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    En Cuba se sigue improvisando

    En Cuba se sigue improvisando
    noviembre 30, 2014
    Dariela Aquique*

    HAVANA TIMES — En la cruzada orientada a “rehacer” concepciones y
    prácticas a partir de los Lineamentos Económicos, el Estado cubano ha
    dicho que…no fueron válidas en otros momentos, a consecuencia de la
    incidencia de un contexto mundial globalizado, caracterizado por una
    crisis estructural del sistema capitalista… Y no conforme con este
    argumento, añade que…son posibles en la actualidad, porque se operan en
    medio de un proceso de interacción social diferente al acumulado durante
    medio siglo…

    Como era de esperar, se deja en segundo orden de responsabilidad a las
    deficiencias y errores en la práctica económica estatal y su ulterior
    reflejo en la vida social.

    Pero todos sabemos que la economía en Cuba tiene congénitas
    deformaciones estructurales que han hecho perdurable no haber podido
    rehusar la subordinación a otras economías que tradicionalmente han
    sustentado el sistema productivo del país en términos de capital y de
    tecnología.

    El gobierno hoy da señales inequívocas de desesperación por mantenerse
    en el poder en la recta final. Aunque para eso tengan que hacer desde
    “el nuevo modelo económico” que implementa inéditas medidas y
    legislaciones, hasta la presentación de una cartera de negocios por
    8.700 millones de dólares en la reciente Feria Internacional de La
    Habana, con una lista de 246 proyectos que van desde la producción de
    pollo y la fabricación de vacunas o botellas hasta el desarrollo de
    parques eólicos.

    Cualquier cosa les sirve en sus intentos por preservarse, lo que es más
    irónico que las estrategias de una vieja y agotada meretriz que pretende
    reinventar el Kama Sutra.

    Por orden cronológico los desastres empezaron en 1959, cuando solo en un
    año el Estado cubano comenzó las nacionalizaciones en la industria, la
    banca y los servicios, iniciándose la ordenación del sector estatal de
    la economía y la desconexión del mercado norteamericano.

    En 1961 y hasta 1972, la planificación y la centralización de la
    administración de los recursos materiales y humanos, tomando como patrón
    a la URSS, fue el ojo del huracán. Esta etapa puede considerarse el
    inicio de las utopías; tiempos en que hubo tentativas de prosperar en la
    industrialización, la agricultura y la sustitución de importaciones, sin
    tener en cuenta la insuficiencia de los recursos financieros para
    proyecciones de este calibre.

    Desde entonces el sector económico pasó a ser terreno de presunciones. A
    partir de esta perspectiva se concibió la célebre Zafra de 1970;
    convirtiéndose en el superobjetivo de la nación producir diez millones
    de toneladas de azúcar, convertida en la gran misión y apuntalada con
    alocuciones y consignas. Las acciones económicas empezaron a ser
    dirigidas a la merced de un protagonismo político que priorizaba el
    aspecto ideológico, subestimando las cualidades mercantiles necesarias
    para su ordenanza.

    La absolutización del concepto de propiedad social y la toma de
    decisiones arbitrarias llevaron a la inmovilidad de la pequeña propiedad
    individual, y por supuesto generaron la primera gran crisis que
    evidenció la limitada capacidad del Estado de promover una coherente
    agenda de desarrollo económico.

    En la década de los 80, integrados al Consejo de Ayuda Mutua Económica
    (CAME), parecían olvidadas las tribulaciones de los 70, y puede decirse
    que hasta 1986 se percibía un ambiente económico que aparentaba
    eficacia. La relativa suficiencia de recursos materiales producía un
    efecto en la vida rutinaria que en sentido general hacía ver que estaban
    cubiertas las necesidades básicas de la población.

    Si subsistíamos en una entelequia de cotidianeidad armónica, pero la
    economía no era sustentable. El atraso tecnológico en muchas regiones
    del país, los salarios insuficientes, el desamparo del campo, por citar
    solo algunas, provocaba lamentables estadísticas en los sectores
    productivos.

    De1986 hasta 1990, etapa conocida como Proceso de rectificación de
    errores y tendencias negativas, se abogaba por la búsqueda de un modelo
    económico sustentable y socialista; sobre aviso de que estaban ya muy
    endebles los pilares de este sistema en la benefactora Europa del este.
    Para colmo de males en 1989 fue el colapso del socialismo estatal
    europeo con la caída del muro de Berlín y la escisión de la Unión
    Soviética dos años después.

    Desde1991 y hasta el 2000, el tristemente célebre Período Especial, tuvo
    consecuencias inmediatas en la sociedad cubana; la que recibía del campo
    socialista el 63% de los alimentos; el 86% de las materias primas; el
    98% de los combustibles; el 86% de las maquinarias y el 70% de las
    manufacturas.

    Sola, la isla en la inconveniente posición de enfrentar el aislamiento
    internacional, y la necesidad de reinsertar sus relaciones económicas en
    un mundo unipolar tendría entonces que trazar nuevas estrategias para
    sobrevivir al final de las ayudas de su extinto mentor. Para paliar la
    crisis económica que se hizo más aguda en 1993 y 1994, el gobierno
    introdujo algunas reformas de orientación mercadista: la apertura al
    turismo, la legalización del dólar, la autorización al empleo por cuenta
    propia, la ampliación de las empresas mixtas, y el permiso a la
    inversión extranjera.

    Pero quedaron vigentes mecanismos, prácticas y concepciones que objetiva
    y subjetivamente impedían el libre despliegue de las fuerzas
    productivas. Estas medidas entonces resultaron una suerte de tímida
    recuperación que además traerían consigo otras complicaciones de índole
    social como la prostitución, la corrupción a altos niveles y el auge del
    mercado negro.

    Por otro lado, la industria azucarera que siempre fue uno de los pilares
    de la economía cubana desde tiempos de la colonización española, también
    sufrió de mala toma de decisiones tras la adopción de ciertas políticas
    que desplazaron al azúcar como principal sustento económico. El gobierno
    anunció su propósito de llevar a cabo una “amplia transformación” de
    esta esfera en declive. Se cerraron casi la mitad de los centrales
    azucareros, se despidió a más de 100.000 trabajadores.

    A mitad de la década de los 90 el turismo superó al azúcar como fuente
    principal de divisas. En el 2000 generó unos 1.900 millones de dólares
    en ingresos brutos; pero las esperanzas del gobierno con respecto al
    crecimiento prolongado de este sector, no se vieron materializadas
    debido a la declinación de la economía mundial en el 2001 y los efectos
    negativos sobre el turismo regional después del 11 de septiembre.

    Para mantener la economía a flote, se buscó activamente la inversión
    extranjera. Un nuevo marco legal dispuesto en 1995, les permitió a los
    propietarios extranjeros tener mayoría en las empresas colectivas con el
    gobierno cubano. En la práctica, la mayoría propietaria extranjera en
    las empresas colectivas era casi inexistente; gran parte de estas
    inversiones son préstamos o contratos de administración, suministros o
    servicios que en las economías occidentales, normalmente no se
    consideran inversiones de capital.

    Este período fue marcado también por el tercer más grande éxodo masivo
    que ha vivido el país después de Camarioca y el Mariel, los balseros.
    Esto sin contar las salidas de manera legal que proyectan altos
    guarismos, lo que tiene nociva incidencia en el aspecto económico, por
    el decrecimiento de la mano de obra en el país.

    Para el 2000 con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, Cuba
    encontraría a su mejor aliado político e ideológico (y por si fuera
    poco, un adepto con recursos), una suerte de nuevo mecenas que empezaría
    a aportar 100.000 barriles de petróleo diarios haciendo mantener a flote
    la descalabrada economía cubana.

    No obstante a esta alianza casi providencial, el Estado cubano tenía
    conciencia de que esto podía cambiar en algún momento, si la derecha
    retomaba el poder en Venezuela. O se corría el riesgo que tras la
    resentida salud del presidente y su posterior desaparición física,
    quizás el chavismo no sobreviviera. Habría entonces que tomar medidas
    anticipadas, solo por si acaso. Se imponía una revisión mucho más
    profunda a todo lo realizado, de ahí la ineludible actualización del
    modelo económico en Cuba. Los cambios debían estar dirigidos hacia la
    política interna y también hacia la política externa.

    Aparecerá un nuevo concepto: exportación de servicios; una fuente que
    genera ingresos en divisas enviando médicos, enfermeras y otro personal
    sanitario mediante la suscripción de convenios individuales con los
    países receptores. Según ciertas cifras, para el 2009 el principal rubro
    de entradas de divisas del país había dejado de ser el turismo
    internacional; el que ha sido desplazado por esta exportación de
    servicios a otros países en materia de salud, educación y otros sectores
    (en este orden).

    En el 2011 se hablaba en términos de: Eliminación de gratuidades
    indebidas y subsidios innecesarios. Reducción de plantillas en los
    centros laborales. Y abrir espacios a formas de propiedad no estatales,
    insertando modos de gestión económica como las cooperativas, los
    usufructuarios, los cuentapropistas, empresas mixtas, contratos de
    asociación económica internacional.

    Sin embargo, esta película, ya la vi, en los 90 con resultados bien
    discretos para nuestra economía, por lo que estos “cambios” provocan
    ciertas suspicacias. Y lo demuestran las actuales estadística que son
    bastante desalentadoras. El crecimiento del PIB durante 2013 alcanzó
    solo 2,7%, cifra inferior al 3% de 2012 y por debajo también al
    crecimiento planificado de 3,6%.

    Y hace solo unos días el Ministro de Comercio Exterior Rodrigo Malmierca
    se presentó en la Feria Internacional de La Habana, ante inversores y
    diplomáticos con un discurso poco estratégico. No es nada prudente
    ofrecer una cartera limitada de oportunidades a los empresarios, que
    parece estarles recordando: ¡Es lo que yo quiero darte, y no lo que se
    te conveniente tomar!

    Se sigue apostando la salud y la estabilidad económica del país a la
    coyuntura, o al aliado, o la utopía de moda. Se siguen moviendo fichas a
    tientas, o capitalizando entusiasmos. Haciendo discursos no bien
    concebidos. La economía en Cuba se sigue improvisando.

    —–
    Nota: (*) Este artículo es una suerte de versión sintetizada de la
    ponencía presentada en la 24ta Conferencia de ASCE.

    Fuentes consultadas:
    Torres Pérez, R., La actualización del modelo económico cubano:
    continuidad y ruptura; Revista Temas, 2011
    Pérez Villanueva, O. E., La actualización del modelo económico cubano.
    Bonilla Deibe, L., Actualización del modelo económico cubano e impacto
    social, 2011
    Villalón-Madrazo, K. M., La planificación y el modelo económico cubano;
    Anuario de la Facultad de Ciencias económicas y empresariales, 2011.

    Source: En Cuba se sigue improvisando – Havana Times en español –

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