Prostitution in Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Translate
EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish
Archives
Recent Comments

    Turistas pobres, ricos solo en La Habana

    Turistas pobres, ricos solo en La Habana
    Vienen a la Isla, porque en sus países son nadie, y aquí se sienten
    superiores ante la miseria y los nativos pedigueños
    lunes, diciembre 8, 2014 | Luis Cino Álvarez

    LA HABANA, Cuba -Aunque tratan de aparentar lo contrario, una buena
    parte de los turistas que viajan a Cuba viven de forma bastante modesta
    en sus países de origen. Algunos hasta se puede considerar que son
    francamente pobres. Solo que del Primer Mundo…

    Muchos son obreros u oficinistas que se la pasan ahorrando todo el año
    para en las vacaciones poder visitar el Caribe. Cuba, en particular. El
    dinero reunido no alcanza para ir a Cancún o Bahamas.

    Vale la pena cohibirse y ahorrar para luego poder disfrutar no solo de
    playas paradisíacas, habanos, ron y música salsa, sino también de las
    reliquias del exótico parque temático de la revolución de Fidel Castro y
    el trato de una población que vive de un modo tan miserable que a
    cualquier pelafustán que muestre la cartera con un puñado de euros o
    dólares, lo hará sentir como un potentado sahib.

    No importa si los servicios y los hoteles no son tan buenos, y los
    productos en las tiendas sean de mala calidad y bastante caros… Aquí
    pueden sentirse a sus anchas, olvidarse de determinadas convenciones
    sociales y hacer lo que en sus países no se les permite y tampoco
    permiten aquí a los nativos, pero a ellos sí porque son extranjeros… Ya
    se sabe: en Cuba los nacionales no tienen prioridad alguna, excepto para
    la policía.

    Hace un par de años conocí a un joven suizo que estaba fascinado por
    Cuba. Paraba en una habitación alquilada en una casa particular por lo
    que creía conocer bien cómo era la vida de los cubanos. No quería que le
    hablaran de política, y menos de disidentes. Lo que más le gustaba,
    aparte de lo desinhibidas que eran las muchachas, era lo barata que se
    conseguía la marihuana y que podía ir en bicicleta por La Habana, raudo,
    sin camisa, en short, bebiendo con la piel el sol tropical, olvidado de
    multas y señalizaciones del tránsito.

    Muchos vienen solo a pasear y divertirse. Otros, en plan turismo
    ideológico. Pero no son pocos los turistas, lo mismo hombres que mujeres
    que vienen en busca de sexo barato. El más barato del mundo. Puede
    costar solo unas cervezas o una cena.

    No son solo pervertidos y maniáticos. También y sobre todo, hay
    solteronas, tímidos, apocados a los que les suele costar trabajo
    relacionarse con los demás, impotentes, personas con inhibiciones y
    complejos, ancianos libidinosos, homosexuales que ocultan serlo, gente
    con gustos raros a la hora del sexo… Sentirse superiores a sus clientes
    los ayuda a sentirse no solo desinhibidos, sino hasta amados y deseados.

    Y aquí hay muchachas y muchachos para escoger. Carne de primera. Morena
    y ardiente, como se supone sea en el Caribe. Y no hay que hablar
    demasiado ni prometer mucho. Y si hay que regatear, las jineteras y los
    pingueros, que no suelen ser muy exigentes, casi siempre hacen rebajas.

    Claro, que en esto de la prostitución, siempre hay sus riesgos. Pero
    nunca tanto como en Bangkok o en Río. Hay enfermedades venéreas,
    asaltos, timadores y crímenes pasionales, pero no hay que exagerar…

    Los turistas pobres son bastante fáciles de descubrir en La Habana. Se
    les ve deambular sucios, mal vestidos, en chancletas, con mochilas a la
    espalda, en busca de una habitación que rentar en una casa, que resulta
    mucho más barata que un hotel. Se montan en las guaguas, y apretujados,
    avanzan por los pasillos, cayéndose y empujando a los demás pasajeros.
    Comen pan con tortilla o cualquier fritanga en cafeterías particulares
    antes que en restaurantes o paladares. En busca de souvenirs que prueben
    que estuvieron en Cuba, regatean a los vendedores, lo mismo una gorra
    guerrillera –verde olivo y con una estrella roja, más a lo guardia rojo
    de Mao que a lo Che Guevara– que una talla de madera que parece
    representar a un cimarrón o unos borrones que recuerdan vagamente al
    Morro, sobre un lienzo de un pobre diablo que dice ser pintor.

    En sus tratos con los nativos, algunos turistas han resultado ser
    verdaderos malandrines. Por no decir delincuentes. Y no me refiero
    precisamente al armenio-canadiense Tomakjian, que no se sabe bien que
    fue más, si lo que robó o lo que le robaron.

    Conozco un músico habanero –toca guitarra, piano y alguna percusión
    menor- que ha sido engañado por extranjeros tres veces en los últimos
    diez años. La primera vez, por dos madrileños que le prometieron
    llevárselo a tocar con uno de los más populares grupos de rock
    españoles. La segunda vez por un canadiense que dijo ser productor
    musical y le prometió llevárselo a Quebec y ponerlo a tocar como músico
    de sesión con los mismísimos Burton Cummings y Randy Bachman, que decía
    eran sus amigos y estaban a punto de formar una nueva banda. Y la
    tercera, que fue la peor, por una mexicana.

    Poco agraciada y bastante mayor ella, luego de acostarse con él, le hizo
    firmar a mi amigo y al grupo que formó, un contrato leonino que lo
    obligó, entre otras cosas, a montar un repertorio compuesto
    exclusivamente por sones tradicionales, guarachas, boleros y bachatas.
    Durante varios meses, por una miseria, tocaron en los peores tugurios
    del DF y Cuernavaca, para un público bastante pendenciero. La productora
    se aburrió de él, se lió con un adolescente dominicano y abandonó a los
    cubanos a su suerte. Les fue muy mal. Nada les salió como esperaban. Los
    cuatro músicos no quieren ni acordarse del hambre que pasaron para
    reunir el dinero de los pasajes para regresar a Cuba.

    Muchos de estos turistas, por muy pobretes, incultos y faltos de clase
    que sean, se dan ínfulas y adoptan aires de superioridad con los
    nativos. Como si todos los cubanos estuviésemos dispuestos a servirles
    de criados o bufones. Como si estuviésemos obligados a menearnos al son
    de las maracas.

    A menudo uno siente vergüenza por tanto compatriota pedigüeño, servil,
    que chapurrea unas cuantas palabras mal aprendidas en un inglés de erres
    arrastradas que recuerda el de los indios de las películas del Oeste de
    clase B, para ofertar lo mismo tabacos que muchachas o muchachos, o que
    hacen de payasos, en las calles de la Habana Vieja, a cambio de unas
    moneditas. ¡Y todavía queremos que nos respeten!

    luicino2012@gmail.com

    Source: Turistas pobres, ricos solo en La Habana | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/turistas-pobres-ricos-solo-en-la-habana/

    Print Friendly

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *