:
    “Estoy desempleada. A los doctores nos subieron el salario mínimo. Pero
    entre las guardias y los turnos especiales no me alcanzaba el tiempo
    para atender a mi familia. Tuve que renunciar, ahora estoy buscando un
    empleo en el sector en los pequeños negocios privados de la ciudad.”

    Otra entrevistada, Dolores de Caridad (Lolita), quiso contarnos: “Ya yo
    le entregué toda mi sabiduría y conocimiento al gobierno cubano cuando
    fui arquitecta. ¿Y qué tengo? Absolutamente nada. Fue muy difícil
    sostener una familia, yo sola, con dos hijos “vampiros” y endeudados.”

    Las hermanas Prado Rosales, llegadas a la capital desde el oriente del
    país, tienen su historia: “Nuestros hermanos nos trajeron para La Habana
    hace 20 años. Hemos aprendido a vivir gracias a una ‘prenda’ (talismán
    mágico), la Ndoki Viramundo, buena para buscar tesoros escondidos. Así y
    todo, la casa se nos cae encima. ¡Gracias al espiritismo mal vivimos,
    pero qué se le va hacer!”

    En el barrio capitalino de Buenavista me encontré con Josefa García y
    Mireya Bermúdez: “Nosotras hacemos lo que sea por la ‘izquierda’.
    Ganamos el sustento diario gracias a trabajos temporales: cuidar viejos,
    lavar ropa, recoger mandados. Nada es estable en nuestras vidas, somos
    auténticas malabaristas para llevar un plato de comida a nuestras mesas.”

    Están aquellas que prefieren ganarse el dinero con sus talentos. No
    depender de alguien que te dicte cómo se tienen que hacer las cosas.
    Esta decisión incluye arriesgarse a no gozar de una pareja estable.
    Exige una gran dosis de soledad y complicaciones.

    Camila Lozano es artista de la plástica: “Sé que lograré realizar mis
    sueños, largarme de este país con mis obra performática. Me llevará a
    otros países. Podré sentirme realizada. Aunque es en este caldero de
    país donde están los conflictos del día a día, que inspiran mis obras.”

    En el reparto habanero de Fontanar, viven Melissa Arenal y Adriana
    Sandoval, adolescentes “quinceañeras”: “Gracias a Dios que nuestros
    padres luchan para que no nos prostituyamos y acabemos nuestros estudios
    de bachillerato. Solo estudiando en la Universidad, llegaremos a ser
    profesionales y estaremos en el buen camino, que es hacer el bien por
    este país. La verdad, no quisiéramos nunca llegar a prostituirnos.”

    Noche de “fiesta house”. Pudimos interpelar a 3 chicas que prefirieron
    mantenerse en el anonimato: “Somos las vampiras de las cervezas. Eso,
    que los chicos nos paguen de todo. Lo nuestro es hacer el menor esfuerzo
    posible. Nuestros padres nos ayudan en todo. Somos jóvenes y todavía
    esperamos la lotería: ganarnos un Yuma (extranjero) que nos saque de aquí.”

    Nuestras últimas entrevistadas fueron tres mujeres rusas, residentes en
    Cuba: “Vivir aquí ha sido una delicia. Alguna vez fuimos ‘reinas’.
    Ahora, vivimos de la nostalgia y de la pensión mínima del gobierno ruso
    (200 dólares al mes). Vendemos nuestros derechos de Internet (60 dólares
    x mes) a cubanos que pueden pagarlo, pero que no tienen permitido
    adquirir ese servicio. También vivimos mejor, gracias a que nuestros
    hijos emigraron a terceros países y nos envían remesas.”

    Source: Entre malabares y frustraciones, sueñan | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/entre-malabares-y-frustraciones-suenan/

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