Prostitution in Cuba
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    Hoy me llaman reina

    Hoy me llaman reina
    A la mayoría de esos vecinos, que me apuntaban con el dedo, no me
    querían cerca de sus hijos, maridos, ni hermanos, y me decían puta, o no
    me saludaban, los convertí en vasallos a base de regalos
    jueves, junio 12, 2014 | Víctor Manuel Domínguez

    LA HABANA, Cuba -Paso a paso y desde la base de la pirámide que forman
    las jineteras en Cuba (“carroñeras, de tenis, de puyas, de ocasión,
    diplomáticas, reinas y faraonas”), Isabel ascendió en medio del contexto
    de una escala social que mide los valores por la tenencia de
    “pacotilla”, un “Yuma” o “Pepe” en la familia; y dólares.

    A golpes de cintura, violencia, humillaciones y regalos, Chabela, La
    Reina de las noches centro-habaneras, logró el “respeto” en su
    comunidad. “Primero muerta que puta”, fue el recibimiento de su padre
    comunista cuando la vio aparecer en el cuarto con el viejo español.
    Tenía 16 años y ganas de vivir.

    Llegó con ocho años de edad, desde Guanabacoa, a un solar en Centro
    Habana. Su promiscuidad sexual se comentó estuvo ligada al hacinamiento
    con primos y vecinos, tanto como a la necesidad de tener cosas y
    presumir, ante la indiferencia de unos padres que sólo veían en ella a
    una adolescente precoz.

    “Perdí la virginidad a los 13 años en medio de un apagón. Todos habían
    salido del cuarto en busca del fresco de la calle. Era agosto del 93. El
    vecino llegó al camastro donde soñaba con salir de aquel infierno. Ese
    día me regaló un frasco de perfume, veinte pesos y un jabón. No me pude
    negar”.

    Cansada de las broncas diarias por la falta de una cosa, de la otra, o
    de todo: de la violencia, los ruidos, una escuela a la que asistía con
    hambre, los zapatos rotos y un uniforme sucio, a escuchar sobre logros
    en una Cuba que no existía, dejó de estudiar. Se fue con un hombre que
    le doblaba la edad.

    “Tenía 15 años y mucho que aprender. Me convertí en un ama de casa
    ejemplar: cocinar, lavar, limpiar y fregar. El tiempo restante lo
    invertía en leer hasta que él llegara. Nada de recibir visitas o salir.
    Él trabajaba como custodio en un hotel para extranjeros. Llegaba al
    amanecer. A veces me pegaba”.

    Dice que entre lecturas y golpes soñó ser amada como Anna Karenina,
    Madame Bovarí, Teresa Raquin, Matilde de la Mole o La princesa de
    Cleves, pero se sabía una puta rechazada por sus padres, criticada por
    sus vecinos, y señalada por una sociedad hipócrita convertida por su
    cobardía en un burdel.

    Hasta que un día Manuel (nombró así a su compañero), la entregó en manos
    de un español, después un belga, luego una holandesa, otros y otras, y
    por fin al viejo francés con el que hoy vive en Lion, y le calló la boca
    a su padre y demás familiares -que hoy la adoran- poniéndoles casa,
    dinero y comodidades.

    Después de dos años sin visitar la isla, Chabela esta noche está en su
    cuadra (calle), en medio de corruptos, drogadictos, proxenetas,
    profesionales, trabajadores, combatientes, federadas y estudiantes,
    reunidos en el Segundo Ejercicio Nacional de Seguimiento y Control a las
    Indisciplinas Sociales en el barrio.

    “La mayoría de esos vecinos que ves ahí reunidos –señala-, quienes me
    apuntaban con el dedo, no me querían cerca de sus hijos, maridos, ni
    hermanos, y me decían puta, o no me saludaban. Pues los convertí en
    vasallos a base de regalos. Hoy me llaman reina; ahora soy una faraona,
    en La Habana”.

    vicmadomingues55@gmail.com

    Source: Hoy me llaman reina | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/hoy-me-llaman-reina/

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