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    La vieja y la nueva Cuba – dos países que se enfrentan a un mismo desafío

    La vieja y la nueva Cuba: dos países que se enfrentan a un mismo desafío
    La realidad de la isla, con cuentapropistas dispuestos a aprovechar la
    “actualización” del sistema socialista emprendida por Raúl Castro,
    convive con las libretas de racionamiento y las consignas
    revolucionarias pintadas en las calles de La Habana; ese contraste
    desaparece bajo el optimismo que todos los cubanos muestran por el
    gradual deshielo de la relación con EE.UU.
    Por Daniel Lozano | Para LA NACION

    LA HABANA.- Cuba se enfrenta hoy a su hora de la verdad “antes que
    anochezca”. El título de la desgarradora biografía de Reinaldo Arenas
    ilustra los tiempos que corren en esta isla perdida en el mar y en el
    tiempo. Hoy, 56 años después del triunfo de la revolución, toca cambiar
    o morir.

    Los “cambios estructurales y de concepto”, anunciados por Raúl Castro
    tras heredar el poder de su hermano Fidel, sitúan a la isla frente a su
    propio espejo. Y lo que se ve en el laberinto nacional son dos Cubas de
    contrastes extraordinarios, pero que comparten las mismas calles, en un
    país que se dedicó al arte de hacer ruinas.

    Por un lado, la nueva Cuba, pujante, dispuesta a aprovechar la
    “actualización” del sistena socialista y alentada por el histórico
    deshielo con Estados Unidos. Por otro, la vieja, la de la libreta de
    racionamiento, los eternos autos norteamericanos y las consignas
    revolucionarias que gritan en las paredes.

    Y entre una y otra, las reformas, donde algunos encuentran similitudes
    con la China de los 80: los cubanos ya pueden comprar celulares y autos,
    aunque sus precios son inalcanzables. Se pueden hospedar en hoteles,
    cuyas habitaciones sólo son para los más privilegiados. Se repartieron
    tierras que no producían (más del 80%) entre agricultores aplastados por
    la burocracia.

    Ahora incluso pueden vender sus departamentos cuando antes, como mucho,
    conseguían permuta. Sobre Cuba vuelan las mismas sombras de casi siempre
    y algunas luces que comienzan a aparecer, encendidas por la esperanza de
    11 millones de habitantes.

    El histórico deshielo entre Estados Unidos y el gobierno de Raúl ha
    llevado hasta sus calles un optimismo exacerbado que casi todos
    comparten. Hay excepciones, por supuesto.

    “Los cubanos tenemos una cosa, no sé si es buena o mala: nos reímos de
    todo, incluso de nuestra vida desgracia.” Luis Fernández cumplió 88
    años, la misma edad del oculto Fidel, que hace un año que no aparece en
    público.

    Cada una de sus palabras desborda dignidad. “Esto está imposible, pero
    ahora la gente piensa que en unos días estaremos mascando chicle y
    fumando Camel”, reflexiona el anciano de camino a la bodega, a donde
    acude armado de su libreta de racionamiento. Con el estómago vacío y los
    bolsillos llenos de hastío. Es uno de los miles de cubanos que depende
    de la vieja cartilla para sobrevivir, pese a su anoréxica oferta: arroz,
    picadillo de soja, un líquido que aseguran es aceite, algo de pollo?

    “Siento que salimos de una pesadilla”, describió Leonardo Padura,
    escritor empeñado en buscar “una luz al final del túnel” a sabiendas de
    que no hay ninguna “lámpara mágica”.

    El viaje por La Habana de hoy nos lleva al cine Yara, el más famoso de
    la ciudad, donde dan una película cubana, Contigo, pan y cebolla, de
    Juan Carlos Cremata. Una inocente comedia situada en los años 50 y que
    refleja problemas muy parecidos a los actuales. “Esperanza para el
    futuro, pero ¿cuándo llega ese futuro?”, se cuestiona uno de los personajes.

    A dos cuadras, en dirección al Malecón, acaban de inaugurar el bar
    restaurante Havana 21. Sus propietarios no esperaron al futuro, fueron
    directamente a buscarlo.

    “Es el momento de invertir en este negocio, «todo pa’ frente», como
    decimos los cubanos”, asegura Richard, de 47 años, uno de sus propietarios.

    Él, su socio y alguno de sus empleados forman parte del grupo de 178.000
    cuentapropistas que este año deberán pagar sus impuestos, aunque más de
    400.000 ya tienen licencia para ello.

    Son trabajadores que levantaron su propio negocio o que forman parte de
    él: taxistas privados, cafeterías, paladares [restaurantes de
    cuentapropistas], gimnasios, arrendatarios de vivienda, relojeros,
    vendedores ambulantes, manicuras, artesanos, lavacoches, salones de
    belleza, fotógrafos, peluqueros y así hasta un centenar de oficios.

    La apertura al capitalismo más importante realizada en Cuba, que se
    inició en los 90 durante el “período especial”, pero que ahora se
    multiplicó con Raúl, empeñado en salvar a su sistema de la quiebra.

    “Soy un superviviente de la guerra de Angola, del Mariel, del período
    especial y de la cosa esa que vino después [en referencia a la
    «actualización»]”, se mofa el matazombis de Juan de los Muertos, la
    película más aclamada de la nueva era. El cuentapropista más especial de
    la miniapertura capitalista de Raúl.

    Un film que parece una metáfora, y que se incluye en los “paquetes” que
    se venden en distintos rincones de La Habana. Se trata de memorias USB,
    con series, películas y partidos de fútbol en su interior. Al cubano no
    le gusta su televisión ideológica, sólo ve las telenovelas. Y por ello
    se divierte con programación pirateada de la prohibida televisión por
    cable, incluidos los partidos de fútbol, porque el béisbol dejó de ser
    el deporte rey. Los caprichos de la globalización llegan hasta las
    paredes de la ciudad, donde los seguidores de Lionel Messi disputan sus
    espacios a los fans de Cristiano Ronaldo.

    Caminando la nueva Cuba llegamos hasta los dominios de Francisco Valido
    González, de 48 años, uno de los líderes de los taxis ruteros, “una
    cooperativa a la fuerza de 106 socios y 46 guaguas [ómnibus]” que cubre
    rutas desde Alamar hasta Santiago de las Vegas.

    “Si no tomábamos la oferta del Estado, nos íbamos a nuestras casas. Pero
    es un engaño y un fracaso”, asegura un trabajador, que para salvarse del
    desempleo que afectó a más de un millón de cubanos tras los recortes de
    Raúl padece hoy en un “régimen de esclavitud”.

    Conduce vehículos de sexta mano, cuya tres cuartas partes de la
    recaudación van para el combustible. Las piezas que se van rompiendo se
    compran al Estado. De los 46 vehículos, sólo 15 están trabajando en un
    sector muy criticado por la población.

    LA LUCHA OBRERA

    Siguiendo los llamados “lineamientos” de Raúl, que promueven la crítica
    dentro del sistema, Valido inició una cruzada para impulsar un
    movimiento de cuentapropistas. “Quiero formar un sindicato
    independiente, muchas personas me siguen en mi lucha obrera por
    unificarnos en esta nueva Cuba”, clama el chofer, que ha sido calificado
    de “contrarrevolucionario”.

    La conversación con Valido se lleva a cabo en una vivienda de alquiler,
    de las que también han proliferado durante la apertura de Raúl.

    Estos cuentapropistas pagan hoy 28 dólares mensuales más un 10% de los
    ingresos anuales mientras esperan el desembarco de los turistas
    estadounidenses, que no llegaron a 100.000 en el total de tres millones
    que vinieron en 2014. “Son entre 5000 y 6000 en La Habana”, contabiliza
    el creador de una de las web más poderosas del sector.

    Rosita conoce bien la microeconomía creada en torno a las casas para
    extranjeros. Ella prepara los desayunos a cuatro dólares en un edificio
    de Vedado con cinco departamentos para alquilar, a 30 dólares la noche.
    Otro vecino se convierte en botero (taxista) improvisado en el viaje
    entre la vieja y la nueva realidad, que nos lleva a las inmediaciones
    del Cine Chaplin, donde se destaca UltraCell, otro de los negocios más
    prósperos: los agentes de telecomunicaciones.

    “Reparamos celulares, actualizamos sistemas, instalamos aplicaciones”,
    recita uno de los socios, quien reconoce que “todo es de importación: o
    se trae o lo compramos aquí a gente que lo trae de afuera”. La marca
    favorita de los cubanos es Samsung y la aplicación de moda ConoceCuba,
    una interesante guía de la capital.

    Así llegamos hasta cerca del cementerio, donde se levanta otro nuevo
    negocio: La Isla Inmobiliaria. Tras medio siglo de prohibición, las
    casas se vuelven a vender, y todo el que quiere marcharse al exterior o
    necesita el dinero para montar un negocio pone su vivienda en venta.

    “Los precios están aterrizando ahora”, tras los primeros escarceos con
    cifras muy elevadas, reconoce la administradora, que gestiona más de mil
    apartamentos. La media, asegura, se vende entre 60.000 y 80.000 dólares,
    aunque las buenas viviendas de Miramar se disparan por encima de los
    200.000 dólares.

    El recorrido por la Cuba de hoy acaba a unos pocos metros, donde un
    anciano vende la revista Bohemia.

    “Avanzamos hacia el perfeccionamiento de un socialismo más eficiente,
    justo, próspero y sostenible”, editorializa, sin saber que sus palabras
    coinciden con la fuga de uno de sus fotógrafos, quien desde México pisó
    tierra estadounidense. Hoy está iniciando una nueva vida en California?

    EL EXILIO

    Los que eligen irse

    Anabel (28 años) es una de las habaneras que decidió que su futuro está
    lejos de la Cuba de los cambios. En la imagen, tomada el año pasado,
    aparece ante la lente del fotógrafo después de comprar huevos en el
    conocido Ten Cent de las calles 23 y 10, en el céntrico Vedado. La joven
    consiguió viajar poco después a Estados Unidos, donde comenzó una nueva
    vida. La reforma migratoria de 2013 permite viajar a los cubanos que
    cuenten con visado del otro país, aunque no ha anulado la “carta
    blanca”, ese permiso previo necesario para desplazarse fuera del país.

    LA GÓTICA

    Todo por el dinero

    Valeria (28 años) lleva 15 piercings y tres tatuajes, ama a Lovecraft y
    siente que su apariencia gótica la aparta de la “mediocridad” que la
    rodea. Hace un año que dejó la prostitución, también fue cuentapropista
    de su propio cuerpo. “Iba a buscar dinero, sobre todo con extranjeros”,
    describe quien nació llamándose Félix de Valois. En la mejor de sus
    noches consiguió 120 dólares, cinco veces más que el sueldo medio de los
    cubanos que trabajan para el Estado. Valeria sueña hoy con irse. “Es mi
    sueño más grande, aunque no quiero dejar a mis padres solos.”

    LA CARTILLA

    50 años vigente

    La cartilla de racionamiento marcó la vida de los cubanos durante medio
    siglo. Hoy, reducida al máximo, da para una semana de una alimentación
    mínima, pero sigue siendo vital para el día a día de miles de personas.
    Para adquirir a precio subsidiado arroz, frijoles y otros productos
    básicos como azúcar, aceite y huevos los cubanos acuden a las viejas
    bodegas, lugares donde el tiempo parece haberse detenido. Para sus
    detractores, las cartillas son símbolo del fracaso de la economía
    castrista. Para otros, una forma de supervivencia.

    LOS POLICÍAS

    Siempre están

    Una pareja de policías posa, casi a regañadientes, frente al popular
    Flor Habana, en la esquina de las calles 25 y 12. El sorprendente
    argumento del fotógrafo (“Este país va a cambiar tanto que hasta sus
    uniformes van a desaparecer”) convenció a los agentes. Las distintas
    reformas no afectaron a la policía local, que mantiene su presencia en
    las calles. Eso sí, el gobierno sigue enfrentándose a un problema: pocos
    habaneros quieren ser policías. La gran parte de los que se despliegan
    por la capital proceden del interior del país.

    RIMAS

    El rapero rebelde

    Aldo Rodríguez (31 años) es el líder de Los Aldeanos, un fenómeno social
    idolatrado en la isla gracias a sus rimas urbanas, que describen la vida
    de la gente. Los revolucionarios de la revolución. Ahora afila su música
    para describir los valores que se perdieron: “En la necesidad comienza
    en fin de los principios”. Y no sólo canta las rimas de la desazón,
    también se las tatúa en el cuerpo . Aquí posa ante el fotógrafo tras
    salir de la comisaría, detenido por ignorar un semáforo cuando iba en
    bici. “Me soltaron tras hacerse fotos conmigo”, relata muerto de risa.

    NECESIDAD

    Trabajar a los 89

    Guillermo Indast trabaja en un consolidado, una especie de taller
    cercano a la habanera Avenida de los Presidentes, en donde los fines de
    semanas desfilan las distintas tribus urbanas de la capital. Allí repara
    electrodomésticos tan viejos como él, incluidas las famosas ollas
    arroceras chinas que Fidel Castro importó e impuso a la fuerza. Desde
    aires acondicionados soviéticos hasta ventiladores de origen
    desconocido. El anciano se mantiene por necesidad al pie del cañón, su
    pensión no llega a 12 dólares mensuales. Ya cumplió los 89, uno más que
    Castro..

    Source: La vieja y la nueva Cuba: dos países que se enfrentan a un mismo
    desafío – 01.02.2015 – lanacion.com –
    http://www.lanacion.com.ar/1764842-la-vieja-y-la-nueva-cuba-dos-paises-que-se-enfrentan-a-un-mismo-desafio

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