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    A qué huele La Habana este verano?

    ¿A qué huele La Habana este verano?
    Desde el olor a flores de altar hasta el de las croquetas y bollos
    refritos con manteca rancia, todo entre nosotros parece despedir el
    hálito fatal del desamparo
    jueves, julio 17, 2014 | José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba -En una misma calle, dentro del reducido espacio de un
    bache o de un adoquín, este verano La Habana puede oler por igual a
    daiquirí o a grajo, a Meliá Cohíba o a barracón de esclavos, a represión
    o a reforma, a escombro y a modorra, a producto Suchel o a eructo
    alcohólico, a paciencia o derrota, a champú de jinetera o a tubería
    reventada, a Pain de París o a pedo de chícharo dentro de un camello
    hasta el tope, a oración o herejía, a fe o fingimiento, a templo o
    timbiriche, a gala solemne o a violencia y obscenidad reguetoneras, a
    sábana tendida en los balcones.

    Todo depende del sitio hacia o desde el cual enfoquemos el olfato.
    También de nuestra predisposición personal. Mientras los excelsos de la
    izquierda-bistec se tapan la nariz para seguir diciendo que La Habana
    conserva aquella fragancia marinera y aquel aroma dulce que aspiró la
    condesa de Merlin al desembarcar en la bahía, hace unos doscientos años,
    a los habaneros de a pie nos amenaza, nos asedia, nos invade desde las
    cuatro esquinas un tufo a cosa vieja, muy parecido al de la urna cineraria.

    Entre la muy distintiva atmósfera de las tiendas estatales en moneda
    nacional (particularmente las que venden ropas de uso, que hieden a
    caránganos y a chinches), y la llamada Casa del Perfume, de Mercaderes y
    Teniente Rey, en La Habana Vieja, donde ametrallan a los turistas con
    esencias chillonas, buenas sobre todo para revolver las alergias y
    reventar los bronquios, hay disparidades aparentes que al final se pisan
    la cola a través de una base común: el olor a involución, a decadencia,
    a menesterosidad.

    Ya dejamos dicho que aquí, al igual que en cualquier otra ciudad del
    planeta, pueden ser percibidos tantos olores diferentes como narices
    haya. Pero algo nos distingue, nos hace únicos en este verano, y es que
    todos nuestros olores se resumen en dos: uno virtual, que proviene no
    del objeto olfateado sino de las restrictivas feromonas del que huele, y
    otro olor concreto, que engloba y representa en múltiples variantes la
    peste a peligro.

    Desde los correctos modales hasta la sofocada repulsa, como desde el
    olor a flores de altar hasta el de las croquetas y bollos refritos con
    manteca rancia, todo entre nosotros parece despedir el hálito fatal del
    desamparo.

    Y este verano, para colmo, ha pasado por aquí el pequeño zar Vladímir
    Putin, reactivándonos pavorosos olores que ya creíamos haber borrado del
    mapa.

    Mientras en el Barrio Chino el olor a fracaso adultera el del arroz
    frito, y en Miramar el olor a ganancia resulta cada vez más contaminado
    por el de la consigna “sin prisa y sin pausa”, en los predios de la
    gente pobre, que es casi toda la ciudad, habaneros y recién llegados de
    las provincias “del interior” (en avalancha interminable) desandan las
    calles con rostros sudorientos, oliendo a cansancio y a crispación; en
    tanto buscan lo que no encuentran, sean víveres a precios de bolsillo,
    sean productos u otros enseres imprescindibles para el hogar, o sea
    simplemente un vaso de agua fría.

    Luego, regresarán a guarecerse en cuarterías laberínticas o en edificios
    en ruinas, entre paredes oscuras, descascaradas, que hieden a orina, a
    suciedad, a pudrición, a desesperanza, a vicio y a peligro, sobre todo a
    peligro.

    Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en las siguientes
    direcciones: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0 y
    www.plazacontemporaneos.com

    Su blog en: El vagón amarillo

    Source: ¿A qué huele La Habana este verano? | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/destacados/a-que-huele-la-habana-este-verano/

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