Prostitution in Cuba
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    Un habanero y un oriental dentro de un almendrón

    Un habanero y un oriental dentro de un almendrón
    Dos cubanos que se enredan en una conversación casual, cotidiana,
    airada, rebelde. Son probablemente los mejores voceros del pueblo
    viernes, febrero 6, 2015 | Leonardo Calvo Cardenas

    LA HABANA, Cuba. -Hace unos días, mientras compartíamos el ambiente de
    un taxi colectivo habanero de antigua fabricación, un ocasional
    compañero de viaje, al escucharme terciar con varios análisis en el
    debate sobre la actualidad nacional que con frecuencia se produce en los
    llamados almendrones, me preguntó en diferentes momentos sobre lo que el
    llamó dos situaciones absurdas recientemente ocurridas.

    Según el señor, de mediana edad y acento del Oriente del país, parecía
    increíble que a lo que queda de La Habana la hubiesen declarado una de
    las siete ciudades maravilla del mundo, al tiempo que incrédulo y
    altisonante se preguntaba qué parámetros o requisitos se tenían en
    cuenta para tal selección. Sin dejar de gesticular en el angosto espacio
    del vehículo, el pasajero comentó “¿Cómo se les ocurre a estos locos
    llevar a los presidentes de la Comunidad del Caribe (CARICOM) de visita
    nada menos que al zoológico?”

    El comentario más socorrido sobre el impensable galardón es que los
    integrantes de la Seven Wonder Fundation no tienen que afrontar la dura
    cotidianidad de nuestra “maravillosa” urbe. Según trascendió una de las
    motivaciones fundamentales de la selección es la manera en que se
    expresa o manifiesta la diversidad en la ciudad. Cabe preguntarse qué
    visión de la diversidad genera una ciudad donde los opositores y los
    jóvenes afrodescendientes son permanente objeto de arbitraria represión,
    o donde pacíficas defensoras de los más elementales derechos son
    víctimas de permanente violencia y maltratos físicos.

    Solo pude decirle a mi interlocutor que algo sí es innegable: esta es la
    única capital del planeta donde todos los edificios están en visible
    estado de deterioro, donde los inmuebles se desmoronan a nuestro paso y
    los infortunados sobrevivientes siguen viviendo en el lugar a la
    intemperie, donde todas las calles están en deplorable estado y donde
    todos los automóviles son viejos. Se puede recorrer varias veces el
    globo terráqueo sin la mínima posibilidad de encontrar tanta “maravilla”
    junta.

    Estoy seguro que los ilustres maravillados con La Habana ni siquiera
    imaginan cuantos habitantes de nuestra maltrecha capital llevan décadas
    arreando cada día enormes recipientes de agua a causa de la sempiterna
    falta de acceso directo al preciado líquido, cuántos niños nacidos en la
    ciudad están privados de las cuotas racionadas de alimentos por ser
    considerados ilegales como habitantes de las decenas de villas miserias
    que “adornan” la maravilla.

    Parece realmente una broma macabra y demuestra lamentable desprecio por
    los seres humanos declarar ciudad maravilla al rincón del mundo con el
    peor sistema de transporte, donde la indigencia y la mendicidad crecen
    sin remedio, donde en las noches cualquier espacio puede convertirse en
    baño público por la casi total inexistencia de esos imprescindibles
    servicios y donde el panorama social y moral se ensombrece con la
    extensión de la prostitución infantil de ambos sexos.

    Le dije a mi ocasional interlocutor que es mejor ni acordarse de
    semejante premio, es mejor pensar que un día La Habana va a volver a ser
    la ciudad maravillosa que una vez fue, pensar que será también moderna,
    funcional, segura y socialmente equilibrada. Es preferible soñar con una
    Habana futura de la que todos podamos orgullecernos por los nuevos
    rascacielos y antiguos monumentos, pero sobre todo porque la dignidad e
    integridad de todos los seres humanos, sin distinción sea el valor más
    respetado y protegido.

    Sin embargo cuando el Palmero, como el mismo se hace llamar, no salía de
    su asombro era mientras yo le recordaba que durante muchos años las
    islas del Caribe fueron exportadores de mano de obra muy barata para la
    otrora solvente industria azucarera de la Isla, pero mientras el alto
    liderazgo de La Habana se convertía en pieza del rejuego geopolítico de
    la guerra fría dándose aires de potencia global, por cierto sin hacer el
    menor caso a sus vecinos de las Antillas menores y sumiendo a nuestro
    país en la miseria y el retraso, estos pequeñas naciones se colocaron en
    los primeros lugares del Índice mundial de Desarrollo Humano y son
    modelos de desarrollo sostenible y equilibrio social.

    Esta realidad se la ponía difícil a los encargados del protocolo oficial
    en la pasada Cumbre Cuba-CARICOM. Si los altos dignatarios caribeños
    fueran conducidos a visitar el hospital Hermanos Amejeiras, las
    condiciones hospitalarias de la más presentable instalación médica de la
    Isla y las agobiantes aglomeraciones de pacientes harían temblar de
    pavor a los visitantes. Si acaso visitaran las escuelas emblemáticas, a
    saber el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Vladimir I.
    Lenin o la Universidad de Ciencias Informáticas UCI, los invitados de
    ocasión no podrían menos que preguntar dónde están los
    afrodescendientes, siempre en visible minoría en estos centros
    educacionales de supuesta excelencia.

    Si la presumible visita fuera a la muy publicitada Zona de desarrollo
    del Mariel, los ocasionales visitantes se percatarían que nadie se ha
    dejado conquistar por los desesperados cantos de sirenas de los
    gobernantes cubanos, quienes van por el mundo ofreciendo a los posibles
    inversionistas foráneos todo género de facilidades y privilegios aunque
    cada día es más difícil encontrar quien se deje engañar y estafar.

    Definitivamente la mejor solución fue montar a los presidentes y
    primeros ministros en cómodos buses para deleitarse con la belleza y
    vida placentera que llevan los animalitos en el Zoológico nacional y de
    paso sacar la lógica y útil conclusión de que si los animales viven así,
    entonces las personas disfrutan de una existencia espectacular.

    No pudieron menos que reírse mis compañeros de viaje cuando comenté la
    suerte de que la Cumbre Cuba-CARICOM se celebrara poco tiempo después
    que se instalaran en el Zoológico los animales donados por Namibia, si
    la visita fuera dentro de un año bien podrían encontrarse al hoy
    majestuoso león con evidente menos peso corporal, la melena un tanto
    desgreñada, descansando bajo un árbol después de una larga jornada de
    trabajo voluntario en saludo a alguna heroica fecha histórica y
    dispuesto a degustar un suculento racimo de plátano burro, único
    alimento disponible por culpa del “criminal bloqueo imperialista”.

    Al abandonar el vehículo en el céntrico Parque de la Fraternidad el
    Palmero, moviendo la cabeza y alejándose de su natural y persistente
    tono jocoso, afirmó: “la mentira y el absurdo son el pan nuestro de cada
    puñetero día, si no fuera tan triste habría que reírse” y se perdió
    entre la ola de transeúntes que se movían hacia las inmediaciones del
    Capitolio Nacional que después de su interminable reparación será sede
    del Parlamento fantasma de esta Isla surrealista.

    Mmontesinos3788@gmail.com

    Source: Un habanero y un oriental dentro de un almendrón | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/un-habanero-y-un-oriental-dentro-de-un-almendron/

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