Prostitution in Cuba
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    Diario de un periodista cubano en su primera visita a EEUU

    Diario de un periodista cubano en su primera visita a EEUU
    Estaba equivocado en cuanto a lo que me podía aportar el taller. Para
    años venideros, piensan incluir temáticas relacionadas con Cuba. Sucede
    que nuestra patria es el patico feo del continente.
    Iván García Quintero
    noviembre 13, 2014

    San Diego – Lunes, 10 de noviembre: El viaje desde La Habana a Miami lo
    hice sin problemas. El Aeropuerto Internacional de Miami es una ciudad.
    Tuve que caminar casi un kilómetro desde la puerta de embarque al punto
    donde chequeaban el pasaporte. En ambas aduanas me trataron bien. En la
    terminal miamense me encontré con un ex vecino de La Víbora que trabaja
    allí. Aproveché que tenía que esperar más de tres horas para el vuelo a
    San Diego y me compré una laptop en una de las tiendas del aeropuerto
    (la mía la dejé en Cuba, porque ya está defectuosa). Me costó 200
    dólares, tiene Windows 8 y el teclado está en inglés.

    El vuelo a San Diego fue largo. El avión, algo incómodo. Sus asientos
    están demasiado juntos. Es la mejor manera que han encontrado los
    transportistas aéreos para hacer billete: meter gente en un tubo como si
    fuera ganado. Aunque el trato y la comida fue excelente. El aeropuerto
    de San Diego lo encontré más funcional que el de Miami. Lo que más me ha
    gustado hasta ahora es San Diego. Una ciudad lindísima, con sus calles
    limpias y sus casas cuidadas. Para quien se ha acostumbrado a vivir en
    una capital poco iluminada, me impresionó la gran cantidad de luces. La
    temperatura marcaba 19 grados Celsius, pero como había poca humedad, el
    clima era agradable.

    En las habitaciones del hotel hay internet gratis, pero ordenadores,
    sólo en el lobby. Los cuartos son confortables. Un televisor con
    muchísimos canales, baño amplio, microwave, secadora, plancha, cafetera
    eléctrica, nevera y un aire acondionado que tuve que bajar.

    Martes, 11 de noviembre: desde que en 2009 comenzaron estos talleres en
    el Instituto Las Américas, es primera vez que viene un reportero de
    Cuba. El curriculum de los profesores es elevadísimo. Ayer por la tarde
    hubo un debate sobre las dificultades para ejercer el periodismo. Fue
    enriquecedor. Los 25 periodistas participantes son anticastristas,
    destacan los venezolanos, con quien tengo una muy buena química.

    El tiempo para escribir es poco. La agenda está cargada. Cuando regrese
    a La Habana, tengo pensado escribir una docena de crónicas. Estaba
    equivocado en cuanto a lo que me podía aportar el taller. Para años
    venideros, piensan incluir temáticas relacionadas con Cuba. Sucede que
    nuestra patria es el patico feo del continente.

    El desayuno es desmedido. En cuestión de comida, estos gringos son unos
    exagerados. En Coronado la pasamos bien, es una isla que fue y sigue
    siendo una base militar, tiene un portaviones de la II Guerra Mundial
    que es un museo.

    Cenamos en el lugar. Las pizzas, gigantescas, y las raciones de
    camarones, da pena botarlas, con tanta hambre como hay en el mundo. Hoy
    vamos a Tijuana, visitaremos la redacción del semanario Zeta, donde en
    los últimos 14 años los carteles de la droga han asesinado a cinco
    periodistas.

    Miércoles 12 de noviembre: Tijuana es una ciudad fronteriza con San
    Diego donde viven dos millones de habitantes. La entrada de la frontera
    tiene pinta de cárcel de máxima seguridad. Es una mala copia de San
    Diego. Hay urbanizaciones con la misma arquitectura de su vecino, con la
    diferencia de que en Tijuana radican 6.000 maquilas y empresas del gran
    capital. Sus calles interiores son oscuras y con baches, como La Habana.
    Desde que cruzas la frontera, se nota la diferencia. Se percibe en el
    olor del aire. En un boulevard estrecho, existe un racimo de tiendas y
    fritangas.

    No me gustó la ciudad, parece de atrezo. Me pareció que la gente esconde
    más de lo que dice. Caminas por sus calles y te miran como un bicho
    raro. Hay muchos parados sin hacer nada, pero están haciendo algo:
    venden una droga devastadora llamada Crystal. Es un drama. La gente
    pobre y sin esperanza la consume hasta la enajenación. Vale alrededor de
    cuatro dólares.

    Almorzamos en un restaurante de primera. La comida excelente, el
    servicio lento. Al caer la tarde fuimos a un barrio de tolerancia. Nos
    acompañó una patrulla policial y un funcionario de la ciudad. La
    prostitución es legal. Son alrededor de 10 cuadras de centros nocturnos
    y casas de citas. Las prostitutas pagan impuestos y deben tener al día
    su carnet de salud. En los clubes había muchos chinos gastando sus
    billetes, pagando a las gogó.
    Fui el único del grupo que tuvo tropiezo para reingresar a Estados
    Unidos. El oficial de inmigración no entendía por qué me habían dado
    varias visas gringas e ingresaba a su país por Tijuana. Es que debe
    haber una alerta roja, por los casi 15.000 cubanos que en un año han
    entrado a Estados Unidos por México.

    Le respondí que si hubiera deseado quedarme, lo hubiera hecho en Miami o
    no hubiera salido de San Diego. “Me gusta tu país, pero yo tengo uno, se
    llama Cuba y allí nací y radica mi familia”, le dije, y le pregunté si
    él abandonaria a los suyos. El tipo sonrió y contestó: “Todos los
    periodistas son iguales, les encanta virar la tortilla, pero la realidad
    es que los cubanos se quedan en México a la primera de cambio”. “No soy
    de ésos. Creo que tu país tiene la culpa, debieran derogar la Ley de
    Ajuste Cubano para terminar con ese problema”, contesté.

    Se despidió con amabilidad y me dijo que esperaba no escribiera una nota
    acusándolo de racismo o intolerancia hacia los latinos, pues “yo también
    soy de ascendencia latina, no es nada personal, pero éste es mi
    trabajo”, dijo. Los colegas que esperaban en el ómnibus que nos llevaría
    de vuelta al hotel me aplaudieron cuando entré.

    En un par de días han conocido ciertas realidades de Cuba que
    desconocían. Detrás del mito del Che Guevara, salud para todos y elevada
    educación, hay un régimen de corte autocrático.

    Publicado en Diario Las Américas el 13 de noviembre del 2014.

    Source: Diario de un periodista cubano en su primera visita a EEUU –
    http://www.martinoticias.com/content/diario-periodista-cubano-ee-uu-tijuana-san-diego-habana/80133.html

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