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    La distribución de la negligencia social en Cuba

    14ymedio, Reportajes, Prensa

    La distribución de la negligencia social en Cuba
    En la mejor tradición periodística, la autora se vuelve participante
    clandestina de una cirugía ilegal de las que cada vez con más frecuencia
    se llevan a cabo en La Habana
    Roberto Madrigal, Cincinati | 23/06/2014 11:25 am

    El 18 de junio, el periódico 14ymedio.com publicó un excelente reportaje
    titulado “Crónica de una operación por la izquierda en un hospital
    habanero”, firmado por Rosa López. En la mejor tradición periodística,
    la autora se vuelve participante clandestina de una cirugía ilegal de
    las que cada vez con más frecuencia se llevan a cabo en La Habana.
    Hace ya tiempo que se habla de estas operaciones y muchas personas
    conocen de su existencia. Yo incluso sé de gente que ha intentado
    someterse a algún proceso quirúrgico ilegal en Cuba. Lo novedoso de este
    trabajo es que es el primer reportaje de primera mano que se publica al
    respecto, al menos yo no conozco de ningún otro. El otro mérito
    periodístico del informe es que no editorializa, pero lo que muestra es
    preocupante en muchos sentidos.
    Los cubanos se han acostumbrado a culpar, no sin razón, a los Castro
    como los causantes de la degradación del tejido moral de la sociedad
    cubana. Eso es cierto, pero no es toda la verdad. Esta culpabilidad
    explica, pero no excusa el nivel de complicidad de una gran parte de los
    cubanos en las dos orillas. Si no se asumen y se enfrentan esas
    responsabilidades, no puede haber crecimiento ciudadano. La diseminación
    de la negligencia social no permite crear una sociedad civil que se
    encamine a funcionar con madurez. En el caso referido en este reportaje
    hay muchos elementos que se destacan por su falta de consciencia personal.
    En primer lugar se puede señalar al médico y al equipo de enfermeras y
    asistentes asociados a la operación. La medicina y la salud pública en
    general, son un asunto serio porque está en juego la vida de uno y de
    quienes nos rodean. No es lo mismo cometer un error en un párrafo, en
    una canción, en una receta de cocina o en una partida de ajedrez, que en
    una mesa de operaciones.
    Ese médico anónimo, y hay muchos otros como él, es de una calaña
    deleznable. Es un hombre capaz de jugar con la vida de los demás sin el
    menor de los remordimientos. Un médico que se presta a realizar este
    tipo de operaciones no tiene justificación alguna. Un médico es alguien
    que ha recibido una educación superior, tiene un nivel de información
    respecto a la salud que muy pocos tienen y además tiene en sus manos las
    vidas ajenas. En el caso de esta operación, el cirujano aceptó los
    informes médicos que trajo la paciente de unos laboratorios de Bélgica
    que, como él no tiene forma de confirmarlo, pueden ser los de una amiga
    de la paciente o hasta inventados. Eso demuestra lo que le importa la
    vida ajena.
    Por otra parte, realizar una cirugía sin un mínimo de condiciones
    sanitarias y a riesgo de que si algo sale mal no hay una estructura de
    apoyo (por lo ilegal de la operación) capaz de resolver algún problema
    de urgencia, indica un desdeño total por el valor de la vida humana. Lo
    mismo se aplica para el equipo que le asiste en la operación.
    Si la justificación es el pobre salario que reciben los médicos y las
    paupérrimas condiciones económicas del país, mejor que se dedique a ser
    pinguero o, como alguien que conozco, que se convierta en taxista de
    jineteras. Va a ganar lo mismo, no juega con la vida de nadie y corre,
    supuestamente, el mismo riesgo de caer preso. Además, hay otras
    opciones, si no puede irse del país, pues que se involucre en el mercado
    negro de lo que sea para compensar su bajo sueldo, o que muerda su
    realidad, pero que no juegue con la vida de los demás.
    Por otra parte está la paciente. En este caso “Natacha” ha llegado de
    Bruselas para hacerse una cirugía estética, concretamente un implante de
    senos. Sabe que esta operación no va a tener registro y si necesita
    seguimiento a su regreso a Bélgica, los médicos no tendrán información
    suficiente para tratarla adecuadamente. Lo hace porque en Cuba le cuesta
    solamente 500 CUC, en contra de unos 3.000 o 7.000 dólares en su país de
    residencia. Claro, habría que añadir el costo del pasaje y de los
    regalitos que tiene que llevarle al equipo asistente, además del riesgo.
    Esta mujer tiene dos niños y reconoce con miedo que: “Está nerviosa. ‘Lo
    malo de esto es que si me pasa algo, mi familia de allá se enterará días
    después’”. Irresponsable es lo primero que me viene a la mente, para no
    seguir con otras ideas. O sea, que por una cirugía electiva y no
    necesaria, “Natacha” se juega la vida sin importarle que puede dejar a
    sus hijos huérfanos con tal de ahorrarse un dinero. Lo peor de todo es
    que hay muchas Natachas del lado de acá.
    Por supuesto, los cubanos no tienen la patente de la irresponsabilidad y
    la negligencia social, pero el hecho de que ocurra en otras partes no
    justifica que ocurra en Cuba ni que los emigrados sean parte de la
    componenda.
    La participación de tantas personas, entre médicos, enfermeras,
    asistentes, camilleros y parientes de la paciente, me lleva a pensar que
    de esto están muy al tanto las autoridades hospitalarias, quienes se
    hacen de la vista gorda, probablemente tanto por ganancia personal, ya
    que pueden ser fácilmente sobornables, como (y esto me lleva de nuevo a
    los Castro) por un permiso oficial tan difícil de probar como la
    historia médica de “Natacha”.
    No me cabe la menor duda que los líderes más altos están al tanto de la
    situación, pero la bendicen en silencio porque les resulta una fuente de
    ingresos, ya que de esa manera siguen entrando dólares y euros al país
    que luego, en su constante circulación, terminan en sus manos. No me
    sorprendería un plan macabro detrás de todo esto. Quizá no haya sido su
    idea originalmente, pero una vez informados del asunto, le dieron su
    giro para beneficiarse de ello. Esa claque ha demostrado, ya por mucho
    tiempo, su desprecio total por el bienestar económico, social y cultural
    del prójimo.
    Seis décadas de totalitarismo y miseria económica dejan su huella en la
    mentalidad de un pueblo, infantilismo social podría ser el diagnóstico,
    pero los cubanos deben madurar y sin dejar de reconocer quienes son los
    máximos culpables, asumir sus responsabilidades y sus complicidades con
    el sistema que los ha puesto en esa situación. Al terminar de leer el
    artículo no supe quién me repugnaba más, si los Castro, sus secuaces, el
    médico, sus asistentes o “Natacha”.

    Tomado del blog Diletante sin causa.

    Source: La distribución de la negligencia social en Cuba – Artículos –
    Cuba – Cuba Encuentro –
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-distribucion-de-la-negligencia-social-en-cuba-318678

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