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    Los cubanos no somos dueños ni de nosotros mismos

    Los cubanos no somos dueños ni de nosotros mismos
    VIERNES, 09 DE MAYO DE 2014 02:11 ESCRITO POR NELSON LUÍS RODRÍGUEZ
    CHARTRAND

    Cuba actualidad, San Agustín, La Lisa, (PD) Soy del criterio de que la
    máxima expresión de la propiedad privada y de la libertad plena de los
    individuos, lo constituye el principio natural de la propiedad sobre uno
    mismo, o sea, el principio en virtud del cual el individuo es el
    propietario de su propia persona, con la facultad suficiente de
    controlar y disponer de su cuerpo y de su vida.

    Pero es que si no fuera así, quedarían solamente dos opciones: que
    nuestro cuerpo y nuestra vida pertenezcan a otra persona o grupo de
    personas, o por el contrario, que no pertenezca a nadie.

    Es evidente, señores y señoras, que en nombre de la justicia suprema y
    del sentido común más elemental, nuestro cuerpo y nuestras vidas deben
    pertenecer a nosotros mismos. Cada individuo es, de hecho, el
    propietario absoluto de su cuerpo y de su vida. Es el derecho de
    propiedad originaria por excelencia.

    Pues bien, estimados amigos, después de este pequeño comentario me
    dispongo en esta oportunidad a presentarles nuevamente bajo la lupa,
    nuestro Código Penal, vinculándolo siempre con el diario acontecer de
    los cubanos.

    A principio de la década de los 90, como consecuencia del derrumbe y
    desaparición del bloque socialista y de la dependencia total de Cuba con
    el mismo, principalmente en el ámbito de lo económico, el pueblo cubano
    se vio inmerso repentinamente en una crisis de tal magnitud, que de
    seguro dejará secuelas en varias de las generaciones venideras.

    A raíz de esta caótica situación, el estado cubano, en su afán de
    encontrar una solución que les permitiera mitigar la crisis, y sobre
    todas las cosas, que les permitiera también perpetuarse en el poder,
    lanzó la desesperada estrategia de desarrollar el turismo en la isla.

    Fue en ese contexto que surgieron las despectivamente llamadas
    “jineteras”, mujeres jóvenes, estudiantes, obreras, desempleadas,
    médicas, abogadas, oficinistas, ingenieras, mujeres de todo tipo que
    intercambiaban su cuerpo por unos cuantos dólares de los turistas para
    alimentarse a sí mismas y a su familia, hijos, madres, hermanos, etc.,
    pero sobre todas las cosas, en busca del anhelo soñado de escapar del
    infierno.

    Y así las cosas, muchas de estas jóvenes lograron hacer realidad sus
    sueños, pero muchas otras tuvieron que seguir soñando en las cárceles.

    Una gran ola represiva se abalanzó sobre ellas, y en procesos casi
    sumarios eran condenadas en multitud a 1, 2, 3 y hasta 4 años de
    privación de libertad.

    ¿Qué basamento de justicia justifica tal agresión?

    El artículo 8 del código penal cubano establece lo siguiente: “Se
    considera delito toda acción u omisión socialmente peligrosa prohibida
    por la ley bajo conminación de una sanción penal. No se considera delito
    la acción u omisión que, aun reuniendo los elementos que lo constituyen,
    carece de peligrosidad social por la escasa entidad de sus consecuencias
    y las condiciones personales de su autor”.

    O sea, que según la letra del precitado artículo, para que exista delito
    debe estar implícito una peligrosidad social intrínseca en el actuar de
    una persona, pero además, la acción humana debe estar prohibida y
    sancionada por la ley.

    ¿Dónde está el actuar peligroso de estas jóvenes que obligadas por el
    instinto de subsistencia, utilizan voluntariamente un bien propio (su
    cuerpo y su vida) para su beneficio y el de su familia, sin dañar a
    terceros?

    ¿Qué daño social puede acarrear esta actitud si cada cual también es
    dueño de su propio cuerpo y de su vida?

    Pero hay más aún. Como ya vimos en el artículo antes mencionado, para
    que exista delito, dicha conducta debería ser tipificada como tal en el
    código penal, y en este sentido debiera aparecer en dicho código un
    precepto que estipulara, por ejemplo, algo parecido a esto: “Incurre en
    sanción de privación de libertad de 1 a 4 años el que voluntariamente
    decida hacer el sexo y reciba alguna prebenda también voluntariamente de
    su amante”.

    ¡Qué absurdo! Por suerte en nuestro código penal no existe hasta ahora
    un precepto de tal naturaleza diabólica.

    Pero… ¿y si no está tipificada como delito esta conducta, cómo es
    posible condenar a una persona sin existir ley previa que lo justifique?

    Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege.

    Aquí está la respuesta. Los estados siempre buscan artificios legales
    que les garantice en todo momento imponer su voluntad.
    En este caso el artificio lo constituye el Titulo XI del Código Penal
    que se analiza, denominado: “El Estado Peligroso y las Medidas de
    Seguridad”.

    Analicemos los siguientes artículos:
    ARTICULO73.1. El estado peligroso se aprecia cuando en el sujeto
    concurre alguno de los índices de peligrosidad siguientes:
    a) la embriaguez habitual y la dipsomanía;

    b) la narcomanía;

    c) la conducta antisocial

    2. Se considera en estado peligroso por conducta antisocial al que
    quebranta habitualmente las reglas de convivencia social mediante actos
    de violencia, o por otros actos provocadores, viola derechos de los
    demás o por su comportamiento en general daña las reglas de convivencia
    o perturba el orden de la comunidad o vive, como un parásito social, del
    trabajo ajeno o explota o practica vicios socialmente reprobables.

    ARTICULO 74. Se considera también estado peligroso el de los enajenados
    mentales y de las personas de desarrollo mental retardado, si, por esta
    causa, no poseen la facultad de comprender el alcance de sus acciones ni
    de controlar sus conductas, siempre que éstas representen una amenaza
    para la seguridad de las personas o del orden social.

    ¡Qué vergüenza!

    Primeramente, la presunción nunca debe ser causa para sancionar a nadie
    (nulla poena sine culpa). Solo deben ser sancionados los actos
    manifiestos y probados. Las apariencias no son punibles.

    Por otra parte, ¿qué relación tiene el estado peligroso, o sea, la
    embriaguez habitual, la narcomanía y la dipsomanía, con el caso que nos
    ocupa? Y en relación a la conducta antisocial, ya lo hemos visto. ¿Qué
    de antisocial tiene la realización de un acto tan privado y voluntario,
    que además constituye una necesidad fisiológica del ser humano?

    Pues bien amigos lectores, aunque parezca ficción, no lo es. Muchas han
    sido las jóvenes cubanas que han sufrido y sufren el rigor de la prisión
    por el solo hecho de hacer pleno uso de la propiedad más preciada y
    natural que tenemos los seres humanos: nuestro cuerpo y nuestras vidas.

    Y así estamos… Los cubanos no somos dueños ni de nosotros mismos.

    Para Cuba actualidad: nelsonchartrand@gmail.com

    Source: “Los cubanos no somos dueños ni de nosotros mismos | Cuba
    noticias actualidad.Periodismo independiente.” –
    http://www.primaveradigital.org/primavera/cuba-sociedad/la-consulta/10560–los-cubanos-no-somos-duenos-ni-de-nosotros-mismos.html

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