Prostitution in Cuba
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    Preferirían haber nacido en otro país

    Preferirían haber nacido en otro país
    Son los adolescentes de la Cuba de hoy. Abandonarán la isla tan pronto
    puedan
    lunes, diciembre 15, 2014 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba. -¿Se sienten los jóvenes cubanos representados por el
    gobierno cubano? ¿Piensan realmente por voluntad propia o actúan (en el
    más estricto sentido del término “actuación”) como prisioneros que
    exploran las posibilidades de escape de un país que no asumen como
    “patria” sino como cárcel? ¿Hay signos de un cambio de mentalidad que
    dará al traste con ese sistema político absurdo que aniquiló las
    voluntades individuales de sus padres y abuelos?

    Estas y otras preguntas, lanzadas al azar en conversación con varios
    jóvenes y estudiantes cubanos, tal vez no arrojarán respuestas
    conclusivas pero, al menos, dejarán ver que los actuales tiempos son de
    cambios radicales y que la revolución cubana, sin dudas, se encamina a
    una fase de muerte no por envejecimiento sino por sofocación de las
    nuevas generaciones a manos de los más viejos.

    “No conozco a nadie que esté tan loco”, me responde Denis, un estudiante
    de un preuniversitario de las afueras de la capital cubana, cuando le
    pregunto si, al terminar los estudios, piensa quedarse a vivir en Cuba.
    Y más adelante agrega: “Casi toda mi familia está afuera y yo estoy
    esperando a pasar el servicio [militar] para pirarme [irse]. Esto está
    jodido, asere. Ninguno de esos tipos [se refiere a los gobernantes] va a
    arreglar esto. Si tú coges ese teléfono y lo rompes, ¿después cómo vas a
    arreglarlo tú mismo? Hay que estar loco”.

    Amigo de Denis, compañero de aula, Brian explica las razones para no
    permanecer en Cuba: “Aquí siempre es lo mismo. Nunca va a cambiar nada.
    Por más que trabajes siempre vas a pasar trabajo. […] yo gasto todos los
    días 40 pesos [poco más de un dólar] para llegar a la escuela y para
    regresar a mi casa. Más 50 pesos [2 dólares] que me da el puro [padre]
    para merendar y esas cosas. Estos tenis me costaron 40 fulas [dólares] y
    los compré en agosto, ya se están rompiendo porque son los mismos que
    uso para la Educación Física [deporte] y, de donde te dejan las máquinas
    o la guagua, hasta aquí, hay que caminar como dos kilómetros, ida y
    vuelta, todos los días, bajo tremendo sol o lloviendo. El salario del
    puro no alcanza para aguantar esto”.

    Coincidentemente, para Omar, Leydis y Yuderkis, otros jóvenes que
    también participan de la conversación, no hay otra solución para los
    problemas actuales que no sea marcharse del país.

    A la pregunta sobre la posibilidad de un “milagro” económico o político
    que los haga cambiar de idea, Leydis me responde: “No seas bobo, ¿tú no
    ves que las cosas cada vez están peor? […] Aquí nadie está viviendo del
    salario. En mi escuela los profesores viven de los repasos y de
    aprobarte si le das dinero. Cuando llega el día del maestro te exigen el
    regalo, y si les das algo barato, te joden. Al profesor de Preparación
    Militar hay que darle un dólar para que te deje faltar [a clases], y al
    de Educación Física, también […]. ¿De dónde la gente saca el dinero?
    Olvídate, que no es del salario. Y no puedes hacer nada porque aquí todo
    el mundo está por lo mismo”.

    Para Yuderkis, en Cuba muy pocos escapan a la maquinaria ideológica: “Yo
    soy de la Juventud [comunista] pero porque no me quedó más remedio. Mi
    papá y mi mamá viven en otro siglo pero no se dan cuenta de que comen
    gracias a mi abuela que nos manda el dinero […] ella vive en Miami, con
    mi tío. […] Pero mi papá todavía piensa que si soy de la Juventud me van
    a dar mejor ubicación. […] Yo no quiero una carrera, ¿para qué? Eso no
    sirve para nada, al final te mueres de hambre. Estudias mil años por
    gusto. Mi hermano tiene noveno grado, dejó de estudiar y se puso a
    vender ropa y zapatos en un portal y ahora gana más que mi papá que se
    graduó de Historia. Lleva años dando clases en la misma secundaria donde
    yo estudié. […] Él no es como los demás profesores que chantajean a los
    alumnos y le piden dinero, y por eso lo miran mal, hasta la directora lo
    tiene en la mirilla porque él no acaba de entender que esto es una
    mierda, pero es como dice ella [Leydis], aquí todo el mundo está luchando”.

    “Aquí hay que pirarse pa´ la Yuma”, nos dice Boris tajantemente cuando
    le pregunto si piensa trabajar para el Estado ahora que ha dejado los
    estudios. El tema de la conversación aviva la discusión con los amigos
    presentes: “Asere, deja esa locura, ¿quién se va a meter 8 horas
    trabajando para ganar lo que puede hacer en una hora?”. Con solo 16
    años, Boris, al igual que miles de jóvenes en Cuba, es criador y
    vendedor de palomas. En su familia todos viven de los ingresos del
    muchacho, que abandonó los estudios cuando al padre lo sentenciaron a
    cinco años de prisión por herir de gravedad a una persona en una reyerta
    callejera a causa del negocio de las palomas.

    En el barrio de Boris, una zona marginal en Arroyo Naranjo, la violencia
    es una realidad tan palpable como esa otra, mucho más cruda, de
    adolescentes que abandonan las escuelas porque, conociendo bien el
    contexto donde han crecido, no ven alguna utilidad práctica en los
    estudios ni en la permanencia en el país.

    Nos dice Boris: “Por cada paloma yo gano entre 15 a 100 dólares. […] No
    vendo todos los días pero al final gano más que si trabajara para el
    Estado. […] Una parte del dinero se lo doy a mi mamá y la otra la cojo
    para comprar más palomas. A veces me las han robado y entonces tengo que
    salir a buscarlas porque uno sabe quién fue. […] Me he tenido que fajar
    porque aquí no se puede andar con boberías, este negocio es así. Todos
    están tratando de robarte y tú a veces también tienes que robar [las
    palomas]”.

    Cristian, amigo de Boris y también criador de palomas, nos dice: “es
    mejor esto que andar por ahí con maricones, con viejos”. A diferencia de
    Boris, Cristian aún no ha abandonado los estudios: “en mi pre hay quien
    sale y se va directo para el Vedado o el Parque Central a buscar
    turistas. […] Hembras y varones. Se buscan el dinero o le regalan
    celulares, ropa. Yo no ando en eso, lo mío son las palomas”. Por su
    parte, Boris reconoce que muchos adolescentes ejercen la prostitución
    obligados por sus padres y estos, a su vez, por necesidades económicas
    imperiosas: “están los descara´os, pero yo sí conozco a una jevita que
    la madre le busca turistas. Hay quienes están embarcaos. Aquí todo el
    mundo tiene que vivir de algo”.

    Osmani, de 16 años y amigo de Boris y Cristian, nos da su punto de
    vista: “En Cuba se pasa mucho trabajo y ponerse a estudiar es una
    mierda. Si al final vas a irte de aquí, ¿de qué sirve? No puedes ir a
    una discoteca si no luchas el dinero, no puedes hacer nada. En mi pre
    los profesores te hablan de lo mismo, que si la revolución, que si los
    cinco héroes y al final, te dicen que si no le pagas 5 fulas te
    suspenden, y después te enteras que se fueron del país. En el trabajo de
    mi puro es igual, que si no va a los desfiles o a echarle flores a
    Camilo, le quitan el estímulo o no le venden ropa, y al final, el jefe
    es un descara´o que tiene dos casas, una moto y un montón de jevas”.

    Para Mariam y Yuniel, una pareja de jóvenes estudiantes de
    preuniversitario en el municipio Boyeros, la situación en Cuba es, según
    sus propias palabras, “deprimente”. Yuniel pretende abandonar el país en
    cuanto termine el pre, mientras que Mariam esperará a graduarse de
    Medicina para reunirse con su padre que ya lleva dos años viviendo fuera
    de Cuba.

    “En la escuela te siguen hablando de la revolución y de Fidel y Raúl
    pero ya todos nos reímos de eso. Cuando ponen a alguna bobita a leer
    algo y a hablar mierda, la gente después se burla en el aula. Le ponen
    letreros, le echan cosas en la ropa. Ya nadie está para el teque. […] Al
    menos en mi aula le damos tremendo cuero a los de la juventud, y al
    profesor de Preparación Militar lo tenemos loco, nos burlamos de toda
    esa basura. […] Es que ni ellos mismos se creen lo que hablan. La gente
    está tan cansada de esta bobería que ya les da lo mismo que esto sea
    capitalismo que feudalismo. La gente lo que quiere es comer, viajar,
    vivir tranquilos”, dice Yuniel.

    Mariam, por su parte, nos comenta: “Es que a uno lo tienen aturdido con
    que la cosa va a cambiar. Como si uno no se diera cuenta que todo es
    mentira. Siempre vamos a depender de Venezuela o de China y ellos allá
    arriba se van a echar el dinero en los bolsillos. […] En la escuela
    todos saben que los de la juventud son unos oportunistas. Mi abuelo fue
    dirigente de la Juventud y del Partido, trabajó en [Ministerio de]
    Comercio Exterior más de veinte años y ahora no quiere saber nada de
    esto. Dice que allá arriba todos son unos corruptos. […] Él se quedó en
    un viaje que hizo a México y después sacó a mi papá que ahora vive en
    Ecuador con su mujer”.

    “Todos son unos viejos que lo que quieren es morirse en el poder. ¿Por
    qué no confían en los jóvenes? Porque saben que si los ponen a dirigir,
    son ellos los que van a tener que salir echando”, nos dice Yuniel.
    Cuando le pregunto si cree que la solución a los problemas en Cuba
    depende de que los actuales gobernantes se retiren del poder, me
    responde negativamente y desde una perspectiva demoledora: “Tiene que
    pasar mucho tiempo para que esto se arregle porque la gente tiene miedo
    y ya en Cuba eso nace con uno. Tal vez en cien o doscientos años […]. Es
    mejor irse y que después pase lo que tenga que pasar”.

    A juzgar por la edad promedio de los principales dirigentes cubanos (por
    encima de los 65 años), y por el bajo perfil que últimamente le han
    asignado a la Unión de Jóvenes Comunistas y a las organizaciones
    estudiantiles en los actos políticos y en los llamados “programas de
    rediseño de la economía”, el gobierno ha comenzado a advertir la
    indiferencia y el descontento generalizados del más importante sector
    poblacional de la isla, al que ya no es capaz de convencer de la
    utilidad de una ideología y una política irracionales e incapaces de
    garantizar el futuro que realmente anhelan los jóvenes de hoy, y que
    nada tiene que ver con esa utopía que solo ha servido durante años para
    enmascarar una estrategia de perpetuación en el poder, a sangre y fuego.

    Source: Preferirían haber nacido en otro país | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/preferirian-haber-nacido-en-otro-pais/

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